VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

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sábado, 23 de febrero de 2013

LOLA NUNCA PIERDE EL TREN (reposición)


Amigas, si hay algo que me gusta además de los hombres es viajar. Así que siempre que puedo y reúno un dinerito, hago una escapada. El último viaje que programé tenía como destino Santander. La verdad es que no me salió del todo mal. 
Fue el pasado fin de semana. El expreso a la capital cántabra salía de Chamartín a las 22.45 horas. Como siempre, llegué con la hora justa a la terminal ferroviaria. Menos mal que mi coche-litera estaba situado en cola, junto a las escaleras de bajada al andén, porque nada más subir al convoy el tren inició su marcha. Yo, con la lengua fuera y hecha un manojo de nervios, no pude más que sonreír y repetirme: Lola, eres una chica con suerte; relájate, respira profundo. Tienes todo un fin de semana por delante para pasarlo bien.
Había pedido en taquilla que me dieran una de las literas de abajo. Y así fue. Una, con sus ochenta y tantos kilos y sus cuarenta y muchos años, no puede andar subiendo y bajando de las alturas. Al llegar comprobé que tenía como compañeros de viaje a un yogurín de unos dieciocho años, con aire de intelectual y pinta de hippy que podía ser mi hijo, y a una anciana de unos ochenta que rezaba el rosario en voz baja. El joven apenas me dedicó un par de miradas desde su litera superior. Con escuchar su MP3 y canturrear algo incomprensible de vez en cuando, tenía bastante. La vieja, porque era vieja para qué nos vamos a engañar, ocupaba la litera inferior de al lado. También iba a Santander. Para ver a su hermana gemela que era monja y estaba ingresada en el hospital. Vaya compañía más amena y agradable, pensé. Yo, tan peripuesta de peluquería; con el maquillaje de las modelos, la laca de uñas y la barra de labios de las actrices, con el cruzado mágico realzando mi pecho, con mis collares de bisutería que dan el pego, mis gotas de J´adore en el canalillo y mis mejores trapos para seducir al más pintado, y me encuentro con esto. Paciencia Lola, cuando llegues a tu destino todo cambiará, me repetía para mis adentros una y otra vez.
El tren continuaba su marcha y yo, la verdad, estaba más aburrida que una ostra. Y a mí el aburrimiento me da hambre. Por eso, ni corta ni perezosa, saqué el bocadillo de jamón que me había preparado para matar el gusanillo y mi botella pequeña de Rioja. Tomo vino en todas las comidas que hago desde que mi médico de cabecera me habló de lo sano que es para el organismo beber dos o tres vasos de vino al día. También saqu
é unas cuñitas de queso manchego curado que estaba buenísimo y unos cruasanes de la pastelería de mi barrio muy jugosos y con poco azúcar que me sirvieron de postre. Ofrecí lo que llevaba a mis acompañantes que, agradeciendo el gesto, no quisieron probar mis manjares. Así que yo me puse las botas. Mientras, la vieja seguía moviendo los labios y pasando cuentas del rosario. De vez en cuando besaba el crucifijo. El joven continuaba oyendo y canturreando las canciones con los cascos puestos. ¡Vaya planazo! Lo mejor sería dormirse cuanto antes y despertar por la mañana como una rosa. Pero no fue así. La buena señora, la anciana de enfrente, me pidió por favor si sería tan amable de rezar con ella un par de rosarios. Era para pedir a la Virgen de los Milagros por la salud de su hermana, sor Misericordia. Misericordia la mía, que me compadecí de la anciana y acepté los rezos nocturnos como obra buena del día. También invitó al chaval a hacer un trío; de plegarias, claro. El joven accedió y bajó de su litera para acompañarnos. Y así nos vimos los dos, a las órdenes de aquella beata mujer, desempolvando nuestra memoria con rezos antiguos e intentando evitar la risa que nos producía la comicidad de aquel acto. El muchacho, en un descanso que hicimos de tanta oración, nos preguntó si podía liarse un cigarrillo. Yo le advertí que no se podía fumar en los trenes. La anciana, sin embargo, le dio permiso para ello. Seguramente fue por complacerle y por haber accedido a los rezos por su hermana. A los pocos minutos la reducida estancia del compartimento olía a porro que  "pa" qué. La vieja, que se llamaba Piedad, cogió carrerilla con el rosario y cada vez le cundían más los ruegos y plegarias. Hasta se le veía el rostro con un semblante más…, cómo diría yo, más místico, lleno de paz. Al término de todos los rezos, creo que fueron cuatro rosarios completos, agradeció nuestra colaboración y dijo que ya le había entrado sueño. Que se dormiría muy tranquila y relajada. Yo lo achaqué a la fumata del canuto de Iván, el niñato porrero. En cambio a mí creo que me revolvió el cuerpo. Aunque también puede que fuese el jamón, el queso, el Rioja y los cruasanes que engullí varios minutos antes. Le pedí al joven que abriera un poco la ventana e intenté dormirme. Eran casi las tres y mi estómago no me dejaba pegar ojo. Al contrario que ellos, que no veas cómo roncaban a dúo desde hacía horas.
