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domingo, 19 de mayo de 2013

TRAGEDIAS (Reposición)

TRAGEDIAS


PRIMERA TRAGEDIA.
¡Perdonad señoría, siento molestaros! Yo,… ¡tengo miedo!,... ¡no quería venir! Mi marido ha insistido en la conveniencia de confiar en vos y contaros todo lo que sé. Estoy angustiada, me desvelo con terribles pesadillas, apenas duermo y repito, estoy asustada y temo por mi vida. Gracias señoría, lamento que hayamos entrado así pero sé que me escucharéis. Tal vez haya sido lo mejor recurrir a este tribunal. Tengo la boca seca, ¿podrían traerme un poco de agua? Excusad que esté tan nerviosa y agitada; que hayamos irrumpido en su despacho sin pedir audiencia. El asunto que me trae hasta aquí me va a trastornar si no doy sobrada cuenta a esta sala de ello. Y vos, excelencia, sois conocido por vuestra equidad y defensa de la verdad. Duermo intranquila desde hace más de un mes y, sinceramente, sé a ciencia cierta que me persiguen, que quieren matarme. Permítame presentarme, me llamo Giulietta Massini, natural de Parma, esposa del aquí presente Lorenzo Vassi, maestro orfebre; sin duda el más estimado por la alta sociedad veneciana, propietario de los talleres de “La Pietá” junto al puente Rialto.  
  Así es señoría, veo que nos conoce; sabe que somos gente honrada, con una posición y un nombre ganados con años de trabajo y buen hacer. Su distinguida esposa, amante de las joyas y de la belleza, es una asidua cliente nuestra. Hace pocos días nos hizo el encargo de un precioso collar de perlas. ¡Oh, lo siento!, sé que vuestro tiempo es muy valioso para perderlo en conversaciones banales y la verborrea apresurada de esta ciudadana.Vos recordareis, sin duda, el terrible suceso que conmocionó a toda la ciudad traspasando nuestras fronteras: la muerte de Tonino di Lazzaro. 
¡Dios mío!, estoy segura de saber quién fue su agresor, su asesino. ¿Puedo hablar sin temor, señoría? Permítame que beba más agua; ¡cuándo se me irá esta horrible jaqueca! No hay error posible; todas las pesquisas me conducen a él sin vacilaciones. El asesino es el gobernador de la República, ¡el mismísimo Dux!: ¡¡¡Luigi Vancasselle!!!  Tenéis que creedme, os juro que no miento; imploro justicia por esa víctima inocente que fue Tonino. He hecho mis propias investigaciones y todo concuerda. Dejadme que os explique cuanto sé de lo que aconteció el pasado veinte de febrero.
Aquel fatídico jueves por la mañana, día grande de los carnavales, asistimos mi esposo y yo al estreno de la ópera “La Calisto” del maestro Francesco Cavalli. El teatro de la Fenice, al completo y puesto en pie, estalló en aplausos con la voz sublime, angelical, de nuestro Tonino. El más famoso castrati de toda Europa hizo que el público vibrara con su timbre tan refinado, que llorase en algunos momentos con su actuación.  Todavía hoy se humedecen mis ojos recordando el aria in crescendo, el momento más álgido de toda la ópera que el joven cantante interpretó magistralmente. ¡Fue memorable! El papel de Calisto, mancebo inocente, estaba hecho para él. Desde el palco principal el Dux  y su esposa tiraban flores, pañuelos y ovaciones al muchacho por doquier. Por revelaciones hechas de una gran dama amiga mía, me consta que el Duque, a través de su secretario personal, envió una misiva al director de la obra y a Tonino para felicitarles personalmente. Pero estoy convencida  que, con ese mensaje, lo que procuró el Dux fue preparar una cita con el bello joven. Su señoría sabe que hay rumores por toda la ciudad que nadie se atreve a confirmar por temor a represalias… Sí, sí, sobre los gustos “amorosos” del Duque. Pero yo he venido a desvelar toda la verdad ante vos y este tribunal. Querido Lorenzo, por ventura te agradezco que me hayas hecho venir; si no fuera por este dolor de cabeza que me oprime; déjame, debo seguir, decir todo lo que sé. No te aflijas ni llores, amado mío: su señoría me escucha y hará las diligencias oportunas. ¿Dónde está el agua?, dadme agua por favor,… Gracias. Debo seguir con mi testimonio: Venecia aún llora la pérdida de Tonino el ángel dorado, como se le conocía por sus cabellos rubios ensortijados y su voz celestial. Me alegra comprobar que toma buena nota señoría de todo lo que digo. Volvamos al funesto día. 
