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domingo, 14 de abril de 2013

MÁS QUE UN SENTIMIENTO (MORE THAT A FEELING) PARTE 3

Fran y yo llevábamos bien los estudios. Eso nos permitía tener más tiempo libre para salir a Villagarcía los sábados y domingos por la tarde. Solíamos ir al Pin- Club, unos recreativos con billares, mesas de ping-pong y máquinas de pinball donde jugar unas partidas. Nos solían acompañar Manolo y Pedro, compañeros de curso y amigos. Allí conocimos a varias chicas que también se hicieron amigas nuestras. Con ellas paseábamos por el puerto o por la playa, fumábamos, reíamos y tonteábamos. En los años siguientes con ellas íbamos a Tótem, la discoteca más visitada por los estudiantes del internado. Nos divertíamos bailando las canciones rápidas, después las lentas. Y nos besábamos con besos inexpertos pero apasionados, prometiéndonos amor eterno. Muchas noches cogíamos el autobús de vuelta al colegio con más de un calentón entre las piernas. Luego en la cama recordábamos aquellos cuerpos femeninos, su fragancia, la tersura de sus pechos y sucumbíamos en solitario al placer. Para una de ellas, Susana, mis promesas fueron reales y varios años más tarde nos casamos.

En el segundo curso todo fue más fácil. Teníamos más experiencia de cómo manejarnos en el colegio, nos gustaban las prácticas de taller y mostrábamos interés en las materias relacionadas con el ferrocarril. Fran y yo formamos nuestro propio grupo, los Expresos, y teníamos varios seguidores que nos animaban en las fiestas. También ganamos algunos trofeos deportivos en las competiciones de atletismo y natación. Crecíamos  casi sin darnos cuenta. Sólo éramos conscientes de ello delante del espejo: desaparecieron los granos, comenzaba a marcarse la incipiente barba, el cuerpo cogió un aspecto más atlético gracias al deporte, ganamos algunos centímetros. También la voz fue cambiando a un timbre más adulto. Pronto cumpliríamos los diecisiete y deseábamos que el mundo siguiera siendo así para nosotros cuando dejáramos aquel lugar.
Creo recordar que por abril de ese año, 1977, Fran subió un sábado de Villagarcía completamente eufórico: se había comprado el disco de Boston y no cabía en sí de emoción. Estuvimos escuchándolo toda la tarde en la sala donde ensayábamos con el grupo. Una de las canciones, “Más que un sentimiento”, nos la sabíamos de memoria de tanto oírla por la radio. Mi amigo convenció a Don Ramón, el Jefe de Estudios, para que ese LP fuese el que nos despertara a la mañana siguiente. Y así fue; abrimos los ojos con los acordes de guitarra de dicho tema sonando in crescendo


Los dos nos abrazamos al levantarnos por haberlo conseguido. Mientras nos aseábamos y hacíamos la cama, canturreamos el resto de las canciones dando saltos por la estancia. “Paliducho, Madriles, estáis como una cabra”, le oí decir a Esteban, el pelota de la clase, al que todos llamábamos “Bolita” por su redondez. “Calla Bolita, no está hecha la miel para la boca del asno”, le gritó nuestro amigo Manolo “el Vasco” y todo el dormitorio aplaudió tal respuesta.

El 24 de mayo de ese año día de  María Auxiliadora, la patrona, “Los Expresos” tocamos en la fiesta que hubo en el salón de actos junto a otros grupos. Terminamos con “More than a feeling” cantada por Fran. Su voz era ideal para aquella canción. Noté que de vez en cuando me miraba, como si la canción fuera dirigida a mí. Yo hacía los solos de guitarra y entre todos cantábamos el estribillo. El público estaba tan entusiasmado como nosotros y coreaba al unísono. Nos dedicó la mayor de las ovaciones. No puedo describir las sensaciones que sentí en mi interior encima de aquel escenario. Demasiado mágico para describirlo con palabras.

El segundo curso en el internado agotaba sus últimos días. A mediados de junio todo el alumnado partía hacia sus lugares de origen. Yo quedé con Fran en ir a visitarlo a Salamanca  ese verano. Los dos habíamos aprobado todas las asignaturas sin dificultades y teníamos tres meses por delante para olvidarnos de nuestros estudios. Me hizo prometer que iría a finales de julio, por su cumpleaños. Así lo hice.

