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sábado, 23 de febrero de 2013

LOLA NUNCA PIERDE EL TREN (reposición)


Amigas, si hay algo que me gusta además de los hombres es viajar. Así que siempre que puedo y reúno un dinerito, hago una escapada. El último viaje que programé tenía como destino Santander. La verdad es que no me salió del todo mal. 
Fue el pasado fin de semana. El expreso a la capital cántabra salía de Chamartín a las 22.45 horas. Como siempre, llegué con la hora justa a la terminal ferroviaria. Menos mal que mi coche-litera estaba situado en cola, junto a las escaleras de bajada al andén, porque nada más subir al convoy el tren inició su marcha. Yo, con la lengua fuera y hecha un manojo de nervios, no pude más que sonreír y repetirme: Lola, eres una chica con suerte; relájate, respira profundo. Tienes todo un fin de semana por delante para pasarlo bien.
Había pedido en taquilla que me dieran una de las literas de abajo. Y así fue. Una, con sus ochenta y tantos kilos y sus cuarenta y muchos años, no puede andar subiendo y bajando de las alturas. Al llegar comprobé que tenía como compañeros de viaje a un yogurín de unos dieciocho años, con aire de intelectual y pinta de hippy que podía ser mi hijo, y a una anciana de unos ochenta que rezaba el rosario en voz baja. El joven apenas me dedicó un par de miradas desde su litera superior. Con escuchar su MP3 y canturrear algo incomprensible de vez en cuando, tenía bastante. La vieja, porque era vieja para qué nos vamos a engañar, ocupaba la litera inferior de al lado. También iba a Santander. Para ver a su hermana gemela que era monja y estaba ingresada en el hospital. Vaya compañía más amena y agradable, pensé. Yo, tan peripuesta de peluquería; con el maquillaje de las modelos, la laca de uñas y la barra de labios de las actrices, con el cruzado mágico realzando mi pecho, con mis collares de bisutería que dan el pego, mis gotas de J´adore en el canalillo y mis mejores trapos para seducir al más pintado, y me encuentro con esto. Paciencia Lola, cuando llegues a tu destino todo cambiará, me repetía para mis adentros una y otra vez.
El tren continuaba su marcha y yo, la verdad, estaba más aburrida que una ostra. Y a mí el aburrimiento me da hambre. Por eso, ni corta ni perezosa, saqué el bocadillo de jamón que me había preparado para matar el gusanillo y mi botella pequeña de Rioja. Tomo vino en todas las comidas que hago desde que mi médico de cabecera me habló de lo sano que es para el organismo beber dos o tres vasos de vino al día. También saqu
é unas cuñitas de queso manchego curado que estaba buenísimo y unos cruasanes de la pastelería de mi barrio muy jugosos y con poco azúcar que me sirvieron de postre. Ofrecí lo que llevaba a mis acompañantes que, agradeciendo el gesto, no quisieron probar mis manjares. Así que yo me puse las botas. Mientras, la vieja seguía moviendo los labios y pasando cuentas del rosario. De vez en cuando besaba el crucifijo. El joven continuaba oyendo y canturreando las canciones con los cascos puestos. ¡Vaya planazo! Lo mejor sería dormirse cuanto antes y despertar por la mañana como una rosa. Pero no fue así. La buena señora, la anciana de enfrente, me pidió por favor si sería tan amable de rezar con ella un par de rosarios. Era para pedir a la Virgen de los Milagros por la salud de su hermana, sor Misericordia. Misericordia la mía, que me compadecí de la anciana y acepté los rezos nocturnos como obra buena del día. También invitó al chaval a hacer