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miércoles, 10 de abril de 2013

MÁS QUE UN SENTIMIENTO (MORE THAN A FEELING) PARTE 1

Esta mañana en la radio, camino al trabajo, han dado la noticia del suicidio de Brad Delp, vocalista del grupo Boston. Al parecer, murió respirando monóxido de carbono. Junto a él había una nota que decía: “Soy un alma solitaria”. Después ha sonado “More than a feeling” a modo de homenaje. Los acordes de la canción me han hecho pensar en Fran, en aquel  verano del 77 en Salamanca y en la profunda amistad que nos teníamos. 
Lo conocí en septiembre de 1975 al ingresar en el internado ferroviario de Villagarcía de Arosa. Dicho colegio se elevaba sobre una colina a las afueras de la villa gallega en dirección a Santiago. Los dos teníamos entonces quince años, como la mayoría de nuestros compañeros de promoción. Los sesenta nuevos alumnos procedíamos de todos los rincones de la geografía española y allí permaneceríamos durante tres años hasta completar nuestros estudios técnicos ferroviarios. Dicho de otra manera, de allí saldríamos con un oficio y un puesto de trabajo fijo en RENFE.
Coincidimos en el dormitorio que nos asignaron. Nuestros padres  se saludaron, nosotros también. “Hola, ¿qué tal? Me llamo Carlos y vengo de Madrid”. “Hola, yo soy Fran, de Salamanca”. La estancia estaba compuesta de unas treinta y dos camas de ochenta, distribuidas de dos en dos con un cabecero común, separadas de las siguientes por un cuerpo de cuatro taquillas metálicas adosadas a éstas. Al final del dormitorio una doble puerta daba paso a los servicios: unos doce lavabos, unos seis retretes y otros tantos urinarios.  Fran compartía conmigo el cabecero de mi cama; es decir, dormía al otro lado de la mía. Tras guardar nuestras ropas y enseres nos acercamos hasta el  vestíbulo de la entrada. Seguían llegando nuevos alumnos con cara de circunstancias; también los veteranos de otros cursos pero con otro semblante. Entre ellos se abrazaban efusivamente después de todo un verano sin verse. Dos de esos alumnos veteranos nos enseñaron algunas de las estancias de la escuela: el salón de actos con sus filas de butacas, donde proyectaban cine los sábados y domingos, el comedor que nos pareció inmenso, la biblioteca, el gimnasio, la zona de clases, la lavandería y la cocina (de las que se encargaban monjas) y el patio trasero porticado desde donde se divisaba toda la ría de Arosa y una isla pequeña en el centro llamada Cortegada. 
El paisaje era espectacular en aquel día soleado. Los ojos de los presentes se saturaron de la perfecta armonía del verde de los prados  junto al azul del mar en calma y del cielo despejado de mediados de septiembre. Para mí aquel lugar empezaba a ser maravilloso. Poco después, el padre de Fran dijo que en sitios así se hacían muy buenos amigos. Estaba en lo cierto.
Nos despedimos de nuestros mayores sin poder atravesar el portón de hierro que nos aislaba del resto del mundo. Hubo muchos besos y abrazos en aquella despedida; también lágrimas. Nosotros, muchachos de quince años, era la primera vez que dejábamos nuestra casa, nuestro barrio, los amigos de antes, lo conocido, por labrarnos un porvenir en la empresa de nuestros padres. Después, con el paso del tiempo, esa sensación de abandono, de pérdida, de indefensión, se iría perdiendo en lo que, seguramente, serían los mejores años de nuestra vida dentro de aquel internado regido por salesianos.

