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domingo, 31 de marzo de 2013

LA SENTENCIA DE SU DESTINO (Reposición)


“Ni aun permaneciendo sentado junto
  al fuego de su hogar, puede el hombre
  escapar a la sentencia de su destino”.
  ESQUILO DE ELEUSIS (525-456 a. de C.)
  Dramaturgo griego.



1). Nochevieja de 1962.


Cuando Bruno Spiteller entró por la puerta del casino de Bariloche, en la nochevieja de 1962, no sabía las consecuencias trágicas que aquello le iba a suponer.
Esa noche, después de las campanadas, la ciudad festejaba con alegría la llegada del nuevo año. La gente se abrazaba, reía, bailaba por todos los rincones. Los fuegos artificiales, junto al lago Nahuel Huapi, iluminaban el cielo estrellado y su reflejo en el agua hacía del acontecimiento, un espectáculo multicolor inigualable. La Navidad coincide con el verano austral en esa parte del mundo pero no por ello se celebra con menos entusiasmo. Bariloche, ciudad nevada en agosto, de bajas temperaturas y paisaje invernal, se encuentra en diciembre y enero con los días más limpios y las noches más cálidas de todo el año.
La apertura del casino era un acontecimiento muy esperado entre la población más adinerada de toda la provincia de Río Negro.  Bruno Spiteller se podía considerar uno de esos privilegiados; por eso, después de celebrar con los suyos la llegada del nuevo año, se dirigió al Gran Casino que se inauguraba esa misma noche. Su esposa prefirió no acudir con él y ultimar, junto a sus amigas, los preparativos del baile de Año Nuevo que anualmente recogía fondos para las familias más necesitadas de la ciudad.


2). La llegada.


Había llegado a Argentina con treinta y seis años de edad en febrero de 1947. Formaba parte de una partida de emigrantes suizos como tantos otros europeos que arribaron, en busca de una vida mejor, a las prósperas tierras americanas.
Ya en el Principessa Giovanna, el buque italiano que le trajo desde Génova hasta Buenos Aires junto a cerca de doscientos suizos y otros tantos alemanes, contactó con un grupo numeroso de paisanos que le hablaron de las colonias suizas y alemanas de San Carlos de Bariloche, en la Patagonia. Esos mismos pasajeros, entusiasmados, le transmitían todo lo que sabían de esa región. Decían que era como no haberse movido de Suiza: cumbres nevadas, grandes lagos y bosques, verdes prados, casas de madera y piedra en un entorno natural inmejorable. Pensó que ese podía ser un buen destino para él. Allí podría dar clases de alemán y francés a los hijos de los colonos, o trabajar en cualquier actividad ganadera en la que destacara la provincia.
Así pues, sus comienzos fueron de profesor en la Escuela Alemana de Bariloche, hasta que se casó en septiembre de 1948 con Estela Saavedra, hija de un ranchero criador de ovejas de la zona que le introdujo en el mundo de la ganadería ovina y la industria textil de la lana. Después vinieron los hijos, Bruno y Graciela, con los que formaban una familia muy querida y respetada en la ciudad. Se podía decir que los  Spiteller, perfectamente integrados, seguían el curso de los años teniendo una existencia placentera y honorable en Bariloche.
Todo eso cambió en unas cuantas horas; justo cuando Bruno Spiteller se quitó la vida. 

3). Hacia el casino.


            Prefirió ir andando hasta el casino. Tenía tiempo suficiente para llegar a la inauguración y entrar con el resto de personalidades. La noche salpicada de estrellas, con la luna llena iluminando el gran lago y la ciudad con la fiesta en las calles, invitaba a caminar y disfrutar del ambiente navideño. El trayecto desde su casa le ocuparía casi media hora con paso tranquilo. Bordearía el lago por la avenida de Exequiel Bustillo hasta llegar al casino en Playa Bonita. Todo le iba bien; muy bien. Sonreía y fumaba dando fuertes bocanadas a un magnífico puro habano. Durante el recorrido recordó la cita que tanto le gustaba de Séneca: “Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú”. Él había sabido guardar su secreto, su vida anterior. Olvidarse por completo de su pasado, asumir y vivir el presente sin levantar sospechas. Mientras caminaba recordó su trayectoria: sólo los inteligentes sabían amoldarse a los tiempos y él lo era.
Bruno Spiteller se llamaba en realidad Karl Wasser.

