VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

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miércoles, 26 de septiembre de 2012

CRÓNICA DE UN VIAJE INESPERADO ( o cómo encontré un nuevo amigo)









“Hola Mos.

Te lo iba a escribir en el comentario del blog, pero creo que es mejor por aquí. Me pareces un tipo estupendo y tengo muchas ganas de conocerte personalmente para charlar contigo. Y se me ha ocurrido invitaros a ti y a tu mujer a que paséis un fin de semana, o un puente, con nosotros…..”

 

Así comenzaba un e-mail que recibí el día 2 de este mes. Era de Jorge del Nozal. Me quedé sorprendido por tal invitación y sus halagos hacia mi persona. Creo que me sonrojé al leerlo por lo inesperado de tal misiva. Y así se lo hice saber en otro correo en el que le contaba un poco cuál era mi verdadera profesión, dónde vivía exactamente y el por qué de haber escrito la entrada “TENÍA QUE DECIRLO”, motivo, (me parece a mí), por el que nuestro espléndido rapsoda se decidió finalmente a invitarme (algo que seguro llevaba rumiando desde hace tiempo) y que yo, días después, le confirmé.

BARRUELO DE SANTULLÁN
Esta fue la causa por la que Tere y yo descubrimos el pasado sábado la montaña palentina y Barruelo de Santullán, el pueblo donde él reside desde hace veintitrés años. Jorge nos recogió en la estación cercana de Aguilar de Campóo y se le notaba tan emocionado con el encuentro como a mí. Por el camino nos iba informando de lo más interesante del recorrido: las fábricas de galletas Gullón y Fontaneda en Aguilar, su castillo y un poco de su historia. A pocos kilómetros apareció Barruelo, pueblo minero del carbón, muy próspero en los años 50 y 60 del pasado siglo y que ahora intenta abrirse futuro con nuevas industrias y las posibilidades que da el turismo rural.
ASUN Y TERE
Asunción, su mujer, nos recibió con entusiasmo al llegar al domicilio de la familia. También su hija Sandra nos dio la bienvenida antes de marcharse de fin de semana en busca de su novio. Más tarde lo hizo su nuera Elisa (que nos obsequió con una tarta de queso y plátano y galletas de arándanos hechas por ella) y después su hijo Oliver, cuando llegó del trabajo.
DOS CUADROS Y UNA PUERTA
La casa de Jorge dice mucho de él y su valía como artesano y artista: hay cuadros suyos por todas las paredes, cabeceros de cama, mesas de diseño propio, cofres, adornos, armarios, utensilios y, además, los suelos de madera, la pintura (increíbles los estucados venecianos y los originales dibujos añadidos en algunas paredes), los alicatados, la fontanería y todos los oficios necesarios en un hogar. También la casa colindante de su hijo está “tocada” por la mano de este profesional de múltiples oficios (¡¡¡Este hombre es una mina!!!). Por si no fuera suficiente  con lo ya visto, Tere y yo pudimos comprobar en la iglesia del pueblo la obra pictórica de la que, seguramente, Jorge se siente más orgulloso: las pinturas que engalanan la cúpula, sobre el altar. Verdaderamente impresionante.
CÚPULA DE LA IGLESIA
Pero Jorge, artísticamente hablando, da más de sí. Sabíamos que era rapsoda y poeta pero no teníamos ni idea de que fuese tenor en la coral de Barruelo, (se tuvo que marchar para cantar en un una misa de funeral). No, tranquilos, que no he acabado; queda la música porque también es capaz de tocarnos una melodía en el órgano que tiene en su rincón preferido: la buhardilla. (¡¡¡Este hombre es una mina pero de oro!!!).
A 1800 METROS
Fuimos de acá para allá; pasamos por Brañosera (el primer ayuntamiento que se creó en España –año 824), pueblo cuidado y bello donde los haya, vimos  a las vacas pastar libremente por los prados y campos, a caballos autóctonos cruzando la calzada sin ningún temor. Luego, desde lo alto de la montaña pudimos contemplar toda la belleza del valle y la comarca...y también la fuerza del viento y el frío. En el camino de vuelta a Barruelo nos mostró las plantaciones de robles, pequeños bosques de donde se surtían los lugareños. Naturaleza viva a más no poder.
GRABANDO POEMAS
Podría alargar esta crónica con más detalles de esos dos días en la verde montaña palentina pero lo más significativo, creedme, es la belleza humana, la calidad de la familia  que allí nos encontramos. Jorge y su mujer son buenos anfitriones pero mejores personas y dignos de todo mi querer. Hablamos largo y tendido de nuestras vidas, de nuestros sueños, de literatura, de poesía, bebimos, bebimos y charlamos interesados los unos por los otros. Leímos versos, grabamos versos, discutimos versos. Hicimos sugerencias y críticas constructivas para mejorar en todo lo posible. También hubo planes para más adelante…
LOS CUATRO EN AGUILAR DE CAMPÓO
¡Me he sentido, nos hemos sentido, tan bien! Quién me iba a decir que diez meses de visitas de un blog a otro iban a suponer propiciar un encuentro con un hombre polifacético, generoso y que te hace sentir su cariño a cada momento. Desde aquí te digo que el cariño es mutuo.
Quién me iba a decir, querido Jorge, que encontraría un amigo a través de mis palabras.
Desde aquí te mando un abrazo tan grande como tú.
Mos.
 