Nunca había estado antes en Salamanca. Fran me llevó de acá para allá por los lugares y monumentos más importantes de la ciudad.  Me gustó mucho la Plaza Mayor y la Casa de las Conchas. 

No me fue fácil descubrir la rana en la fachada de la Universidad, pero la encontré. Decían  que a los estudiantes, encontrarla, les daba suerte en los exámenes. También  me presentó a su pandilla. Me explicaron que sabían de mí porque siempre estaba en la boca de Fran, que era poco menos que Dios para él. Me cayeron bien tanto ellas como ellos. Casi todas las tardes nos íbamos a una playa fluvial en el Tormes para aguantar mejor el calor. Cuando nos cansábamos de nadar y jugar en el agua, Fran y yo amenizábamos al resto tocando la guitarra y cantando. Después, por las noches, quedábamos para tomar algo.
El día de su diecisiete cumpleaños comimos con sus padres y su hermana pequeña en un restaurante de la ciudad. Por la tarde ellos se marcharon para pasar el fin de semana con unos amigos de un pueblo cercano. Se entusiasmó con mi regalo: el disco “Arrival” de Abba. Sabía que le gustaría porque siempre me hablaba de él; incluso hizo una versión acústica de “Dancing Queen” con la que nos entretenía en la escuela. 
 Sus amigos salmantinos también le agasajaron con todo tipo de regalos en el que, según declaró, fue un cumpleaños inolvidable. Nos llevó  a todos a un pub muy original. Los asientos imitaban a las tazas del váter, las mesas tenían  forma de bañeras y servían la cerveza en recipientes semejantes a las cubetas de guardar las escobillas del inodoro. Estuvimos bailando en una de las pistas, bebiendo y fumando, jugando varias partidas de dardos, contando chistes en lo que fue una gran velada entre amigos. Pasadas las dos de la mañana decidimos abandonar el local. A todos nos brillaban los ojos y, gracias al alcohol, nos reíamos por cualquier tontería que dijera alguno del grupo. Al llegar a su casa todos nos despedimos hasta el día siguiente.
Los dos dormíamos en la misma habitación aunque en distinta cama. Recuerdo que volvimos cansados y algo aturdidos de tanta fiesta. Hacía calor y abrimos la ventana de par en par.  Fran puso el disco de Abba de fondo para relajarnos mientras cogíamos el sueño. Nos tumbamos en calzoncillos encima de las sábanas. Fumamos algún cigarro y me habló de lo bien que lo había pasado ese día. De vez en cuando me pedía la opinión del resto de sus amigos. Yo, medio dormido, respondía  intentando prestarle atención. Al rato le pedí que apagase la luz. Una farola cercana iluminaba el dormitorio con claridad, permitiendo reconocernos perfectamente en la penumbra. Le oí decirme si quería escuchar a Boston. Yo asentí con la cabeza  y me di la vuelta hacia la pared para dormirme. Boston sonaba más lejano mientras dormitaba. Noté que Fran, en ese momento, se acostó a mi lado. Sentí como acariciaba mi espalda pasando su mano de arriba abajo. Luego me dio un beso suave en la nuca. Eso me hizo estar alerta  y salir de mi duermevela. Mantuve la calma haciéndome el dormido. Mi amigo se incorporó y quitó la música; después volvió a mi lecho. Sus manos rozaban uno de mis muslos y subían de nuevo a la espalda. Yo, disimulando, permanecía inmóvil mientras analizaba la situación. Deduje  que lo mejor sería aguantar su manoseo durante unos minutos y no estropearle el día de su cumpleaños. Me puse boca arriba en un intento de persuadirle en sus tocamientos. No lo logré; el tacto de sus dedos surcó mi cuerpo muy delicadamente: formaba círculos sobre mi pecho, jugueteaba con mis pezones, recorría el rastro de mi vello por el pubis. Después, comenzó a palpar mi sexo por encima del calzoncillo con suavidad. 
Me di la vuelta de nuevo. En ese instante él dejó de tocarme. Mi corazón latía deprisa, muy deprisa. No sabía qué hacer ni cómo terminaría aquello. Fran continuó en su empeño deslizando sus manos por mis nalgas. El roce de sus dedos hizo que yo tuviera una erección. Me giré otra vez para arriba deseando que aquello terminara. Una de sus manos exploró mi pene, luego los testículos. Siempre con movimientos delicados y precisos. Mi respiración, entrecortada, denotaba una situación placentera. Aquella escena teatral pedía a gritos que nos quitáramos la máscara. Fue entonces cuando, en un impulso, le dije que siguiera, que lamiera mi pene y que acabara lo que había empezado. Al poco tiempo cada uno se masturbó a sí mismo. Todo terminó con gritos contenidos de placer mientras eyaculábamos sobre nuestro vientre. Después llegó la calma. Fran intentó explicarse. Preferí que no dijera nada en ese momento. Aquella noche dormí inquieto y avergonzado.
                                                                 CONTINUARÁ...
© Ceferino Otálora (Mos)
    Septiembre de 2009.
    Imágenes tomadas de Internet.