un trío; de plegarias, claro. El joven accedió y bajó de su litera para acompañarnos. Y así nos vimos los dos, a las órdenes de aquella beata mujer, desempolvando nuestra memoria con rezos antiguos e intentando evitar la risa que nos producía la comicidad de aquel acto. El muchacho, en un descanso que hicimos de tanta oración, nos preguntó si podía liarse un cigarrillo. Yo le advertí que no se podía fumar en los trenes. La anciana, sin embargo, le dio permiso para ello. Seguramente fue por complacerle y por haber accedido a los rezos por su hermana. A los pocos minutos la reducida estancia del compartimento olía a porro que  "pa" qué. La vieja, que se llamaba Piedad, cogió carrerilla con el rosario y cada vez le cundían más los ruegos y plegarias. Hasta se le veía el rostro con un semblante más…, cómo diría yo, más místico, lleno de paz. Al término de todos los rezos, creo que fueron cuatro rosarios completos, agradeció nuestra colaboración y dijo que ya le había entrado sueño. Que se dormiría muy tranquila y relajada. Yo lo achaqué a la fumata del canuto de Iván, el niñato porrero. En cambio a mí creo que me revolvió el cuerpo. Aunque también puede que fuese el jamón, el queso, el Rioja y los cruasanes que engullí varios minutos antes. Le pedí al joven que abriera un poco la ventana e intenté dormirme. Eran casi las tres y mi estómago no me dejaba pegar ojo. Al contrario que ellos, que no veas cómo roncaban a dúo desde hacía horas.
Fui hasta el servicio y vomité. Parecía morirme en cada arcada. Estaba paliducha y con el rimel corrido de tanto esfuerzo. Como pude me acicalé de nuevo. Pasados unos minutos volví al pasillo y abrí la ventana frente a mi compartimento para sentir el aire fresco. En esos momentos el tren entraba en la estación de Valladolid. Estaba algo aturdida. Me pareció oír por megafonía que el expreso de Santander efectuaría una parada de treinta minutos. Pensé que podía bajar y tomarme una manzanilla para aliviar mi estómago. Cogí el bolso y la chaqueta de piel y así lo hice. Los otros continuaban durmiendo a pierna suelta. Desde mi vagón de cola había un buen paseo por el andén hasta llegar a la cafetería aunque lo cierto es, que tenía tiempo de sobra.
Llegué, como siempre, con la lengua fuera; pero llegué. Poco a poco la manzanilla me fue entonando. Con un sonido muy deficiente, los altavoces de la cantina anunciaron que el tren expreso de la vía 3, el mío, iba a efectuar su salida. Solté un billete de cinco euros sin esperar al cambio y corrí para no quedarme en tierra. Tras subir las escaleras hasta el andén, accedí al  primer vagón que hubo a mi alcance. Una vez arriba, intenté relajar mi respiración entrecortada. Caminaba lentamente y me apoyaba en las portezuelas de los compartimentos. Podría llegar hasta mi vagón avanzando por dentro del tren. El convoy continuó su marcha. Recordé que en casi todos mis viajes en tren siempre lo cogía por los pelos. Era algo inherente (¿se dice así?), en mí: Lola y las salidas de los trenes. Después, dibujando una sonrisa, grité ¡Lola nunca pierde el tren!