Después de la ópera, la Plaza de San Marcos se llenó de gente por todos los rincones. El ambiente festivo impregnaba las calles principales y los canales. En la explanada los vendedores ambulantes se hacían un hueco entre los saltimbanquis, los abanderados, los charlatanes de apuestas, los domadores de osos, las echadoras de cartas,…todos querían llamar la atención de los transeúntes y sacar algún provecho entre tanto derroche. El Gran Canal, atestado de góndolas de todos los tamaños, lucía multicolor con tantas embarcaciones. Días de alborozo, de fiesta, de desenfreno antes de la llegada de la Cuaresma. Sabéis señoría cómo brilla Venecia en Carnaval. El pueblo come, bebe, baila, disfruta, vive por unos días la mayor de las libertades. Pero también se producen las mayores felonías, los más viles robos y asesinatos.
Con el tumulto y la algarabía fue entrando la noche. El Dux, maldito sea, presidió el gran baile de máscaras. Toda la aristocracia veneciana se dio cita en el centro de la plaza al ritmo alegre de rondós y valses creados para la ocasión. El resto de los presentes rodeaban a los enmascarados haciendo círculos concéntricos, ocupando todo el lugar y las calles colindantes.
Desde el canal las góndolas, como luceros del firmamento, adornaban la noche con sus faroles. Sé que me estoy extendiendo señoría; os pido que me dejéis terminar. Intento mostraros los hechos como fueron sucediendo. Solo así alcanzaréis a ver la trascendencia que alcanza la historia. Se me seca la boca, necesito más agua. Ante vos estoy más tranquila. No dudo en que sabrá castigar al culpable y mis noches agitadas e insomnes terminarán. Recuerdo que vi, en la ceremonia del baile de máscaras, al director de la ópera y a Tonino entre los acompañantes del Dux. Me acerqué; todos reían y adulaban al duque mientras éste brindaba por el joven querubín alzando su copa. Avanzaba la noche y las piezas de baile se sucedían una tras otra. Mi sorpresa fue notar la ausencia del  pequeño cantante y el duque de la tribuna de invitados. Sabe Dios que tengo grabados en mi memoria permanentemente todos los sucesos de aquella jornada. Y me estremezco al revivirlos. Intuí que algo extraño estaba pasando.
Le dije a mi marido que se marchase a casa si quería, que no se preocupara por mí. Él no es muy dado a las fiestas y algarabías y yo, como vos comprenderéis, quería confirmar en lo posible mis sospechas. Anduve entre la multitud, por la tribuna, entre los músicos, por los carruajes, entre los enmascarados. A nadie parecía importarle la ausencia del Dux. Vi al nuevo director de la ópera, un tal Tomaso Cinquetti. Apuntad, apuntad el nombre señoría. Estaba ebrio, le pregunté por Tonino. Entre balbuceos y apestando a vino, me dijo que eso no era asunto mío. Intentó propasarse conmigo y le rehuí con un fuerte forcejeo que hizo que cayera. Furiosa e impotente me fui de allí mientras oía sus insultos. ¿Por qué lloras amado esposo? No nos va a pasar nada. Confío plenamente en su excelencia y este tribunal aunque con mi denuncia acuse a su superior, el Dux. Déjame seguir Lorenzo. Cuando las campanas de la catedral dieron las doce, comenzaron los fuegos de artificio; por entonces, me alejaba del tumulto bordeando la plaza, pasando por detrás del Palacio Ducal,

