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viernes, 12 de abril de 2013

MÁS QUE UN SENTIMIENTO (MORE THAN A FEELING) PARTE 2

El internado contaba con la figura del padre espiritual. Se llamaba don Antolín y hacía las veces de confesor, psicólogo, consejero espiritual y profesor de ciencias naturales. Uno a uno fuimos pasando toda la promoción por su despacho a lo largo de distintas semanas. Él, muy amablemente, intentaba ganarse nuestra confianza creando un ambiente distendido y agradable. Comenzaba preguntando qué nos parecía el colegio, si había algo que echáramos en falta, qué opinión teníamos de los profesores, que aficiones teníamos…, y nosotros respondíamos sincera e inocentemente a todo. Don Antolín, entre sonrisas y alguna que otra caricia en la cabeza o en las manos, iba anotando las respuestas que dábamos en una especie de ficha personal. Según avanzaba la entrevista, las preguntas tomaban un cariz más íntimo y privado: cuántas veces te masturbas, en quién piensas cuando lo haces, con qué frecuencia, qué fantasías te gustaría cumplir…, todo ello en un clima de complicidad y quitándole  trascendencia a la veracidad de las respuestas de todos nosotros para luego, implacablemente, sermonearte usando todos los recursos morales y religiosos de los que era capaz. Fui testigo como muchos de mis compañeros salían de la reunión con la cara desencajada y los ojos hinchados de haber llorado. Fran fue uno de ellos.
Horas después, tras dejar que se calmara, le pregunté qué había pasado en aquella reunión con Don Antolín y él fue relatándome todos los pormenores de la entrevista. Comenzó en un tono distendido y cordial: qué te parece el internado, los profesores, los compañeros, qué materias te gustan más... Luego avanzaba con quiénes son tus mejores amigos, qué hacéis cuando bajáis a Villagarcía, quedáis con chicas del pueblo, qué sueños eróticos tienes, cuánto te masturbas, en qué piensas cuando lo haces…A Fran le pareció raro esa serie de preguntas pero le daba confianza aquel cura tan afable; por  eso contestó sinceramente a todas. Dijo que le gustaba el internado, que se sentía bien allí, que los profesores eran algo duros y que los mejores eran Don Antonio, el de Lengua, y Don Tomás, el de Dibujo. Que no soportaba a Don Vicente, el director, que daba Formación Humanística y se mofaba de los fallos y defectos de algunos alumnos. También comentó que sentía nostalgia de su barrio y sus amigos salmantinos pero que, sin embargo, tenía muy buenos amigos en la escuela entre los que me encontraba yo. Que sí, que se masturbaba bastante, que pensaba en chicas que conocía y en actrices famosas. También le dijo que, en algunos sueños, se abrazaba conmigo y tocaba mi cuerpo; que se despertaba con una sensación placentera que le gustaba. Que esos sueños se repetían con frecuencia y que estaba hecho un lío.
Aquellas respuestas provocaron la ira del padre espiritual. Al parecer le manifestó que a los ojos de Dios era un pecador, que sentía vergüenza y repugnancia por él, que tenía una mente sucia e insana, que qué pensarían sus padres si supiesen todo aquello, que masturbarse era un acto cobarde de egoísmo, que soñar con chicos era poco menos que ser un  apestado, que su alma estaba manchada y costaría mucho limpiarla de tantas impurezas. Le propuso que confesara cuanto antes sus pecados y, cuando Fran rompió a llorar, intentó calmarlo diciéndole que todavía estaba a tiempo de enmendar sus errores. Para ello le propuso que hiciera más deporte, que rezara a María Auxiliadora, la patrona salesiana, cuando tuviese tentaciones de masturbarse, que considerase si quería ser un hombre de bien alejado de las tentaciones carnales y los malos pensamientos. Que él, a pesar de todo, sabía que era un buen muchacho aunque algo confuso. Y que con la oración y su ayuda encontraría el camino para ser un hombre auténtico, de verdad. Luego, antes de salir, le hizo jurar ante la Biblia que siempre que cayera en tentaciones, iría a confesarse.
Cuando Fran me contó el contenido de tal interrogatorio se me puso un nudo en la garganta; me asusté. Pensé en el mal rato que había pasado mi amigo y también me sorprendí por esos sueños en los que decía que aparecía conmigo y me acariciaba. Los dos teníamos amigas en nuestras ciudades de origen y también allí. Solíamos comentar quién nos gustaba a cada uno y cuál de ellas estaba más buena. Tal vez por eso dejé de darle importancia a esos sueños de Fran.
Esa noche no pude dormir pensando en cómo superar la dichosa entrevista cuando me tocara a mí. Tras muchas conjeturas sobre cómo actuar, decidí que lo mejor sería no contar toda la verdad y decir lo que el padre espiritual querría oír. Eso hice cuando me reuní con él: no tenía ningún problema en la escuela, los profesores eran correctos y sabían premiar nuestro esfuerzo, me gustaba el deporte y las actividades, la comida estaba bien, respetaba a mis compañeros, rezaba todas las noches, me masturbaba poco y me sentía mal cuando lo hacía, sabía que Dios nos quería limpios de mente y de cuerpo, acudía animado a misa y respetaba a las chicas que conocía. Di una imagen de chico perfecto que él, supongo, no se creyó del todo. El caso es que no me hizo ningún reproche y salí airoso de aquella sala de tortura. A mi amigo Fran le dije que usara mi misma estrategia en las siguientes entrevistas, que intentase no exagerar para no meter la pata  y que aquel cura preguntón creyera que había conseguido su objetivo. Poco a poco y con mi ayuda, la opinión de Don Antolín fue cambiando con respecto a Fran. Y ambos pudimos seguir siendo lo que éramos: unos jóvenes con las hormonas alborotadas, adolescentes descubriendo el mundo, nuevas sensaciones, idealistas, alegres, despiertos y llenos de vida.

