VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

Seguidores

martes, 4 de diciembre de 2012

EXTRAÑO


       Los primeros rayos del sol le despertaron súbitamente. Carlos Rivas abrió los ojos aturdido, acompañado de una molesta jaqueca. Al incorporarse de la cama sintió algo que mojaba sus pies. Una botella de whisky, medio derramada, yacía junto al lecho acompañada de un cenicero lleno de colillas. Sintió náuseas por el ambiente tan cargado que se respiraba en la estancia y abrió las ventanas. La luz cegadora que invadió el lugar hizo más pronunciado su dolor de cabeza. Pero necesitaba ventilar la buhardilla, el lugar donde vivía desde hacía tres años. Le costó reaccionar ante tanto desorden. Él siempre había sido muy cuidadoso; sin embargo, ahora su hogar aparecía irreconocible: varias botellas vacías de vino, de whisky, una taza de café volcada sobre la mesa junto a decenas de fotos desperdigadas, un plato de pasta ya reseca sin probar; el televisor encendido aunque silenciado, varios estantes de la librería con los libros revueltos.
Con paso inseguro se dirigió al cuarto de baño; mientras orinaba se preguntó cuántos días llevaba así. Después se miró en el espejo. Fue  entonces cuando se percató que había dormido sin desvestirse. Su rostro mostraba un aspecto tan lamentable como la estancia: amplias ojeras, barba de cuatro o cinco días, y un hematoma multicolor en una de sus sienes. Eso le hizo recordar el accidente automovilístico que sufrió hace unos días y del que salió milagrosamente ileso.
Volvía de Segovia a altas horas de la madrugada, agotado después de una jornada intensa de trabajo. Carlos era fotógrafo profesional, trabajaba para una revista de viajes. Esa noche cenó copiosamente con unos amigos y terminaron la velada en un bar de copas. Ya de vuelta hacia Madrid la digestión, el alcohol y el cansancio hicieron que cerrara los ojos por unos segundos y perdiera el control de su coche. Colisionó contra un robusto árbol en un fuerte impacto. Recordando el suceso pensó en la suerte que había tenido por estar vivo, a la vista de cómo había quedado el Golf. “Aunque viendo todo esto y la pinta que tengo, se ve que me ha afectado más de la cuenta”-se repetía a sí mismo.
Eran poco más de las siete de la mañana en el reloj  de su muñeca cuando abría el grifo del lavabo e intentaba despertarse del todo. Volvió a mirar el caos que reinaba en la buhardilla. Aquella situación extraña debía terminar; ni siquiera tenía noción del tiempo. Su móvil tenía la batería descargada y se le ocurrió mirar el teletexto para enterarse en qué día vivía. Sábado, 13 de mayo de 2006, 7 horas 12 minutos. El día se presentaba soleado y limpio desde lo alto, desde su buhardilla en pleno barrio de Salamanca. Tenía todo una jornada por delante para disfrutar. Pero antes tenía que devolverle a aquel “antro” la apariencia acogedora que siempre tuvo; por eso, tras poner a cargar el móvil, se dispuso a limpiar y hacer desaparecer el desorden acumulado.
Hacer de aquel sitio un lugar habitable le llevó más de dos horas, tiempo en el cual su jaqueca fue mitigando. Después se lavó los dientes para quitarse el regusto a resaca, se afeitó y se dio una tonificante ducha. Más tarde se aplicó una ampolla antifatiga que suavizó los rasgos cansados de su rostro. Sonrió ante el espejo mientras se peinaba al verse con mejor aspecto. Cogió ropa informal del armario y organizó todo lo necesario que debía llevar en su bolso. El móvil ya estaba cargado; lo encendió. Le pareció extraño que no tuviera ninguna llamada ni mensaje de los últimos días. “Mejor, así podré disponer de este sábado para hacer lo que quiera”-pensó. Volvió a mirar el paisaje que se divisaba de la capital desde lo alto.
  Madrid estaba radiante en aquel día primaveral. Eso le hizo preparar su Leica; imaginó que podría presentarse una instantánea maravillosa en cualquier momento, digna de ser fotografiada por unas manos expertas como las suyas. Tras asegurarse que llevaba encima todo lo necesario, abandonó su domicilio.
Ya en la calle, fue hasta la cafetería más cercana para desayunar. Volvía a ser el Carlos jovial y dispuesto de siempre. Reposó el desayuno echándose un placentero cigarrillo. Dudaba qué hacer, hacia dónde dirigirse; no quería llamar a nadie ni pasarse por la editorial. “Visitar el Retiro puede ser un buen comienzo, -arguyó-, siempre podré disparar alguna foto”. De nuevo en la vía pública, paró a un taxi que le llevó hasta la entrada principal del parque. Le encantaba aquel pulmón verde de la ciudad; se conocía perfectamente todos sus rincones recogidos en decenas de instantáneas.
Allí se encontró con ella. La joven miraba las aguas tranquilas del estanque; observaba las parejas que remaban en las barcas y las carpas que devoraban ferozmente todo lo que les echaban los paseantes. Serena, apoyada en la barandilla metálica que rodea al lago, algo ausente; una mujer con  ojos rasgados de un verde intenso,  labios carnosos y una  melena larga de cabellos dorados con una figura muy fotogénica. Carlos notó que algo extraño, que no sabría explicar,  le atraía también de aquella joven. Tal vez por eso optó por presentarse e intentar convencer a la chica que posara para él. Ella, tras las primeras dudas, accedió con una sonrisa ante la frescura tan persuasiva de él. Después de dos o tres fotos siguieron charlando más relajadamente; intercambiando información. Así Carlos supo que se llamaba Desiré, que era estudiante de arquitectura, que tenía veintidós años y que no tenía novio (eso le llevó a pensar que era perfecta para él, que llevaba sin pareja mucho tiempo). Aquella joven estaba despertando todos sus sentidos. Las conversaciones, entre foto y foto, eran cada vez más fluidas e interesantes aunque, a veces, notaba que Desiré rehuía ciertos temas.