Fui hasta el servicio y vomité. Parecía morirme en cada arcada. Estaba paliducha y con el rimel corrido de tanto esfuerzo. Como pude me acicalé de nuevo. Pasados unos minutos volví al pasillo y abrí la ventana frente a mi compartimento para sentir el aire fresco. En esos momentos el tren entraba en la estación de Valladolid. Estaba algo aturdida. Me pareció oír por megafonía que el expreso de Santander efectuaría una parada de treinta minutos. Pensé que podía bajar y tomarme una manzanilla para aliviar mi estómago. Cogí el bolso y la chaqueta de piel y así lo hice. Los otros continuaban durmiendo a pierna suelta. Desde mi vagón de cola había un buen paseo por el andén hasta llegar a la cafetería aunque lo cierto es, que tenía tiempo de sobra.
Llegué, como siempre, con la lengua fuera; pero llegué. Poco a poco la manzanilla me fue entonando. Con un sonido muy deficiente, los altavoces de la cantina anunciaron que el tren expreso de la vía 3, el mío, iba a efectuar su salida. Solté un billete de cinco euros sin esperar al cambio y corrí para no quedarme en tierra. Tras subir las escaleras hasta el andén, accedí al  primer vagón que hubo a mi alcance. Una vez arriba, intenté relajar mi respiración entrecortada. Caminaba lentamente y me apoyaba en las portezuelas de los compartimentos. Podría llegar hasta mi vagón avanzando por dentro del tren. El convoy continuó su marcha. Recordé que en casi todos mis viajes en tren siempre lo cogía por los pelos. Era algo inherente (¿se dice así?), en mí: Lola y las salidas de los trenes. Después, dibujando una sonrisa, grité ¡Lola nunca pierde el tren!
¿Cómo dice, señorita?, preguntó una voz masculina desde dos compartimentos más allá de donde yo estaba. Un morenazo de unos cuarenta años, de muy buen ver y de aspecto elegante, se dirigía a mí con esa pregunta. Yo, algo sorprendida, contesté que casi había perdido el tren, que subí en Valladolid con el tiempo justo. Y continué con unas carcajadas un tanto absurdas, supongo que nerviosas, que hicieron que él también riera a mandíbula suelta. ¡Oh Dios!, tenía ante mí un tipo de lo más atractivo, con un pelo negro ensortijado, con unos dientes blanquísimos y unos labios carnosos que estaban para comérselos. Se presentó besando y cogiendo mi mano. Me dijo que se llamaba Adam, que le encantaba España, la tierra de sus abuelos de origen gitano; que le habían recomendado el Norte y que vivía en Nueva York. Yo hice lo propio: Lola, de Madrid, también me encanta España y sobre todo el Norte. Después le comenté que mi coche era el último del convoy y que debía irme a mi litera. Al tiempo que decía esto, apareció el interventor (que era otro distinto a cuando subí en Madrid), pidiendo los billetes. Al presentarle el mío me dijo que no era válido; que aquel tren tenía como destino San Sebastián. Que desde hace varios años la composición del expreso se dividía en dos en Valladolid: el Mar Cantábrico, el de cola, para Santander y en cabeza, el Costa Vasca, para San Sebastián. Al parecer, así se ahorraban una locomotora para la mitad del trayecto. Casi me desmayo del disgusto por tal equivocación. Máxime cuando supe que no tenía combinación de vuelta a Pucela hasta bien entrada la mañana. Recuerdo que er
an algo más de las cuatro de la madrugada y yo allí metida en aquel desaguisado. El interventor me exigía que abonase un nuevo billete para continuar o me apearía en la próxima estación; además, con la devota y el medio hippy se quedó la maleta que llevaba para mi idílico fin de semana santanderino. Todo se me vino encima en un momento, me faltaba el aire y casi me da un soponcio. Adam, el gitano morenazo, salió al paso intentando convencerme de que no había ningún problema. Me hizo pasar a su compartimento y me pidió que me relajara. Después supe que él mismo abonó el resto del mi billete, ¡hasta San Sebastián!, al estricto interventor.
Poco a poco me fui tranquilizando. Adam se deshacía en atenciones hacia mí. Lo mismo me contaba chistes con su acento americano, que me cantaba coplas flamencas con su guitarra. Le brillaban los ojos cada vez que me nombraba. Entre charlas, risas y miradas fueron pasando las horas. Y con lingotazos a una botella de Bourbon que él sacó de su equipaje. Lola, española guapa; a mí gustarme tú mucho, baby- me repetía con su boca a un palmo de la mía. Y yo me decía para mí misma, estás para comerte chatungo mío, gitano guapo. El caso es que me plantó un be
sazo largo que casi me "descolifloro". Creo, amigas, que entenderéis lo que quiero decir. (¡¡¡Guau!!!).
No entraré en detalles de lo que sucedió después; claro que no. Os lo podéis imaginar. Sólo diré que pasé un fin de semana de escándalo con Adam en San Sebastián: hotel de lujo junto a La Concha, de pinchos por el barrio Viejo, subida al monte Igueldo, visita al Kursaal, al Peine del Viento, cena en el restaurante de Arzak, discoteca nocturna en el Club Náutico y más y más.
Adam me ha propuesto que me vaya con él a Nueva York cuando regrese de conocer España. Incluso habla de planes de boda. Todo un flechazo. Y lo mejor es que me quiere así, gordita, con mis lorzas y todo. No sé si e
stoy algo chiflada pero me he pedido una excedencia en mi trabajo. Soy funcionaria del ministerio del Interior. Me paso la vida renovando carnets y pasaportes en la comisaría de Orcasitas y me apetece cambiar de aires. Sí, estoy decidida;:me voy con mi gitano al fin del mundo si hace falta.
Ya os contaré mi aventura americana. Eso será otra historia. 
Bye, bye.
© Ceferino Otálora (Mos). Octubre 2008.
Imágenes tomadas de Internet