Karl Wasser, oficial alemán de la SS, era comandante del campo de concentración de Gross-Rosen en Polonia el 12 de enero de 1945. Contaba entonces con treinta y cuatro años. Alertado esa misma mañana por su fiel ayudante Wilder del avance de las fuerzas soviéticas y su próxima llegada al campo, intuyó lo que sospechaba desde hace tiempo: el ocaso de Hitler, el declive de la Alemania nazi, la pérdida de poder de un país cada vez más cercado por las tropas enemigas, donde todos serían prisioneros y los mandatarios arrestados y ajusticiados. Tal vez por eso, el comandante Wasser ordenó a su ayudante que le proporcionara un uniforme y la equipación de un soldado regular de infantería. Horas más tarde salían del campo en automóvil con dirección a Berlín. Fue en dicho trayecto donde Karl Wasser ideó su plan de supervivencia. A partir de entonces viviría en el anonimato más absoluto con respecto a su pasado. Y así fue.
Antes de llegar a la capital alemana asesinó de un tiro en la nuca a su ayudante, destruyó toda la documentación que le pudiera imputar como oficial nazi, se disfrazó de soldado de infantería, fue apresado y hecho prisionero por una patrulla del ejército ruso a quién explicó que había desertado de su batallón. Tuvo suerte en no ser reconocido por ningún oficial durante todo el tiempo que estuvo retenido con otros prisioneros alemanes en la cárcel de Spandau.
El 30 de abril se suicidó Hitler. A mediados de junio los aliados liberaron a todos los prisioneros. Desconocían la identidad verdadera de Karl Wasser y éste dio, en un primer momento, el nombre de Otto Meyer.
            Su padre, Heinrich Wasser, era un rico empresario de maquinaria agrícola favorecido por el III Reich que simpatizaba con el régimen aunque por ello, no temía represalias de los aliados ni de las investigaciones que se abrieran en la construcción de la nueva Alemania. En los últimos años había sabido poner a salvo parte de su fortuna en un banco suizo con sede en Ginebra: el Kroneng Bank. Eso serviría para adaptarse a los nuevos tiempos aunque, era evidente,  la vida de su hijo Karl corría peligro siguiendo allí. Le aconsejó que se fuera del país.
            Karl Wasser antes de ser comandante de Gross-Rosen, campo de concentración donde murieron cerca de setenta y seis mil judíos polacos, fue jefe médico del campo de Auschwitz, también en Polonia. Llegó allí en 1943; fue recomendado para el puesto dado sus conocimientos de medicina y antropología, conseguidos en brillantes carreras en las universidades de Viena y Munich. Allí, cuando llegaban los trenes cargados de prisioneros a la estación del campo, se personaba Wasser para seleccionar los más aptos para los trabajos y la experimentación. También decidía entonces quién iría directamente a las cámaras de gas que solían ser ancianos, niños, incapacitados y mujeres embarazadas.

            Los supervivientes de Auschwitz que conocieron a Karl Wasser, lo describían como un oficial muy apuesto, que siempre iba perfumado, de gestos aristocráticos, educado y sonriente, pero con una ferocidad morbosa a la hora de decidir quién vivía o moría. Una característica notoria de Wasser era el exagerado espacio entre los dientes frontales superiores y otra, la práctica de toda clase de deportes lo cual hacía de él, un hombre atlético y en forma.
           Karl Wasser, entonces Otto Meyer, cruzó hasta Suiza y se instaló en Zurich. Allí pasó cerca de dos años dando clases particulares de alemán y francés, idioma que hablaba a la perfección, entre los niños del barrio donde residía. Lo cierto es que Karl vivía intranquilo; temía ser reconocido y denunciado por alguien. Sabía que había personas dedicadas a la captura de criminales de guerra, entre los que él se encontraba. Por eso tomó la determinación de marcharse a Argentina. Aquel vasto país necesitaba mano de obra y ofrecía la posibilidad de vivir y prosperar a todo el que llegara con ganas de trabajar. Sería un perfecto destino para pasar desapercibido. Informó de sus planes a sus padres y contó con su beneplácito. Se mantendrían en contacto con la mayor discreción.
          Antes de partir hacia América, Wasser acudió a un renombrado odontólogo que le arregló la separación dental que tanto destacaba cuando sonreía. También cambió el aspecto de su peinado, dejándose un pelo más largo y una barba espesa y cerrada. A decir verdad, Karl Wasser nunca fue el prototipo de la raza aria. Tenía una estatura media, pelo castaño oscuro, ojos marrones y piel morena. Perfectamente podría ser un ciudadano español o italiano.
             Nunca reveló su verdadero nombre a nadie; siempre meditaba todos sus actos antes de ponerlos en práctica. Tampoco le gustaba Meyer: era muy germano. Por eso Wasser, escogió un apellido muy común en algunos cantones suizos: Spiteller. Un comisario de Zurich, amigo de la familia y simpatizante del Reich, le consiguió la documentación y el pasaporte suizo con el nombre definitivo de Bruno Spiteller. Días después el comisario apareció ahogado en el lago de la ciudad.
           Con ese nombre embarcó el 10 de enero de 1947, desde el puerto de Génova, rumbo a Buenos Aires.