Recorrieron el parque buscando los mejores lugares donde inmortalizarla. Carlos procuraba sacar el mejor partido con la luz de aquel soleado sábado y la belleza de la atractiva chica.
Cuando llegaron al palacio de Cristal ella le hizo una foto a él. Siguieron caminando, sonriendo, haciendo fotos, hablando de ellos. Carlos, veintisiete años, soltero, fotógrafo profesional, viajaba mucho por todo el país, ¿el hematoma?, por un accidente que sufrió hace unos días. La joven prefirió que no contara los detalles del suceso y le pidió que fueran a tomar algo para descansar de tanta caminata. Se sentaron en la terraza del kiosco más próximo y se bebieron dos jarras de cerveza entre decenas de sonrisas y miradas seductoras.
A la una y veinte Carlos pagó la consumición y se excusó un momento para ir al servicio. En el aseo tuvo la idea de invitar a comer a la chica y proseguir con ella toda la tarde. Estaba convencido que la belleza rubia también se sentía algo atraída por él.
Cuando volvió a la mesa ella no estaba. Miró alrededor y no la vio. En la mesa había una nota: “Tengo que irme. Lo siento. Llámame luego. 645 456 645. Desiré.” No entendía nada; quizá fuera una broma. Insistió en buscar a la joven por las cercanías del kiosco. Ni rastro de ella; marcó en su móvil el número apuntado. “El teléfono marcado está apagado o fuera de cobertura en este momento. Por favor, inténtelo de nuevo más tarde”. Todo era muy extraño.  Por más que repasaba en su memoria las conversaciones mantenidas, no encontraba nada que hubiera podido molestar a Desiré. Se preguntaba el porqué de esa huida. Ella no tenía su número de teléfono, ni él su dirección; dependía por completo de las nueve cifras anotadas en el papel. Aunque incluso, en ese instante, dudaba que realmente fuera suyo dicho número.
Cayó en la cuenta que, con su cámara, había plasmado varias imágenes de esa mujer tan bella como misteriosa. Volvió a marcar el número. Tenía que explicarle la escapada tan absurda de apenas hace unos minutos. Nada, otra llamada sin éxito.
Deambuló desconcertado hasta la salida principal del recinto, sin verla. A pocos metros de la Puerta de Alcalá paró a un taxi para dirigirse hasta el estudio alquilado que tenía en la calle Hermosilla. Allí tenía montado el laboratorio donde pasaba largas horas de trabajo. Quería revelar cuanto antes el carrete que su cámara había usado para retratar a aquella extraña mujer. Se impacientó esperando el revelado.
 No había duda, la película mostraba varias imágenes de una figura femenina. En papel de tamaño 13 x 18 pasó, una por una, todas las instantáneas. Ya impresas, confirmaron toda la belleza cautivadora de la enigmática Desiré. Eran veinticinco fotos de ella y una de él. Las guardó en un sobre y dejó el estudio más  aturdido que antes. Eran las cuatro de la tarde; caminó hacia su buhardilla bajando por la calle Conde de Peñalver, revisando en su mente todos los acontecimientos de aquel extraño día. Fumaba aspirando violentamente el humo, incapaz de entender la situación. Antes de llegar a su calle, Juan Bravo, estuvo a punto de ser atropellado por ir absorto y cruzar sin mirar.
Ya en el inmueble, se dejó caer sobre la cama. No tenía apetito a pesar de no haber comido nada. Tampoco recordaba cuándo fue la última vez que comió. Intentó calmarse cerrando los ojos. Llamó de nuevo; el teléfono seguía desconectado. Cogió la botella de whisky que había quedado por la mitad  y bebió y fumó contemplando las fotos. “¿Dónde estás, dónde estás?”, se repetía una y otra vez. Pasaron las horas; poco a poco se durmió. Hasta que un golpe de aire provocó un portazo y volvió a despertarse. El cielo, cubierto de nubes grises, presagiaba tormenta. Eran casi las siete de la tarde; estaba algo desorientado. Contempló la botella vacía; había vuelto a beber demasiado. Cerró las ventanas. Necesitaba otra ducha. Se desnudó. No podía olvidarse de la belleza rubia de labios carnosos que ni siquiera besó. Se miró otra vez en el espejo. No se había percatado anteriormente de los cardenales y la marca ancha de sangre recogida que cruzaba su pecho. Intuyó que era la marca del cinturón de seguridad provocada por el accidente. Pero no sentía por ello ninguna molestia.
Alcanzó el móvil y volvió a llamar. ¡Esta vez sí daba señal de llamada!  Los pitidos se hicieron eternos. “Cógelo, vamos,  cógelo”, pronunció en voz alta.
-“¿Eres tú Desiré, qué ha pasado?”
- “Perdóname Carlos por irme sin darte explicaciones.”
- “¿Dónde estás? Tengo tus fotos. Todo parecía perfecto            
    esta mañana.”
- “¿En el cementerio de la Almudena?, ¿ha ocurrido
    algo?
La joven parecía angustiada. “Ven por favor. Necesito que vengas”, escuchó Carlos de una  voz entrecortada y débil.
-“Tranquilízate. Dime exactamente dónde estás.” Desiré parecía estar llorando. El joven estaba incómodo por no poder hacer nada por consolarla. Cogió bolígrafo y papel y anotó impaciente.
-“Entrada sur, sección 11, calle H, nicho 130. Gracias Carlos”. Y colgó.

