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miércoles, 5 de septiembre de 2012

DE ARROCES, ACCIDENTES Y OTRAS HISTORIAS

 
A  la una y media del mediodía del pasado domingo Cristina, en la cocina de su piso alquilado en Pinto, se disponía a preparar un arroz  para ella y su novio Óscar. En ese mismo momento el móvil de la joven veterinaria, le avisaba de una llamada procedente de la clínica de Fuenlabrada donde trabajaba. Era su compañero Isaac que estaba esa semana de urgencias y, tras arduos intentos de localizar a otros compañeros más veteranos, marcó el número de la joven como última opción. Isaac le pidió por favor que le echara una mano con una operación quirúrgica complicada. Se trataba de un pastor alemán con múltiples piedras en la vejiga y una infección muy extendida. También le explicó que los otros, los veterinarios más obligados a colaborar, no habían contestado a su llamada. Incluso algo cabreado dejó caer que habrían hecho oídos sordos para no estropearse el fin de semana. Ella, un tanto resignada, le animó diciéndole que no se preocupara, que en veinte minutos estaría allí.

A Óscar que se chafara el arroz así de repente, en su día de descanso, no le pillaba de sorpresa. Al fin y al cabo, él también era veterinario y en su corta vida laboral contaba con anécdotas parecidas. Así que la despidió con un beso no sin antes advertirle, que le diera un toque cuando regresara para echar él mismo el arroz. Boris, el cachorro  dogo de Burdeos de la pareja, parecía no entender nada cuando su dueña le dijo adiós pasándole la mano por la cabeza antes de cerrar la puerta. Luego, miró a Óscar buscando una explicación que tampoco encontró y, acto seguido, se tumbó en el salón dejando caer su robusta cabeza sobre el pavimento junto al resto de su cuerpo. Minutos  después, el perro dejó escapar un sonoro bostezo. Puede que intuyera que tendría que tener paciencia  para darse el festín arrocero prometido por su dueña.
La joven llegó  a la clínica en  su Mazda 2 verde recién estrenado pocos meses antes. Isaac le agradeció que se hubiera presentado tan pronto en su ayuda. Sin perder tiempo se puso la vestimenta de trabajo, los guantes de látex y la mascarilla. Ya en la sala, observó la radiografía del can que permanecía sedado en lo alto de la mesa de operaciones. Después siguió las instrucciones de su compañero poniendo la máxima atención e interés en lo que hacía.
La operación, aunque compleja, fue todo un éxito. Eran las cuatro y veinte de la tarde cuando Cristina daba los últimos puntos de sutura en el vientre del pastor alemán. Isaac felicitó a su colega. Volvió a repetir que sin su ayuda no hubiera podido asegurar el resultado alcanzado. Ya sólo quedaba esperar que el perro volviera en sí tras el efecto de la anestesia y ver cómo evolucionaba hasta el día siguiente. Para ello, le había dicho a sus dueños que tendría que quedarse ingresado, en observación.
Antes de marcharse, el veterinario quiso invitarla a una Coca Cola. Ella prefirió no alargar más su regreso a casa. Isaac  le comentó que en la semana entrante, harían cuentas para darle su tanto por ciento del precio de la operación. Cristina contestó que de acuerdo, que no había problema en eso; que estaba muerta de hambre  y que le tenía que dar una llamada perdida a Óscar para que pusiera a cocer el arroz. Tras esa llamada, su móvil le avisó con un pitido de que estaba con la batería baja. Eran cerca de las cinco cuando partía de vuelta hacia Pinto.
Avanzaba por las avenidas y calles de Fuenlabrada, casi desiertas a esas horas del domingo, por el mismo trayecto que todos los días la traía y la llevaba de casa al trabajo y viceversa. Aunque esta vez el estómago parecía darle tirones por lo vacío que estaba. Buscó un chicle en su bolso para masticar algo y aguantar hasta que llegase. Dibujó una sonrisa al imaginarse a su novio luchando con los preparativos del sofrito para el arroz. Ella le aseguró que no pasaba nada por cambiar el menú, que el arroz lo podían comer otro día. El novio, navarrico tozudo y amigo de experiencias más o menos digeribles, le pidió que le explicase cómo lo hacía ella y le prometió que se chuparía los dedos con el arroz con magro y pollo que él prepararía. La sonrisa de ella se convirtió en risa imaginando a su chico en esas guisas culinarias de última hora; intentando controlar cada paso para salir airoso como cocinero.