Por aquel entonces, los padres salesianos eran muy estrictos con sus métodos de enseñanza. Impartían la educación bajo los principios de autoridad y disciplina acordes a las reglas del orden y la moral impuestas en la nación por el Dictador. Nada de llevar el pelo largo, nada de conversaciones reaccionarias ni dudar de la existencia de Dios. De lunes a viernes había que ir a misa antes de cenar y los domingos antes de desayunar. A los alumnos se nos nombraba por nuestros apellidos y siempre de usted. A Fran, por ejemplo, había que llamarlo Francisco; nada de diminutivos ni confianzas de camaradería. Para los educadores religiosos de aquel centro yo era Sánchez Alcalá; él, Ramos García. Y así el resto de los doscientos estudiantes de los tres cursos. Esa rigidez educativa, un tanto prepotente, fue cambiando en los años sucesivos con la llegada de la democracia y la España de los derechos y las libertades.
Físicamente ambos éramos unos adolescentes espigados, con acné intermitente, barba débil e incipiente y un cuerpo en continua evolución. Fran tenía el pelo rubio, rizado, los ojos verdes y una tez blanca que le daba un aspecto enfermizo. Pronto le pusieron el apodo de “el Paliducho”. Yo, sin embargo, lucía  pelo negro y liso, piel morena y ojos castaños. Al poco tiempo casi todo el mundo me llamaba “Madriles” por venir de la capital.
Los dos éramos bastante sociables y agradables; eso hizo que nuestra pandilla de amigos fuera lo suficientemente amplia para sentirnos bien allí. Algunos eran amigos comunes, otros no; aunque lo cierto es que como mejor lo pasábamos era estando juntos. Eso no suponía un gran esfuerzo porque, aparte del dormitorio, compartíamos la misma mesa en el comedor, la misma clase (1º B de Electricidad) y las mismas aficiones. Nos  encantaba el fútbol, la natación y las carreras de velocidad. También nos unía el gusto por la lectura y el cine y, sobre todo, la pasión por la música. Recuerdo que los dos nos apuntamos a clases de guitarra para emular a nuestros ídolos de entonces. También para formar algún grupo como los que tocaban en el internado en las misas cantadas de los domingos o en las celebraciones y fiestas que había durante el año. 
Por las mañanas el alumnado se despertaba con música. Por los altavoces de los dormitorios sonaban los Beatles, Simon y Garfunkel, Mocedades, Nino Bravo, Supertramp y un amplio etcétera de músicos y estilos diferentes. El salesiano de turno iba pasando por las habitaciones y, dando fuertes palmadas, avisaba que teníamos media hora para asearnos y hacer la cama antes de ir a clase para la hora de estudio. Por la noche, al acostarnos, volvía a sonar la música pero esta vez más relajante. Era el momento de escuchar la orquesta de Ray Coniff, la de Paul Mauriat o cualquier sinfónica interpretando a Beethoven y al resto de los clásicos. Según avanzaban los días, los meses, nos sabíamos casi todo el repertorio musical del colegio. Fran y yo les pedimos por carta a nuestros padres que, en alguna de las visitas que hicieran, nos trajesen de casa el radio casete y varias de las cintas que teníamos como propias. Así fue como descubrimos a Mike Oldfield, Queen, Pink Floyd, Triana o a Camilo Sesto en Jesucristo Superstar, entre otros. Pasábamos parte del tiempo libre grabando nuestras canciones favoritas de la radio para luego escucharlas tranquilamente a la menor ocasión. Era muy habitual, si el tiempo acompañaba, bajarnos los sábados por la tarde cinco o seis amigos hasta la orilla de la ría y tumbarnos a escuchar la música que nos gustaba. Allí charlábamos, fumábamos a escondidas, reíamos, cantábamos juntos, inventábamos juegos,  nos relajábamos con el tranquilo oleaje del mar y el aroma de los eucaliptos cercanos. Y entre estudios, actividades, curas, monjas, días grises, días lluviosos, más días lluviosos, compañeros y amigos, iban pasando los días. 
                                                               CONTINUARÁ

© Ceferino Otálora (Mos)
Septiembre de 2009.
Imágenes tomadas de Internet.




34 comentarios:

Mos dijo...

Gracias a todos los que habéis comentado y leído LA SENTENCIA DE SU DESTINO. Tomo nota de algunas apreciaciones que habéis hecho. (Ojalá me atreviera con una novela aunque fuese corta).
En esta entrada os dejo otro relato extenso y no publicado anteriormente. Lo insertaré por partes porque es más extenso que el anterior. También es ficción (como el anterior), aunque lo he ambientado en un lugar y una época que viví realmente.
Os visito cuando puedo porque tengo poco tiempo pero siempre lo intento.
Es curioso esto del mundo virtual: Echo de menos a muchos visitantes asiduos y me sorprende la visita de otros nuevos. C´est la vie.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

maria del carmen nazer dijo...

"Soy un alma solitaria" ¡pobrecito ! seguramente era un alma torturada.
Es difícil ... uno no puede abrir juicio, son cosa muy, muy personales.
Me imagino cómo habrá entrado en tu corazón la noticia ya que compartiste tantas vivencias y creo yo, en la mejor etapa de la vida. Q.E.P.D.
Un abrazo inmenso y todo mi cariño.