esquivando a cientos de personas entregadas a la fiesta. Los fuegos iluminaban la oscuridad de la noche con sus destellos, clareando la ciudad y sus edificios. Con cada palmera de colores dibujada en el cielo, con cada explosión, crecía el clamor jubiloso de la gente, disfrutando de los últimos coletazos del carnaval. Cuando me disponía a cruzar el puente de los Suspiros, otro de los estallidos multicolores alumbró todo mi recorrido. ¡Cielo Santo!, es así como pude ver como una figura menuda forcejeaba con un enmascarado cubierto de capa y sombrero. No pude precisar, pero con la luz de los destellos vi el brillo del acero de alguna daga o puñal. Solté un sonoro grito que hizo huir al atacante. Me acerqué al cuerpo que yacía aún caliente junto a un gran charco de sangre. Los resplandores de los fuegos alumbraron su rostro: era Tonino; expiró entre mis brazos, degollado, y sé que fue el Duque. ¡Sí señoría!; puedo demostrarlo. Mirad, mirad vos. Este anillo estaba oculto en una de las manos del infortunado joven. Con esfuerzo pude abrirle el puño y cogerlo. Es un sello de oro con diamantes y zafiros; lleva las iniciales L y V engarzadas sobre un fondo de nácar de Oriente. Lorenzo no temas, hoy terminarán todas mis pesadillas y se hará por fin justicia. Este anillo se elaboró en nuestro taller de orfebrería, bajo las indicaciones expertas de mi marido. El duque hizo hincapié en que quería lucir una pieza única y original. Ese monstruo tiene que pagar con su vida el crimen que ha perpetrado. Cuando Venecia se entere, toda ella querrá ser su verdugo. Hasta el mismo Papa dará su aprobación. He aquí la prueba más fehaciente que delata al asesino: L-V, Luigi Vancasselle, el Dux.



Desde que se supo que el muchacho fue violado minutos antes de su muerte, el pueblo veneciano espera que aparezca el culpable. Y hoy yo acudo a su señoría para que se lo entreguéis. Recordaréis que, por entonces, al Duque se le pudo ver con unas marcas en la cara de muy dudosa procedencia. Puedo imaginarme los hechos: es probable que el joven se resistiera a las peticiones vejatorias del gobernador. Este intentaría convencerlo con promesas y artimañas; incluso ofreciéndole su sello personal. Es muy posible que Tonino no quisiera seguir con todo aquello y se defendiera de su agresor, lo que le condujo a una muerte segura. Todo cuadra excelencia, ¿me creéis ahora? ¿Qué día es hoy?; extraña pregunta me hacéis. Vos sabéis como yo que hoy es 21 de marzo de 1705, comienzo de la primavera, día de San A…¡No, no!, ¿a quién llamáis?, Lorenzo, Lorenzo, ¿qué pasa?, ¿quiénes son estos señores?, ¿dónde me llevan? ¡Señoría, he dicho la verdad!, ¡¡¡ lo jurooooo!!!


SEGUNDA TRAGEDIA.


Lo siento doctor, la culpa ha sido mía. Ahora sé que teníamos que haber venido antes. Me negaba a admitir la realidad. Siempre creí que sus divagaciones y cambios de humor serían algo pasajero; ¡hacía tanto que Julieta no recaía! Si no recuerdo mal, desde mayo de 1998. Todas sus crisis han sido en primavera; no tenía que haber bajado la guardia. Me llegó a decir que usted le había dado el alta. De eso hace más de dos años, los mismos que lleva sin tomar ninguna medicación, ni siquiera el litio. No sé por qué me fié entonces;