ACRÓSTICO PARA JORGE
Jardín sembrado de poemas y óleos
ondeando bajo el viento del norte.
Refugio cálido para peregrinos de la belleza,
guía de sueños posibles, sosegados,
entre minas y cielos de azules infinitos.
 
Dibujará, tal vez hoy, un arabesco dorado;
empleará la armonía en cada una de las líneas,
lentamente, con firmeza y júbilo en las manos.
 
No os quepa duda: aquí hay un maestro.
Otorgarle tal título no es una lisonja
zalamera, ni un gesto adulador vacuo.
Aprendices somos todos al lado de su voz,
legado de los dioses, torrente de palabras.
 
Acuarelas, retratos, bodegones, paisajes,
reflejos de luz para lienzos sin vida.
Trazos latiendo al compás de su creador;
imágenes para contemplar desde dentro,
sí, con  otros ojos,  con los ojos del alma.
Todo es posible si se sabe mirar, si inculcamos
arte y emoción a nuestros cinco sentidos.
 
Puede que sea el hechizo de su potente voz
o tal vez la ternura con que acaricia los versos
entregados.  Este hombre, heraldo de musas ajenas,
trovador de sentires, hacedor de todas las artes,
atrapa, nos atrapa con la magia de sus dones.
 
Y me pregunto aún con qué me sorprenderá mañana.
 
A veces uno se encuentra valiosos tesoros ocultos
más allá de nuestra acostumbrada rutina vital:
idealistas que surcan mares, ciudades y continentes.
Gracias Jorge por saberte amigo y encontrarte;
ocurre que hoy el corazón me ha dictado estos versos.
 
© Ceferino Otálora (Mos).
    Septiembre 2012.

OS INVITO A QUE ESCUCHÉIS A JORGE RECITANDO ESTE POEMA QUE ESCRIBÍ PARA ÉL.
PINCHAD EN EL ENLACE.

http://duendepoeta.blogspot.com.es/2012/09/los-dos-regalos-de-mos.html






 
 

 



 
 
 


lunes, 24 de septiembre de 2012

UN POEMA DE MOS EN "ALGO MÁS QUE PALABRAS"




Es para mí un orgullo y un motivo de satisfacción saber que un poema mío sirve de entrada este lunes 24 de septiembre en el blog "Algo más que palabras". Gracias María por prestarnos tu espacio y dar a conocer a tantas personas que dejan un pedacito de ellos en todo lo que escriben. Si queréis leerlo sólo  tenéis que pinchar en este enlace:

http://poemasrecopiladosdemaria.blogspot.com.es/2012/09/si-supiera-escribir.html


Un abrazo para todos desde la orilla de las palabras.
Mos.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

TRES CITAS SOBRE LA AMISTAD



1.) "¿Por qué el hombre no puede atravesar con su mirada todos los velos que nos ocultan los repliegues secretos del corazón humano, verlo tal cual es, volver a cerrarlo y poder después elegir a su amigo?"
ALCEO DE MITILENE (580-620 a.C). Poeta y político griego.
 
