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domingo, 13 de enero de 2013

HISTORIAS DE LOLA (Reposición)


Mi vecina Lola no tenía ni idea de internet ni de los chat, pero poco a poco le fue picando el gusanillo de la curiosidad y ahora es una experta informática. Todo comenzó en Kaliyuga, la tienda hindú de su amigo Manuel, donde acudía desde hace varios meses para ayudar en la contabilidad del pequeño comercio. Pasaba las tardes tomando té, entre aromas de incienso, música de relajación y largas parrafadas. El bueno de Manuel, de cincuenta y pocos años, se conectaba a la red de vez en cuando por si sonaba la flauta por casualidad. Lola, de verle, fue cogiendo el truquillo a todo aquello que le ofrecía el ordenador y los “chateos” y una calurosa tarde de verano que se quedó sola en la tienda, se metió en el mismo chat que entraba Manuel. Conectó con una simpática separada de su misma tierra natal, Murcia, que, a través de otros sucesivos encuentros furtivos por la red, le brindó la oportunidad de pasar unos días con ella en un apartamento alquilado en La Manga.
Ella, ni corta ni perezosa, accedió a visitarla. Sería una forma barata de estar en la playa y pasar unos días de vacaciones con poco dinero. Mi vecina Lola tiene un físico muy peculiar. Debido a un desequilibrio hormonal, unas alergias extrañas y otras enfermedades que padece, se atiborra a medicamentos los cuales le confieren un aspecto hinchado, sobretodo en el abdomen y en la cara. Ya un día Inocenta, la cotilla del octavo, le preguntó si estaba esperando un bebé. “¡Qué bebé ni qué ocho cuartos!, si ni siquiera tengo novio. Tengo retención de líquidos y grasa acumulada en la tripa por culpa de tanta pastilla como tomo. ¡Tiene usted unas cosas!”, le recriminó con desaire. E Inocenta, la detective de barrio, se tuvo que morder la lengua una vez más.
Pero Lola, aunque pronto cumpliría los cuarenta, era consciente que parecía una embarazada de, digamos, unos siete meses o más. Difícilmente podría ligar en la playa con esa pinta. Pero estaba decidida a hacer aquel viaje; al menos ligaría bronce en su piel blancucha. Reservó los billetes de ida y vuelta en el Talgo de Cartagena para emprender al día siguiente la partida.
Miró su raquítico fondo de armario y guardó en la maleta sus prendas más atrevidas, algo informal, algo de fiesta, algo de bisutería y algún preservativo por si acaso; sus cremas, sus perfumes de imitación, sus mejores sujetadores y algún picardías. Todo lo que una auténtica mujer coqueta pudiera servirle para seducir. Estaba ilusionada; fue a la peluquería y se plantó unas mechas rubias que le hicieran más joven. Cuando faltaba una hora para salir le entró uno de sus ataques de pánico. El miedo le hizo pensar que tal vez era muy atrevida en irse a conocer a alguien con quien sólo había intercambiado unos pocos correos electrónicos, unas cuantas llamadas y poco más. Superada la primera fase de temores, decidió seguir adelante. Al fin y al cabo, sus tíos, sus primos y una abuela vivían en Murcia y siempre podría visitar a su familia. “Nunca he sido una cobarde”, se dijo mientras cerraba la puerta de su casa.
La aventura empezó mal en el viaje de ida. A su lado tenía a un agradable señor de unos cuarenta y pocos años muy apuesto y educado. Sentía cierto cosquilleo con aquel acompañante tan atento que le invitó a tomar algo en la cafetería. Lola no paró de hablar y hablar con cierto nerviosismo en casi todo el trayecto. Veía posibilidades de llegar a algo más con su atractivo compañero de viaje, que apenas había abierto la boca en todo el camino. Cuando faltaba poco para llegar a Cartagena, le echó valor y le dio una tarjeta con su dirección y teléfono por si podían verse en Madrid a la vuelta. A lo que él contestó “Con mucho agrado cogeré su tarjeta, señora (lo de señora ya no le gustó). Soy párroco de la iglesia de San Antonio en Bravo Murillo; me ha parecido una persona muy interesante y no me importará volver a verla cualquier día por mi parroquia y que pueda colaborar con nosotros voluntariamente en alguna actividad”. “¡Tierra, trágame –pensó ella-. Vaya ojo que tengo con los hombres!”.
Al bajar del tren, se encaminó a la estación de autobuses y sacó el billete para La Manga. No tenía ni idea en qué parte tenía que apearse; su móvil estaba sin batería y no se sabía de memoria el teléfono de su amiga. Le volvió a entrar el pánico; ¿le habrían gastado una broma? Recordó que su anfitriona le comentó algo de bajarse cuando viera no sé qué fuentes. A las siete de la tarde estaba bajo un sol abrasador en una solitaria parada de autobús, presa de un nerviosismo incontenible al no ver a nadie esperándola. Poco después, se acercó una mujer con una niña de unos dos años. Era ella, Isabel, la desconocida del chat.