lunes, 18 de febrero de 2013

DIEZ NOSTALGIAS Y UN AGRADECIMIENTO

NOSTALGIA: Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Así recoge el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en su segunda acepción, a la palabra clave para este reto. Me sorprende ver que de nuevo esta  convocatoria ha sido todo un éxito con la participación de cincuenta personas que han querido aportar su saber hacer en este juego literario. Doy las gracias más sinceras a cada uno de vosotros y, como ya dije, esta vez no hay ganadores ni premios aunque yo he escogido diez nostalgias entre todas las recibidas. Me ha costado mucho decidirme por unas u otras pero, tras una lectura en profundidad, me he decantado por éstas. Os invito a leerlas de nuevo con la música de Secret Garden de fondo.
Gracias a todos por ser fieles a esta orilla inundada de palabras, vuestras palabras.
Mos.


AQUÍ PODÉIS ESCUCHAR A JORGE DEL NOZAL RECITANDO ESTAS "NOSTALGIAS". JORGE, NUNCA ME CANSARÉ DE AGRADECER TU GENEROSIDAD, AMIGO.




Cuánto añoro tu voz...la que me transportaba,
sin darte apenas cuenta a un mundo mágico,
la que me hacía sentir que era alguien,
tu voz... el susurro que apaciguaba mis tormentos,
la llave que guardaba mis deseos.
© ESTRELLA DE CAMPOAMOR


Recuerdo tu rostro y sus surcos (obra del tiempo), tu mirada extraviada en días perdidos, mi joven curiosidad. Recuerdo todo, mientras atuso mis nevados bigotes.
© ARTURO


