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jueves, 19 de enero de 2012

EL FERRY

 “Si no cambias, cualquier día me iré en ese ferry para no volver jamás”, espetó Vera a su marido mientras planchaba un pantalón de él encima de la mesa de camilla. A través del ventanal del comedor, la mujer observaba en ese momento la estela blanca que dejaba la embarcación al abandonar la bahía de Santander. Él,  apuraba con grandes bocanadas un Ducados antes de apagarlo en el cenicero. Ante las palabras de ella, se incorporó del sofá y, acariciándole la espalda, optó por decirle “Pero qué tonterías. ¿Dónde vas a estar mejor que conmigo? Ya te dije esta mañana que no volvería a ocurrir. Te lo juro por lo más sagrado”, a la vez que acercaba dos dedos en cruz hasta sus labios para confirmar su juramento.
                  La noche anterior Fermín volvió a pegar a Vera.
                  Llegó ebrio, dando trompicones, con la bragueta mojada y maldiciendo su mala suerte. Ese día, 24 de junio de 1975, era el día del cobro en la compañía ferroviaria de vía estrecha donde trabajaba. Fermín era engrasador de vía y, cuando llegó el pagador a la dependencia, propuso tomar unos vinos y echar unas partidas a los demás después de su jornada. En el bar de Mingo, cercano a la estación, estuvieron bebiendo y jugando hasta avanzada la noche. Perdió casi dos mil pesetas de las doce mil que le dieron por su sueldo con los amigotes y compañeros. Pero tal vez lo que más le molestaba, era oír las burlas y risas de ellos  y de algún otro cliente que paraba por allí.