El frenazo en seco que dio el conductor del coche plateado situado a su izquierda,  hizo que volviera a la realidad del momento. Ambos estaban parados ante un semáforo en rojo en espera de poder continuar la marcha. Al ponerse en verde el otro coche salió disparado, revolucionando el motor; zigzagueando con temeridad entre los vehículos que se  iba encontrando. Cristina especuló que se trataría de un niñato “quemaruedas” de esos que ponen en peligro a todo el que se pone en su camino. Antes de alejarse pudo distinguir que el niñato en cuestión conducía un Audi A4. Se lo volvió a encontrar, dos coches por delante del suyo, en el siguiente semáforo en rojo. De nuevo allí, repitió la misma salida precipitada. La joven veterinaria  se fijó en la matrícula e incluso llegó a memorizarla antes de perderle de vista por si se encontraba con aquel energúmeno en alguna otra ocasión.
El azar hizo que así fuera pocos minutos después. Como ya era tarde, Cristina también aceleró algo más de lo debido. Sobre todo al dejar el casco urbano y  adentrarse en la vía que circunvala la ciudad. Alcanzó a ver de nuevo al Audi que iba, tan veloz como antes, a unos cien metros por delante de ella. Los ojos de la chica fueron testigos de cómo al entrar en la rotonda cercana, el coche alemán, colisionaba con otro que estaba ya dentro de la misma. El impacto fue tal que hizo que éste diera dos o tres vueltas de campana y quedara volcado en el arcén circular de la misma. A Cristina se le encogió el corazón. Más cuando comprobó que, tras una breve parada, el conductor “asesino” se dio a la fuga. En aquellos momentos no pasaba por allí ningún otro vehículo. Fue ella la que paró su Mazda para socorrer a la víctima.
Al borde de la histeria le gritaba al joven del Ibiza abollado que si estaba bien; que si podía moverse, que se tranquilizara, que ella llamaría al 112, que lo había visto todo. El joven, desde dentro, contestaba a todo que sí. Acto seguido ella, con la voz entrecortada, llamó a emergencias. Al terminar de dar los datos requeridos, la batería de su móvil se descargó por completo. El accidentado muchacho pudo salir del coche aunque algo aturdido. No hacía más que repetir que estaba bien, que bastaba con llamar al seguro para que viniera la grúa. Cristina le dijo que no, que debían verle en el hospital por si había alguna lesión oculta, que ella logró memorizar la matrícula del coche fugado, que aquel loco hijo de puta no podía librarse de aquello. Estaba más alterada por lo sucedido que el adolescente que tenía a su lado. Éste, tras escucharla, hizo una llamada desde su móvil y rompió a llorar. Entre hipidos le relató a su padre lo sucedido intentando quitarle importancia al suceso. Terminó la llamada dándole la dirección del lugar donde se encontraba. Breve tiempo después apareció la policía local y los bomberos. Los  agentes recopilaron, con el joven  y Cristina, los detalles del siniestro. La chica expuso lo mejor que pudo todo lo que había visto. También les dio la matrícula del Audi que desapareció sin auxiliar, ni siquiera detenerse, en el accidente provocado por él.
Poco a poco, la joven veterinaria, fue calmándose. Se sentía algo mareada en aquel escenario. Lo achacó a su estómago y las horas que llevaba sin probar bocado. Se dirigió al joven del Ibiza, que ya estaba acompañado por su padre, para despedirse. Antes de hacerlo les dio su número de teléfono por si tenían que llamarla para algo. Estos agradecieron la ayuda prestada y aseguraron que el conductor del Audi no se iba a ir de rositas. Ella les recomendó que se acercaran al hospital y comprobasen que no había ninguna lesión importante. A pocos metros de ellos, un grupo de cuatro bomberos, zarandeaban el coche siniestrado hasta ponerlo de pie. Cristina abandonaba el lugar a las seis menos veinte; con la impresión de que, en escasos minutos, todo volvería a la normalidad.
 