29 comentarios:

Mos dijo...

Queridos lectores y amigos, gracias por la acogida a este relato extenso que he dividido en partes para relajar su lectura.
A los más impacientes les diré que queda solamente otra parte más, el final de la historia.
Gracias por acercaros a esta orilla de las palabras y dejar vuestra huella.
Mos.

ion-laos dijo...

Jolín con Don Antolín, igual tenía él más pluma que nadie y su frustración la pagaba con los muchachos. Suele suceder que por esas èpocas de la adolescencia, algunos chic@s, suelen estar confusos respecto a su orientación sexual y prueban y comprueban, y no pasa nada, no es ni bueno ni malo, simplemente Es, y cada uno escoge la forma que mejor sabe para descubrirlo, aunque moleste al otro, o le haga un favor, quién sabe!

Besos Mos!

Lore dijo...

Que si, Mos, que el que la (lo) sigue lo consigue...y Fran erre, que erre...
Pues esperaremos el final de esta genial historia.

Besos Mos.

Tracy dijo...

Está siendo un retrato fiel de la época adolescente. Espero el final.

lunaroja dijo...

No sé si habrá llegado mi comentario,porque me sale un mensaje de error..en todo caso,te comentaba,que me gusta mucho este viaje nostálgico lleno de luces y sombras!

Innombrable dijo...

Sin dudas Fran sentía algo como que MORE THAN A FELLING por el protagonista de la historia.
Mos, sigue impresionandome el como no llevas de las letras hasta el ultimo renglón de la historia.
Esperamos la ultima parte...
Un abrazo y gracias por tus comentarios en medio de un insomnio.

CARLOS

Vany To dijo...

No tengo idea de como termina, me inquieta la continuación, vamos que un buen relato se disfruta sorbo a sorbo, pero vamos que soy nada paciente, y muero por el desenlace.

Te diré que la forma en que abordas los hechos de la adolescencia es sutil, muy suave y se hace digerible, aparte que mantienes al lector en espera de la siguiente etapa.

Besitos Mos

María Bote dijo...

El relato siugue siendo excelente y consigue (lo que todo buen relato debe conseguir)mantener la expectación y las ganas de saber más hasta llegar al desenlace.

Felicidades y besos, amigo Mos

Lichazul dijo...

gracias por pasar por mi rincón
sigues dando tinta a una historia que no necesariamente suele ocurrirle a los jóvenes sin a muchos adultos

buena semana

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me sigue interesando mucho, Mos. El manejo de las situaciones eróticas es perfecto y preciso. Y luego toda esa indecisión propia de la poca edad, ese no saber en qué acera quiere estar uno...
Ya te digo: ¡me encanta!
Veremos qué pasa, porque Fran anda lanzado.
Un abrazo.

A. del Rincón dijo...

Bueno Mos, nos dejas con la miel en la boca esperando el final.
Muy interesante y haces meternos en situación con facilidad.
Esperaremos ese...continuirá.

Saludos

Anna J R

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Seguro que costó más encontrar la rana que esa aparente confusión hormonal en la penumbra de esa farola.
Magnífico Relato...A la expectativa estoy del siguiente capítulo.
Abrazos.

maria del carmen nazer dijo...