¿Cómo dice, señorita?, preguntó una voz masculina desde dos compartimentos más allá de donde yo estaba. Un morenazo de unos cuarenta años, de muy buen ver y de aspecto elegante, se dirigía a mí con esa pregunta. Yo, algo sorprendida, contesté que casi había perdido el tren, que subí en Valladolid con el tiempo justo. Y continué con unas carcajadas un tanto absurdas, supongo que nerviosas, que hicieron que él también riera a mandíbula suelta. ¡Oh Dios!, tenía ante mí un tipo de lo más atractivo, con un pelo negro ensortijado, con unos dientes blanquísimos y unos labios carnosos que estaban para comérselos. Se presentó besando y cogiendo mi mano. Me dijo que se llamaba Adam, que le encantaba España, la tierra de sus abuelos de origen gitano; que le habían recomendado el Norte y que vivía en Nueva York. Yo hice lo propio: Lola, de Madrid, también me encanta España y sobre todo el Norte. Después le comenté que mi coche era el último del convoy y que debía irme a mi litera. Al tiempo que decía esto, apareció el interventor (que era otro distinto a cuando subí en Madrid), pidiendo los billetes. Al presentarle el mío me dijo que no era válido; que aquel tren tenía como destino San Sebastián. Que desde hace varios años la composición del expreso se dividía en dos en Valladolid: el Mar Cantábrico, el de cola, para Santander y en cabeza, el Costa Vasca, para San Sebastián. Al parecer, así se ahorraban una locomotora para la mitad del trayecto. Casi me desmayo del disgusto por tal equivocación. Máxime cuando supe que no tenía combinación de vuelta a Pucela hasta bien entrada la mañana. Recuerdo que er
an algo más de las cuatro de la madrugada y yo allí metida en aquel desaguisado. El interventor me exigía que abonase un nuevo billete para continuar o me apearía en la próxima estación; además, con la devota y el medio hippy se quedó la maleta que llevaba para mi idílico fin de semana santanderino. Todo se me vino encima en un momento, me faltaba el aire y casi me da un soponcio. Adam, el gitano morenazo, salió al paso intentando convencerme de que no había ningún problema. Me hizo pasar a su compartimento y me pidió que me relajara. Después supe que él mismo abonó el resto del mi billete, ¡hasta San Sebastián!, al estricto interventor.
Poco a poco me fui tranquilizando. Adam se deshacía en atenciones hacia mí. Lo mismo me contaba chistes con su acento americano, que me cantaba coplas flamencas con su guitarra. Le brillaban los ojos cada vez que me nombraba. Entre charlas, risas y miradas fueron pasando las horas. Y con lingotazos a una botella de Bourbon que él sacó de su equipaje. Lola, española guapa; a mí gustarme tú mucho, baby- me repetía con su boca a un palmo de la mía. Y yo me decía para mí misma, estás para comerte chatungo mío, gitano guapo. El caso es que me plantó un be
sazo largo que casi me "descolifloro". Creo, amigas, que entenderéis lo que quiero decir. (¡¡¡Guau!!!).
No entraré en detalles de lo que sucedió después; claro que no. Os lo podéis imaginar. Sólo diré que pasé un fin de semana de escándalo con Adam en San Sebastián: hotel de lujo junto a La Concha, de pinchos por el barrio Viejo, subida al monte Igueldo, visita al Kursaal, al Peine del Viento, cena en el restaurante de Arzak, discoteca nocturna en el Club Náutico y más y más.
Adam me ha propuesto que me vaya con él a Nueva York cuando regrese de conocer España. Incluso habla de planes de boda. Todo un flechazo. Y lo mejor es que me quiere así, gordita, con mis lorzas y todo. No sé si e
stoy algo chiflada pero me he pedido una excedencia en mi trabajo. Soy funcionaria del ministerio del Interior. Me paso la vida renovando carnets y pasaportes en la comisaría de Orcasitas y me apetece cambiar de aires. Sí, estoy decidida;:me voy con mi gitano al fin del mundo si hace falta.
Ya os contaré mi aventura americana. Eso será otra historia. 
Bye, bye.
© Ceferino Otálora (Mos). Octubre 2008.
Imágenes tomadas de Internet

