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miércoles, 31 de julio de 2013

VOLVER A NACER A LOS 23 AÑOS

"Cada uno, desde que nace, tiene escrita su suerte en este mundo"
Francesco PETRARCA (1304-1374). Poeta y humanista italiano.

El pasado día 11, a la una y media del mediodía,  mi hija Silvia volvió a nacer. Sufrió un accidente de tráfico camino de Ugena (Toledo), a donde se dirigía para recoger a su prima Laura y pasar juntas un día de piscina. El caso es que, por una distracción, perdió el control de su vehículo y fue a empotrarse con un camión de gran tamaño que venía en sentido contrario.
Tras el impacto, pudo salir del coche por su propio pie y, acto seguido, nos cuenta que se sentó en la calzada algo aturdida. Varias personas bajaron de sus vehículos para socorrerla. Una mujer llamó a casa e informó a Tere, mi esposa, del suceso. Dicha mujer insistía en que Silvia estaba bien; en que ya estaban avisados los equipos de emergencia y que una ambulancia venía en camino. La desolación y la angustia (y la sospecha de que le ocultaban la realidad del estado de su hija),  se apoderaron de Tere que me llamó desconsolada para darme la noticia. Yo, en mi trabajo  a esas horas, intentaba calmarla a través del teléfono a la vez que asimilaba sus palabras y trataba de ordenar el barullo formado en mi cabeza. Llamamos a Cristina, mi otra hija, y  parece ser que sufrió un vahído tras saber del accidente de su hermana. También en casa de Laura toda la familia estaba consternada.

WOLKSWAGEN POLO TRAS EL ACCIDENTE

En otra llamada la guardia civil nos informó que Silvia  había sido trasladada al hospital de Toledo y que iba consciente. Para ir al hospital había que pasar por el lugar del accidente. Llegamos a dicho punto cuando aún los agentes tenían cortado el tráfico y la grúa se disponía a llevarse el Volkswagen Polo de mi hija. Nos identificamos como los padres de la accidentada y pudimos parar a un lado del lugar del siniestro. Cuando vimos el estado en que había quedado el coche, los grandes rastros de sangre, cristales rotos, discos y varias pertenencias diseminadas por la calzada, a su madre y a mí nos entró un llanto desconsolado temiendo por su vida. Fueron los agentes los que insistieron en que nuestra hija iba en la ambulancia plenamente consciente e intentaron tranquilizarnos como mejor supieron.
Para no extenderme diré que a causa del accidente Silvia sufrió de neumotórax en el pulmón izquierdo, un gran corte en el brazo izquierdo a la altura del codo y otro en la rodilla derecha con varios puntos de sutura que se los quitaron hace unos días. También tiene rotura de la tibia derecha por lo que lleva la pierna escayolada  además de varias heridas y rasguños diseminados por los brazos y piernas y una contractura en la espalda. Sin embargo el rostro (me llamó la atención cuando la vi), estaba completamente intacto. Incluso ella bromeaba al día siguiente advirtiéndonos de que sus uñas largas y cuidadas estaban enteras.
Al día de hoy sigue con la pierna escayolada y los dolores de espalda. Las heridas van cicatrizando y los cardenales de la piel van mejorando. Parece que se recupera deprisa; físicamente al menos. Psicológicamente tardará un poco más porque se vio al borde de la muerte. Su madre y yo también tardaremos algo en recuperarnos; en dejar de despertarnos por las noches y estar un poco “zombies” por el día en algunos momentos. Nuestra rutina se ha alterado desde entonces y andamos algo desubicados pero damos gracias y estamos felices de tenerla entre nosotros.  Sabemos (en casa todos lo sabemos), que ese once de julio volvió a nacer; que alguien la protegió y que el destino obró ese día para que siguiera con vida.
SILVIA Y CRISTINA