4). La buena suerte.


            En los jardines previos a la entrada del casino, una gran banda de música amenizaba con sus melodías el acto inaugural. Tras el discurso pertinente del alcalde de la ciudad, rodeado de otras personalidades de la región, éste dio por inaugurado el local tras cortar una gran cinta roja. El público asistente irrumpió en aplausos celebrando el evento. Bruno Spiteller se sumó a los integrantes del acto, saludó al alcalde y a parte del grupo de invitados que tenían la enorme suerte de ser los primeros clientes del Gran Casino.
             El Gran Casino de Bariloche había sido construido usando el mismo modelo arquitectónico que el casino de Montecarlo. El edificio, aunque de menor tamaño, contaba con una fachada en granito blanco majestuosa; flanqueada por dos torres isabelinas de igual material y decorada con dos figuras de dioses griegos adosadas en la entrada. Encima de ésta un gran reloj, donado por la Sociedad de Maestros Relojeros Suizos con sede en Ginebra, era testigo de la multitud reunida en la escalinata de mármol tras la cual, se entraba a los salones de juego.
Todo era lujoso en aquel establecimiento. Las amplias salas estaban decoradas con bellos frescos murales en sus paredes; los bajos relieves mostraban efigies de los dioses de la mitología más representativos; las esculturas y cariátides por las que se pasaba al salón principal lucían colores dorados que hacían más majestuosa su presencia. El suelo, entarimado de maderas nobles, dotaba de elegancia al edificio. Al igual que la impresionante lámpara de araña de cristal checo que colgaba del techo de dicho salón.
            Esa noche sólo el grupo acreditado de cien invitados, más acompañantes, disfrutarían de los juegos de azar del casino. Bruno Spiteller estaba exultante; no visitaba una sala de juego desde los tiempos en que era alto cargo de la SS. En Berlín era un asiduo cliente del casino, restringido entonces a los seguidores de Hitler. Conocía perfectamente el funcionamiento de cada juego y el método a seguir en las apuestas. Por tanto, pasaría una gran velada y apostaría como cualquier otro jugador.
             Acompañado por amigos y conocidos, deambuló por las distintas estancias del local. Cambió un buen fajo de billetes por fichas para poder jugar. Comenzó por la ruleta donde, después de contemplar el ambiente de las apuestas, apostó a 12 números y ganó. El premio era el doble de lo apostado. Parecía que la noche estaba siéndole favorable. Pidió que le sirvieran un Jack Daniel´s y encendió otro cigarro habano. Continuó apostando en partidas intermitentes. La buena racha le seguía: ganó jugando a 4 números; esta vez era 8 a 1. En total, en poco más de una hora, había conseguido ya 50 pesos argentinos de la época. Eso equivalía entonces a 6700 dólares americanos. Spiteller estaba eufórico; era felicitado por todo el mundo y, viendo su buen momento, quiso probar fortuna en un nuevo juego del que había oído hablar: el blackjack. Dicho juego era una variante del póker donde el jugador, tiene que juntar 21 puntos mediante la suma de los valores de sus cartas. El blackjack, aunque con sólo un año de vida, era un juego de azar muy solicitado en todos los casinos. Tras varias partidas de cartas donde fue cogiendo la habilidad necesaria,

Bruno Spiteller volvió a estar en racha. Apostó con más fuerza y fue tocado de nuevo por la buena suerte. Esta vez logró ganar 520 pesos, equivalentes a casi setenta mil dólares. El público del casino y la dirección del mismo, no daba crédito a la rapidez y destreza con la que su conocido “vecino” se había embolsado tal fortuna. Todos los asistentes fueron invitados por Spiteller a que se acercaran a la elegante barra de bar del casino y consumieran lo que quisieran. En esos momentos le hubiera gustado que Estela, su esposa, estuviera con él. Sin embargo, quién se acercó a felicitarle por sus triunfos fue Simon Wiesenthal.


5). Simon Wiesenthal.