Óscar se preguntaba cómo tardaba su novia tanto en volver a casa. Había añadido el arroz cuando ella le dio la llamada perdida y lo apartó del fuego veinte minutos después siguiendo las instrucciones de su chica. Y ya pasaban veinticinco minutos desde entonces. La llamó por teléfono y le salió una voz que decía que estaba apagado o fuera de cobertura. Volvió a la cocina seguido por Boris. El perro levantó el hocico hacia la paellera y olfateó su contenido; luego se relamió mientras miraba a su dueño. Éste miró el reloj, que marcaba las seis menos cuarto, y le dijo al perro, en voz alta, que su “mami” estaba tomando algo con Isaac y no se acordaba de ellos ni del arroz.  Arroz que, según pasaban los minutos, también se pasaba.
Cristina abrió la puerta de su casa a las seis menos tres minutos. Vio la cara de Óscar con gesto mohíno. Lo primero que le dijo fue que olía muy bien el arroz. Luego  se acercó para darle un beso que él devolvió sin mucho interés. Seguidamente pasó a relatarle todo lo sucedido intentando explicar su tardanza. El navarrico, tras los argumentos de ella, no tuvo más remedio que cambiar el semblante y mostrarse más amable y comprensivo con su novia. Luego se dispusieron a comer el apetitoso arroz.
Queda decir que el arroz con magro y pollo estaba apelmazado, soso y que Óscar, según explicó, olvidó sofreír la carne con el resto de ingredientes. Así que la añadió casi al final. El resultado es que el magro estaba duro y sabía a carne cocida; sin más. La pareja, entre sonrisas y bromas, comenzaron la degustación. El gesto de ambos al saborear el contenido del plato, lo decía todo. Cristina se adelantó a él en sugerir que podían hacerse un bocadillo del exquisito jamón que les compró su padre. No sin antes valorar efusivamente el intento de su novio por dominar el arte culinario a través de aquel arroz.
 Quien más lo valoró fue Boris. Con él tuvo para comer ese día y al día siguiente sin dejar ni un solo grano en su plato. Y puedo decir, por lo que me cuenta mi hija Cristina, que es uno de los platos preferidos del más bonachón y tranquilo de los perros que conozco.
Ya veis, cosas que pasan. Anécdotas cotidianas como tantas otras que se podrían contar en cualquier historia.
 Hasta la próxima, amigos.
 
© Ceferino Otálora (Mos). Noviembre de 2008.
Imágenes tomadas de Internet.
 
                                      
 
                                                                                                                                                                 
 



45 comentarios:

Mos dijo...

Queridos visitantes de la orilla: Os agradezco vuestro comentario a la entrada anterior. Tomo nota de vuestras opiniones y meditaré al respecto sobre el tema. Estoy de acuerdo en que cada uno es libre de visitar el sitio que le plazca y en ello estoy. Verdaderamente son comentarios a tener en cuenta.

Y ahora que no os dé pereza y a leer.

Inicio septiembre con otro relato rescatado del fondo del cajón. Me parece una historia simpática para comenzar la temporada. Espero vuestros comentarios para ver qué os parece. Solo diré que está basada en hechos reales -:):):):):)-

Tengo proyectos pendientes y nuevos retos que irán llegando a la orilla.

Gracias por estar al otro lado y acercaros hasta aquí.

Un abrazo desde la orilla de las palabras.

ion-laos dijo...

El ritmo es trepidante y atrapa que no veas. Hay que ver las fatiguitas que pasa Cristina en un momento, y es que no se puede planear nada, porque no sabes lo que te va a pasar. El arroz, por lo menos, no acabó en la basura, no es buen cocinero, pero voluntad le puso.

Besos Mos.

J o s e A n t o n i o dijo...

Un monumento a la paciencia para Oscar :-)
Un saludooo

Sir Enry Baskerville dijo...

Con una forma de relatar sencilla y clara, me has llevado renglón a renglón hasta el final y se me ha hecho corto.

Se sale de casa y no tenemos la certeza de cuándo vamos a volver pues quedamos en manos del azar.

