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viernes, 23 de marzo de 2012

LA HUIDA. AUTOR: ESTEBAN GUTIÉRREZ GÓMEZ

Amigos de la orilla: Me ha parecido éticamente correcto colgar el relato original del que procede mi entrada anterior. Como ya expliqué, se trataba de construir un relato partiendo del original ya dado e intentar darle nuestro estilo, nuestra voz manteniendo en lo posible el mensaje, la filosofía del texto original.
Pues bien, amigos, aquí tenéis LA HUIDA tal y cómo la escribió su autor, Esteban Gutiérrez, amigo, maestro y escritor con varios libros publicados. Sé que os gustará. Ya me contaréis.
Mos.

LA HUIDA

Está tan cerca de la cima que se ve tocar, con la yema de los dedos, ese espejo de reflejos dorados que insufla poder. Inspira con hondura al cerrarse las puertas del ascensor, seguro, convencido de que lo ha logrado: después de años de duro trabajo va a conseguir lo que siempre ha deseado. Pero de regreso al hotel una sombra de duda le hace pensar si merece la pena. En su camino a la cúspide ha sacrificado su tiempo que no es su tiempo sino el de la empresa, para la que está disponible las veinticuatro horas del día, en cualquier lugar del mundo. Ha sacrificado su vida familiar, dejándose elegir primero, para posicionarse, por una mujer influyente a la que detesta y negando, después, con vehemencia la llegada de los hijos. Se ha inmolado hasta el punto de llegar a olvidarse como persona, hasta llegar a sentirse una simple máquina productiva,  un ser insensible. Nunca había titubeado como ahora y eso le pone nervioso. Cierra la puerta de la habitación del hotel. Sólo le queda esperar. Una llamada, a última hora de la tarde, le confirmará como nuevo socio del bufete más prestigioso de cuantos operan en Madrid.
Está tan cerca, y se siente en ese momento tan vacío. Algo en su interior se revela, algo le impide disfrutar de su momento, subirse en lo más alto del cajón. Queriendo pensar que lo superará, se derrumba sobre la cama, temblando, frente a la ventana que cambia cada semana de ciudad. Escucha las voces de la calle, intenta seguir con el olfato un rastro de auténtico café, ve bailar las hojas de los chopos entre destellos de luz pajiza y, sin saber cómo,  siente un murmullo que le llena la boca con una melodía desgarradora mostrando su alma de músico de jazz. Cierra los ojos y, asustado, piensa en abandonar la competición.
Cogerá el tren y volverá a la pequeña ciudad de provincias de su juventud. Desempolvará la vieja Fender, a la que llamaba Trueno, y el amplificador de sesenta vatios, preparará su mano huesuda y desmemoriada para recorrer de nuevo el mástil hasta desgastar el barniz nacarado, hasta volver a descoyuntar los huesos de la muñeca, y tocará esa melodía con ritmo de tranvía y color de ron añejo que le sabía a felicidad. Encenderá unos de esos cigarrillos de miel que tanto le gustaban y afinará con voz gastada canciones de ayer. Sobre el pentagrama estrellado de la noche, inventará blues tristes que hablan de sueños rotos o melodías envolventes especiales para hacer el amor o ritmos satánicos sobre crecientes aullidos de terror. Los viernes y sábados, enfundado en lentejuelas, el Doctor Música rasgará de nuevo la guitarra, bajo un solo foco limón, con su mejor voz de imitador de Sabina y, de madrugada, beberá caipiriñas frente a la estación. Encontrará amigos con los que charlar en tertulias de café que nunca acaban con el día. Y les dará las llaves de su casa por si alguna vez están perdidos. A la tarde de cualquier día, caminará por la alameda del río, espantando mosquitos que vienen de Madrid, y volverá sonriendo, viendo regresar a los carroñeros sin trofeos. Y, cuando el invierno cubra de espejos los adoquines de la calle, encenderá la chimenea y, frente a ella, oirá chisporrotear la encina verde, y verá bailar el fuego. Leerá cada noche el libro menos recomendado. Beberá aguardiente de cerezas hasta empezar a escribir. Mostrará su espíritu con tintes negros. Dormirá tranquilo siendo feliz.

El sonido del teléfono móvil le abre los ojos. Reconoce el número de la costilla de Adán. “¿Todavía nada?”, logra escuchar sobrecogido entre un mar de bocinas alteradas. “¿No se atreverán a negártelo después de tantos esfuerzos?”, se pregunta la voz de la ira. “¿Esta vez dejarías las cosas claras?...” Corta la llamada sin decir nada e intenta recordar esa melodía que le acunaba en la hamaca en las noches de verano, esa melodía con forma de brisa con la que el Doctor Música iniciaba los conciertos en las estrellas, después que Thinn Lizzy hubiese caldeado el ambiente.