Carlos buscó ropa limpia en el armario. Se vistió deprisa, terminó de asearse y llamó a otro taxi. Antes de bajar al portal, metió las fotos en el sobre, se colocó el bolso en bandolera y cogió un paraguas. La tarde se oscureció por completo. La tormenta descargó en pocos minutos; primero granizó, luego llovió copiosamente. Cuando distinguió al taxi salió del portal, le indicó el destino y la entrada requerida. En poco más de quince minutos estaba en el cementerio. Continuaba lloviendo.
Mientras buscaba la sección 11, fue amainando la tormenta y pudo plegar el paraguas. El sol se abría paso tímidamente entre las nubes. El lugar era inmenso. Nunca le gustó ningún camposanto pero necesitaba aclarar varias cuestiones con Desiré. Se fue acercando, calle F, calle G, calle H, desde lejos vio a la rubia mujer. Estaba sola, sentada en un banco. Con paso más enérgico avanzó hacia ella. La joven, empapada por la lluvia, gemía llorosa. Carlos posó las manos sobre sus hombros para intentar tranquilizarla.
- “¿Qué ha pasado? Vámonos, tienes que cambiarte. Seguro que aquí ya no puedes hacer nada”. Ella le miró mientras enjugaba las lágrimas que brotaban de sus verdes ojos.
- “Lo nuestro es imposible. Tienes que aceptarlo. Incluso esperaba que no me hubieses llamado. Así, yo también me olvidaría de ti.”. Él se sentó a su lado; no entendía nada de lo que escuchaba. Pensó que Desiré estaba demasiado afectada por algo y de ahí ese comportamiento un tanto extraño.
- “Nada es imposible si tú y yo estamos juntos”, dejó escapar Carlos de sus labios con una voz cargada de ternura. Ella no respondió. Él levantó la vista hacia la extensa pared de nichos. Estaba inquieto entre tanto muerto. La fila que tenía delante terminaba con el nicho 110. Por lógica, el nicho 130 estaría situado a la derecha, algo más allá. Carlos se preguntaba qué hacían allí, solos, en silencio. Era una situación absurda que intentó romper:
- “He traído las fotos. Estás maravillosa”, añadió. La chica permanecía callada. Estar así era muy embarazoso para el joven. “Y dime, ¿quién está en el  130?, ¿se trata acaso de alguna amiga?, ¿de algún familiar tal vez?”. Carlos sacó un cigarrillo mientras esperaba alguna respuesta. Desiré  se limpiaba las lágrimas sin responder. Él comenzaba a agobiarse; se levantó del banco después de acariciarle una mano. Estaba fría. Tiró la colilla con un fuerte impulso, casi con rabia, y decidió acercarse hasta el nicho 130 para saber a quién correspondía.
Cuando se estaba aproximando a él, volvió la vista atrás. Desiré había desaparecido de nuevo. Le pareció una broma de mal gusto. Empezaba a cansarse de aquel juego macabro. Retrocedió al principio de la calle H. No había nadie por allí ni en los pasillos cercanos. “¡Desiré, ya vale!”, gritó enfurecido mientras retornaba hacia el 130. Encendió otro cigarrillo y sacó las fotos del sobre. No daba crédito: las fotos estaban en blanco. Ninguna imagen existía sobre el papel. “Esto es imposible. Voy a enloquecer”, se repetía en su cabeza. Estaba desconcertado; todo era demasiado extraño. Creyó  oír la voz de Desiré desde el interior de aquellas paredes diciéndole “ven conmigo”, justo allí, frente a la losa del 130. Leyó la placa con ojos desorbitados. Al instante palideció:

                 Carlos Rivas Manzaneda
                    Madrid 11- 02 -1979
                Guadarrama 09 – 05 -2006
                              D. E. P.

De su garganta salió un alarido espantoso, que retumbó en toda la calle mortuoria mientras era engullido por un nicho entreabierto.
                                     **************************
Un vigilante de seguridad pasó por allí varios minutos más tarde haciendo la ronda rutinaria. Se acercaban las 8, hora del cierre, y siempre había que avisar a algún rezagado. Cerca del nicho 130 recogió un sobre abandonado en el suelo. Miró en su interior. Eran fotos de una joven muy atractiva; en una  aparecía un chico. Estaban tomadas en el Retiro y juraría que estaban hechas por un profesional. Se imaginó lo feliz que sería quién tuviera la suerte de estar esa noche con aquella rubia. “Tal vez esté con este tipo”, pensó, mirando la foto de Carlos. Luego dobló la esquina. Una vez más terminaba su jornada con absoluta normalidad aunque, a decir verdad, le pareció ver a la joven de las fotos hablando con una anciana a las puertas del cementerio. Durante unos segundos cruzó sus ojos con los de ella. Algo extraño le hizo estremecerse y bajar la vista. Acto seguido dejó el sobre  en la caseta de información por si alguien lo reclamaba. Prefirió olvidar aquella sensación y disfrutar del fin de semana que tenía por delante.

© Ceferino Otálora (Mos).
   Abril de 2006.
* Imágenes tomadas de Internet.


38 comentarios:

Mos dijo...

Esta vez os dejo un relato largo para quien quiera leerlo. Venga, no seáis perezosos y echar unos minutillos en la pantalla. Es largo y extraño.
¿Por qué es extraño?
Tendréis que leerlo para saberlo y me gustaría conocer vuestra opinión. Lo escribí hace más de seis años en un intento de crear algo misterioso e intrigante.

Gracias por vuestras felicitaciones por mis 52 años y el aniversario del blog.

Os visito siempre que puedo, amigos.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Pedro Luis López Pérez (PL.LP) dijo...