Según me contó, pasó una semana inolvidable: días de playa tumbadas al sol, aperitivo en el chiringuito, comiendo y cenando fuera, tardes de piscina, noches de terraza y algún que otro bailecito; pero de ligar nada. Volvía con la cuenta corriente haciendo aguas, pero con un color tostado envidiable.
El último día de su estancia allí tenía todo controlado para su regreso. Todo menos el sopor que les entró después de una copiosa comida que las obligó a echarse una tranquila siesta. Siesta que hizo que perdiera el autobús de vuelta a Cartagena. Y lo peor es que no podía quedarse porque era también el último día de su amiga en los apartamentos. Así que llamó a un taxi y tuvo que pedirle sesenta euros prestados a Isabel para tal imprevisto.
El conductor era un taxista esmirriado a punto de jubilarse; un asalariado que conducía un flamante Mercedes. “Por favor, corra todo lo que pueda. A la estación de Cartagena. No puedo perder el Talgo de Madrid”. El pobre hombre hacía lo que podía, corría, sí, pero con precaución y un poco agobiado, tal vez por no dañar el flamante coche y sufrir la consiguiente regañina de su jefe. Lola estaba histérica viendo como avanzaban las manecillas del reloj entre tanto atasco. “¡Que no llego, que no llego!”, repetía entre gritos. El hombre sudaba como nunca en aquella tarde de agosto a pesar de tener el aire acondicionado puesto. La desesperación de aquella “loca” le violentaba. “¡Señora, cállese ya joer que vamos a tener un accidente!”. Al llegar le pagó la carrera y le arreó veinte euros más por ayudarle con los bultos hasta el tren; en total ochenta euros. El tren efectuaba su salida a las 18.30, desde la vía 3. Cuando entraron en dicho andén, el convoy iniciaba su marcha. Lola y el servicial taxista emprendieron un sprint final cargados con un maletón con ruedas, un neceser y una bolsa de viaje repleta y pesada. Los dos corrían con la lengua fuera a toda prisa. Ella gritó desesperadamente “¡detengan el tren, detengan el tren!”. El jefe de estación se percató, a lo lejos, de aquellos dos individuos y, algo asustado, desplegó el banderín rojo que hizo que el tren frenara en seco su marcha. Lola abrió como pudo la puerta del último vagón y lanzó el equipaje al interior. Entre jadeos y la respiración entrecortada dio un par de sonoros besos al taxista y al jefe de estación que se acercó para ayudar. Hasta allí acudió también el interventor del tren, que cerró la puerta e intentó calmar a aquella pasajera tan sofocada, tan colorada que parecía que iba a estallar. Viendo su estado de avanzado embarazo le acomodó en primera clase y cargó con su equipaje. Le dijo que no se preocupara de nada y pidió una tila doble para calmar a tanto manojo de nervios con forma de mujer preñada que tenía ante él.
Pasados varios minutos, Lola no pudo menos que sonreír. “Por los pelos”, pensó. Poco a poco fue recobrando la normalidad. Le pareció interesante ver la película que iban a poner en el tren. Era de su actor preferido, Tom Cruise, “Misión Imposible”; “para misión imposible la mía” espetó con un fuerte suspiro. El interventor le obsequió con una apetitosa merienda y, de vez en cuando, aparecía para interesarse por ella. “Señora no debió darse esa carrera en su  estado. Sólo faltaba que se pusiera de parto en pleno viaje”. Ella siguió el juego de su embarazo, insinuando alguna molestia. No le faltaron los agasajos, las bebidas, más tila,...incluso apareció una caja de bombones que ella no desdeñó. Es más, a la llegada a Madrid, el amable interventor quiso acompañar a Lola hasta la parada de taxis cargando otra vez con el pesado  equipaje. Mi vecina puso una excusa absurda para no coger ninguno y despedir al jefe del tren en la misma parada. En realidad, según me dijo, le quedaban sólo cinco euros en el bolso. Cuando el uniformado agente desapareció, se dirigió a las taquillas de cercanías para sacar un billete hasta Orcasitas. Llamó a Isabel para decirle que todo había salido bien y que ya estaba en Madrid; que cuando cobrara le mandaría sus sesenta euros. Puso cara de circunstancias y consiguió que un joven, bastante cachas, le ayudara  con sus pertenencias hasta el andén de su nuevo tren. Con su aspecto y algo de teatro, le cedieron el asiento en un tren de cercanías que iba abarrotado. Desde entonces, explota su falso embarazo cada vez que le apetece sentarse en los transportes públicos. Conociéndola, no me extraña en absoluto. En fin, son historias de mi vecina Lola alguien muy particular pero adorable. Hay muchas más anécdotas de ella que os podría contar. Tal vez en otra ocasión. Siempre que, claro está, vosotros queráis escucharlas.