Mi primera paella fue incomible, solo se salvaron "los tropezones" y el arroz para tirar,entonces no teníamos a un Boris que pudiera disfrutar de su sabor... pero las risas que provocó aún las recuerdo, le puse ganas, voluntad y buenos ingredientes pero...hay que aprender y a veces no es a la primera.

Mos, te felicito por la respuesta que en la entrada anterior has tenido, ha sido, muy interesante y didactico leer los comentarios y ¡ah!, esa manera de convocar es toda una lección de "marketing"...¡si, señor!
Un abrazo fuerte
Anna J.R.

María Bote dijo...

El relato me ha gustado mucho, amigo Mos. Se lee ávidamente hasta el final y eso dice mucho de su excelencia.

Hablas de una cuestión cotidiana, a o sea, que puede suceder y, de hecho sucede, como en tu caso, pero lo haces de una forma tan amena que atrapa. Y esto es lo mejor que puede conseguir un relato.

Felicidades y besos. Maria

lunaroja dijo...

me gusta,como bien dice Ion, el ritmo trepidante que va in crescendo a lo largo de este entretenidísimo relato de aventuras y desventuras de lo cotidiano,aderezado con tu fantasía y tu facilidad para recrear diferentes situaciones de manera muy solvente.

HUGO JESUS MION dijo...

Realmente, un relato muy ameno y atrapante. Tal vez podrías alejarte de los "hechos reales" y reescribirlo agregándole ficción para darle un giro al final. Es un relato de una anécdota,pero podría ser un cuento corto impactante. Son sólo opiniones. Me gustó mucho.

Laura dijo...

"Basado en hechos reales" y como dicen las buenas pelis : todo parecido de los personajes con la realidad es ficción.

¡Buena anécdota de inicio de temporada!. Me dio pena por el arroz y por el pobre que esperaba. La espera ...desespera ....y cuando no sabes qué está ocurriendo ¡puedes imaginar multitud de situaciones que te hacen besar en frío!.

Un abrazo Mos. ( Menudo tiempo de reflexión que tienes con los amplios comentarios de la entrada anterior ....aún sigo leyendo .... ¿acabaré antes del fin de semana? ... ).

Teresa dijo...

Pobre pastor alemán, lo primero que he pensado, será porque a mi perrita ha dado negativo en cálculos de vejiga tras una radiografía, solo tiene cristales en la orina que intentamos curar con medicación. En fin vaya rollo que te he soltado, pero me da mucha pena.

Tu historia es amena, interante y bien narrada. Engancha de una manera increíble, y es que describes los hechos de maravilla y con mucha sustancia, más que la que tenía ese arroz :) Lo dicho que eres genial Mos.

Recibe un beso grandote.

Tracy dijo...

Un día ajetreado el de tu relato, de esos que uno quisiera que pasasen de largo.

Rafa Hernández dijo...

Pobre pareja con lo feliz que se les presentaba el domingo, al menos Boris se pegó un buen festín, y no echó en falta que el arroz con el magro y el pollo no estuviesen en su punto. La historia desde luego es emocionante desde el principio que comienzas a relatarlo hasta el último párrafo. Cristina desde luego lo pasó fatal, y la adrenalina y nervios que tuvo que descargar hasta que llegó a casa para ella se queda. Si ya con la operación del can a pesar de que fue un éxito fue estresante, luego toparte con el gilipollas del Audi ya fue para desesperarse. Desde luego estas cosas pasan y muchas veces tienen un desenlace mucho peor. Al fin y al cabo el chico del coche embestido por ese energúmeno parece ser que quedó más bien en un susto. Joder hasta tener el móvil Cristina con la batería baja hace que la historia sea más estrepitosamente fascinante. Óscar también estaba mosca al ver que la novia tardaba, pero desde luego el domingo de "perros· lo pasó Cristina. Enhorabuena Mos por este relato.

Un abrazo amigo.

estrella dijo...