tal vez nunca quise admitir su enfermedad, la misma que llevo soportando desde que nos casamos. Ya ve, el mes que viene cumpliremos las bodas de plata. Le prometí un viaje a Venecia porque, la verdad, ahora económicamente marchamos bien y nos lo merecíamos después de tantos altibajos. ¡Se ilusionó tanto! Hizo acopio de toda la información posible de dicha ciudad: guías turísticas, bibliotecas, búsquedas en internet; continuamente me hablaba de ello. Era como si hubiera estado allí decenas de veces y conociera la ciudad como la palma de su mano. Estaba muy excitada, apenas dormía y no hacía más que hacer compras un tanto excesivas. Yo lo achacaba a la emoción que se siente cuando se planea un viaje especial; qué iluso y qué ciego estaba, doctor. Cuando le recriminaba alguno de esos gastos extras, me gritaba histérica que por la Plaza de San Marcos se paseaba la crème de la crème y ella no podía ser menos elegante que aquellos turistas entre los que habría, seguro, más de un famoso mundialmente conocido. Luego, me colmaba de besos y me pedía perdón por su brusquedad. Tenía un brillo distinto en sus ojos; algo parecido a la felicidad diría yo o tal vez era la desdicha la que brillaba, no sé. Perdone mi abatimiento doctor pero aún no me hago a la idea de perderla de nuevo. Todo se ha precipitado en muy pocos días y me costará mucho recuperarme. aunque ya debería estar acostumbrado. ¿El anillo?, qué más da ya; creo que era el regalo que tenía para mí por estos veinticinco años de casados. Sí claro, L-V: me llamo Lorenzo Vidal. Pero dígame, doctor, ¿cómo ve a mi mujer?, ¿cuánto tiempo estará ingresada esta vez? 

Copyright: Ceferino Otálora Rubio (Mos).
Octubre de 2005. 
Imágenes tomadas de Internet.
Copyright: Sus autores.

52 comentarios:

Mos dijo...

Bueno, bueno, bueno. Como alguien ha dicho en los comentarios a PREGÚNTALE A MOS: en menudo lío me he metido. Así que mientras voy ultimando las respuestas a todas vuestras preguntas, os dejo un relato algo extenso pero que creo que gustará. O tal vez sea mejor decir que os sorprenderá. Lo he recuperado del fondo del blog para darlo a conocer a los nuevos y muchos seguidores que pasáis por esta orilla un tanto peculiar.
Me gustaría saber vuestra opinión de TRAGEDIAS. No voy a desvelar nada, no,no,no.
EN esta entrada contestaré a cada uno de los comentarios que hagáis.
Y la próxima entrada será con las respuestas a vuestras preguntas. Cuando pueda me pasaré por vuestras "casas".
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Mos dijo...

No sé por qué hay párrafos con letra más pequeña que otros. Intento corregirlo y se me desmadra todo con lo cual lo dejo como está.
Lo siento, amigos.
Mos.

ion-laos dijo...

Julieta ya n sale, eso lo puede tener claro Lorenzo y quedarse tranquilo. Me da que es lo que estaba él esperando, que ella recayera, porque esas preguntitas tiene su aquel, hum...

Besos Mos, buena semana.

María dijo...

Paisano, yo lo había leído y, como tengo muy buena memoria (lo único que tengo bueno, jaja), creo recordar que te dije que estaba a la altura de "Muerte en la Fenice", cosa que relacioné por lo de Venecia.

Hoy me ratifico, me encanta.

Besos

maria del carmen nazer dijo...

No estoy muy segura de mi interpretación. ¿Todo tiene que ver con la locura de esa pobre mujer ?
Las dos tragedias están entrelazadas... creo. Aunque quizás no es la mujer sino el marido... se me ocurre ...el crimen está ... ¡hommmm! está difícil ...
Besos de luz.

Mos dijo...

ION-LAOS: No sé qué decirte...una interpretación un poco rebuscada la tuya, creo.
Gracias por venir, gracias por leer.

Mos dijo...