La intriga sigue en pie.Me encantó el nacimiento del amor por la que hoy es tu señora..
De lo otro , no sé qué decir . Cuando algo se presiente digo "era voto cantado "
Supongo que son cosas de adolescentes. Veremos de qué tenor es la continuación.
Un abrazo gigante.
¡Buen comienzo de semana !

MAITE N. dijo...

Bueno Mos, primero decir que si el prota era como el de la fotito que has puesto, no me extraña que el pobre Fran estuviera así... jajajaja.
Ahora en serio, me gusta mucho este capítulo, que a Fran le gusten los hombres ya era sabido, pero que el otro no sea gay y se deje llevar por esa situación me ha encantado, que quieres que te diga, es una edad en la que se suele experimentar y entre chicos eso no es tan raro como nos puede parecer. Deseandito estoy de saber el final. Abrazo grande.

Tesa Medina dijo...

Ya estoy al día de la aventura.

Ay, Mos, que bien reflejas la adolescencia, con esa mezcla de confusión, ganas de vivir, de descubrir, de experimentar...

...Y el sexo y el placer que cobra tanta importancia y nos asusta pero también es irresistible.

Volveré para leer el final.

Un abrazo,

**kadannek** dijo...

Admito que estoy con mirada aguda, quiero ver cómo enfrenta esta temática no sólo como narrador, también como crítico. Hay que saber si dará una opinión contundente en su relato, pues parece prometedor. Si queda una última parte, es la más importante porque podría hacernos reflexionar profundamente como sociedad o decepcionarnos como lectores. Le tengo fe.

Sindel dijo...

Impecable esta tercer parte del relato, tiene de todo. La visión de la vida a través de los ojos de un adolescente, y lo que se veía venir en su relación con Fran. Está tan bien narrado que se lee con naturalidad y ganas.
Espero ansiosa el final, me has maravillado con este texto Mos.
Un abrazo enorme.

TriniReina dijo...

Pues a ver cómo acaba esta historia.
O bien todo queda en un episodio entre adolescentes o en gran amor. espero que nunca en la rotura de la amistad.

Un abrazo

Narci M. Ventanas dijo...

Genial, Mos. Sigues sin sacarnos de dudas, pero el ritmo del relato hace que se disfrute la historia en cada línea, y que la espera del desenlace sea amena, interesante y grata.

Besos

Analogías dijo...

Me gusta lo diferente de todo esto. Te sigo! Un saludo.

disancor dijo...

Estoy deseando que llegue el ralato al final para volver a leerlo entero.
Un abrazo.

Chelo dijo...

Pues pasaré a leer la última parte porque me ha intrigado bastante.
Un saludo.

M.JOSE dijo...

Sigo en ascuas, estoy deseando leer el final. Un abrazo desde Esquivias.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Lo que está dando la canción de Boston esperaremos el final del relato... un saludo.

Marinel dijo...

Toda una aventura en muchos sentidos,incluido por supuesto,el descubrimiento de un sexo incógnito e inesperado.
La juventud en todo su esplendor con sus canciones,sus avatares y sus dudas respecto a tantas y tantas cosas!
Seguiremos leyendo el siguiente capítulo.
Besos.

Belén Rodríguez Cano dijo...

Me quedo en ascuas por saber cómo acaba la historia.
Supongo que se habrá tratado de un escarceo sin importancia que ayude a los chicos a definir su identidad.
La verdad es que me he enganchado.
Besos.

Rafa Hernández dijo...

Esto está muy interesante Mos, y nos dejas con la miel en la boca, como la pasión que tienes estos adolescentes; sobre todo Fran.

Un abrazo.

LOS OJOS DE LA NIEBLA dijo...

Esperando la última parte, por un lado con muchas ganas para leer el desenlace, por otro lado no queriendo que acabe, engancha y queremos más...
Saludos

MAJECARMU dijo...

Sensibilidad,gran expresividad y vida...Mos.
Hemos disfrutado de esas letras,que se escapan claras y generosas por la blogosfera.
Mi felicitación y mi abrazo inmenso.
Feliz martes,compañero.
M.Jesús