 ©  Ceferino Otálora Rubio (Mos).

                    Febrero-Marzo de 2005

                    Imágenes tomadas de Internet.

42 comentarios:

Mos dijo...

Hola amigos de la orilla. Me ha parecido interesante rescatar textos antiguos, ya colgados en el blog, que muchos de vosotros no habéis leído. Los insertaré de nuevo bajo la etiqueta "Rescatando textos". Es una forma de darles vida de nuevo y ofreceros una serie de relatos y poemas de los que me siento más satisfecho con su creación.
He comenzado esta serie con HISTORIAS DE LOLA, un relato con cierta comicidad, sencillo pero agradable y fresco.
Hay que dibujar sonrisas en nuestros rostros y , como Lola, vivir la vida con mucho ánimo a pesar de los tiempos que corren.

Gracias a todos por venir hasta esta orilla.
Mos.

Ame dijo...

A mi me encantó, es que se disfruta el recorrido, no sólo la meta y Lola lo hace.

Es excelente Mos, no lo había leído, bien has tenido en rescatarlo

Besos

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

Un relato frenético como la misma Misión imposible. Pues si que le sacó jugo a su apariencia de embarazada.
Me ha entretenido y divertido un montón...Una señora exuberante y radiante de alegría. Dale recuerdos de mi parte.
Un abrazo.

India Rebelde dijo...

Una manera excelente de compartir vivencia... lo poco que yo se de escritura y literatura ha sido durante mis estudios de primaria y secundaria, aunque reconozco que era muy buena en la materia de lengua y literatura, historia y todas aquellas que tenían que ver con letras.... pero fíjate lo que es la vida, en la universidad me fui por una carrera que nada tienen que ver con las letras y las palabras... todo lo contrario, números y cálculos por doquier...uffff!!!!

Tu, ademas de buena persona, se te ce buen "intelectual"...jeje...no se si este bien dicho lo dicho, pero la verdad sea dicha.

Yo leo y escribo bien, pero un lujo en números, vamos, que si yo no me alabo nadie lo hará por mi!!!

Besos cálidos como el mar azul que me acompaña...

Lichazul dijo...

pucha que me gustó tu protagonista!!!
es genial
he visto a muchas Lolas hacer lo mismo, con su propio garbo y desplante

entretenido relato MOS, abrazos y buena semana

maria del carmen nazer dijo...

¡pobre LOLA !! te juro que su trayecto de regreso me hizo sufrir a la par. Es un personaje muy tierno que me hizo reir un rato . Seguramente hay gente así que como en este caso aprovecha sus "defectos " sacándole provecho. Pero yo pienso que hurgando más profundo LOLA sufre de soledad y algo tiene que hacer ... ¡pobre LOLA! ya le tomé cariño. Un abrazo de luz.(Estuviste en mi blog y no me visitaste )

lunaroja dijo...

ajaja..al más puro estilo Misión imposible! Como apunta Pedro,aquí arriba! Un gustazo!

ion-laos dijo...

Divertido es el relato, sin duda alguna. Bueno, pues si a Lola le va saliendo bien la jugada, allá ella, pero la vida siempre te pone en tu lugar.

Buena semana Mos, besos mil!

Jorge Donato dijo...

Genial relato Mos.
Un saludo.