          Simon Wiesenthal era un superviviente del Holocausto que, tras ser liberado por las tropas americanas en el campo de Mauthausen, se prometió buscar y capturar a todos los criminales nazis que tuviera constancia de ellos. Mientras estuvo en los campos de exterminio, logró anotar en una libreta el nombre de todos los oficiales y altos cargos que participaban en el genocidio. Hasta su liberación, estuvo en más de doce campos distintos y pasó por toda clase de torturas. Sufrió la pérdida de 89 miembros de su propia familia y en más de una ocasión, intentó suicidarse.
En 1947 Wiesenthal fundó el Centro de Documentación Judío. Con las aportaciones que hacían un gran número de judíos de todo el mundo e Israel, podía dedicarse a sus investigaciones. Eso hacía que tuviera que viajar a cualquier país, durante largas temporadas, para localizar a los criminales nazis escondidos tras identidades falsas.
En 1960 fue detenido en Buenos Aires Adolf Eichman, el hombre que planificó la deportación y muerte en masa de millones de judíos en Europa. Trasladado clandestinamente a Israel, fue finalmente sentenciado a muerte en 1961 y su juicio transmitido por televisión. Todo fue fruto de las investigaciones de Wiesenthal, el hombre que llevaba más de dos años en Argentina intentando capturar al mayor número posible de criminales de su lista. Entre los cuales figuraba el nombre de Karl Wasser, la persona afortunada de aquel casino, a quién había felicitado por su buena suerte y que no alcanzó a reconocer.


6). Acorralado.


             Bruno Spiteller tras el encuentro con Wiesenthal sintió un escalofrío por todo su cuerpo. En medio de la expectación levantada en torno a su figura y sus apuestas, se abrió paso hasta el cuarto de baño para refrescarse la cara. Estaba pálido, tembloroso; el corazón le palpitaba deprisa. Sentía que todo se iba abajo y se derrumbaba su mundo. Conocía por la prensa el rostro y el oficio de Wiesenthal; sabía de sus éxitos atrapando criminales de guerra. Su última presa fue Eichman en Buenos Aires. Y ahora era él su siguiente captura. Se preguntaba cómo había entrado en el local si esa noche era sólo para invitados selectos. Seguro que el director del casino tenía mucho que ver con eso. Se decía que Osvaldo Neuman, el director, era judío. Intentaba reponerse de todo aquello, cambiar sus pensamientos y salir del baño sin que nadie apreciara su malestar. Con un poco de suerte podría huir. Al fin y al cabo, había conseguido una buena suma de dinero.
Salió del cuarto de baño sonriente, agradeciendo las felicitaciones y los saludos de todos. Pidió al croupier de su mesa que le cambiase las fichas por dinero. Insistió en retirarse ya por aquella noche; dijo que, por el momento, dejaba la fortuna en manos de otros. Pudo ver como Wiesenthal hablaba por teléfono con alguien y como, poco después, se acercaba el director a él e intercambiaban unas palabras. Le pareció que le miraban mientras conversaban y sonreían. Apuró el último trago a su tercer whisky e intentó calmarse. Sentía una opresión en la cabeza con el bullicio de aquel ambiente, las luces, el humo, las apuestas, los saludos y, sobretodo, con la presencia de su enemigo tan cerca de él.
             Cuando volvió el croupier con su dinero en un maletín, Spiteller le gratificó con una buena propina. Acto seguido, se despidió de sus compañeros de mesa y excusó su marcha. Antes de bajar la escalinata, el director del casino quiso despedirle y, al mismo tiempo, agradecerle su visita y felicitarle por su suerte. Bruno creyó notar en las palabras del director cierta ironía. El mismo director se ofreció para llevarle de vuelta a casa. Ese gesto de Osvaldo Neuman hizo que Spiteller sospechara aún más de cierta conexión entre el director y Wiesenthal. Dedujo que ambos querrían saber si verdaderamente volvía a casa. Comenzó a sudar de nuevo por su espalda, a sentirse acorralado; no obstante, aceptó la propuesta de ser llevado a su domicilio.
               El trayecto hasta su casa lo hicieron en apenas unos minutos. Bruno Spiteller intentaba mostrarse pletórico y disimular su desasosiego. El señor Neuman vio como se secaba la frente varias veces con el pañuelo; pensó que la noche tan emocionante y afortunada del señor Spiteller, y el alcohol que consumió, se abrían paso entre sus poros.
             Cuando el automóvil de Neuman paró frente a la casa, eran casi las seis de la mañana. Ambos hombres se despidieron con un apretón de manos. Bruno salió del coche y caminó hacia la entrada. Antes de abrir la puerta, se giró y vio como Neuman se alejaba. Imaginó que podrían estar vigilándole desde cerca.


7). Búsqueda fallida. 