MARÍA: Estimada paisana, recuerdo también yo que ya lo habías leído y que me hiciste un excelente comentario. No sabes cuánto me alegra saber que te gustó antes y ahora al releerlo.
Cuídate mucho, ciezana guapa.

Mos dijo...

MARÍA DEL CARMEN NAZER: estás en lo cierto, María del Carmen...las tragedias están entrelazadas y la segunda casi es mayor que la primera.
Gracias por acercarte a la orilla de las palabras.

Gustavo Figueroa V. dijo...

Mi estimado Mos:

Ha sido una fortuna para mi que hayas desempolvado esta interesante historia que la he leído con mucha atención. Has hecho todo un derroche de manejo del idioma que da gusto. Sorprendente como nos mantienes en vilo hasta el final cuando uno se da cuenta de cómo la mente humana puede jugarnos unas terribles jugarretas y, también, una enseñanza en el sentido de la solidaridad y la lealtad a un ser querido, que pese a sus trastornos mentales, es el ser con el que se comparte toda una vida.
Tu historia mi apreciado amigo es fantástica!
Recibe un fuerte abrazo.

Mos dijo...

GUSTAVO: Cuánto me alegra tu visita y tus palabras.
Lo cierto es que nunca estuve en Venecia y me tuve que documentar para hacer más fiable este relato ambientado en la Venecia antigua. La segunda tragedia aclara el porqué de la primera.
Gracias por acercarte a la orilla.

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Me has dejado "apasmado" con este Enorme Relato.
Ya vivía la Venecia del siglo XVIII con todas sus intrigas y esplendor, con ese famosos castrati, Tonino y el Dux, Luigi Vancasselle; cuando has pegado ese giro magistral donde se muestran las Penurias de Julieta y su estado mental...Increíble.
Abrazos.

Mos dijo...

PEDRO LUIS LÓPEZ PÉREZ: Más o menos eso que has sentido es lo que quería conseguir.
Agradecido por tu comentario y la lectura de estas tragedias.

Innombrable dijo...

una magistral manera de entrelazar estas historias... no lo había leído pero lo he saboreado.
un abrazo amigo...
Creo que me estoy volviendo loco jajajaja
Carlos

TriniReina dijo...

No sé cual tragedia es peor, si la de Tonino o la de Lorenzo.
Bodas de Plata...¡Pobre!:)

La verdad es que tal como ella expone el caso al juez es para creerla.

Me gusta mucho este relato, Mos.

Abrazos

Isabel Martínez Barquero dijo...

Al leer la segunda tragedia, me ha quedado clara la primera, pues interpreto que se desarrolla en la mente de la pobre señora, privada de razón. Esa sí que es una gran tragedia.
Por lo demás, creo que te documentaste muy bien sobre Venecia, pues cualquiera diría que has estado allí.
Tremendo el salto a lo cotidiano en la segunda tragedia, a mi entender la que explica la primera. Tremenda la mente humana cuando desbarra.
Un abrazo.

José Manuel dijo...

Un relato magistral donde el tiempo se ha convertido en el nexo de unión entre dos historias completamente diferentes, pero las dos intrigantes e increibles.

Un abrazo

Mos dijo...

INNOMBRABLE: Así es, estás en lo cierto, son dos historias entrelazadas. La primera es consecuencia de la segunda.
Gracias por acercarte a la orilla.

Mos dijo...

TRINI REINA: Indudablemente las dos son verdaderas tragedias pero la segunda es más tremenda por lo que concierne a la mente humana y sus desvaríos.
Un abrazo, maestra.

Mos dijo...

ISABEL MARTÍNEZ BARQUEro: Exacto, paisana. El relato en sí se compone de dos tragedias entrelazadas. Sin leer la segunda no se capta la unión que hay entre ellas. La mente de Julieta se desborda y vislumbra la primera tragedia.
Gracias por estar siempre al otro lado de la pantalla.

Mos dijo...