50 comentarios:

Mos dijo...

Queridos amigos, lo primero dar las gracias por la buena acogida del reto NOSTALGIAS. Había muy buenos versos y prosa en los enviados y me fue muy difícil escoger diez. Aunque he de confesar que me lo tomé muy en serio y con una gran batalla en mi interior para decidir en algunos casos.
Esta entrada ya la publiqué en enero del 2010 y he decidido darle vida de nuevo porque es, en cierto modo, alegre y simpática. Es que veo que hay demasiada "morriña", tristeza sutil, decaimiento, bajones, malhumor, crispación, derrotismo, apatía en los blogs y en la gente en general.
No, para nada soy yo "la alegría de la Huerta", ni estoy dando saltos de contento pero a veces debemos desconectar de los problemas y construir sonrisas y ánimos. Me viene a la mente Ion-laos (Yolanda) una amiga bloguera que siempre busca lo positivo.
A ver qué os parece mi Lola a los que no la conocéis( bueno, la mayoría la conocéis de HISTORIAS DE LOLA, mi primer relato sobre ella que repuse en el mes de enero. Tengo que admitir que me encanta este personaje porque creo que se hace querer.
Un gran abrazo a todos y que despunte la esperanza y los buenos momentos.
Mos.

TriniReina dijo...

Pues he disfrutado, de nuevo, con las peripecias de Lola. Sí que me gusta este personaje y esta historia que con placer y una sonrisa ne a boca vuelvo a leer.

PD: No nos hagas mucho caso con eso de las morriña, las soledades, las nostalgias, las ausencias...No nos creas derrotados. Los poetas disfrutamos tela marinera con eso:):):)

Abrazos

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

¡Lo que puede hacer un vagón de cabecera a un vagón de cola!¡Como cambia el destino! Valió la pena rezar ese Rosario, porque después ocurrió ese, casi, Milagro.
Me ha divertido y entretenido este magnífico Relato...Esta Lola me cae en grande.
Abrazos.

Volarela dijo...

Esta Lola me encanta, en el fondo es pura ingenuidad. Mírala, ya se ha ido toda enamorada...
Excelente la estampa del rosario en compañía, para recordar.
Son esos detalles de humor los que dan color y chispa a la vida :)

Un abrazo :)

paco kali dijo...

Pues si tengo que darte la razón,
parece que este invierno esté todo
más triste, gracias por esta entrada
viajera y fresca. esta Lola tuya
tiene futuro.
Gracias por tus comentarios son
para mí muy apreciados.
Un fuerte abrazo y ya queda poco
invierno. . .

Oriana Lady Strange dijo...

Que gusto conocer a Lola, me ha divertido el relato y hasta me la imagine.
Muy bueno, Mos!!
cariños....

maria del carmen nazer dijo...

Para que veas que también puedo ser alegre te digo que LOLA me encanta !!Es fresca, una campanilla. Claro que la anciana va a rezar el rosario y te aclaro que hace mucho bien al alma. Si tuviera algunos años menos y se me cruzara un "churro " también lo seguiría por el mundo.Y hasta "tiraría la chancleta"
besos de caramelo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Sí que se hace querer esta Lola, sí.
Es un relato simpático, lleno de buen humor y de esos que consiguen que no dejemos aparcada la sonrisa. Además, está bien escrito y capta el interés inmediatamente.
Esta Lola da para mucho, Mos. Sácale punta.
Un abrazo, querido Mos.

censurasigloXXI dijo...

Pues ya sé el éxtasis de santa teresa de dónde vino... nada de los hongos del pan :)))

Lo de descolifrorarse ha sido todo un hallazgo de vocablo, jajajaja!

Hala, Lola, a pasarlo bien con tu gitano. Qué envidia de pródigo viaje, chica. Ya nos escribirás desde Niuyor.

Beso y café.

ion-laos dijo...

Y la guasa que tiene Lola con los bollos sin azúcar, jajajaja, después de todo lo que se ha metido en el cuerpo, jajajaja.

Me parece a mí, que el gitano, se ha cogido a sus lorzas por interés, que eso de trabajar en ese Ministerio...no sé yo...pero lo que cuenta, es que ella se lo ha pasado en grande, y eso es lo importante.

Gracias Mos, por traernos a Lola, y gracias!

Besotes mil!

Isabel Martínez Barquero dijo...

Vengo a decirte que se me olvidó comentarte que esa palabreja: "descoliflorarse" ( sería un verbo, claro) me parece un total acierto. ¡Es buenísima!

MAITE N. dijo...

Pues encantada de conocer a Lola, en este capítulo que he leído solo puedo decir una cosa: pobrecita... jajajaja.
Me encantará seguir leyendo sus historias.
Besitos.

Mariangeles Ibernón Valero dijo...


Es un placer conocer a Lola, tan acertada ella...
Yo la estaba viendo, y sería capaz de identificarla en cualquier sitio y cualquier persona.
Mos muy acertada y encantadora entrada, sigue con Lola,,,,,,,,,,,,nos hará pasar buenos ratos.
Feliz semana y mi besazoooooooooo de paisana :-)

Susana Jiménez dijo...