               En Villa Cóndor, la residencia de los Spiteller, todos dormían a esa hora. Bruno dejó el maletín del dinero sobre la mesa del salón, se despojó de la chaqueta y la corbata y volvió a refrescarse la cara en el cuarto de baño. Viéndose ante el espejo, se sintió derrotado, abatido. Pensó que todo había sido inútil: el cambio de identidad, la barba, el pelo más largo, el arreglo de sus dientes, abandonar la actividad deportiva, el aumento de peso, renegar de su país, de su profesión, de sus ideas. Era consciente de que Simon Wiesenthal le había encontrado, que le entregaría a tribunales comprados por los judíos donde saldría a relucir todo su pasado. Y no estaba dispuesto a pasar por todo eso. Volvió al salón; tenía la camisa empapada y la mirada perdida. Subió las escaleras que conducían a la planta de arriba. En el fondo del vestíbulo de la misma, había colgado un gran cuadro. Spiteller caminó hacia él. Tras el lienzo se escondía una caja fuerte con varios documentos, algún dinero y un pequeño frasco. Lo cogió y volvió hacia abajo. Sus labios dibujaron una leve sonrisa antes de beber su contenido. En pocos minutos el cianuro ingerido, llevaba a Karl Wasser a la muerte.


               El reloj de la fachada del casino marcaba las seis y diez cuando su director entraba por la puerta. El local seguía con la misma actividad de antes. Todos comentaban la buena suerte de Spiteller. Al ver al director, Simon Wiesenthal se dirigió a él para despedirse. Le agradeció el apoyo prestado y lamentó que sus pesquisas no hubieran servido para encontrar a Karl Wasser en aquella ciudad. También le comentó a Neuman que su equipo de detectives, en la llamada telefónica que hizo, le informaron de un hombre con las características de Wasser visto en Tucumán. Debía seguir buscándolo; contrastar esa nueva pista.

Abandonaba Bariloche sin conseguir su objetivo.


© Ceferino Otálora (Mos)
Octubre de 2007

41 comentarios:

Mos dijo...

Queridos amigos de la orilla: he repuesto este relato largo, muy largo, que estaba oculto en las páginas atrasadas de este blog. Muchos, la mayoría, de vosotros no lo habéis leído. Os invito a hacerlo y que me comentéis.
Para leer siempre hay que encontrar el momento adecuado. No leáis forzados, sin ganas. Intentad disfrutar de la lectura sea cual sea y poco más diré. Si acaso que sin lectores sobran la mayoría de los escritos y los escritores.
Como información sobre este relato diré que la cita de Esquilo que antecede al mismo es la que me dio pie a crear esta historia. En ella hay personajes reales cogidos para la trama pero que el relato en sí es pura ficción.
Se me ocurre dedicárselo esta vez a todos los amigos de la orilla del otro lado del Atlántico y en especial a los argentinos.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Lichazul dijo...

Mos este trabajo es genial, felicitaciones, la historia sus victimas-victimarios-cazados y cazadores fue durante mucho tiempo único fin para paliar tanto dolor humano
y a veces pienso... que generaciones tras generaciones las odiosidades se heredan y la sed de venganza ya no es con un grupo en particular sino con cualquiera
veo las noticias y reportajes que no se muestran por lo general en las TVs más comunes, y hoy estamos viviendo otro holocausto, el de Palestina, y curioso, pero quien ayer fue víctima de uno, hoy es el verdugo
luego las generaciones que sobrevivan de esta guerra tendrán la semilla del odio tan arraigado que volverán una y otra vez a repetir la sombra y la pena

abrazos

María Bote dijo...

GRACIAS, AMIGO MOS, POR HABER REPUESTO TAN EXCELENTE RELATO. ME HA TENIDO SUBYUGADA DESDE EL COMIENZO DE SU LECTURA, ME HA GUSTADO MUCHÍSIMO. MI MÁS SINCERA ENHORABUENA.

UN ABRAZO Y¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

MARÍA

Innombrable dijo...

Mos, es un relato que nos lleva de la mano a esa historia llena de tanto sufrimiento. Justo ayer vi una pelicula que trata de los multiples atentados a Hittler... OPERACION WALQUIRIA. muchos alemanes no estabn de acuerdo con el nasismo... y ahí escribieron la historia de que no todo el ejercito aleman simpatizaba con Hitler.
A argentina llegaron muchos... me recuerdo que cuando era adolescente, a cada rato escuchabas una historia que atrapaban a un ex militar nazi escondido en America.

No sé por qué, pero leyendo tu relato me acordé de una novela, LA SOMBRA... un psicópata aleman que se dedicó a buscar a los sobrevivientes de Auschwitz y hace una verdadera cacería.

Tu relato aunque sea ficción, deja esa huella que nos lleva a la realidad.

Bien narrado, ligero, dinámico... en una palabra excelente.

Un fuerte abrazo
Carlos

ion-laos dijo...