Hola Mos!!!
Nos cuentas una historia muy bien llevada, y suele ocurrir que cuando sales de casa piensas que todo va a ir normalmente pero nunca se sabe, lo que puede ocurrir.
La has contado muy amena y de fácil lectura, pobre Cristina qué mal trago ver el accidente, menos mal que a ella no le pasó nada, al final detuvieron al "conductor suicida"?.

Boris se alegraría mucho del cambio del menú, así se pudo comer él solo todo el arroz!!
La próxima vez le saldrá mejor!
Un abrazo Mos!!

impresiones de una tortuga dijo...

¡Que ca.... el del Audi! y cuantos temerarios como él hay por ahí sueltos, la pena es que no siempre hay una Cristina previsora que se adelanta a los acontecimientos y hace lo que todos deberíamos hacer.
El relato nos llega por su sensibilidad, su naturalidad y su realismo.
Un abrazo, querido Mos, esperando estoy tus retos.

El moli dijo...

Estimado amigo, ¿que más puedo agregar a lo que te dicho?, sin duda tu relato atrapa, sobre todo por el lenguaje que utilizas, me gusto.
En cuanto a tu comentario anterior todos coincidimos que lo que importan son los amigos, lo demás sólo es pasatista.
Un abrazo.

Arturo dijo...

Mos:
Ese día estaba predestinado a que todo saliese en contra de lo planeado.
Suele suceder que tengas todas las ganas del mundo en hacer algo el fin de semana y que, por una u otra razón, termines haciendo cualquier otra cosa.
Era proverbial que los sábados por la mañana de invierno lloviese, justo cuando teníamos organizado el partido de fútbol, con los compañeros del colegio secundario; allí íbamos igual, de puro optimistas que éramos, solo para constatar que la lluvia no terminaba de caer, que hacía frío, que el piso de la cancha era un lodazal y que más de la mitad de los comprometidos se habían quedado "pegados" a las sábanas.
Lo de tu relato, para qué negarlo, no escapó a mi sistemática acción de escudriñar el largo del texto (hombre previsor, al fin), para luego zambullirme en él, sin medir consecuencias.
De manera maravillosa, la acción la describes tan bien que ni cuenta me dí que llegaba su final.
Respecto al perrito operado, espero que haya quedado bien, con relación al imbécil del Audi (de seguro el hijo del propietario, que le robó el rodado, solo para joder) deseo que -por lo menos- le hayan sacado el registro por unos años, hasta que madure (salvo que fuera un drogadicto, claro) y para el pobre de Óscar... creo que la próxima vez le saldrá mejor el guiso y Boris pasará hambre, el pobre.
Un gran abrazo.

José Manuel dijo...

Un ameno relato que te atrapa y no te deja hasta llegar al final. De los hechos cotidianos es de donde sales las mejores historias, la ficción cien por cien creo que no existe, siempre necesitamos basarnos en algo real para desarrollar un trabajo literario.
Enhorabuena me ha gustado mucho el relato.

Un abrazo

Jorge del Nozal dijo...

Hola Mos.
Tienes un don, eres capaz de convertir una conversación insulsa en un supermercado, en una historia apasionante. ¿Como es posible que una historia sobre un arroz y un accidente, llegue a engancharte?.
¡Magnífico!.
Un abrazo.

Ana dijo...

Un buen ritmo, tu relato se hace fácil de leer. Estos locos e irresponsables al volante me ponen de los nervios. Al final Boris salió ganando, ¿eh?, que perrito mas lindo el de la foto.
Saludos desde orillas lejanas
:)

Belén R. dijo...

Me he sentido atrapada por la naturalidad de tu relato y me has sacado una sonrisa cuando has ubicado los hechos entre Pinto y Fuenlabrada.
Por qué? porque vivo en Fuenlabrada y me estaba imaginando a Cristina en la clínica Indra que está al lado de mi casa y es a la que llevaba a mi perrillo cuando aún estaba conmigo.
Me ha resultado una lectura muy emotiva máxime cuando se trata de un acontecimiento real..
Un saludo.

P.D: intenté comentar en tu anterior post, pero por algún motivo no se reflejó mi comentario.
Lo intentaré de nuevo.

Dolce Voce - María Eugenia dijo...

Hola, Mos

Está claro que nosotros pensamos qué hacer y la vida decide por nosotros. Al final, se hizo el arroz ;).