En medio de todo eso el curso y los días fueron pasando. En noviembre de ese año murió Franco; nos dieron unos días de permiso y volvimos a casa. Después las vacaciones de Navidad, más adelante las de Semana Santa. Recuerdo que por esas fechas me ocurrió algo con Fran que, entonces, me molestó bastante y le di demasiada importancia. Algunos años después comprendí mejor los motivos y el alcance de aquella experiencia.

Ocurrió en el salón de actos un sábado por la tarde durante la proyección de Ben-Hur. El salón, con sus butacas, hacía las veces de cine. Entre estudiantes, profesores y monjas, el aforo de la sala estaba casi completo. Los dos ocupábamos dos asientos contiguos en uno de los laterales de las últimas filas. En mitad de la película Fran, sentado a mi izquierda, posó una de sus manos sobre mis piernas. Yo ni me inmuté por aquello. Luego siguió acariciándome los muslos suavemente, jugueteando con sus dedos. Tampoco hice caso en esa ocasión a sus repetidas caricias. Minutos después subió hasta mi bragueta; entonces sí que le aparte la mano y le hice un gesto de reproche. El compañero de la butaca de al lado estaba atento a la película y no se percató de nada. Fran seguía, de vez en cuando, jugueteando con mis muslos; también por mi entrepierna. Comencé a estar incómodo y le advertí que no siguiera, que le iban a pillar. Él paró de tocarme durante unos minutos; después se quitó la cazadora que llevaba y la colocó tapando sus piernas y las mías. Acto seguido continuó rozando mis muslos con disimulo. Me pareció un juego atrevido, incluso sonreí con aquella temeridad de mi amigo al que yo, casi rindiéndome, me presté. Bajo la cazadora siguió palpando mi sexo motivo por el cual hizo que tuviera una erección; que sintiera una mezcla de placer y temor con aquella situación un tanto disparatada. Podrían pillarnos en cualquier momento y echaríamos al traste nuestro futuro. Tragué saliva y le dije que estaba loco, que lo dejara. Fran retiró su mano y me susurró al oído si nos íbamos a los servicios. Con semblante serio y enfadado le contesté que no, que ya bastaba de tocamientos. El resto de la película transcurrió con normalidad, atentos a la pantalla.Al salir de la sala le recriminé su actitud y osadía. Incluso me atreví a preguntarle si le gustaban los tíos; así, directamente. Visiblemente molesto contestó que no; que él era tan macho como yo, que no sabía por qué lo había hecho y que no volvería a ocurrir. Aquel asunto pronto quedó  olvidado y nuestra amistad siguió avanzando. Tanto como los meses y los estudios.
                                                                                                              CONTINUARÁ...


© Ceferino Otálora (Mos)
Septiembre de 2009
Las imágenes están tomadas de Internet.







21 comentarios:

Mos dijo...

Queridos visitantes que llegáis a esta orilla: MÁS QUE UN SENTIMIENTO es un relato escrito con narrador en primera persona. Con ello la historia que cuenta gana en inmediatez, cercanía con el lector, intencionalidad y credibilidad. Posiblemente eso (y el haber utilizado un tiempo cronológico, escenarios y situaciones en las que he estado presente), hayan hecho suponer que es una historia autobiográfica al decir de varios de los comentarios recibidos. No me molesta que se piense que es real esta historia; más bien diría que me enorgullece precisamente por eso, por crear esa empatía (que no simpatía ni antipatía) con el lector que se haya interesado por ella.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.
“Todos los escritores de ficción se nutren de las experiencias vividas en la realidad, de las sensaciones experimentadas, y las transmiten a sus personajes para darles vida, credibilidad y autenticidad. Ese es el arte de escribir, de dar vida en transfusión de sangre directa a los personajes.”
Enrique Páez, filólogo y escritor.