Qué bueno Mos! Le pudo su propio miedo, y él mismo fue su propio verdugo. A veces las cosas no son lo que parece, pero al elemento este se le escapó este detalle.

Besotes!

Isabel Martínez Barquero dijo...

Mos, creo que más que un relato es un esquema para una novela, aunque sea novela corta. Esa es mi sensación, la verdad, pues se suministra mucha información que, quizá, requiere un mayor desarrollo. Es mi opinión, sin dogmas, ya sabes.
Un abrazo bien grandote.

A. del Rincón dijo...

A mi me ha encantado. Me ha parecido tan veridico, esta mezcla de personajes que como dices, son ficción, en esta historia se sigue muy bien y está bien lograda.
Al final, la culpa golpea la conciencia y liquida al asesino. Un final que se merece.
Saludos, Mos.

Anna

M.JOSE dijo...

Me siento privilegiada!!!!!!! hace poco me dejaste uno cuantos relatos y entre ellos estaba este. Me enganchó desde el principio y como sabes me gustó mucho. Me lo he vuelto a leer y lo he disfrutado aún más. Sigue así, eres un genio de las letras. Un abrazo desde Esquivias.



LOS OJOS DE LA NIEBLA dijo...

Excelente, dinámico..y deja esas ganas de seguir leyendo, de que cuentes más, que profundices...
Felicidades!!
Un abrazo.
Pilar

Humberto Dib dijo...

Concuerdo con Isabel, es un buen material para novela, deberías rever esa cuestión.
Ahora bien, debes haber estado en Argentina, en Bariloche, pues has descrito lugares y situaciones de manera increíble.
Qué bien que lo hayas reposteado.
Un fuerte abrazo.
HD

Beatriz Salas dijo...

Mi buen amigo Mos, Aún estoy en tensión por cómo me has ido conduciendo a lo largo de todo el relato.
Impresionante! Impresionada! Cada día me gusta más como escribes, como nos introduces, como llegas a recrear ambientes, épocas, cada párrafo.
He sido lectora compulsiva muchos años, casi toda mi vida y tu entrada de hoy está al nivel de cualquiera de los best sellers que tanto me gustaban.
Me gusta la idea de subir entradas que nos hayamos perdido porque aún no nos conocíamos tanto.
Muchas gracias por hacerme "sentir".
Además este estilo de tramas me apasionan.
Un abrazo fuerte!!!

Marinel dijo...

Una historia genialmente escrita como nos tienes acostumbrados y donde desgranas el devenir de una cruel y terrible historia de personas que dejaron de serlo,de personas que pasaron a ser almas en pena,de cazas y venganzas,de sufrimientos infinitos,al fin...
Besos.

Sneyder C. A. dijo...

Mos, tu relato es más bien una novela corta que atrapa al lector hasta el final.
Tus descripciones, los personajes , mucha la información que manejas como para escribir una interesante novela.
Mi felicitación Mos. Me ha encantado que hayas repuesto el relato y así haber podido conocerlo.

Feliz semana.

Un cálido abrazo

MAJECARMU dijo...

Mos,tremendo relato,amigo...
La conciencia está viva y nadie,ni nada consigue callarla...El miedo fué su juez y su verdugo,sin duda.
Mi felicitación y mi abrazo inmenso por tu maestría en la argumentación y puesta a punto de toda la historia..
Feliz semana,compañero y amigo.
M.Jesús

disancor dijo...

Pudo cambiar de aspecto y de identidad, pudo tener suerte en la vida que había elegido, pudo burlar a quien quería capturarle y no siendo descubierto, pero al final, ahí estuvo el fantasma de su miedo para ajusticiarle.
Un hurra y una felicitación por tan excelente relato.
Un abrazo.

Gustavo Figueroa V. dijo...

Mi estimado Mos:

Pienso que este extraordinario relato tiene los elementos de una buena novela que, por lo menos, a mi me ha mantenido el interés de leerlo hasta su final. Tienes una inmensa capacidad descriptiva y pintas con lujos de detalles ese paisaje del sur de Argentina, el de Bariloche (lo conoces personalmente?). El personaje principal arrastra la carga de su pasado y el peso de la culpa es tal que se siente perseguido y descubierto aquélla noche de inauguración del Gran casino de Bariloche, en realidad, Simon Wiesenthal y ninguna otra persona le reconocieron pero el peso de su pasado nazi le jugó una mala pasada y lo llevó hasta el suicidio.
Genial mi admirado Mos y recibe mi abrazo y admiración!

maria del carmen nazer dijo...