Una bonita historia, con final feliz. Me alegro por todos ellos.

Besotes.

shantal dijo...

Bonita historia que nos demuestra que nunca se puede asegurar lo que va a pasar,menos mal que acabo bien al menos,besines

fus dijo...

Debes estar orgulloso de tu hija, debe ser una gran mujer con grandes retos y principios y su pareja seguro que ya sabrà hacer una paella.Con respeto al relato magnìfico, creas ese ambiente de suspense cotidiano, que te hace llegar al final esperando el desenlace.

un abrazo y bienvenido de tus vacaciones.

fus

Alma Mateos Taborda dijo...

Hermosa historia muy bien relatada. Felicitaciones! Un abrazo

Pedro Luis López Pérez dijo...

Que bien lo pasó Boris con este atracón de ese rico arroz con sustancia proteínica a su gusto.
¡Menudo domingo más ajetreado!
Óscar debería haber preparado unos esparragos de lata de su Tierra ¡Claro!
¡Menos mal que siempre está en la recámara el sacrificado Jamón...y que había pan un alterado domingo!
Muy bueno, Mos.

Beatriz Salas dijo...

Mi querido Mos:
Me prometí para este comienzo de curso, ajjajaj, visitar a mis más cercanos y aquí me tienes completamente feliz de haber leído este relato que como dice Ion-Laos: "El ritmo es trepidante". No tenía ni idea de cómo terminaría y ya imaginaba lo peor... me ha gustado muchísimo, sobre todo saber que ella se ofreció de testigo porque a mí, en una cadena de favores, me ayudaron, como ella al chico y a su padre, por devolver la misma situación. Ahora me toca a mí que si presencio algún accidente, ser testigo y ayudar al inocente.
Me ha gustado tu relato, la naturalidad de sus personajes, el carácter comprensivo de Oscar (cada día quedan menos personas así en este mundo tan egoista).
Si Mi querido Mos, me ha gustado mucho porque me has sorprendido con tu naturalidad, simplicidad y ritmo.
Te doy las gracias por el buen momento.
Feliz día, querido amigo.

disancor dijo...

Del quehacer de la vida cotidiana has construido un interesante relato, y además con intriga y sorpresa.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Oréadas dijo...

Me es familiar esta situación mi arroz más de una vez se ha quedado duro como perdigones esperando a mi marido por salir a una urgencia.
Boris es guapísimo, me encanta la carita que tiene.
Un besito.
Pd: No sé si habrás leído mi email.

Humberto Dib dijo...

Muchas veces tenemos que tener en cuenta cuál es la profesión de nuestra pareja, pues eso, en algún momento, juega un papel muy importante.
El relato muy bien llevado, es verdad que es extenso, pero deberíamos dejar de ser reacios a eso en el universo bloguero.
Un fuerte abrazo, Mos.
HD

María dijo...

En relato-historia real, en el que ha ocurrido de todo un poco y es que las cosas se pueden torcer en cualquier momento y cuando se espera vas a pasar una excelente jornada, en pocos minutos se puede ir todo al garete, así es la vida, pero cuando hay amor todo es poco, y se comprenden las situaciones que pueden llegar desde cualquier sitio.

Además, no hay mal que por bien no venga jajajaaj que se lo pregunten a Boris jajajaja.

Un beso.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Es ameno el relato, Mos, y seguro que tu hija es una profesional excelente.
Me he reído con esa carne sin sofreír y medio cruda, y es que cuando no se está acostumbrado a los fogones... Pero la intención del chico es lo que cuenta, qué caray.
Ah, y el perro en verdad que tiene cara de bueno.
Un abrazo y mis deseos de que prosperen todos tus proyectos.

Gizela dijo...

ayyyyy!!!
Ese Boris está de comérselo a él, pero a besos jajajaja!!
Que lindura!!!
Tu relato está tan bien estructurado, que se me hizo super corto
Los tiempos perfectos, para siempre dejar intriga y querer rápido saber que más hay
Y la sorpresa del final buenísima...
Como vas contando, todo con tan buen detalle, una cree que algo malo pasará, pero... FIN tierno jajajaja!!!!
Muy bien escritor, me ha encantado y se lee ligerito y sabroso, sin grano de arroz, de aburrimiento jajaja
Besotesssss
Y lindo finde!!!!