JOSÉ MANUEL: El nexo de unión más que el tiempo es Julieta-Giulietta y su mente alterada por el trastorno que sufre. No me caber duda que la mente humana es todo un misterio.
Gracias por venir y comentar.

M.JOSE dijo...

Cada vez me gusta más lo que te documentas para hacer estos relatos tan magníficos. Por lo demás, estoy un poco "espesa" y aunque me lo he leido dos veces no me he enterado mucho de las dos historias que según parece están entrelazadas. En fín, hoy no es mi día para sacar conclusiones. Pero que sepas, que aún así, me ha gustado mucho. Un abrazo desde Esquivias.

MAITE N. dijo...

No te preocupes por las letras más grandes ni más pequeñas Mos, eso carece de importancia cuando lo que estás leyendo es una pasada de historia uffff!!
La tragedia primera ha sido magistral!! ambientada en una ciudad y una época fascinante, la he visto Mos, he recreado cada escena y me ha encantado tu descripción del lugar y como Julieta lo ha narrado.
La tragedia segunda ha sido un final muy triste, siempre me han llamado mucho la atención las enfermedades mentales. En breve voy a colgar en mi blog un relato que no he puesto nunca y tengo escrito desde hace tiempo. Me lo has recordado al leerte. Ya lo verás.
Fantástica trama la del principio de veras, increíble. Felicitaciones, eres un maestro.
Un abrazo.

Mos dijo...

MARI JOSÉ: Sí que tuve que documentarme si quería ubicar esta historia en Venecia sin haber estado nunca en esa ciudad italiana. Según iban surgiendo personajes en la historia iba buscando en la verdadera historia de Venecia y sus carnavales.
No te preocupes, vuelve a leer tranquilamente y verás cómo ves la unión de las dos tragedias.
Gracias por venir a la orilla.

Mos dijo...

MAITE N.: Te comprendo, Maite, porque es cierto que la primera tragedia te lleva vertiginosamente por Venecia y sus calles. Giulietta te va guiando y te mete en la historia. La segunda tragedia es más inmóvil. Te deja otra sensación: la de ver en ella un verdadero drama.
Gracias por leer y comentar.

Marinel dijo...

La mente es la gran desconocida,con tantos vericuetos,tantos recodos capaces de albergar,entrelazar,retrotraernos e incluso inmiscuirnos de una manera absolutamente real en otros lugares,épocas,vivencias...
En fin,eso es lo que yo entiendo de estas tragedias,más la segunda,me parece al solventar la primera,trágicamente.
Besos.

Mos dijo...

MARINEL: Pues diría que estás en lo cierto, amiga Marinel.
La mente humana es capaz de recrear mundos y montarse realidades paralelas que nada tienen que ver con la realidad.
Bienvenida a la orilla.

disancor dijo...

Dos tragedias maravillosamente montadas en un inesperado y único desenlace.
Un abrazo.

Mos dijo...

DISANCOR: Me alegra Diego saber tu opinión de este relato. Puede que le falte algo pero creo que las dos tragedias hacen un todo.
Gracias por acercarte a mi orilla.

Jorge del Nozal dijo...

Después de leer esta magnífica historia, he tenido una sensación extraña de irrealidad. Están tan bien descritos los momentos, las sensaciones. Que al terminar de leer, me ha costado volver a la realidad. Por un momento conseguiste que viviera en la Venecia del siglo XVlll. En la historia veo un trasfondo de una mujer bipolar que quiso vivir una vida, cuando estaba viviendo otra.
Su Señoría y el doctor, pueden ser la misma persona.
Un abrazo.

Mos dijo...

JORGE DEL NOZAL: Con este comentario que haces has dado de lleno en el quiz de las dos tragedias. LA protagonista vive una vida que no es real debido a su enfermedad bipolar. Eso es justamente lo que hace (lo que hizo) que lo titulase TRAGEDIAS.
Un honor tenerte en mi orilla.

Belén Rodríguez Cano dijo...