Esta parte de la historia me eriza la piel y me llena de angustia. Cuánto sufrimiento ! ¡Cuánta crueldad ! Nadie escapa a su conciencia.
En verdad no sé a quién tenerle más pena si a SPITELLER o a WIESENTHAL. Ambos eran prisioneras de su espantoso pasado.
Un relato perfecto Mos, siempre lo haces in crescendo y eso es difícil de lograr.¡TE FELICITO !
UNA ARGENTINA. Gracias por la dedicatoria.

Volarela dijo...

Muy bueno. Lo has narrado excelentemente. Además con todo lujo de detalles que lo hacen absolutamente realista.

Nadie escapa de la consecuencia de sus actos. En este caso su propio miedo fue su verdugo.

Felicitacines.

Un abrazo

Jorge del Nozal dijo...

Cuanta gente hay desaprovechada por el mundo. Te aseguro que he leído novelas de escritores consagrados que si conocieran tus escritos, te envidiarían. ¡Eres un crac!. Mi consejo es, que te pongas en serio, que escribas una novela y que la ofrezcas a unas cuantas editoriales.
Igual te sorprendes.
Un abrazo.

Narci M. Ventanas dijo...

Estupendo relato, Mos. Sorprendes una vez más con ese final inesperado y un poco desconcertante, en el que se deja patente la cobardía de ese asesino de la SS.

Como moraleja se podría deducir que podemos escondernos de todo y de todos pero nunca de nuestra propia conciencia.

Besos

Hugo Jesús Mion dijo...

Por aquí diríamos "un pichón de novela", claro que sí. Excelentemente escrito, bien documentado, investigado. Suena totalmente verosímil, y eso es un gran logro en cualquier escrito. Quizá emergió desde el fondo del blog para crecer... ¡Adelante, Mos!

India Rebelde dijo...

Tus escritos dejan un sabor a mas....

Sencillamente genial amigo Mos!!!

Besos caribeños

Oréadas (Darilea) dijo...

Mos me ha gustado muchísimo. La consciencia a menudo es nuestro peor enemigo y le pasó factura el miedo. Un besito

Rafa Hernández dijo...

El relato es una maravilla amigo Mos, y en muchos momentos muy real y duro. Como siempre te lo curras de lo lindo. Saca todo lo que tengas por ahí porque todo lo que escribes y has escrito es digno de admirar. Esa mezcla de realismo en algunos casos y ficción es todo un cóctel que atrae y mucho a tus lectores. Felicidades y un fuerte abrazo Mos.

Ame dijo...

Siento que la buena suerte se la fabricó él no dejando personas que pudieran en determinado momento descubrir el secreto.

Muy duro por todo lo que lleva consigo, una perfecta mezcla Mos, es excelente

Besos

TriniReina dijo...

Nada más que editaste este relato dejé un comentario en el y ahora veo que no está por ningún lado:(

Creo recordar que te decía en el que al final sí habían servido sus pesquisas para algo. De una u otra manera su misión quedó cumplida.
También te decía que relatos así de buenos hay que airearlos de vez en cuando pues es una pena que queden relegados en el blog.

Un abrazo

Yashira dijo...

Tremendo relato Mos, gracias por rescatarlo porque no lo conocía y hubiese sido una pena no leerlo. Me ha atrapado desde el principio hasta el final, la forma de narrarlo y el tema que tanto me ha interesado siempre, han hecho que me meta en la historia, ese final ha sido la guinda, pobre suerte la suya, si él hubiera sabido que realmente estaba en racha... Creo que murió fruto de la cobardía y de la mala conciencia.

Un abrazo Cefe hasta tu orilla.

India Rebelde dijo...

Querido compañero, he dejado algunos obsequios para ti, que eres tan especial conmigo...

Besos y que la vida que bendiga!!!

disancor dijo...

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Chelo dijo...

Al empezar a leer tu relato he recordado nuestro viaje hace un par de años a esa tierra y empezaba disfrutarlo, cuando tus letras me llevaron por otros derroterros.

Me parece que la conciencia es el mejor aliado para hacer justicia.
Buen relato muy bien llevado y ambientado.

Un abrazo

Lore dijo...

Hay relatos , como hay libros que aunque no estuvieran entre los elegidos para el premio, provocan impacto, como a mí me ha provocado el tuyo, tan profundo, que merece estar entre los mejores que he leído.Impresionante.
Será imaginario, pero por desgracia tan real…tan duro.
Una conciencia culpable a veces es como un terrible vengador, que persigue muy de cerca, donde quiera que uno trate de huir de las acusaciones de los hechos cometidos.
Al fin me ha tocado llegar y comentar, procuraré estar con más frecuencia, a nada que me sea posible, no lo dudes.

Un abrazo Mos.

Marta C. dijo...

Mos, te tomo la palabra y, como ando con prisas, volveré a leerte con toda mi atención y a dejarte mi humilde comentario. Un beso, espero no tardar en volver.