Pues a mis 12 y 22 am sin poder dormir y tratando de ponerme al día un poco con las lecturas, me he encontrado con esta Lola que es un encanto y si que ha sido gracioso todo lo que ha pasado, Con su momento de pasión incluida! . Que belleza de relato moss, merece la segunda parte de Lola en New York , que no es el fin del mundo , que es una locura de ciudad y ya me la imagino ataviada con sus collares haciendo fila con su gitano para ver una obra en Broad Way.
Un buen momento he pasado leyéndote.
Abrazos

Rosa Mª Villalta dijo...

Hola Mos, te felito por tan estupendo relato. Mee ma gustado mucho.
Abrazos. Rosa.

Marinel dijo...

Por un momento me ha venido a la mente aquella liosa película de los hermanos Marx...
Lola es genio y figura,a buen seguro conquistará las Américas con su gitano o sin él.
Besos.

Marta C. dijo...

Genial, Mos. Lo que más me ha gustado de la historái, que de por sí se lee de un tirón, es la capacidad que tienes, creo que ya te lo he comentado, de meterte en los personajes. Siendo una mujer tiene doble mérito, no te dejas ni un detalle de esa toilette femenina con el toque de J'adore (genial!. Un auténtico cuento de hadas, con cenicienta y príncipe. Vaya, que el guionista de Pretty Woman no tendría nada que envidiarle. Un gustazo leerte y reírme, doble placer. Un beso grande, Mos.

M.JOSE dijo...

Me ha encantado Mos, me la imagino en el tren, con sus lorzas, su maquillaje....,cuando saca su bocadillo, es genial. En esta mañana de domingo me has arrancado un sonrisa, y lo mejor de todo es que estoy cogiendo cariño a Lola. ¡Fuera complejos! Un abrazo desde Esquivias

Tesa Medina dijo...

Lola es un personaje entrañable, Mos, lleno de vitalidad y con un amor a la vida que todos deberíamos copiar.

Te metes de maravilla en la piel de esa mujer y nos haces sonreír e imaginarla y disfrutar con ella y sus historias. Se nota que te cae bien.

Mos, la aventura americana, promete. Ya me río sólo de imaginarla.

Un abrazo,

disancor dijo...

Pues, a mí me cae muy bien Lola, y ya estoy deseando de saber como le ha ido en su aventura americana.
Un abrazo.

Hugo Jesús Mion dijo...

Mos, dejé esta entrada para leer en domingo, el breve alto en las actividades de la semana, y valió la pena, como todo lo que escribes. Realmente, aporta un soplo de frescura en medio de las preocupaciones y de -nuestro- verano súper cálido. Un gran abrazo.

niebla dijo...

Veo a Lola ya como una conocida...
Es genial.
Un gran abrazo, Mos.

El moli dijo...

No conocía a tu Lola Mos, me ha encantado, debo buscar esas historias para disfrutar sus aventuras.
Excelente amigo, un abrazo

Narci M. Ventanas dijo...

He vuelto a disfrutar con las peripecias de Lola, personaje entrañable donde los haya. Yo que tú, convertiría estas historias en un guión cinematográfico y lo presentaba donde fuese preciso, no tienen desperdicio; leerlos es casi como estar viendo una película, o una serie de humor, de bien detallados que nos los entregas, así que cualquier productor lo tendría fácil.

Besos

Cristina dijo...

Llego hasta tu sitio de la mano de Maria y su última entrada, con tu permiso me quedo para seguirte.
Te dejo un fuerte abrazo desde Uruguay!

Belén Rodríguez Cano dijo...

Mos, no conocía este relato y me alegro que le hayas vuelto a publicar porque me lo he pasado pipa leyéndole.
Desde luego tu Lola es única, tan peculiar, decidida y sin nigún complejo. Como debe ser.
Sí que nos viene bien un ratito de buen humor y si encima está tan bien escrito mejor que mejor.
Un cariñoso beso.

shantal dijo...

Guauuu me encanto Lola y su desparpajo en los viajes estoy esperando como sigue este interesante relato Mos,fantastico trabajo amigo,abracitos mil

Rafa Hernández dijo...

Buen relato Mos. Menos mal que a la buena Lola se le presentó este maromo. Sino entre el atracón de comer, el niñato con el fumeque y la vieja con los rezos el viaje no pintaba muy allá.