Y se bañará en juegos de luces que producen sueños que nunca se olvidan. Golpeará el aire con su cara, de espaldas a Dios, masticando palabras de furia. Regresará a casa con el alma llena de vida. Con el tiempo, llegará Penélope con sus bolsillos llenos de amor, y su maleta de hijos, y su bola de cristal que nunca anticipa problemas, y su eterna sonrisa, y su cama de paz. Disfrutará de los niños como si ellos fuesen de verdad su mejor obra. No dejarán que pierdan uno solo de sus sueños sin haber intentado alcanzarlos. Pulirá, a golpe de palabras, el carácter rebelde que aparece cuando se aleja la inocencia de sus cuerpos. Viajará con ellos, de costa a costa, para que aprendan a mirar la vida con ojos curiosos. Intentará apartarles de la carrera hacia la cima que sólo descubre al más capullo. Instalará el viejo alambique del abuelo, y encontrará el secreto para elaborar el mejor orujo de hierbas. No pactará con el diablo el día de su muerte, porque vivirá, día tras día, como si fuera el último de su vida.

Con espasmos de animal malherido, el teléfono requiere de nuevo su atención. “Enhorabuena Julio, lo ha conseguido, es usted el nuevo socio…” Mira por el cristal y cruza los pies sobre el asiento de enfrente. Los árboles pasan deprisa y pierde la cuenta de aquellos que recuerda haber visto antes. Mete las manos en los bolsillos del pantalón y se estira con un bostezo de túnel que le humedece los ojos. Se levanta. Sonríe. Baja la ventanilla y se asoma intentando anticipar con la mirada el recuerdo de la próxima estación. Deja volar sus cabellos con la mueca de sonrisa pegada al cristal.
Dentro de él, también sonríe su alma renovada de músico de jazz. Sonríe porque huye del destino que lo intentó atrapar.
© Esteban Gutiérrez Gómez. Octubre de 2006.
Relato incluido en la novela del mismo autor “El laberinto de Noé”.
 © Ediciones La Tierra Hoy 2007.

19 comentarios:

Mos dijo...

Confieso que yo disfruté leyendo este relato en su día. También disfruté haciendo mi propia versión. Algo así como un "remake" en el cine.
Esteban es un gran escritor del que aprendí mucho y que, ahora, está recogiendo los frutos de su buen hacer.
Sinceramente, LA HUIDA, su huida,es mucho más literaria que la mía y tiene párrafos magníficos que no debéis perderos.
No se trata de comparar sino de disfrutar de dos lecturas, dos historias con el mismo fondo, que salieron de formas de escribir distintas y que, debo admitirlo, tiene más mérito en el caso del autor que ideó el original.
Para nada es un plagio sino una versión admitida y aceptada por su autor, Esteban Gutiérrez.

No puedo terminar sin dar las gracias por vuestros comentarios en todas mis entradas. Para mí suponen un acicate a la hora de escribir y seguir intentando expresar lo que mi mente y mi imaginación quiere volcar sobre el papel para ofrecéroslo a vosotros. Porque, queridos visitantes, sin lectores no tiene sentido escribir.
Abrazos desde mi orilla para todos.
Mos.

Teresa dijo...

¡Qué decir Mos! Los dos son geniales, como bien dices cada uno en su estilo. Yo también lo he disfrutado... antes lo hice con el tuyo, claro. Gracias por este ratito.

Besos y buenas noches.

Yashira dijo...

Gracias Mos, por poner a nuestra disposición el relato original, tiene como dices el valor de ser el primero. Pero en nada desmerece al tuyo. Tu versión para mí es más completa me gustó mucho la primera vez que la leí, y ahora, sin necesidad de comparaciones me gusta en especial por la incorporación de esas canciones que te inspiran.


Besos desde mi mar,

TriniReina dijo...

Pues aunque el tuyo esté basado en el de Esteban, parecen dos historias separadas por la pluma de dos escritores. Estupendos escritores. leído lo leído.

Abrazos y que no nos falte imaginación ni historias por contar.

Marinel dijo...

Es un buen relato,buenísimo sin duda.
Pero no por ello hay que menospreciar el anterior que tú forjaste.
Lo mejor es sentirlos por separado,sin comparaciones.Disfrutar de sendos relatos y punto.
:)
Besos.

disancor dijo...

Pues, es un maravilloso relato.
Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Rafa Hernández dijo...

Pues no es por daros coba ni nada por el estilo, pero los dos sois grandes genios escribiendo. Seguid siempre con esa gran virtud.