¡Jo!¡Que Relato más bien hilvanado hasta el final, que fue sorprendente! La belleza de Desiré y la impronta de Carlos...Lo suyo ya sólo quedará reflejado en esas fotos de profesional.
Un saludo.

lunaroja dijo...

El espeluznante giro final,da vuelta totalmente el relato..porque durante toda la lectura,pareciera que ella sería el fantasma,o espiritu...
Un buen momento he pasado leyéndote!

Rafa Hernández dijo...

Impactante relato amigo Mos, con un final sorprendente e inesperado. Yo creo que llegas a un punto que uno duda, quién es el fantasma y quién es el muerto, o si todo ha sido una triste pesadilla del bueno de Carlos, que tras el accidente parece que se le va la olla.

Un abrazo.

Enry Baskerville dijo...

Bueno Mos he pasado un buen rato con tu intrigante relato. El clima de suspense lo creas muy bien y el final no te lo esperas; son esos textos de fantasía, surrealistas que no hace falta creerselos, pero que se disfrutan desde el principio y quieres llegar a saber como se resuelve el final.
Recibe un abrazo.

ion-laos dijo...

El intento te ha salido bordao! Dos almas enamoradas que las separa la vida...o la muerte.

Besotes chiquillo!

María Bote dijo...

Amigo Mos, he leído tu relato con gran interés y expectación y, creemé, has conseguido impactarme con el desenlace.

Me parecen excelentes, tanto el relato en sí, como el sorprendente final.

Felicidades. Besos. María

Isabel Martínez Barquero dijo...

He disfrutado con su lectura, Mos, porque se recrea describiéndonos las circunstancias particulares de Carlos, desde su despertar en su buhardilla -toda desordenada y con signos de juerga y borrachera- hasta su desconcierto por no poder contactar con la chica. Todo se sucede sin estridencias hasta el final, donde la cita en el cementerio ya anticipa que algo extraordinario y relacionado con la muerte va a ocurrir, aunque no sabemos qué. Se dispara la imaginación del lector hasta ese final portentoso donde se nos dice que es el mismo protagonista el que está muerto. Entonces hilas y entiendes el mal aspecto de Carlos y su hematoma y ausencia de dolor en el pecho. Pero..., una cosa no me termina de casar del todo en esta historia: Carlos ve inicialmente en las fotos a la rubia y, luego, no la ve ya en el cementerio, pues están en blanco, lo que hace suponer que quizá la chica tampoco tenga existencia real, aunque sí la ve en ellas el guarda... Quizá no esté demasiado claro esto de las fotos, la imagen de la chica que aparece y desaparece para Carlos es lo que veo más débil (o él la ve o no la ve).
En fin, son apreciaciones de una primera lectura, aunque reposada y lenta.
En cualquier caso, considero que este relato tiene gancho, atrapa. Está bien armado y creas un clima unitario en él, solo roto al final, donde la sorpresa surge de improviso.
Un abrazo.

P.D.- Felicidades con retraso por esos 52 años, así como también por el cumpleaños del blog (debía estar en Barcelona cuando lo pusiste).

Lichazul dijo...

me gustó como giró el relato MOS
nos atrapaste y nos sumergiste en los ambientes presentados

felicitaciones

abrazos y buena semana

Tracy dijo...

Un buen relato con un final tan sorprendente que me ha dejado con la boca abierta porque me lo había ido imaginando y de buenas a primeras todo da un giro con tu final. ME ha gustado mucho.

MAITE N. dijo...

Es un poco largo sí, pero no se hace pesado en absoluto, está muy interesante y engancha.
Yo sospeché que él estaba muerto al leer el detalle de no tener llamadas ni mensajes en su móvil y ya cuando la chica se marcha así sin más era muy sospechoso. Cuando lo citó en el cementerio y le dió los detalles de la lápida, supe que estaban muertos, ambos. Ha sido un relato muy intrigante pero no me ha sorprendido el final, aunque desde luego me ha encantado leerlo, por cómo lo narras.
Muy chulo Mos.
Un abrazo.

Marinel dijo...

¿Sabes qué?
Que si llego a saberlo,aunque he de decir que intuía algo así,pero por otro lado,no te leo a estas horas ya de noche.
Ufff,qué horror debe ser algo semejante,tan solo de pensarlo se me eriza la piel.
Yo imaginé al principio que era él quien estaba muerto,pero has sabido dar un giro haciéndome pensar que era ella e incluso he imaginado un atropello,etc,etc
Y de nuevo das un giro para volver al principio imaginado.
Genial,estás hecho un escritor,sí señor.
Besos.