Mi hermano me llevaba a caballo en su espalda para que el barro no dejase su huella en mis zapatos nuevos... Ya en la escuela, me los frotaba con los dedos para que luciera el charol.
—“Hoy no juegues, que se rayarán.”
Hermanico, mi guardián, ¡cuánto tiempo llevas capitaneando la legión de ángeles a donde me decías que te ibas y que no llorara…! 
© CARMEN SABATER (PERLITA)


Estos sueños que siguen aferrándose
a la línea de tu cintura, como tabla de salvación
de nuestro nostálgico naufragio,
hacen que mi corazón haya recuperado
el pasado de tus ojos.
© JOSÉ MANUEL


Y, aun hoy, cuando el otoño de la vida me ha alcanzado,
diariamente hay algo que recuerda su ausencia
y la veo en los ojos almendrados de mi hija 
llenos, como los de ella, de infinita paciencia
y la huelo en las flores de su jardín que seguí cuidando…
© MARÍA (del blog “Escribimos pensamientos”)


Siempre me espera el viejo ventanal,
abre sus pupilas de gato,
rumiando viejos y cercanos ecos...
Son nidos de grises palomas,
afloran en mi alma blancos vuelos.
© MAJECARMU

En estas horas de cielo gris,
de manos clavadas a la cruz
del duelo de un beso muy lejano,
en estas horas casi silentes
te recuerdo madre mía,
tú la del rostro surcado de dolor
aquél día de espinas en las horas
de esa aciaga despedida.
© GUSTAVO FIGUEROA VELÁSQUEZ


Sola, esperando tu regreso, miro la calle sola. La calle, vacía de luz y gatos. Saciada de noche y sombras. La calle que no te trae hasta mis labios que te nombran. 
© TRINI REINA


¡Habitas en mi alma como estrella fugaz
tejida al alba de amor y de esperanzas...!
Un día las aguas rojas bramaron con talar de muerte,
y mis brazos quedaron desnudos en cierzo y llanto.
¡Jamás escucharé tu voz llamándome mamá...!
© ÁNGELES MARCOS


Añoro aquel ayer, que tanto me ofrecías,
el de la risa llana y manos extendidas, 
las párvulas palabras, las pequeñas caídas.
La flor de la inocencia, sembrada cual semilla,
y yo siempre esperando...
sentarte en mis rodillas.

© CHARO CANO (DARILEA)

domingo, 10 de febrero de 2013

NOSTALGIAS: NUEVO RETO EN LA ORILLA

En el 2003 planteé un poema colectivo en el grupo literario “La Buena Letra”, del que yo formaba parte entonces, y al que llamé “Añoranzas”. En un recital poético que dimos después fue todo un éxito por la escenografía, la música y la lectura conjunta de tal poema donde cada uno plasmó su añoranza.
Pues bien, ahora planteo algo similar como reto en la orilla: un poema colectivo al que llamaremos “Nostalgias”. Se trata de escribir cuatro o cinco versos o un pequeño párrafo de prosa poética por parte de cada uno de vosotros que quiera participar. Pienso que puede salir algo interesante en su conjunto.
En dicho recital yo me encargué de escoger las músicas para cada lectura y escogí “Adagio” de Secret Garden para tal poema. Este mismo tema es el que podéis escuchar pinchando en el vídeo de abajo. Creo que os puede inspirar para escribir vuestras nostalgias.
El plazo para participar en este nuevo reto termina el lunes 18 a las 18 horas, hora española.
Gracias anticipadas a todos los que aceptéis este reto.
Mos.

RECORDAD: UN MÁXIMO DE 5 VERSOS O UN PEQUEÑO PÁRRAFO EN PROSA POÉTICA. LOS IRÉ INSERTANDO POR ORDEN DE LLEGADA. IMPORTANTE ATENERSE A LAS NORMAS.



¿En qué rincón del tiempo se disipan los recuerdos? Vivimos el presente con muy poco del ayer en los bolsillos. Y el reloj avanza y avanza y avanza. Detente Cronos por un minuto y déjanos sentir nuestras...