Un abrazo.

MAJECARMU dijo...

Es bueno leer estas historias de vez en cuando,nos hacen reír,son sanas para el cuerpo y el alma...Estoy de acuerdo con Trini,no creas que los escritos de tristeza y nostalgia hacen sufrir a los poetas,disfrutan creándolos,claro que si...Aunque yo procuro poner esperanza y optimismo en mis poemas,sé que el mero hecho de crear es positivo y eleva el espíritu...
Te dejo mi felicitación por tu amplia y generosa perspectiva,siempre pendiente de todos y de darnos lo mejor...
Aprovecho para felicitarte por el hermoso y sentido poema,que le has dedicado a María...Ella es lo mejor de lo mejor,siempre lo he pensado y me alegro,que también tú lo hayas descubierto.
Mi abrazo inmenso y mi ánimo siempre,compañero y amigo.
Feliz semana,Mos.
M.Jesús

Perlita dijo...

¡Vaya una Lola...! ¿sabes que en mis personajes teatrales siempre hay alguien que se llama Lola? El nombre le va a la simpática mujer.

Muchas gracias por haber seleccionado mis vivencias. Son tal cual y te lo explicaba en mensaje via gmail pero no pude al final enviar nada por los duendecillos cibernéticos y lo manazas que soy.

Oír recitar a Jorge del Nozal, es un honor y al final, tuve que llorar. El recuerdo de mi hermano (ya muerto) preso de una tuberculosis de la que entonces salió, cuidando de su pequeña hermanita de ocho años huérfana y muy enferma también, se entiende después pero...¡qué grandeza!

No me había enterado porque tengo alergia en los ojos y me han recomendado que ni me acerque al ordenador, ni lea...Encima con la revisión me han encontrado unas cataratas que ni las del Niágara y el 9 de abril me operan...¿es cosa de viejos? ¡¡qué rabia!!

Un fuerte abrazo, Mos.

Arturo dijo...

Mos:
Has logrado plasmar una historia muy buena, donde se verifica eso de las desgracias con suerte.
Al final, a la entrañable Lola, las cosas le salieron de maravilla.
Seguramente, la beata le retornará el equipaje a su domicilio, como obra de caridad cristiana, ¿no crees?
Además, cuando se es joven y sin compromisos, uno siempre fantasea con hallar en un viaje a la pareja soñada.
Un gran abrazo.

Lichazul dijo...

es todo un personaje de saga esta LOLA, bien podría tener su propio blog pues personalidad, ritmo literario y audacia son ingredientes perfectos para relucir en este mundo de la narrativa

felicitaciones MOS
abrazos y feliz semana

Oréadas (Darilea) dijo...

Entrañable y divertida Lola y la escena de los tres personajes rezando el rosario jeje. Besitos Mos voy a seguir tu consejo de visitar el blog que me comentáste :)

Sneyder C. A. dijo...

No conocía este relato, y me ha parecido fresco, ingenioso y lleno de humor. Desde el comienzo atrapa al lector LOLA, sus peripecias, su encanto…
Para reír y pasar un buen momento. Me encantaría que siguiera la historia.

Un cálido abrazo

María Bote dijo...

Me ha encantado, Mos, amigo. Me he divertido con las andanzas de esta Lola tuya tan particular. Gracias por reponerla.

Si que hace falta levantar los ánimos ¡Al mal tiempo, buena cara!

Besos. María

India Rebelde dijo...

Que sepas Mos que me la he pasado muy bien leyendo la historia de Lola...espero con ansias la continuacion...

mmmmmmmm..... siento que haces trampa!!!! jjijij


Besos

Jorge del Nozal dijo...

Lo mejor de escribir, es poder manipular nuestra vida o la vida de las personas que nos rodean, a nuestro antojo. Tu lo haces de una forma muy especial,consiguiendo atrapar con tus palabras, como si de un lazo se tratara a todos tus lectores. Y eso no es fácil.
¡Que maja Lola!.
Un abrazo.

Kasioles dijo...