Me alegro de que hayas desempolvado este estupendo relato que yo no conocía.
Dices que es largo, pero su lectura se hace corta.
En la primera tragedia, cuando te imaginas que se llevan a la pobre mujer para encerrarla por su denuncia, cortas el hilo conductor y nos haces pensar que continuará... como en las series televisivas.
En la segunda tragedia, el giro que le das a la historia te abre los ojos del tirón y te provoca cierta congoja al sentir la amargura del marido reconociendo el mal de su mujer.
Ha sido muy grato el ratito que he pasado en tu casa.
Te dejo mi cariño y un abrazo.

Rafa Hernández dijo...

Por supuesto para entender bien las narraciones y sacar conclusiones hay que leer las dos partes. A mí en particular me gusta más la segunda. Joder si que te tuviste que empapar bien, ya que parece que hayas pasado media vida en Venecia. La música muy relajante

Un abrazo Mos.

elisa lichazul dijo...

mente y alma son todo un enigma
a veces las ´personas viven su propia realidad y a la cual no hemos sido convocados

otros se sumergen en mares hipnóticos y se desdoblan en otros que existieron o que imaginaron

pero dónde queda el límite??

lo normal es hacerse gris y parecerse con los otros, lo sano es concordar con lo que el otro observa del mismo modo ... pero ya se sabe que nunca dos observadores serán feascientes con respecto al otro, la subjetividad es lo esencial que cambia todo parámetro

buen trabajo narrativo MOS
abrazos y feliz jornada


siempre te veo entrar a mi espacio, pero pecas de tímido y pasas silente

Sindel dijo...

Que suerte que lo repusiste Mos, no podía perderme esta joya. Dos tragedias que se entrelazan, una más trágica que otra. Me sorprendiste.
Un abrazo!!!

MAJECARMU dijo...

Un relato muy bien contado Mos,aparentemente largo,pero se lee de un tirón...Y si,he oído hablar de esa enfermedad "bipolar"que lleva a la mente a creer en algo irreal...A veces los que están cerca son los últimos en enterarse del drama que vive el enfermo...En este caso el "pobre marido"no acaba de creérselo...Te felicito por la intensidad y la entrega que has puesto en las letras,MOS.
Mi abrazo inmenso y...feliz semana.
M.Jesús

Mos dijo...

BELÉN RODRÍGUEZ: Celebro que te haya gustado leerlo y te haya sido ameno.
Sí, muchas veces hay que jugar con el impacto que ocasionará en el lector ciertos giros inesperados.
Un abrazo grande.

Mos dijo...

RAFA HERNÁNDEZ: Gracias por pasarte y leerlo atentamente.
Son dos tragedias en una que se complementan y forman un todo.
Gracias por quedarte un rato por aquí.

Mos dijo...

ELISA LICHAZUL: Todavía queda mucho por descubrir de la mente humana.
Gracias por tu comentario.
Paso por tu espacio y leo. Y, sobre todo, veo poesía con mayúsculas.

Mos dijo...

SINDEL: Gracias por tu interés y por tu lectura. Me enorgullece saber que te ha gustado.
Gracias miles por quedarte en la orilla.

Mos dijo...

MAJECARMU: Gracias por tus palabras.
Con este relato intenté ponerme en la cabeza de una enferma bipolar. Sé que entre sus signos de bipolaridad están la verborrea, la sequedad de boca, el imaginarse situaciones irreales como si fuesen reales, los gastos desmedidos, el sentirse perseguido y otros síntomas. Intente, ya digo, traspasar eso a las dos historias que en realidad son una.
Gracias por tus elogios.

Luisa dijo...

Hola, Mos.

Qué bueno que hayas desempolvado esta historia. Es una maravilla. La he releído y requetedegustado. ;))

Me encantan estas historias que comienzan sin saber muy bien hacia dónde te dirigen y acaban con redoble de tambor. Aunque te advierto que esta encierra mucha miga en la “segunda tragedia”. :(

Un beso muy fuerte, compi.