Sneyder C. A. dijo...


Hoy tu entrada nos acerca a un tiempo maravilloso, el de la adolescencia. Un mundo nuevo se abría, un nuevo estilo de vida, un despertar a tantas cosas…
Muy bien contado con mención a los cantantes y músicos de aquellos años que dejaron huella y que hoy en día muchos de ellos se siguen escuchando…
Espero las próximas entregas. Es interesante conocer las vivencias de aquel tiempo pasado.

Un cálido abrazo MOS

LOS OJOS DE LA NIEBLA dijo...

Pues nos quedamos esperando más...

Parece que en estos sitios se hacen amigos para toda la vida, hay cosas que cambian de unas congregaciones o grupos a otros pero hay cosas semejantes.
Me llama la atención que os escondieseis para fumar, cuando en el Opus te lo ofrecían los propios curas para alejarte de malos pensamientos, mujeres, claro...las misas muchíiiisimo más importantes que las clases de matemáticas y miles de cosas más; pero la amistad y el compañerismo se recuerdan para toda la vida.
Magnífica descripción, me he trasladado a aquellas maravillosas tierras y hasta he podido aspirar el aroma del mar y los eucaliptos.

Aunque soy de las nuevas, te leo con admiración y ganas de la próxima entrega.
Un saludo.
Pilar

Yashira dijo...

Interesante tu relato Mos, como ya has avisado que continuará intentaré estar pendiente.
Me ha gustado mucho la forma de describir la amistad creciente de esos dos muchachos aunque me queda la sensación de que el final no será bueno.

Un abrazo desde mi mar.

Innombrable dijo...

Mos, muy buena historia que en su comienzo nos haces navegar por tiempos remotos... Yo escuchaba a Nino Bravo en Cuba, y que decir de toda esa lista de clasicos de la musica en Inglés.
Boston, wow, tenía un LP de acetato que tenía sus grandes exitos.
Nada que viajé en el tiempo a una españa que no conozco pero que me la has presentado a modo de introducción.
Un gran abrazo amigo.
Carlos

pd...gracias por tu ultimo comentario en uno de mis post.
Muchas gracias

Arturo dijo...

Mos:
Muy buen inicio, veremos cómo sigue esta historia.
Un gran abrazo.

TriniReina dijo...

Pues como se dice por aquí" me has dejado a media miel"
Así que a ver si no tardas en editar la continuación.

Un abrazo

MAITE N. dijo...

Lo has ambientado perfectamente!! yo que no soy de esa época me lo he imaginado y que sepas que esa música que oías a mí me encanta y la sigo oyendo a veces. La historia muy interesante, seguiré atenta.
Abrazos Mos.

Marinel dijo...

Es verdad que a veces, escuchar una música o canción determinadas, hace que nuestra mente nos lleve por derroteros aparcados,no por ello olvidados.
A ti ese fallecimiento te ha retrotraído a una etapa, yo diría plácida, de tu vida.
Gracias por compartirnosla.
Me quedo a la espera de la segunda parte.
Besos.

M.JOSE dijo...

Me ha encantado y me has dejado con la miel en los labios. Pensaba que era real y tú el protagonista junto con tu amigo Fran. No me canso de decirtelo, eres un genio de las letras y estoy deseando que nos cuentes más. Un abrazo desde Esquivias

Rafa Hernández dijo...

Hola Mos, ya esperamos impacientes el siguiente episodio. Bueno al menos de música estaban empapados, ya que se conocían a todos los intérpretes y estilos. Yo también he estado un poco liado, ya que mientras más fiestas hay más curro.

Un abrazo.

Sandra Garrido dijo...

Mos,

Sí, relatas muy bien, acabo de enterarme de a noticia, y me has hecho viajar a ese internado donde supongo que al pasar tanto timepo aun guardas buenos amigos.

A VECES UNA CANCIÓN, UN AROMA, UN LUGAR, NOS HACEN VIAJAR EN ESE TIEMPO QUE GUARDA LA MEMORIA.

Referente a esto de internet, es así, yo ahora tengo nuevos lectores o conocidos y a otros muchos, que estaban antes de este paréntesis tan largo que he hecho ni siquiera encuentro. No en mi blog, sino en los suyos, me da tristeza pero como tú bien dices. C´est la vie.