...NOSTALGIAS



Echo de menos las manos laboriosas de mi madre,
perfumadas de cariño, entre fogones de carbón.
El niño que se quedó en las fotos en blanco y negro;
aquel joven corazón que latía poemas de amor.
© MOS


Tu triste adiós me amarga la existencia.
Hoy que la vida me arrebata tu presencia,
que ingrato camino sin ti he de seguir,
me vence la nostalgia de sufrir tu ausencia
y me quita la razón entera de vivir.
© ANNA JORBA RICART


Cabalga hacia el ocaso, ese es tu destino…
¡Oh, peregrino errante!
Atrapado en los barrotes del pasado,
tan cerca de las llaves del futuro;
de huesos y cadenas de otros tiempos…
navega presto hacia tu esencia con alas de eternidad.
© MAR SOLANA


Cuánto añoro tu voz...la que me transportaba,
sin darte apenas cuenta a un mundo mágico,
la que me hacía sentir que era alguien,
tu voz... el susurro que apaciguaba mis tormentos,
la llave que guardaba mis deseos.
© ESTRELLA DE CAMPOAMOR


¡No sabes cuánto te siento
en el aroma de esta brisa!
Tú desatas este leve viento.
Yo soy veleta sumisa.
© PEDRO LUIS LÓPEZ PÉREZ


Sentado en la ribera del río
viendo pasar mi futuro
viviendo en un presente pasado,
recuerdos olvidados,
nostalgia de lo amado.
© PACO URBANEJA SÁNCHEZ (FUS)


Cuando di mi causa por pérdida
de repente apareciste tú…
Cupido no llamó a mi puerta 
simplemente la hizo añicos…
y me encontraste sin buscarme.
© MAMÉ VALDÉS


Mi piel es una isla desierta, 
mi vida un naufragio de recuerdos,
te pienso en el día acompañada de mis pasos,
te tengo en la noche entre caricias y recuerdos,
sin ti estoy perdida en un mundo alquilado de sombras.
© MARÍA S. (del blog “Algo más que palabras)

 

Recuerdo tu rostro y sus surcos (obra del tiempo), tu mirada extraviada en días perdidos, mi joven curiosidad. Recuerdo todo, mientras atuso mis nevados bigotes.
© ARTURO



Es ella, transparente; aparece y te acaricia tras el pecho mientras flora un suspiro, cosquilleo... y volver quieres por la eterna marca del momento. 
© LUIS GARCÍA ROMERO



Mi hermano me llevaba a caballo en su espalda para que el barro no dejase su huella en mis zapatos nuevos... Ya en la escuela, me los frotaba con los dedos para que luciera el charol.
—“Hoy no juegues, que se rayarán.”
Hermanico, mi guardián, ¡cuánto tiempo llevas capitaneando la legión de ángeles a donde me decías que te ibas y que no llorara…! 
© CARMEN SABATER (PERLITA)



Poco a poco me alejo de la calleja oscura,
donde a fuerza de ayeres va entronando la pena.
O es quizá añoranza de un iluso pasado, fatuo en su devenir.
El presente, cual amante pausado, se enarbola en mis brazos.
Dejo atrás lo sombrío; ahora es tiempo de amarnos.
© MARINEL



Mi pluma, con el alma seca de sangre, negra
tinta, que rodeó con círculos los besos y abrazos.
Y con cruces siempre de eternidad, nunca de despedida.
Ya sólo queda nostalgia. Ni siquiera permanece
 el recuerdo en el papel amarillo de una carta.
© DISANCOR



Estos sueños que siguen aferrándose
a la línea de tu cintura, como tabla de salvación
de nuestro nostálgico naufragio,
hacen que mi corazón haya recuperado
el pasado de tus ojos.
© JOSÉ MANUEL



Añoro aquella playa con algas y medusas plateadas...
mis paseos por la orilla...sus guijarros,
tus abrazos, tu sonrisa...
Tantos sueños...inventados.
© NIEBLA



Y, aún hoy, cuando el otoño de la vida me ha alcanzado,
diariamente hay algo que recuerda su ausencia
y la veo en los ojos almendrados de mi hija 
llenos, como los de ella, de infinita paciencia
y la huelo en las flores de su jardín que seguí cuidando…
© MARÍA (del blog “Escribimos pensamientos”)



Siempre me espera el viejo ventanal,
abre sus pupilas de gato,
rumiando viejos y cercanos ecos...
Son nidos de grises palomas,
afloran en mi alma blancos vuelos.
© MAJECARMU



Nada quedó. 
Ni lagrimas ni dolor. 
Ahora es la nostalgia. 
Y ella día a día
colma tu vacío
y agrede tu recuerdo.
© GIZELA