Alma Mateos Taborda dijo...

Uno propone y Dios dispone , se dice, y en esta historia queda asegurado el pensamiento. Tienes calidad para contar de manera entretenida y sencilla. Muy buena entrada. Un abrazo.

Lichazul dijo...

buen texto MOS en donde el narrador es el que cuenta la historia
tiene buen ritmo, un poco largas las descripciones,pero ya te digo lo que me mata es la poesía
me gustan la narrativas dialogadas, en donde los personajes son los protagonistas , son los que le dan el pulso y el tono a la acción, eso las hace vertiginosas siempre
pero no me hagas caso es solo cuestión de gustos, y ya sabes para gustos... los colores

gracias por tu huella
buena semana

ion-laos dijo...

Gracias Mos, me has dado un subidón que te lo agradezco con toda el alma.

Que Dios te Bendiga.

Buena semana, besotes.

PiliMªPILAR dijo...

Es que el puntito de acierto a la hora de preparar una exquisitez no está tanto en los ingredientes sino en sopesar el gusto de nuestra pareja.
Así, seguro que no importa se pase el arroz, ni salga el magro duro ni le falte una pizca de sal.

El relato, prolijo para la idea que intenta plasmar. Es mi criterio, que no crítica, Mos.
Un abrazo

Marta C. dijo...

Ahí va mi opinión: Mos, este relato cotidiano de un domingo cualquiera en la vida de una pareja se merecía un final más impactante, es mi primera impresión. Por ejemplo, has ido dando una serie de detalles sobre el móvil y la batería que, a medida que leía, yo pensaba que serían el desencadenante de un final inesperado. Habría sido una excusa perfecta para un final en el que, por ejemplo, Oscar, cabreado por la tardanza de su novia, motivo por el cual "su" maravilloso arroz se había pasado, se lo tirara por la cabeza nada más entrar por la puerta, sin darle tiempo a más explicaciones y Boris se hubiera dado un festín inesperado. Es un poco chorra pero es lo 1º que se me ha ocurrido. Es muy efectista que en un relato aparentemente cotidiano aparezca un final un poco surrealista y sobre todo inesperado para el lector.
Un relato que engancha así, que avanzas y piensas: "ahora, ahora me sorprende..." no se puede desperdiciar con ese final un poco "anodino".
Segundo aspecto: el relato se alarga demasiano sin necesidad, creo que es cierto. Precisamente por ser un relato en el que prima la acción, de ahí la velocidad en la que nos sumerges, podrías eliminar detalles innecesarios que no aportan realmente nada importante a la historia y la alargan innecesariamente, de esa manera hubiéramos sentido mucho más vértigo al leerlo. Hay momentos en que el estilo es casi periodístico por la cantidad de información que das. Un pequeño ejemplo: ¿habría perdido interés la historia si no hubieras dado detalles de la operación del perro?
Bueno, creo que esos serían dos aspectos que si los revisaras podrían, a mi entender, mejorar el relato. Ahora te toca a ti decidir si tengo razón o no. Besos.

Gustavo Figueroa V. dijo...

Amigo Mos:

Nos regalas una historia que tiene el arte de la descripción de los detalles y de la sorpresa; tiene esa cuota de sacrificio de algunos profesionales, como Cristina, que debe dejar de lado su descanso y a su novio para ayudar en una cirugía de un can...y, luego, mostrar su solidaridad cuando el accidente ocasionado por uno de esos irresponsables que los hay en toda partes. La historia con un arroz de muy buen gusto para Boris y un buen manejo del idioma es un ejemplo del diario vivir de los seres humanos.
Felicitaciones amigo.

TriniReina dijo...

Pues sí que has comenzado bien el curso blogero:)
Afortunadamente la anécdota se quedo en eso, en anécdota, y no llegó a tragedia:(
Desde luego, el que salió ganando fue Boris, sin duda:)

Gracias, Mos

Un abrazo

MAJECARMU dijo...