Un abrazo

Sandra Garrido dijo...

grrrrrrrrrrrr, disculpa el gruñido porque después de escribirte largo y tendido bloger no se donde ha enviado mi comentario.

Te decía que relatas muy bien, que me has hecho viajar a esos dias de internado, que acabo de enterarme de la mala noticia del cantante, y que seguro que has hecho buenos amigos de aquellos años.

Tambien comentaba lo que dices de internet. A mi me pasa, yo he estado muchos años outside, y ahora hay muchos que no encuetro, no por mi blog sino por sus blogs y me da tristeza. Pero como bien dices . C´est la vie.

Un abrazo.

P.D Ahora copio y por si tengo que pegar, jeje

José Manuel dijo...

Me he quedado con ganas de más, porque este relato (que creía autobiográfico cuando empecé a leerlo) me trae gratos recuerdos de esa adolescencia ya bastante lejana.
Sigo a la espera.

Un abrazo

Innombrable dijo...

MOS, GRACIAS POR TUS PALABRAS... SÍ, EN EFECTO TUVE UN PEQUEÑO PROBLEMA QUE ME HIZO CONFIGURAR DE NUEVO LOS BLOG. ESTUVIERON UNOS DIAS FUERA, PERO YA TODO ESTÁ NORMAL.
GRACIAS UNA VEZ MAS.

Belén Rodríguez Cano dijo...

Pues me quedo con ganas de más.
Me has trasladado a mi adolescencia y arrancado una sonrisa cuando enumeras la música que se escuchaba en el internado; es la misma que escuchábamos todos en esos años.
Ay! qué años aquellos...
Un beso.

ion-laos dijo...

Muchos de mis compañeros se han criado en los colegios ferroviarios, hace poco más de un mes, se han ido todos a Adif por orden de la Ministra, y pocos tienen buenos recuerdos de aquellos colegios.

Besos Mos!

PMPilar dijo...

Ha sido empezar a leer el relato (esto tiene todas las trazas de historia real como la vida misma)y de inmediato reponer idénticas escenas, o muy similares, de las que he sido testigo forzosamente necesario del eterno film protagonizado por mis familiares más directos. (salesianos, carmelitas, jesuitas) Tremendo. Y digo tremendo porque intuyo no vaya a ser demasiado feliz el desenlace.
Aún así, continúa, continúa, que esto atrapa.
Fuerte abrazo, Mos

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Esa Adolescencia marcada por canciones que se harán inolvidables y que pusieron música a esas hormonas alteradas y a esa sangre efervescente por nuestras venas.
Como siempre una maravilla de Relato que hace que empaticemos cada uno con momentos que siempre serán únicos.
Abrazos.

**kadannek** dijo...

..Me quedé sorprendida al no saber cómo continuaba la historia, estaba inmersa en la lectura, no ya porque fuese extraordinaria, más bien por ese ánimo fraternal entre ustedes; Amigos tan entrañables, diría, no he conocido. Ninguno quedó de mi adolescencia, menos de mi infancia. He tenido muy buenos, sobre todo uno del que fui separada por las circunstancias. También recuerdo a dos que han fellecido de cáncer, uno de ellos a penas hace 3 meses.

Espero poder ver la continuación.
Saludos.

India Rebelde dijo...

Bellos recuerdos que nunca volveran!!! Quizas por eso dicen que tenemos que vivir cada minuto bien vivido!... Y tu amigo Mos, si que los has vivido!!!

MAS!!! MAS!!! MAS!!! Ya estamos esperando la 2da parte amigo!!!

Besos

Narci M. Ventanas dijo...

Pues nada Mos, será cuestión de paciencia hasta la próxima entrega. Desde luego con ésta ya nos has enganchado a la historia.

Es cierto que a veces basta un rayito, una noticia inesperada, cualquier lucecita para rememorar toda una etapa de nuestra vida que casi estaba enterrada en cualquier arcón de algún desván, y en ocasiones, hasta parece que pudiéramos viajar en el tiempo y reotornas a aquellos años.

Besos

Volarela dijo...

..Y porque dices que es ficción... porque a mí me parecía autobiográfico. Seguro que hay mucho de ti en él. La literatura se nutre de nuestras vivencias, la de los otros y por supuesto, de la fantasía.

Sigue...

Saludos cariñosos

José dijo...