Querido amigo: Tu prosa es de lo más entretenida, describes perfectamente al personaje de Lola, yo creo que algo había leído sobre ella, no estoy segura.
Pero el caso es que ¿no me has oído? me estuve riendo un buen rato. Te agradezco un montón el que me hayas arrancado unas carcajadas,hay veces que hacen falta y ayudan a que nos sintamos mejor.
Le deseo a Lola todo lo mejor con ese gitano morenazo y guapo.
Y para ti, te mando cariños en un abrazo.
Kasioles

José Manuel dijo...

Un placer haber conocido a Lola en este simpático y alegre relato, que rompe un poco esa melancolía y tristeza que nos inunda a los poetas ahora, pero que es una gran fuente de inspiración. ¡El invierno tiene estas cosas!

Un abrazo

Resu dijo...

Nuestra entrañable Lola haciendo de las suyas. Ya va siendo hora de que nos cuente que tal su aventura Neoyorquina. Siempre alegre y divertida, repartiendo buen humor por donde pasa. Se debería contagiar ese ansia por ser feliz y sacarle partido a la vida, con lo que nos de. Su reposición es un soplo de aire fresco.
Besos miles, nos vemos el viernes.

disancor dijo...

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

alp dijo...

Una buena cuna de queso nunca puede faltar,,,un beso desde murcia

Lichazul dijo...

feliz fin de semana MOS
gracias por tu huella

Gala dijo...

No sabes como me he reído leyendo las aventuras de Lola y el tren.
La cosa del porrito y la vieja rezando el rosario a toda velocidad no tenia desperdicio.
Y oye, ese bajarse del tren y subir de nuevo a toda prisa aunque sea en un vagón equivocado no le ha dado mal resultado para nada!
Que flechazo! un viaje sin duda inolvidable.
Poco le importaría que la maleta se quedara con la beata y el porrete man, ella ya había encontrado una opción infinitamente mejor.

Me ha gustado mucho el relato.
Besitos mediterráneos.

Humberto Dib dijo...

Me gustó mucho la historia, Mos, no la conocía, claro. Es sorprendente que puedas crear un personaje femenino tan creíble, te aseguro que si no te conociera, creería que Mos es el pseudónimo de una escritora que quiere mantener su anonimato.
En relación con algo que dices en el 1° comentario, es así, hay cierta apatía en los blogs, creo que se debe a la gran proliferación de los mismos y al nivel que tienen. En definitiva, es un fenómeno que va a desaparecer.
Un fuerte abrazo.
HD

María dijo...

Amigo, Mos:

¿Sabes que esta entrada la he ido leyendo a trozos varios días? y además, es casualidad, pero el otro día cuando iba de viaje en tren, leí un trocito desde mi móvil.

Y tengo que decirte que me encantó esta historia de Lola y que es un placer siempre leerte, tienes una gran inspiración, capaz de engancharnos con tus letras.

Un beso, amigo Mos, y nuevamente, te doy mil gracias por esa poesía tan bellísima que me has regalado.

Ángeles dijo...

No conocía a Lola, pero me ha parecido de lo mejorcito geníal, pizpireta, alegre, soñadora, y sobre todo con un arrojo y valor, que lo mismo le da el primer vagón que el último, sus prioridades son más importantes.
Y la vieja rezando el rosario, es una pasada, lo que me has hecho reir, Mos, hasta he pensado por mi parte, que la piadosa y caritativa viejecita... la enviaba a Lola, su maleta...
¿Pero cómo Lola iba a pensar en ella si tenía a un Adonis, y un hotel de cinco estrellas solito para ella?

Un gran abrazo, porque eres un muy grande y buen escritor.

Un abrazo

Ame dijo...

Lola es encantadora Mos, muy divertida, espero que su gitano sea sincero y no vea en ella algún... :), nada

Muchos besos Mos, te cuidas

LOS OJOS DE LA NIEBLA dijo...

Bella Lola, derrochando simpatía, afable, auténtica...
Ágil y fresca lectura, me ha encantado.
Un abrazo.
Pilar

Lichazul dijo...

gracias por tu huella
ten una excelente semana MOS
abrazos