Mos,tu historia tiene alma,se nota desde el principio que los personajes te son cercanos...Los arropas en tu historia y nos los describes de maravilla...Creo,que el tema en si es importante:lo inesperado,que alarga la espera y puede arruinar un buen día y una buena relación...Pero,quiero destacar la calidad humana de los protagonistas,que en todo momento tuvieron paciencia,responsabilidad y comprensión en las circunstancias adversas...Eso es lo que más me ha gustado Mos.
Te felicito por tu profundidad al desmenuzar la historia,el orden que has llevado y el amor que le has puesto...Todo eso ha permitido que estemos atentos y acompañándote en tus letras.
Mi abrazo inmenso por tu cercanía buen hacer,compañero de letras.
FELIZ SEMANA,MOS.
M.Jesús
PD:FELICIDADES POR ESA HIJA,QUE VALE UN MUNDO...Y EL PADRE NO DIGAMOS...SONRIO.

Mos dijo...

ESTE COMENTARIO FUE LA RESPUESTA QUE LE DI A MARTA C. RESPONDIENDO AL SUYO DE MÁS ARRIBA.
SIRVE TAMB¨´EN DE EXPLICACIÓN PARA EL RESTO DE LECTORES.

GRACIAS A TODOS POR VENIR HASTA LA ORILLA Y COMENTAR.
MOS:

Y AQUÍ VA MI RESPUESTA A SU CRÍTICA INTERESANTE:

Fantástica crítica, Marta. Te voy a tener que tener en cuenta en sucesivos trabajos.:):):)):):)



Tienes razón que se hace algo extenso y me recreo en situaciones que no van más allá de un hecho cotidiano.

También podría ser más efectista dándole esos toques algo surrealistas que harían de este texto un relato más trabajado y con un final menos anodino.



En este relato solo hay ligeras trazas de ficción. En realidad estoy contando una crónica de un suceso que me contó mi hija (Cristina, la veterinaria), y que yo traté de plasmar casi tal cual sucedió. De ahí tantas explicaciones innecesarias en un uento pero reales si escribes de una crónica más o menos paso a paso.Por eso no hay un final sorprendente. Por eso termino diciendo que es una anécdota más como tantas otras que se pueden dar a diario.



Has hecho una buena crítica, Marta. En este relato solo intentaba contar un día normal con ligeros sobresaltos que lo hacen ocurrente.



Cuento contigo en sucesivas entradas.



Un abrazo y besos de Mos.

Ame dijo...

La primera vez que preparé paella me quedó tan desastroza que no volví a intentarlo y no creo lo haga en mi futuro cercano o lejano, así que se valora el esfuerzo que hizo Oscar.

De Cristina, es importante la dedicación que tiene a su profesión por tratarse precisamente de vidas, el que ambos lo puedan sobrellevar es de admirarse.

El detalle aquí que no estuvo bien, fue el chico irresponsable que después del accidente provocado, simplemente se marchó.

A mi Mos, me encantan los relatos que son basados en hechos reales, me parecen fascinantes.

Besos Mos

RECOMENZAR dijo...

Un placer volverte a leer
Abrazos

María dijo...

Nada nuevo tienes amigo MOS, pero hoy no paso por tu blog en silencio, hoy paso dejándote mis saludos, deseándote una feliz tarde y un beso.

Marinel dijo...

Ya ves que lo que puede ser un día hogareño,tranquilo,relajado y por qué no decirlo,¡sabroso!puede acabar de manera completamente distinta,o al menos,más ajetreada de lo esperado.
Tu hija se comportó de manera sensacional,humana sobre todo y por encima de todo,que en definitiva es lo que debería primar.
Y tú, tienes la capacidad de involucrarnos desgranando detalles que nos inducen al misterio,a la espera de acontecimientos,que vienen,sí,pero cuando te viene a bien traerlos a la historia magnificamente narrada.
Mi aplauso a tu escritura y a tu hija,faltaría más.
Besos.

Tesa Medina dijo...

Creo que ya lo había leído, me sonba un montón, pero como no me acordaba del final, pues lo he vuelto a leer de un tirón y con placer.

Un abrazo, Mos.