María Bote dijo...

Fantástica historia la tuya, amigo Mos. Consigues de forma excelente sostener la expectación hasta llegar al final sorprendente e inesperado de la segunda parte. Me ha gustado muchísimo. Enhorabuena.

Besos y buenas noches. María

Narci M. Ventanas dijo...

Hola Mos, me alegra que hayas repuesto este relato. Si la primera vez me encantó, ahora me ha gustado más aún. Es increible como algunas mentes se escapan del mundo en que habitan para crearse uno a su antojo, aunque ello le traiga más sufrimiento aún que quedarse en el que les corresponde.

Besos

Mos dijo...

LUISA: Querida compi de letras y maestra, me alegra saber que has vuelto a leer este relato y te ha gustado. Sí que tiene miga la segunda tragedia. Casi más que la primera.
Gracias por quedarte un ratito en mi orilla.

Mos dijo...

MARÍA BOTE: Hola mArría, lo cierto es que yo disfruté inventándome esta historia a pesar de tener que documentarme sobre Venecia pero eso, si cabe, lo hizo más emocionante.
Un abrazo, maestra del verso.

Mos dijo...

NARCI M. VENTANAS: Gracias por leer de nuevo porque sabía que tú ya lo habías leído.
La mente, Narci, te juega malas pasadas cuando se sufren ciertas enfermedades.
Un abrazo grandote.

disancor dijo...

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

María dijo...

Amigo, MOS:

Al leer la segunda tragedia me he dado cuenta de todo lo que pasaba, la verdad es que tu relato es sorprendente y magnífico, y me alegra mucho que lo hayas rescatado del baúl de tu blog, para traérnoslo aquí y leerlo quiénes no lo habíamos leído, he disfrutado, tranquilamente en estos minutos de su lectura, y ha sido un placer. Gracias, amigo, MOS, por estos ratitos entre letras que con tu increíble imaginación nos llegas a trasladar hasta, incluso, Venecia.

Felicitaciones.

Un beso.

PD.- Estaré pendiente de la entrada de tus respuestas a nuestras preguntas.

Mirella S. dijo...

Mos, me gustó mucho leer tu historia, muy bien documentada, como dice Isabel. Yo nací en Italia, cerca de Parma, de donde era originaria Giulietta, y me hiciste recordar la fastuosidad del carnaval veneciano.
En la primera parte, debido a que tenía las mismas iniciales que el Dux, pensé que el asesino podía ser Lorenzo.
En la segunda parte me di cuenta de que la trama venía por otro lado, pero si bien la mujer no estaba en sus cabales, también pensé en la posibilidad de ese poder de captación que tiene alguien fuera de la realidad y que la transportó a un hecho ocurrido en esa misma fecha, siglos atrás.
Un abrazo, desde Buenos Aires.

Borja F. Caamaño dijo...

Qué decir... es lo que hay.

Abrazotes.

Ame dijo...

Qué decir?, me dejas pensando Mos, a mi me encanta no predecir el final, y entonces sucede lo que ahora, me quedo tratando de analizar y estoy completamente en blanco :)
Bueno que sucedió en Venecia, que sé de un sitio que si entras no sales vivo y todo lo que allí sucede son tragedias.

No lo había leído Mos, y me encanta haberlo hecho

Besos, te cuidas

Tesa Medina dijo...

Creo que ya la había leído, pero he vuelto a disfrutar, aunque intuía o recordaba ese giro en la segunda tragedia.

El ritmo vertiginoso de la primera, que te acerca a la angustia de la mujer, que luego con la segunda parte comprendes mejor, es excelente. Me ha atrapado por completo, y me ha hecho recorrer de nuevo Venecia.


Creo que Lorenzo ama a su mujer, no hay duda, en la primera parte queda claro que él llora por su locura.

El trastorno bipolar es muy literario, Mos, pero también terrible.

Me ha encantado, Mos, de verdad. Un abrazo,