Volarela dijo...

A mí también me ha dado por rescatar viejos textos; al cabo del tiempo los ve una con ojos nuevos.

Este tuyo merecía ser leído por tus nuevos lectores, como yo.
Has hecho un buen retrato del personaje, Lola ¡todo un carácter!, y además demuestras ser un buen observador de la psicología femenina.
Me ha gustado, simpático, y espontáneo como la vida misma.

Un abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me he entretenido mucho con esta Lola de barriga hinchada. Esas correrías suyas me han hecho sonreír y hasta me ha despertado la ternura esa argucia suya de no desmentir el embarazo. Sin duda, un personaje entrañable, al que tal vez le podrías sacar más punta.
Un abrazo, Mos.

Arturo dijo...

Mos:
Era seguro que me iba a gustar tu historia.
Esa Lola tiene un aire similar al de mis personajes, todos ellos unos antihéroes empedernidos.
Lo has escrito con humor, lo que le da frescura a las situaciones y la posibilidad de que cada párrafo sea más entretenido que el previo.
Haces muy bien en eso de estar orgulloso de este escrito; pues es muy bueno.
Un gran abrazo.

María dijo...

Paisano, creo recordar que te lo dije en su momento: cada una explota sus "armas de mujer" como puede.

A mí me encanta esta Lola, me imagino la escenita con el cura y no veas.

Besos

Perlita dijo...

Ea Lola era como una intitución, como la de la copla. Recuerdo ete relato y ni te cuento como acabó un eñor del Corte Inglé que confundio la gordura de una compañera mía con un embarazo: olo le faltó pegarle.
Ess muy gracioo y me ha encantado releerlo.
¿Sssabes que yo conozco al párroco de an Antonio en Bravo Murillo? ¿Y que ejercí en Orcaitassss?
¡¡Caualidade!!
Un abrazo, Carmen.

María dijo...

Hay tantas Lolas parecidas, amigo Mos.

Muy entretenido tu relato, gracias por traérnoslo, siempre es un placer leerte.

Un beso.

Mariangeles Ibernón Valero dijo...


Me ha encantado y entrtenido esta lola.
....un verdadero relato al mas estilo misión imposible....jajas.....como apuntan mis compañeros.
Un placer leerte..gracias por compartir.
..........Besos.....Muack

Tracy dijo...

Me ha encantado y me he reído muchísimo,jajajajaja

Narci M. Ventanas dijo...

Recuerdo haber leído esta y otras historias de Lola hace algún tiempo, pero me ha encantado volver a leela. ES sin duda un personaje entrañable y carismático.

Besos

Marinel dijo...

Como diría el refrán:
No hay mal que por bien no venga,ja,ja,ja
Lola a la larga,ha sabido sacar partido del físico que le proporcionan tantos medicamentos,¿verdad?
Me ha gustado mucho,así que puedes contar todas las anécdotas que quieras de tu vecina.
:)
Besos.

José Manuel dijo...

Divertido y frenético relato, creo que todos hemos sufrido con la carrera para coger el tren.

Un abrazo

Chelo dijo...

Claro que merece la pena rescatarlos para que los leamos tus nuevo seguidores.
Me ha encantado . Un saludo

disancor dijo...

Maravilloso relato. Y una Lola, que como mujer, aprovecha lo que tiene y lo que no tiene.
Un abrazo.

alp dijo...

dsede luego en el Mar menor..nunca se falla.....un abrazo desde Murcia...

Rafa Hernández dijo...

Buen relato compañero, y haces bien en reponerlos de nuevo, para los que no los conocíamos. Ves, esta Lola es ya como de la familia.

Un abrazo Mos.

niebla dijo...

Me ha espantado mis "miedos" tu Lola¡¡
Desenfadada historia que atrapa hasta el final.
Besos.

MAJECARMU dijo...

Mos,es bueno descubrir a Lola decidida a vivir la vida sin complejos a pesar de los pesares...Ella,como antes te dicen,trata de sacar partido a lo que parece un inconveniente...Lo cierto es, que no pierde la esperanza y la oportunidad.
Un buen relato,Mos,gracias por ello.
Mi felicitación y mi abrazo grande en esta tarde de lunes.
Feliz semana,compañero.
M.Jesús

Montserrat Sala dijo...

Tener una vecina así de simpática es tener un tesoro. Me ha gustado conocerla y no me importará seguir mas correrias.
Muchas gracias por compartir. Un saludo muy cordal.