2.) "Creo que la amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso hay que salvarla como sea."
ALBERTO MORAVIA (1907-1990). Escritor italiano.
 
3.) "Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima."
ÓSCAR WILDE (1854-1900). Escritor irlandés.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

CREER O NO CREER

La profesora de religión pidió a sus alumnos de ocho años que abrieran el libro en aquella página y leyeran el texto. Marta, como el resto de la clase, se dispuso a ello:

“Dios está siempre entre nosotros y en todo lo que nos rodea. Cuando ves a tus padres que se besan y se quieren, ahí está Dios. Cuando juegas con tu hermanito y él ríe feliz, Dios está con vosotros. En los manantiales de la montaña y en las flores del campo también está Dios. Igual que en las aguas azules del mar y en los días soleados. Ahora escribe en tu cuaderno algún ejemplo de dónde crees tú que está Dios.”

Marta, tras pensarlo unos minutos,  contestó lo más sinceramente que supo a tal pregunta:

“Mis padres se besan y se quieren mucho. Yo  juego con mi hermanita Laura y con mis primos cuando vienen a casa. Me gusta el campo y las flores y también la playa en verano pero yo nunca he visto a Dios ni sé dónde está.”

Cuando la profesora revisó el cuaderno de Marta tachó la respuesta. Días más tarde añadió la observación NM (Necesita Mejorar), en el boletín de notas de la niña.

 © Ceferino Otálora (Mos). Septiembre 2012.

Imagen tomada de Internet.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

DE ARROCES, ACCIDENTES Y OTRAS HISTORIAS

 
A  la una y media del mediodía del pasado domingo Cristina, en la cocina de su piso alquilado en Pinto, se disponía a preparar un arroz  para ella y su novio Óscar. En ese mismo momento el móvil de la joven veterinaria, le avisaba de una llamada procedente de la clínica de Fuenlabrada donde trabajaba. Era su compañero Isaac que estaba esa semana de urgencias y, tras arduos intentos de localizar a otros compañeros más veteranos, marcó el número de la joven como última opción. Isaac le pidió por favor que le echara una mano con una operación quirúrgica complicada. Se trataba de un pastor alemán con múltiples piedras en la vejiga y una infección muy extendida. También le explicó que los otros, los veterinarios más obligados a colaborar, no habían contestado a su llamada. Incluso algo cabreado dejó caer que habrían hecho oídos sordos para no estropearse el fin de semana. Ella, un tanto resignada, le animó diciéndole que no se preocupara, que en veinte minutos estaría allí.