Escribo suspiros y ecos gastados,
pasajes de lastimados horizontes,
cubiertos de silencios, a veces confusos.
Caminos sin retornos, en el desierto de mi pecho.
© SUSANA JIMÉNEZ



En estas horas de cielo gris,
de manos clavadas a la cruz
del duelo de un beso muy lejano,
en estas horas casi silentes
te recuerdo madre mía,
tú la del rostro surcado de dolor
aquél día de espinas en las horas
de esa aciaga despedida.
© GUSTAVO FIGUEROA VELÁSQUEZ



Sola, esperando tu regreso, miro la calle sola. La calle, vacía de luz y gatos. Saciada de noche y sombras. La calle que no te trae hasta mis labios que te nombran. 
© TRINI REINA




Dentro de un mar movido,
una niñez oscura.
Una sonrisa tímida...,
una cicatriz que no cura…
Un sueño tardío, ha amanecido.
© MONTSERRAT SALA



Los que hemos tenido una infancia triste, estamos vacunados contra la nostalgia. 
© TESA MEDINA



Melancolía que se anuncia lastimera oscureciéndome el alma.
Torbellino de  viejos recuerdos que invade mis noches solitarias.
Las espinas filosas del tiempo que pasó angustian mi calma,
se clavan, penetrándome sin piedad disfrazadas de nostalgia,
y como hiedra venenosa crece en mí llenándome de lágrimas.
© SINDEL AVEFÉNIX




¿Cómo podría olvidarte? Si fuiste más que un ayer,
de mi mente arrancarte no creo nunca poder,
manantial en mi camino donde saciar mi sed,
inmensa sed de cariño que hoy me atormenta, lo sé,
tendré que comprarme otro perro y dejarme de joder.
© EL MOLI




Me subo a la juventud de tu metro ochenta y te veo abrazado a mis rodillas, descubro la solidez de tu cuerpo y te veo aferrado a mi mano, me asomo a tus ojos serenos y me adivino en ellos.
© MARTA COLOMA




Recuerdo con cierta nostalgia que un día fui niño donde como tal me educaban y trataban, el tiempo al niño lo hizo hombre y perdió el tesoro más grande que a uno le da Dios, el niño se quedo sin ¡¡ inocencia!!
© JOSE (DEL BLOG YO JOSE)





Busqué baúles donde mendigar unas lágrimas.
Rebobiné canciones que sonaran con calma.
Encontré esa niña sollozando junto a mí…
Convertida en mujer, acariciándome el alma. 
© TOMAE




Siento el abanicar de la brisa sobre mi blanquecina faz,
percibo todo de ti porque soy parte de tu ser.
Recuerdo el camino de rosas que plantaste,
ya no crecen, ni siquiera regándolas con mis lágrimas.
© ISABEL SORIANO




¡Habitas en mi alma como estrella fugaz
tejida al alba de amor y de esperanzas...!
Un día las aguas rojas bramaron con talar de muerte,
y mis brazos quedaron desnudos en cierzo y llanto.
¡Jamás escucharé tu voz llamándome mamá...!
© ÁNGELES MARCOS



La aridez de mi piel guarda apenas el húmedo recuerdo de un ayer,
mis manos dibujan en ella caricias líquidas de un deseo pasado,
mis labios entonan evocativas melodías de cielos perdidos
y me busco en ti, en tu presencia dormida.
© AME



Nostalgia de tus manos que mañana
enlazarán aromas y verduras,
aderezando el aire con canciones,
 lozas, risas y detalles.
Que quiero ya sentir en mi alma
tus sabores…
© HUGO JESÚS MION



¿Por qué te necesitamos?
¿Por qué no vivir sin ti?
Tanto tiempo en el orgullo,
tanta pena en el sentir.
Ya no te sigo, me marcho lejos de aquí. 
© JORGE DEL NOZAL




El atardecer se viste de azul cielo,
nubes dibujando versos de otros tiempos
arrullo de cariños mecidos al viento, 
y una embriagadora luz divisa 
el árbol de sus sueños... Y mi nostalgia. 
© ÁNGELES MEDINA



Era casi un suspiro, ...  y mi cobijo
un lago azul turquesa en su mirada.
Busqué a mi abuela en cada estrella.
Yo fui como una perla entre sus manos,
fui esa caricia, esa ternura que hoy añoro. 
© MARÍA DEL CARMEN NAZER