Kasioles dijo...

Me gusta tu vecina Lola y, mucho más, tu forma de comentar sus anécdotas.
He pasado un rato estupendo leyéndote.
Me apunto a seguir esas entradas antiguas pues, al juzgar por ésta,
nos harán pasar momentos entretenidos.
Aprovecho para dejarte un abrazo con mis cariños.
Kasioles




Laura dijo...

Jolín con Lola!!, mira que pensaba que le iba a ocurrir alguna tragedia...no sé que el interventor se la ligara y resultara ser primo del párroco, o que el párroco estuviera esperándola dejando sus hábitos. Jájaja...

Historia fresca desde luego, aunque en los tiempos que corren arriesgarte a conocer a alguien que conociste por un chat...pues no sé...me parece un pelín peligroso... ¡dile a Lola que ande con ojo!.

Besos Mos, y muchas gracias por pasar por mis palabras. ¡Buen relato anecdótico!.

EvaBSanZ dijo...

Divertido y entretenido.

Un abrazo

María Bote dijo...

Gracias, Mos, por haber repuesto este texto que tanto me ha hecho disfrutar la leerlo, amigo.

Es absolutamente encantadora "tu vecina Lola" y, me encantaría leer alguna historia mas referente a ella.

Felicidades y besos. María

BEATRIZ dijo...

Historias muy particulares de Lola tu vecina, sí claro, que sigan las anécdotas.

Saludos y un placer.

Gizela dijo...

Me ha gustado mucho tu relato Mos!
Bien divertido y muy bien dibujado el personaje de Lola..
y sus vicisitudes, y picardías jajaja!!!
Genial la forma de narrar la llegada al tren...se siente el pánico y el cansancio de la carrera jajaja!!
Felicitaciones escritor!!!
Abarazotes y besossss

Ana dijo...

Un relato muy ágil, frenético, divertido. Cuando resulta que le ha dado su telefono a un cura me he partido de risa, ¡que ojo el de Lola! Al final le vino bien el tener barriga, jaja, todos le hacen la vida mas cómoda a una embarazada (aunque sólo lo parezca). He pasado un agradable rato leyendote.
Un abrazo grande
:D

Jorge del Nozal dijo...

Me gusta y me asombra la capacidad que tienes para inventar historias y llegar al lector.
Lola, nos ha entretenido, nos ha tenido en suspense y nos ha hecho cogerla cariño. Bueno, en realidad, todo esto lo has conseguido tú, por lo que te doy la enhorabuena.
Un abrazo.

ana dijo...

Joder, menuda es la Lola, pero hace bien en sacarle partido a su físico, preñada cuando quiere y cuando no, se enfada. Cuenta, cuenta...

Belén Rodríguez Cano dijo...

Jejeje. Me he reído con tu Lola...
Hay muchas parecidas en todos los barrios.
Eso sí. Me tenía de los nervios por ver en qué acababa su periplo.
Un abrazo.

A. del Rincón dijo...

Lola la gordita, la coqueta, la atrevida, la embarazada...me ha caído bien este personaje y me quedo con ganas de más.
Recibe mis saludos

Anna J R

disancor dijo...

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Marta C. dijo...

Hola, Mos. Dicen que más vale tarde...
He andado pachuchilla. Qué relato más trepidante, no sé si tú lo escribiste a esa velocidad, pero a mí me ha parecido que iba a toda velocidad. Buena señal para un relato. Recupera esa saga de Lola que puede dar mucho de sí. Besos.
(He cerrado DEBATES LITERARIOS, ya hablaremos)

Tesa Medina dijo...

Recordaba el relato, Mos, pero no los detalles, así que me ha encantado volver a leerlo y seguir el ritmo acelerado de esta Lola caótica, vital y entrañable.

Un abrazo,

Eugenio dijo...

Hace muchos años, leí la noticia de que en una ciudad del Este, apareció el cadáver de una anciana en descomposición por muerte natural.Lo verdadero trágico fue saber que llevaba 20 años cubriendo su diario, fecha por fecha, pero solo en cada día ponía la misma frase " HOY... TAMPOCO VINO NADIE A VISITARME..." Nunca la olvidaré y digo esto, porque si usara Internet..... esa maldita frase... JAMÁS LA ESCRIBIRÍA. Un saludo