Un abrazo Mos, y como decían los romanos que los dioses te acompañen.

M.JOSE dijo...

Buenísimos los dos relatos, he disfrutado mucho con los dos. Un abrazo desde Esquivias y feliz fin de semana.

Perlita dijo...

Querido paisano, me ha encantado. En uno y otro relato, se mete uno con verdadero interés para leerlo de un tirón.
No te infravalores, amigo. Los estilos son distintos y puede que al leer el relato del propio creador, el espíritu crítico (constructivo siempre)surja para decir que es un escritor, rápido; que capta el cuadro de las situaciones como si uno mismo las viviera. La ansiedad del protagonista, te implica y te dan ganas de aconsejarle que abandone todo ese mundo que le va a ahogar y te satisface su decisión final. Un gran escritor, no cabe duda, que dice mucho con pocas palabras.

Tu lo describes con otra sensibilidad. Situaciones cercanas y descritas con amplitud. Recurres a una vida ya pasada que hizo feliz a un protagonista que era menos importante, pero mucho más libre. Las canciones de Aute y otros, van dando en dianas escondidas en el alma y la pregunta final, es la misma en los dos relatos, pero ...¿Vale la pena vivir una vida de "élite" y renunciar a la felicidad de la sencillez? En esto, los dos escritores habéis coincidido muy bien cada cual con su estilo.

Al creador y a tí...¡enhorabuena! Me ha encantado.

(Gracias por tu comentario en mi blog. De corazón)

Isabel Martínez Barquero dijo...

Es un relato estupendo que retrata a la perfección a muchos yuppies de los años 80 y 90 del siglo pasado: colmados por fuera y vacíos por dentro.
Hoy las cosas van de otra manera por culpa de esta puñetera recesión económica, que ni tanto (como la época que retrata el relato) ni tan calvo como los bolsillos vacíos de ahora).
Un abrazo, paisano.

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Sí, yo estoy en la línea de lo apuntado en otros comentarios: no hay que comparar, cada uno tenéis vuestro estilo, vuestra forma de expresar...

Y es verdad lo que dices de que sin lector@s no merece la pena escribir, podemos guardar en el cajón durante un tiempo las cosas que hacemos, pero cuando la creatividad florece y se renueva es cuando se produce ese encuentro, yo también lo siento así con las cosas que hago :)

Que no se me olvide: no conocía a Esteban Gutiérrez, pero he disfrutado leyendo su relato, me parece muy bueno, y transmite mucha emoción, sobre todo en ese final.

Un fuerte abrazo Mos, y muchas gracias por estar ahí, eres, si se me permite la expresión, un@ de "mis lector@s favorit@s" :)

fus dijo...

Para mi son diferentes los dos relatos y me han gustado mucho. Tal vez el tuyo me ha concentrado mejor que el de Esteban.

un abrazo

fus

Diana Profilio dijo...

Cada uno le da "su toque" personal y la historia no pierde su esencia. Ninguno podría narrar de la misma forma un episodio, un diálogo o una vivencia. ¡Afortunadamente! De eso se trata, nuestra personalidad aflora a través de todo y las letras no son las excepción. Excelente relato de Esteban. Un beso grande y gracias por mostrarnos las dos campanas..

ion-laos dijo...

Me habéis gustado los dos, cada uno con su estilo y su toque personal.

Felicidades a ambos.

Besos!

Lola Rubio dijo...

Los dos textos me han gustado. Será que tengo debilidad pero me quedo con el tuyo, Mos. Son acertadas las canciones, estrofas y le das a tu relato un tinte romántico al final cuando piensa en Penélope.
Ten por seguro que la tuya es una muy loable versión de la de Esteban. Tú también tienes muchas horas de vuelo en este bello oficio de escribir. Un abrazo.

Anna Soler dijo...

Ambos textos son fantasticos.
Un beso

Suzane Weck dijo...

Excelente seu espaço.Gostei muito e voltarei outras vezes.Grande abraço.

jackie dijo...

muy buen blog, muy divertido, te dejo el mio asi nos seguimos www.50postdeunreinoalien.blogspot.com
besos y segui asi

Tesa dijo...

Conozco los relatos de Esteban, y en concreto éste de su libro, pero ya ves cuando leí el tuyo no lo relacioné.

A mí me encantan las variaciones sobre una misma "melodía" como en el Jazz, cada uno de vosotros aporta su experiencia vital, sus manera de enfocar la vida, su bagaje y el talento que tenéis los dos para el relato.

Siento debilidad por los dos como cuentistas y os quiero.

Dos abrazos,