El moli dijo...

Amigo, muy buen relato, nos enredaste mientras jugabas con las posibilidades del lector, brillante.
Te diré que tengo la misma intriga que Isabel en cuanto a las fotos.
Un abrazo amigo.

El moli dijo...

Te cuento que el sábado 1º tuve el placer de reunir a Arturo, Humberto Dib, Sandra Montelpare y Meryross.
Fue una tarde genial.
Un abrazo.

José Manuel dijo...

Intrigante relato que te atrapa desde el principio, para llegar a un final de sorpresa, aunque ya te vas imaginando algo nunca esperas este desenlace.
Estupendo, eres un gran narrador.

Un abrazo

TriniReina dijo...

Sólo me queda la duda, macabra, no lo niego, si en el accidente que él provocó o tuvo, murió también ella.
O, acaso, al ser vecinos de tumbas y él estár aún enajenado y sin creerse que ese era su lugar, ella fue a buscarlo para atraerlo a la tierra continua.

Oye Mos, que es muy bueno tu relato y que se lee del tirón, porque no puedes dejar de hacerlo una vez has iniciado su lectura.

Te felicito
y te mando un abrazo

Jorge del Nozal dijo...

Hola Mos.
Cuando he visto el relato en la pantalla, me he dicho" vaya tocho".
Cuando me he puesto a leerlo y ya veía el final, he dicho, "jo... ya se acaba".Que hayas conseguido esto, para mi es muy importante.No te voy a comentar el relato,porque ya lo han hecho los demás, y estupendamente.
Solo te diré, que es una pena que no te puedas dedicar a esto, profesionalmente.
Un abrazo.

Luis García Romero dijo...

Perféctamente narrado, bien llevado desde el principio, y el final, engullido el personaje por la tumba es perfecto. En ese final consigues la velocidad adecuada, y si bien la trama no es algo rotúndamente novedosa, noto muchos enfoques originales, nunca mejor dicho por el tema de la fotografía.
Por cierto, Mos, el coche accidentado... no es un Focus?
un abrazo, me gustó

M.JOSE dijo...

Me ha encantado, he empezado a leerlo sin saber si era largo o corto y me has tenido en suspense todo el tiempo. Cada vez pensaba una cosa, ¿sería él el muerto?¿sería ella? ¿serían ambos? Intriga total querido MOS. Un abrazo desde Esquivias.

Aristos Veyrud dijo...

Mucho de lo que somos pesa en la tensión de la consciencia de nuestra propia muerte, en que respuesta le demos a esa condición futura. ¿El futuro? nuestra muerte en eso nadie se equivoca ja ja ja, pero también es la vida de muchos y sobre todo de los que queremos o amamos, nuestra descendencia. Partiendo de ese punto final se edifica todo nuestro guión de vida, que para unos puede ser un tobogán donde se cumplen todas las etapas biológicas, para otros un laberinto donde la incertidumbre siempre será el nudo del drama, para unos más el terreno plano del desdén, pero todos todos gravitamos en ese necesario instante último. El protagonista del relato llena y administra esa ineludible cita con desorden y jarana por un lado y por otro con el arte de la fotografía que es su ventana y escenografía de vida donde despunta intermitente el amor, un amor que igualmente no escapará al epitafio lapidario.
Hay vidas que ellas mismas se resumen o autoresumen en pocas líneas, otras que incluso no agotan los volúmenes de la historia, también las hay que no alcanzan a decirse una palabra, lamentable!!! Y este es el drama concreto del fotógrafo que cuando se hace consciente de su muerte es decir de su vida ya es demasiado tarde.
Lo más engorroso de la muerte no sólo se queda en el dolor de quienes amaron en vida a quien ahora es difunto, sino ese saldo intimo de todo lo que nos faltó vivir y no lo hicimos pudiéndo haberlo vivido...registrado simbólicamente en las fotos que encuentra el sepulterero al final sin saber a quien pertenecen o por quién fueron vividas.
Abrazos Mos!!!

Mos dijo...