Mariangeles Ibernón Valero dijo...


Mos un relato muy fuerte, que nos da un recorrido por la historia. Feliz tarde.
Mi beso :)

Perlita dijo...

Ya me gustó y mucho este relato que nos dejaste en su día con unos tintes de realidad asombrosos...¿alguna vez lo publicaste? Empezábamos a conocernos, ¡cómo pasa el tiempo...!

Los otros días que yo soy muy dada a eso, soñé que me perseguían unos espías que afortunadamente, no me dieron alcance. Debió ser porque me tuvieron que cachear en el aeropuerto de Bolonia porque al pasar por el arco detector, pitaba más que una máquina de tren antíguo...La "registradora" debía ser de ascendencia alemana como tus personajes porque era como un armario y con una cara de vinagre que daba miedo. Luego era la cremallera de mis botas las que armaban el escándalo, pero pasé una angustia que tu relato me ha hecho recordar la odisea que sin cianuro ni nada de eso, me hizo tener pesadillas.
Recuerdo que te pregunté cómo sabías tantos nombres alemanes...Un buen escritor todo lo ha de tener medido.
Un abrazo, Mos y espero que por ahí ya haya llegado la primavera.
Carmen Sabater

Sindel dijo...

Mos me alegra mucho que hayas decidido reponer esta joya que acabo de leer. Es un relato magnífico, por momentos de una dureza que cuesta leer sin sentir angustia, por otros genera suspenso, inquietud, hasta llegar a ese final impecable que es el broche dorado.
Me gusta la manera en la que está dividido, la presentación de los personajes, y su cruce luego de tantos años. Nadie esta a salvo de nada, los crímenes se pagan de una u otra forma, tarde o temprano todo llega.
Te felicito por estas letras Mos.
Un abrazo enorme!!!

Tesa Medina dijo...

Como he disfrutado, Mos.

Te ha quedado un relato apasionante, una de esas antiguas historias periodisticas que tanto echo de menos en los periódicos de ahora. Tan mal escritos, salvo excepciones.

Ya casi nadie escribe sus crónicas de forma literaria, pero ésta me ha recordado a algunas que he leído de grandes escritores que también ejercieron de periodistas, como García Marquez.

El final, confirma, lo de a "todos los cerdos les llega su San Martín", a veces, de la manera más rocambolesca.


Un abrazo, Mos.

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Sin lugar a dudas un relato para hacer una buena Novela...Excepcional.
Ya estoy, de nuevo, con mi poesíayvivencias...¡¡¡Gracias por estar siempre ahí!!!
Abrazos.

Marta C. dijo...

Hola, Mos. Lo prometido es deuda. Me he llevado una gran sorpresa al leer este relato aque, además, tiene ya unos años. Creo que la técnica es estupenda. Mantienes viva la atención del lector desde la primera hasta la última frase. Vas dejando indicios que relanzan constantemente la tensión narrativa manteniéndola en todo momento. Ese final anunciado no solo no rebaja el interés, sino que lo incrementa. Hay detrás de este relato largo un trabajo de documentación importante que puede pasar desapercibido, pero que está ahí dándole mayor verosimilitud a la historia. Mezclar realidad y ficción no es fácil. En este caso el resultado ha sido muy bueno. Solo te haría una pequeña observación: creo que la larga descripción del casino corta un poco esa tensión de la que te hablo. Creo que con unos trazos significativos habría sido igualmente efectiva sin detener el hilo de la acción.
No me queda más que felicitarte y animarte a que escribas más relatos de esta longitud que te permiten mostrar toda tu capacidad narrativa. Un beso.

Lichazul dijo...

un abrazo MOS ten una semana preciosa

lunaroja dijo...

Un texto elaborado y con el cual podría elaborarse una novela,como bien se ha apuntado en algún post aquí en la página.

María dijo...

Amigo Mos, te agradezco que hayas repuesto este relato de hace tiempo porque me ha encantado en la manera que has tenido de enfocarlo, de presentarlo, de plasmarlo, de imaginarlo, eres genial escribiendo y ya me gustaría a mí tener tanta capacidad literaria como tienes tú.

Tienes toda mi admiración, y te felicito por haber traído este texto de nuevo a tu blog.

Espero que me disculpes por mi retraso por no haber dejado antes mi huella por haber estado algo ocupada con el juego del relato en mi blog, y te doy las gracias por haber participado en él, y además por haber dado el punto final al relato, ya lo tengo expuesto entero en una entrada, para que, cuando puedas, si quieres, vayas a leerlo.

Un beso amigo, Mos, y de nuevo, mis disculpas.