Gracias “Mos” por tu visita y comentario, con mucho gusto correspondo pasando por este sitio acogedor, de agradable y entretenida lectura, donde he tenido el placer de disfrutar leyendo la primera parte de esta interesante narración, entusiasmado, me quedare por aquí, para disfrutar tanto de anteriores como de próximas ediciones.
Pd. Curiosa coincidencia, el primer apellido de mi esposa es Otálora.
Un abrazo.

MAJECARMU dijo...

Siento esa triste noticia,Mos...
Ello ha provocado,que nos relates tu historia,que sigue viva,como todas las historias de la adolescencia y juventud...Epocas inolvidables,que aún nos siguen dejando su música nostálgica e inolvidable en el alma...
Una gozada leerte y sentir esa mezcolanza de sentires,que nos une por encima del tiempo y la distancia.
Mi gratitud por compartir y mi abrazo inmenso por tu generosa entrega.
Feliz tarde.
M.Jesús

lunaroja dijo...

Un tapiz de recuerdos,un relato sensible,llano,que nos acerca a lo más humano,desde la humildad.

A. del Rincón dijo...

Hola Mos.
Hasta hoy no he tenido la calma para leerlo
Lo que escribes lo describes muy bien y con realismo que parece que seas tú y tu vida la que relatas. Eso está muy bien, es un objetivo del escritor llegar a la gente de manera creíble y esto tú lo haces, por eso también creo que puedes experimentar atreviendote con textos mas largos, o empezar una novela, como se te ha sugerido, haces amena su lectura.

saludos

Anna

Gloria dijo...

Es curioso como el sonido de una canción puede desbordar nuestros recuerdos en forma de catarata.
Esos recuerdos juveniles es raro que no vayan de la mano de aquellas canciones que escuchábamos en la radio porque en relaidad no teníamos otra cosa, porque la tele todavía era un poco cutre.
Me han gustado mucho las fotos de esa Galicia verde y marinera.
Besos nostálgicos

Perlita dijo...

No sabía nada del suicidio de Brad Delp. Nunca ha dejado de gustarme el rock y en mis buenos años lo he disfrutado mucho. Una pena que la gente esté tan desesperada como para quitarse de esta vida aunque tengan los bolsillos llenos de dinero y éxitos. Que descanse en paz con sus locuras recurrentes (esta ha sido muy seria)porque los suicidas me dan una pena especial y se merecen descansar.

Bueno...Tu relato promete. Está cargado de realidad y lo iré imprimiendo para luego saborearlo despacito y conservarlo como oro en paño.
Esas llegadas nerviosas, inciertas y casi siempre tristes a un internado, me las conozco muy bien. Al principio, almas solitarias como el pobre músico que nos ha dicho adiós, y luego: buenas amistades y recuerdos imperecederos. En mi caso, muchas lagrimas, colegio triste y viejo, orfandad y enfermedad hasta que no pude seguir. Tenía diez años. A ver si tú pudiste aguantar mejor que no sé por qué me figuro que estarás escondido por entre esos dos protagonistas y en un lugar paradisíaco por lo que dices en tu apunte de comentario.
Bueno, un abrazo grande y a ver qué pasa.
Carmen Sabater

disancor dijo...

Pues, ya estoy deseando de leer la continuación del relato. La verdad que promete.
Deseo que tengas un buen fin de semana.
Un abrazo.

Sindel dijo...

Quiero más!!! eso es lo que me dije a mi misma luego de leer esta primer parte de un relato que se anuncia prometedor. Lleno de detalles y puertas entreabiertas que siento se irán abriendo del todo con el tiempo.
Lo leí de un tirón sin parar, tu forma de narrar es atrapante, y este tema especialmente llama mucho mi atención!!! Voy por la segunda a ver que va surgiendo. Un abrazo enorme.

Vany To dijo...

Es una buena introducción a la historia, sigo la segunda parte

Besitos Mos

Tesa Medina dijo...

Ya dices de entrada, Mos, que es ficción, pero el entorno es tu internado, pues ya me hubiera gustado que el mío hubiese sido así.

Tu internado es de colores con música moderna, el mío era en blanco y negro y sólo había silencio o rezos.

Así que voy a seguir tu relato con mucho interés, a ver qué ocurre.

Conozco almas solitarias con muchas ganas de vivir.

Pero no soy quien para decir nada de la decisión de Brad. Tenemos sus canciones.


Un abrazo, Mos, en cuanto tenga un rato tranquilo leo el resto.