A Óscar que se chafara el arroz así de repente, en su día de descanso, no le pillaba de sorpresa. Al fin y al cabo, él también era veterinario y en su corta vida laboral contaba con anécdotas parecidas. Así que la despidió con un beso no sin antes advertirle, que le diera un toque cuando regresara para echar él mismo el arroz. Boris, el cachorro  dogo de Burdeos de la pareja, parecía no entender nada cuando su dueña le dijo adiós pasándole la mano por la cabeza antes de cerrar la puerta. Luego, miró a Óscar buscando una explicación que tampoco encontró y, acto seguido, se tumbó en el salón dejando caer su robusta cabeza sobre el pavimento junto al resto de su cuerpo. Minutos  después, el perro dejó escapar un sonoro bostezo. Puede que intuyera que tendría que tener paciencia  para darse el festín arrocero prometido por su dueña.
La joven llegó  a la clínica en  su Mazda 2 verde recién estrenado pocos meses antes. Isaac le agradeció que se hubiera presentado tan pronto en su ayuda. Sin perder tiempo se puso la vestimenta de trabajo, los guantes de látex y la mascarilla. Ya en la sala, observó la radiografía del can que permanecía sedado en lo alto de la mesa de operaciones. Después siguió las instrucciones de su compañero poniendo la máxima atención e interés en lo que hacía.
La operación, aunque compleja, fue todo un éxito. Eran las cuatro y veinte de la tarde cuando Cristina daba los últimos puntos de sutura en el vientre del pastor alemán. Isaac felicitó a su colega. Volvió a repetir que sin su ayuda no hubiera podido asegurar el resultado alcanzado. Ya sólo quedaba esperar que el perro volviera en sí tras el efecto de la anestesia y ver cómo evolucionaba hasta el día siguiente. Para ello, le había dicho a sus dueños que tendría que quedarse ingresado, en observación.
Antes de marcharse, el veterinario quiso invitarla a una Coca Cola. Ella prefirió no alargar más su regreso a casa. Isaac  le comentó que en la semana entrante, harían cuentas para darle su tanto por ciento del precio de la operación. Cristina contestó que de acuerdo, que no había problema en eso; que estaba muerta de hambre  y que le tenía que dar una llamada perdida a Óscar para que pusiera a cocer el arroz. Tras esa llamada, su móvil le avisó con un pitido de que estaba con la batería baja. Eran cerca de las cinco cuando partía de vuelta hacia Pinto.
Avanzaba por las avenidas y calles de Fuenlabrada, casi desiertas a esas horas del domingo, por el mismo trayecto que todos los días la traía y la llevaba de casa al trabajo y viceversa. Aunque esta vez el estómago parecía darle tirones por lo vacío que estaba. Buscó un chicle en su bolso para masticar algo y aguantar hasta que llegase. Dibujó una sonrisa al imaginarse a su novio luchando con los preparativos del sofrito para el arroz. Ella le aseguró que no pasaba nada por cambiar el menú, que el arroz lo podían comer otro día. El novio, navarrico tozudo y amigo de experiencias más o menos digeribles, le pidió que le explicase cómo lo hacía ella y le prometió que se chuparía los dedos con el arroz con magro y pollo que él prepararía. La sonrisa de ella se convirtió en risa imaginando a su chico en esas guisas culinarias de última hora; intentando controlar cada paso para salir airoso como cocinero.
El frenazo en seco que dio el conductor del coche plateado situado a su izquierda,  hizo que volviera a la realidad del momento. Ambos estaban parados ante un semáforo en rojo en espera de poder continuar la marcha. Al ponerse en verde el otro coche salió disparado, revolucionando el motor; zigzagueando con temeridad entre los vehículos que se  iba encontrando. Cristina especuló que se trataría de un niñato “quemaruedas” de esos que ponen en peligro a todo el que se pone en su camino. Antes de alejarse pudo distinguir que el niñato en cuestión conducía un Audi A4. Se lo volvió a encontrar, dos coches por delante del suyo, en el siguiente semáforo en rojo. De nuevo allí, repitió la misma salida precipitada. La joven veterinaria  se fijó en la matrícula e incluso llegó a memorizarla antes de perderle de vista por si se encontraba con aquel energúmeno en alguna otra ocasión.
El azar hizo que así fuera pocos minutos después. Como ya era tarde, Cristina también aceleró algo más de lo debido. Sobre todo al dejar el casco urbano y  adentrarse en la vía que circunvala la ciudad. Alcanzó a ver de nuevo al Audi que iba, tan veloz como antes, a unos cien metros por delante de ella. Los ojos de la chica fueron testigos de cómo al entrar en la rotonda cercana, el coche alemán, colisionaba con otro que estaba ya dentro de la misma. El impacto fue tal que hizo que éste diera dos o tres vueltas de campana y quedara volcado en el arcén circular de la misma. A Cristina se le encogió el corazón. Más cuando comprobó que, tras una breve parada, el conductor “asesino” se dio a la fuga. En aquellos momentos no pasaba por allí ningún otro vehículo. Fue ella la que paró su Mazda para socorrer a la víctima.
Al borde de la histeria le gritaba al joven del Ibiza abollado que si estaba bien; que si podía moverse, que se tranquilizara, que ella llamaría al 112, que lo había visto todo. El joven, desde dentro, contestaba a todo que sí. Acto seguido ella, con la voz entrecortada, llamó a emergencias. Al terminar de dar los datos requeridos, la batería de su móvil se descargó por completo. El accidentado muchacho pudo salir del coche aunque algo aturdido. No hacía más que repetir que estaba bien, que bastaba con llamar al seguro para que viniera la grúa. Cristina le dijo que no, que debían verle en el hospital por si había alguna lesión oculta, que ella logró memorizar la matrícula del coche fugado, que aquel loco hijo de puta no podía librarse de aquello. Estaba más alterada por lo sucedido que el adolescente que tenía a su lado. Éste, tras escucharla, hizo una llamada desde su móvil y rompió a llorar. Entre hipidos le relató a su padre lo sucedido intentando quitarle importancia al suceso. Terminó la llamada dándole la dirección del lugar donde se encontraba. Breve tiempo después apareció la policía local y los bomberos. Los  agentes recopilaron, con el joven  y Cristina, los detalles del siniestro. La chica expuso lo mejor que pudo todo lo que había visto. También les dio la matrícula del Audi que desapareció sin auxiliar, ni siquiera detenerse, en el accidente provocado por él.
Poco a poco, la joven veterinaria, fue calmándose. Se sentía algo mareada en aquel escenario. Lo achacó a su estómago y las horas que llevaba sin probar bocado. Se dirigió al joven del Ibiza, que ya estaba acompañado por su padre, para despedirse. Antes de hacerlo les dio su número de teléfono por si tenían que llamarla para algo. Estos agradecieron la ayuda prestada y aseguraron que el conductor del Audi no se iba a ir de rositas. Ella les recomendó que se acercaran al hospital y comprobasen que no había ninguna lesión importante. A pocos metros de ellos, un grupo de cuatro bomberos, zarandeaban el coche siniestrado hasta ponerlo de pie. Cristina abandonaba el lugar a las seis menos veinte; con la impresión de que, en escasos minutos, todo volvería a la normalidad.
 