Gracias por leer, amigos.
Vistas algunas dudas de varios de vosotros, he creído conveniente retocar el final para intentar que captéis lo que yo quería plasmar en esta historia extraña. :):):):):):)
Sin lugar a dudas creo que cada lector saca sus propias conclusiones y se queda con detalles concretos que él y solo él escoge de la trama. Una vez que se entrega una obra ya no le pertenece al autor sino a los lectores. Claro que, el autor sabe lo que quiso expresar y tiene la "película" montada en su cabeza. EN fin,...Ya dije que era extraño (como el título), pero no tanto (creo yo).

Gracias por leerme y estar ahí.
Mos.

MAJECARMU dijo...

Bien,Mos...Tu relato se lee y se vive con curiosidad.El accidente ya nos avisa de algo extraño,pero la aparición de la chica nos hace olvidarlo...Y vamos tras ella e imaginamos,que no está viva y además sabe algo que el protagonista ignora...¡¡Qué sorpresa,los dos están muertos!!Pero,esas fotos son reales y hay un testigo de ello...
En fin,Mos...Que hay muertos que andan por el mundo y no se enteran de ello...Espero,que nosotros estemos vivos y no nos dén la sorpresa...sonrío.
Mi felicitación por este buen relato,que nos enganchó y nos hizo pensar...
Mi abrazo grande y feliz noche,amigo.
M.Jesús

MEN dijo...

Que cortas se hacen las buenas historias cuando son largas. Me ha tenido intrigada hasta el final y aunque esperaba algo raro al final, me ha sorprendido.Un bessito

Rosa Mª Villalta dijo...

Muchísimas gracias Mos por invitarnos a leer tan intrigante e interesante historia. Me ha gustado mucho.
Abrazos. Rosa.

Gizela dijo...

Carne de gallina...me diste jajaja!!!
Muy bueno!!
Y el giro final, me dejó descolocada jajaja Pensé que ella resultaría ser la fantasma y me gustó ese pensamiento que le diste al vigilante, para rematar ese final!
Eres bueno Mos, muy bueno!!!!!

Besossssssss

Ana dijo...

Al ver tu entrada de sopetón me pareció mas extensa de lo que realmente es, supongo que la lectura me absorvió porque no se me ha hecho nada larga, al contrario, tiene un punto ágil e intrigante que te hace estar atento a todo. En cuanto al final me he quedado pensando en el papel de la chica en la historia, en como ella tuvo que conducirlo a esa realidad de la que él no era consciente, yo diría que ella también estaba muerta, espero que no sea una apreciación equivocada.
Buen relato Mos. ¡Feliz puente!
:)

Yashira dijo...

Genial relato Mos, desde el principio he estado dudando y deseando que no sucediese lo que me temía, jo, me has hecho sufrir, parecía todo tan real. Intriga, misterio, emociones encontradas, ha sido un placer leerte, como siempre.

Un abrazo desde mi mar.

Alma Mateos Taborda dijo...

Un relato impactante y estremecedor, muy bien logrado. Intrigante y genial. Un abrazo

disancor dijo...

Ni largo ni extraño, me ha resultado un relato maravilloso.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

fus dijo...

Me ha gustado porque en todo el relato me dejas enganchado en cada linea, esperándome un desenlace, que fuera ella el fantasma, pero al decir que estaba reflejada en la fotos me despistas y me dejas sin un camino certero hacia el final. Enhorabuena.

un abrazo

fus

moderato_Dos_josef dijo...

Un relatazo Mos! Lo normal sería criticar algún detalle pero, ¡lo siento! no puedo hacerlo. La narrativa es espléndida.
Crítica, sólamente una. El relato es antiguo y ahora, ¿sigues metido en el ajo? Me gustaría que así fuera.

Un gran abrazo, te sigo.
Por cierto. Disfruta, si puedes, estos agitados días!

Arturo dijo...

Mos:
Ten por bien seguro que no quisiera conocer nunca a esa Desiré; aunque sea algo imposible.
Muy bien llevada toda la narración. En su momento, pensé que ella era otro fantasma. Luego, al finalizar el relato, supe que ella era "la huesuda".
La observación de Isabel es pertinente, aunque a mí me parece que ante su nicho, las imágenes de la Muerte y de Él, separados, ya carecían de sentido: estaban juntos.
Si analizamos la vida que llevaba, su accidente era el resultado de la temeridad, bastante frecuente en él, según se puede adivinar (bebió otra vez más de la cuenta). Quien actúa de ese modo, es lógico que vea a la Muerte con belleza y busque su encuentro.
En verdad, el único ser vivo del relato parecería ser el empleado del cementerio, pues no interactúa con nadie. La anciana ya estaba en las manos de Desiré.
Para mí, el relato es excelente, aunque la temática abordada no sea una de mis preferidas.
Un gran abrazo.