La breve voz de melancolía
estaba  a punto de abrochar tu nombre
con el mío. Mientras, prosperaban
recuerdos con sabor a poema
que ayer llamábamos amor.
Cuando te fuiste.
© Mª PILAR BLANCO UNZUÉ




Tocar tus labios era como explorar un mundo que no conocía. Sentir el lenguaje de tu cuerpo que me decía lo que tus palabras ocultaban. Abandonar nuestros mundos y crear uno nuestro por un solo instante. Eras cómplice de mi locura...
De repente tu esencia invade mis pensamientos y añoro, solo añoro...
© INDIA REBELDE



En mis versos ya no hay fuerza ni esperanza
ni hay conjuro, hechizo, mantra u oración,
que puedan invocarte a ti, Nostalgia,
y devolverme el alma y la pasión
entre dulces retazos de membranza.
© NARCI M. VENTANAS



Recuerdo la luz que irradiabas
cuando tus dedos rozaban mis besos,
recuerdo tus lindas palabras
mientras la oscuridad
invade mi lecho...
© MAITE NAVARRO



Siempre metida en su habitación,
encerrada entre libros y muñecas,
postrada en la cama, siempre enferma,
nunca supo lo que es jugar con niñas de su edad.
© YOLANDA (ION-LAOS)



Añoro aquel ayer, que tanto me ofrecías,
el de la risa llana y manos extendidas, 
las párvulas palabras, las pequeñas caídas.
La flor de la inocencia, sembrada cual semilla,
y yo siempre esperando...
sentarte en mis rodillas.
© CHARO CANO (DARILEA)




¿Es la luz de tu sonrisa quien eclipsa las estrellas?
¿Dónde se esconde el reflejo de la chispa de tus ojos?
¿Es tu voz la que me canta una nana desde el cielo?
¿Son tus manos, poderosas, las que en el sueño me velan?
Enséñame dónde habitan tus manos, sonrisa y ojos,
mi corazón malherido a vivir se fue con ellos.
© BELÉN RODRÍGUEZ CANO



Ahora -anfibio forzado- me ahogo con un aire que no necesito, en un mundo que no me interesa, porque un mundo en el que tú y yo no estemos juntos no tiene sentido. El mundo puede ser imperfecto, pero no imposible.
© HUMBERTO DIB



Desnudé, capa por capa,
la esencia de la luna 
buscando en los recuerdos 
la belleza de tus sentimientos, 
nostalgia de tus besos:
mala decisión y pérdida de tiempo.
© VANY TO




Miro nuestros momentos deshojados por la    memoria del tiempo,
y escucho el murmullo de los ecos de tu voz.
Observo ahora tu andar con lento sigilo
y recuerdo cuando volabas veloz,
como gaviota que siempre regresaba a mi  regazo. 

© LAURA GARRIDO



Nostalgia de tus manos acariciando mi cara,
nostalgia de tus besos mimando mi piel,
nostalgia de tu escuchar sereno y paciente,
nostalgia de sentir tu mirada posada en mí.
© CECILIA DE MOLINA ORTIZ




Temblaremos juntos,
de momento cierro los ojos,
no te espero impaciente,
aunque me siento muñeco de guiñol,
sin duda, cuando aparezcas,
temblaremos.
© CARMEN SÁNCHEZ GAIA



¿Añoranza dices?
Los magos, este año, a cambio de los regalos
se llevaron tu vida, papá.
Y sólo quince días después…,
¿quién se llevó la tuya, mamá?
Sólo queda nostalgia y soledad.
© SALVADORA CAMACHO (TORTUGA)



Cuentan que, ya de joven, atravesaba la ría para poderla abrazar.
Hoy, siente morriña en el alma y la vuelve a atravesar.
Sabe que nadie le espera, ella ya no está.
Sentado en la arena se detiene el tiempo, sólo mira al mar.
Quizás sueñe con ella y sienta su abrazo, el que fue a buscar.
© KASIOLES



Encaramado en el pretil de mis recuerdos,
donde mis pies sienten la solidez de lo vivido,
elevo mi frente al futuro,
recibiendo un soplo de aire fresco.
Donde llegaré,
encaramado a los recuerdos.
© DRIVER