Óscar se preguntaba cómo tardaba su novia tanto en volver a casa. Había añadido el arroz cuando ella le dio la llamada perdida y lo apartó del fuego veinte minutos después siguiendo las instrucciones de su chica. Y ya pasaban veinticinco minutos desde entonces. La llamó por teléfono y le salió una voz que decía que estaba apagado o fuera de cobertura. Volvió a la cocina seguido por Boris. El perro levantó el hocico hacia la paellera y olfateó su contenido; luego se relamió mientras miraba a su dueño. Éste miró el reloj, que marcaba las seis menos cuarto, y le dijo al perro, en voz alta, que su “mami” estaba tomando algo con Isaac y no se acordaba de ellos ni del arroz.  Arroz que, según pasaban los minutos, también se pasaba.
Cristina abrió la puerta de su casa a las seis menos tres minutos. Vio la cara de Óscar con gesto mohíno. Lo primero que le dijo fue que olía muy bien el arroz. Luego  se acercó para darle un beso que él devolvió sin mucho interés. Seguidamente pasó a relatarle todo lo sucedido intentando explicar su tardanza. El navarrico, tras los argumentos de ella, no tuvo más remedio que cambiar el semblante y mostrarse más amable y comprensivo con su novia. Luego se dispusieron a comer el apetitoso arroz.
Queda decir que el arroz con magro y pollo estaba apelmazado, soso y que Óscar, según explicó, olvidó sofreír la carne con el resto de ingredientes. Así que la añadió casi al final. El resultado es que el magro estaba duro y sabía a carne cocida; sin más. La pareja, entre sonrisas y bromas, comenzaron la degustación. El gesto de ambos al saborear el contenido del plato, lo decía todo. Cristina se adelantó a él en sugerir que podían hacerse un bocadillo del exquisito jamón que les compró su padre. No sin antes valorar efusivamente el intento de su novio por dominar el arte culinario a través de aquel arroz.
 Quien más lo valoró fue Boris. Con él tuvo para comer ese día y al día siguiente sin dejar ni un solo grano en su plato. Y puedo decir, por lo que me cuenta mi hija Cristina, que es uno de los platos preferidos del más bonachón y tranquilo de los perros que conozco.
Ya veis, cosas que pasan. Anécdotas cotidianas como tantas otras que se podrían contar en cualquier historia.
 Hasta la próxima, amigos.
 
© Ceferino Otálora (Mos). Noviembre de 2008.
Imágenes tomadas de Internet.