Marta C. dijo...

Hola, Mos. Sabes que no soy de las que se asustan por un relato largo. Al revés, me gustan si no se hacen pesados. Los míos, excepto cuando tienen condicionantes de retos y otras actividades, ya sabes que se alargan siempre.
Respecto a este tuyo, creo que en la primera parte consigues mucho mejor la tensión narrativa que en la segunda. Creas una incógnita alrededor de ese despertar que el propio personaje no entiende, pero al que no da importancia y sigue con su vida. El lector, evidentemente, espera que en cualquier momento le sorprenderás y eso le impulsa a seguir. Sin embargo creo que desde la aparición de Desiré se produce un corte en esa tensión que habías creado porque desvías nuestra atención hacia otro personaje y otra historia. De alguna manera ese paréntesis desvía la mirada del primer conflicto que era el que nos había creado expectativas. Después, a partir de la conversación telefónica entre los dos y en la escena del cementerio recuperas esa tensión porque nos vuelves a recordar el primer conflicto: el accidente. Eso unido al ambiente tétrico del cementerio vuelven a crear inquietud en el lector.
Resumiendo, Mos, la escena del Retiro con la chica rompe un poco el hilo de la narración. Creo que deberías resumirla por lo que te digo, que la tensión narrativa no baje tanto. De todas maneras dices que es un relato de hace seis años y en ese tiempo creo que has crecido mucho como escritor y tú mismo eres consciente de que uno avanza poco a poco. El relato está muy bien entrelazado, el personaje protagonista muy bien caracterizado. Desiré, al tener una función enigmática en la historia está más desdibujada, pero es lo suyo.
Bueno, si me descuido te hago una tesis sobre el relato! Besos.

ana dijo...

Yo pensé que estaban muertos los dos, pero el muerto resulta ser él, lo dudé hasta el final, también pensé que se le había ido la olla por el accidente. Los ha narrado tan bien, que he creído estar viendo una película.

BESOS.

Mariangeles Ibernón Valero dijo...

Felicidades por el relato, me ha enganchado y me ha dado que pensar.
Muy bien trabajado....y eso es lo que mas me engancha.
Feliz semana y un beso:)

HUGO JESUS MION dijo...

Lograste tu propósito de crear algo misterioso e intrigante, y lo has hecho de forma magistral. Atrapa de principio a fin, y las descripciones te llevan a instalarte en los lugares mencionados, así como meterse en la piel de los personajes.

Con respecto a los cinco minutos que insume su lectura, para mí fueron quince. Acepto el tirón de orejas, pero te diré que esos cinco o quince minutos uno tiene que afrontarlos con una disposición de ánimo propicia, no todos los "cinco minutos" son iguales.

Yo trato de buscar el mejor momento para leer y disfrutar un texto, especialmente cuando sé que valdrá la pena.

Un gran abrazo.

Ame dijo...

Hola Mos

He comentado en varias ocasiones y creo sigue mal mi red, porque siempre regreso a revisar y no los he visto, sabes, el relato en muy bueno, así lo veo, desde el momento en que se descubre el golpe en la sien, algo se vislumbra, el no recordar, los no mensajes a su cel, es un conjunto de situaciones que no son normales, pero al aparecer Desiré, me descoloca porque entonces se viene abajo la idea de que posiblemente estuviera muerto, para mi a cada línea a leer fue de un suspenso intenso, me ha encantado Mos, y ahora tomo la precaución de copiar el comentario y guardarlo por si no lo envía te lo dejo en el correo.

Un beso Mos, eres excelente

Narci M. Ventanas dijo...

Guau, Mos, qué pasada, me han entrado escalofríos por todo el cuerpo, y eso que imaginé relativamente pronto que algún muerto había en la historia, pero me aventuré a pensar que sería el novio de la rubia, quuizá atropeyado por Carlos, incluso que podía ser ella misma, pero nunca pensé en él, lo reconozco, así que el final me ha sorprendido y la historia en general me ha encantado.

Besos y mis felicitaciones por este relato.