Rafa Hernández dijo...

Bueno Mos esto se está poniendo que arde. Este Antolín es un poco guarro ¿no?...y luego creía que era yo solo el único que pensaba y decía cochinadas, aunque bueno entre el ambiente de curas tampoco es para nada de extrañar. Y ahora resulta que Fran que se lo tomaba todo a pecho y le extrañaba, le tira lo mismo a la carne que al pescado. Estos acaban todos revueltos y retozando. En cuanto a la muerte de Franco les vino bien, ya que les dieron unos días de permiso, la pena es que Franco no se murió treinta años antes. Muy bueno Mos, y ya seguiremos leyendo, "en tus manos estamos". Buen fin de semana y que disfrutes amigo.

Un abrazo.

Rafa Hernández dijo...

Mos se me ha olvidado comentarte lo de las imágenes. La de la santa no pude negar que el hijo es suyo ya que tiene su misma cara, para que luego diga que es virgen. Y la de Charton Heston remando en las galeras, muy buena película.

maria del carmen nazer dijo...

Por favor, quiero saber lo que sigue !! ¿A Fran le gustaban los hombres ? No puede uno quedarse con las ganas, así que publica la continuación cuanto antes. Y hazlo bien no sea que caigas en mano de un cura tan preguntón y con tan mala vibra. Te dejo un puñado de besos. FELIZ FIN DE SEMANA !

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Grandes incertidumbres y actitudes curiosas a la vez que, también, reprochables en un ambiente lleno de rigidez y misterio...Estoy esperando el próximo capítulo.
Abrazos.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Hola, querido Mos.
Se me había pasado la primera parte, pero ya me he puesto al día.
El relato me parece muy vívido. Bien logrado el lenguaje, la recreación de la época (hasta la música maravillosa de Simon y Garfunkel o los Beatles), el ambiente de los colegios de curas de nuestra infancia... Además, me parece una filigrana lo que consigues en la segunda parte. La descripción de los "tocamientos" es soberbia, muy conseguida, con esa cazadora cubriendo el escenario del "delito".
Es muy difícil escribir sobre la adolescencia, mucho, pero te felicito porque veo que lo logras.
Ánimo, amigo, que tiene mucha madera de buen escritor.
Un beso.

**kadannek** dijo...

Me agrada la manera en que narra, sencilla, directa, sin adornos literarios innecesarios; Simple. Es de lectura rápida, dinámica. Hace al relato interesante, engancha. Buen trabajo. Seguiré la historia.

María Bote dijo...

Me parece excelente la narración, amigo Mos, estoy deseando seguirla pues engancha bastante y te deja con las ganas de saber más.

Felicidades y buen fin de semana. María

Sindel dijo...

Ah lo sabía!!! Esto se pone cada vez mejor, va por todos los temas que atrapan mi atención y narrados de tal forma que no puedo parar de leerte.
Mos que bueno que es saber que existen relatos de este nivel para disfrutar. Te felicito por ello y te pido por favor que cuelgues pronto la tercer parte, ya que has despertado mi ansiedad.
Un abrazo enorme.

Ame dijo...

Lo relatas de manera excelente, las imágenes se amotinan en mi cabeza, analizo Mos

Besos

Arturo dijo...

Mos:
Mi estimado amigo, disculpame; pero, cuando leí tu aclaración me dio un ataque de risa.
No hacía ninguna falta aclarar nada; pues si no eres marica, no tienes por qué temer y si lo eres, tampoco.
Para peor, cuanto más lo quieras aclarar, resultará más sospechoso...
La historia se ha puesto muy interesante, sobre todo por el contraste con el mundo de aquella época, previo al destape español.
Veremos cómo sigue.
Un abrazo grandote, mi amigo.

Marinel dijo...

No eran tiempos de apertura,de admitir la sexualidad "desvirtuada"
Así que imagino el calvario por el que pasaría ese amigo y tantas personas como él.
Veremos cómo se desarrolla todo.
Besos.

MAITE N. dijo...

Qué interesante se pone la historia!!, eso que has comentado al principio está genial y opino igual que tú, yo también suelo narrar las historias(la mayoría) en primera persona porque me parece mucho más íntimo y hasta real.
Sigo atenta Mos. Abrazo.

Lichazul dijo...

no importa el escenario
quienes gustan o necesitan o les nace de contradecir lo estipulado son y serán siempre
personajes con desviaciones o alteraciones de personalidad y sexualidad

da lo mismo si este personaje está en un ambiente clerical, o en una estación de policá o en el ejercito
o en la legión extranjera
o en la época de los colonos americanos o en la época victoriana en la corte

siempre sus comportamientos serán igual solo que se adaptarán a su entorno

por eso casos como la pedofilia es incurable o los sadomasoquistas son tan famosos

es algo que es intrínseco a su Personalidad indivisible

abrazos y feliz fin de semana

Innombrable dijo...

Yo creo que el clima que has creado en la historia es muy interesante para un profundo y extenso analisis.
Siempre me preguntado que pasa por la cabeza de un sacerdote, un monje, un santo Papa... son seres humanos que sienten en carne propia el deseo, la lujuria, la fantasía...
Y el anteponer esas doctrinas al ser propiamente humano siempre crea algo más allá del morbo.
Un amigo que se tira a la carne el amigo, porque quiere experimentar lo que puede porque está en una escuela totalmente dictatorial e inquisidora (respecto a su criterio sobre el sexo)...
en fin Mos, nos has dejado con deseos de leer más... así que no se alargue el tiempo de la próxima entrega.
Tienes el arte de llevarnos paso a paso a través de tus letras y eso amigo, se agradece infinitamente.
UN abrazo
Carlos

Sandra Garrido dijo...

jejejej, no me extraña ese final viendo esa película.

Ahora en serio. Según iba leyendo precisamente estaba pensando,( cuanto habrá de realidad y de ficción) y cuando he llegado al final me encuentro con tu explicación. El buen narrador supongo que es el que nos hace creer. y así siento esta historia tan real, tan podría haber sucedido, aquellos años donde el sexo era tabú y a los ojos de la iglesia el pecado que te dejaba ciego, ¿eso decían no? yo doy gracias a no tener que haber vivido aquello, yo llegué con el libertinaje, jajaja. Nada que quedo a la espera de esa continuación porque se está poniendo innteresante.

Por cierto, muchos presos acaban acostandose con hommbres simplemente por la necesidad del sexo, como en las edades de Lulu, cuando están presos el hermano y el amigo de Lulu y gastan su dinero en un travelo para saciarse. Me recordó a aquello, eso o hay algo de gay en Fran, bueno también siempre tuve presente que todos tenemos dentro ese yo hembra ese yo macho, pero la educación no nos deja verlo.

Un abrazo

LOS OJOS DE LA NIEBLA dijo...

Estupendo, Mos, nos vuelves a dejar la miel en los labios, así que no tardes..Sigue siendo dinámico, vas al grano, sin florituras :)

Yo también escribo la mayoría de las veces en primera persona, y creen que es personal, pero me parece más creíble porque me deja meterme más en el personaje y en la historia.

Un saludo, buen fin de semana.

MAJECARMU dijo...

Si,el relato en primera persona le dá realismo y e inmediatez,yo pensé que la historia era autobiográfica...Lo has hecho de maravilla y te felicito por ello...En aquellos tiempos el tema del sexo en los colegios religiosos era tabú y pecado...Vamos a seguir leyéndote y disfrutando de la historia...Pero,creo,que debías haber esperado hasta el final para informarnos de que no es autobiográfico...
Te dejo mi gratitud por ese amor a las letras y mi abrazo grande,compañero.
Feliz domingo.
M.Jesús

M.JOSE dijo...

Cada vez me gusta más tu relato y me tiene más enganchada. No me fio del cura ni un pelo, y no me gusta nada. Lo mismo también quiere participar en los juegos de Fran........ Quién sabe? Te seguiré esperando hasta que nos desveles el final. Un abrazo desde Esquivias.

Vany To dijo...

Tengo cientos de historias de un colegio regido por religiosos, sinceramente la mayoría con un mal desenlace, yo creo que los religiosos a sus iglesias y los docentes a sus aulas.

Buen relato Mos, es interesante como lo desarrollas.

Besitos

Narci M. Ventanas dijo...

Pero qué curiosones que eran los curas, debe ser que ellos carecían de la imaginación necesaria para hilvanar una fantasía erótica, y necesitaban las de los chicos.

Mi madre solía decir: "A quien mucho quiere saber, se le dice poco y al revés". Como muy bien hizo Carlos, para que luego digan que nadie aprende de errores ajenos.

Ahora nos falta saber si Fran era de verdad palomo cojo, o saco de hormonas con muchas ganas de experimentar. ¡Qué intriga!

Voy a por la tercera parte, que me muero de curiosidad.

Besos