Mientras Vera, ajena a todo, disfrutaba de una estrellada noche de San Juan recreándose con el firmamento y llenando sus pulmones de la brisa fresca que llegaba del Cantábrico. A los pocos minutos se marchó a la cama relajada y tranquila donde entró en un profundo sueño. Sueño que se vio roto con la llegada ruidosa del hombre de la casa. Vera le conocía muy bien y no quiso importunarle. Por eso cuando él encendió la luz del dormitorio y, balbuceando, le dijo “¡me cago en Dios, he vuelto a perder!”, ella intentó consolarle con un “no pasa nada Fermín, acuéstate. Unas veces se gana y otras se pierde”. Le fue inútil. El hombre descargó su furia y su malestar en ella a puñetazos, llegándole a partir el labio de un manotazo. “No, no. No me pegues más, te lo suplico”, repetía Vera entre sollozos al tiempo que protegía la cabeza con sus brazos. Fermín, a sus cincuenta años, era un hombre corpulento, grande, del que era difícil de escapar a pesar de su embriaguez. Tras la descarga de varios golpes sobre ella, se quedó tumbado sobre la cama con la respiración entrecortada. Minutos después, Vera le oía roncar plácidamente. Fue entonces cuando, dolorida y magullada, se incorporó del rincón del cuarto donde había quedado maltrecha. Con paso lento caminó hasta el baño. Presenció en el espejo las mismas heridas de otras veces, las mismas marcas, idénticos moretones, iguales signos de violencia sobre su cuerpo a los que estaba ya tan acostumbrada a padecer. Aquella visión tan repetida hizo que rompiera a llorar desconsoladamente, que enrojecieran y se hincharan sus agrietados ojos verdes.
Pasado un tiempo se lavó la cara y se curó el labio partido. La cabeza parecía estallarle. Se tomó un Optalidón antes de volver con su agresor. Los dolores le impedían conciliar el sueño. Tal vez por eso, sus pensamientos hicieron que recordara el barco. El ferry que todas las tardes veía partir desde su ventana.
Sabía que dicha nave hacía la ruta Santander- Plymouth. Puede que aquella noche, según se decía un tanto mágica, provocase en Vera el firme propósito de escapar, de irse a Inglaterra. Su prima Carmina, conocedora de la situación, le insistía en sus cartas que se fuera con ella a Londres. Que le sería fácil encontrar trabajo de planchadora o de cocinera en algún hotel lujoso de la ciudad. También podría cuidar de alguna anciana dama de los barrios residenciales o simplemente trabajar en cualquier fábrica.
Pasaban las horas. Vera se imaginaba en la cubierta del ferry dejando atrás una vida de sinsabores y lamentos. Parecía sentir desde su lecho el mismo aire fresco y reconfortante que sentirían los ocupantes del barco al dejar la bahía. Con esa sensación placentera consiguió dormirse.
Por la mañana se despertó sobresaltada. Fermín continuaba roncando entre fuertes bufidos. Recordó que ese día a su marido le tocaba librar en el trabajo y dejó que continuara durmiendo. Le inquietaba saber que para viajar sola hasta Inglaterra necesitaba obtener el pasaporte con la autorización de su marido. Y eso tenía claro que no sería posible. Se levantó con los mismos dolores pero aún así, sacó fuerzas para aviar lo más pronto posible la casa. Se empolvó el rostro para tapar las huellas de la paliza e hizo algo de compra en el mercado de abastos. Después, fue a ver a su amiga Enriqueta. Tras contarle lo sucedido la pasada noche, le explicó el complicado plan que tenía en mente.
Sin perder tiempo fueron hasta el consulado inglés y la comisaría central, donde recabaron la información y las solicitudes necesarias. Vera explicó a los funcionarios con absoluta naturalidad que debía ir a Inglaterra para cuidar de una prima enferma que vivía en Londres. A media mañana las dos amigas rellenaban los impresos en la mesa de un kiosco de la playa de la Magdalena. Enriqueta imitó la firma de Fermín con muy buen resultado. Más tarde, brindaron con limonada para que todo saliera bien y se fundieron en un intenso abrazo. Quedaron en tramitar la documentación al día siguiente. Vera prefirió que su amiga se llevara los papeles a casa para evitar que se malograra el plan urdido.
Sería la una del mediodía cuando la ilusionada mujer entraba por la puerta de su casa. El marido continuaba en la cama. “Mejor. Así no tendré que darle explicaciones de dónde he estado”, meditó dibujando una sonrisa en su rostro. El resto del día entre los dos transcurrió de la siguiente manera:
Ella preparó una sopa de verduras y pollo al ajillo para comer. Él se levantó como si no hubiera pasado nada. Ella quitó las sábanas de la cama y las puso en remojo en la pila. Él se afeitó y se aseó. Juntos comieron en silencio. Ella recogió la mesa y la cocina. Él encendió el televisor. Ella le sirvió un café con un chorro de anís. Él se fumó un cigarrillo. Ella terminó de limpiar la cocina. Él vio el telediario. Ella cogió de las cuerdas la ropa tendida. Él continuó sentado en el sofá. Ella dobló la ropa para guardarla. Él volvió a fumar. Ella encendió la radio de la cocina. Él cogió un periódico atrasado y apagó el televisor. Ella fregó y guardó el vaso y la cucharilla del café de él. Él empezó un crucigrama del periódico. Ella zurció dos pares de calcetines. Él pegó una cabezada en el sofá. Ella escuchó su radionovela favorita. Él se despertó y volvió a fumar. Ella se puso a planchar en la mesa de camilla. Él volvió a encender el televisor. Ella vio el ferry por la ventana y continuó planchando. Él estiró los brazos para desentumecerse. Ella le dijo que si no cambiaba, cualquier día se iría en aquel ferry. Él se levantó del sofá para acariciarle la espalda. Ella continuó planchando. Él le contestó que dónde iba  a estar mejor que con él y le juró que no volvería a pegarle. Ella siguió con la mirada la marcha del ferry. Él cogió otro Ducados. Ella guardó la ropa planchada. Él se arregló para salir diciendo que volvería pronto. Ella fue cogiendo todo lo que él dejó por medio. Él paseó tranquilamente camino de un parque cercano. Ella lavó a mano las sábanas que dejó en remojo. Él se acercó a la zona donde unos conocidos jugaban a la petanca. Ella peló unas judías verdes y las puso a cocer. Él volvió a fumar mientras comentaba la partida de petanca. Ella limpió unas sardinas que eran para cenar. Él se despidió del grupo del parque y marchó hacia el barrio pesquero. Ella regó los geranios que adornaban su balcón. Él entró en una taberna de pescadores y se tomó un vino. Ella repasó las sábanas por si necesitaba meterlas en azulete. Él degustó su vino a la vez que fumaba de nuevo. Ella optó por tender las sábanas. Él miró el reloj y pensó en volver a casa. Ella se volvió a curar el labio. El cogió el camino de vuelta sin demasiada prisa. Ella intentó descansar un rato en el sofá acompañada del televisor. Él apareció a los pocos minutos. Ella se sorprendió que llegase tan pronto. Él comentó que quería cenar, que el paseo le había dado apetito. Ella volvió a la cocina y dispuso la mesa. Él se sentó en su sillón para descansar mientras esperaba la cena. Ella le sirvió las judías verdes y le indicó que ya estaban puestas en la mesa. Él se acomodó frente al plato y comenzó a comer. Ella, mientras, frió las sardinas. Él terminaba la verdura cuando ella se sentó a la mesa. Él casi se come todas las sardinas, luego le pidió una manzana. Ella se levantó y le trajo varias para que escogiera. Él se llevó la manzana al sillón para seguir viendo la televisión. Ella terminó de cenar poco después y recogió la mesa. Él reía con una película de Cantinflas. Ella fregaba en la cocina. Él fumaba relajado. Ella se acordaba del ferry. Él estaba atento a la película. Ella sonreía viéndose en la cubierta del barco. Él le pidió que viera con él la película. Ella se sentó en su sitio del sofá. Los dos reían ante el televisor por motivos diferentes.
Al terminar la película se fueron a la cama. Fermín le insinuó hacer algo antes de dormirse. Vera se negó a sus intenciones porque todavía sentía los dolores de los golpes recibidos la noche anterior. Él pareció conformarse, tal vez compadecerse, y se dio media vuelta dándole la espalda.
Vera cayó en ese momento en la cuenta de que había sido mejor no haber podido darle hijos. Aunque nunca se demostró la fertilidad de él. No podía soportar la idea que también hubieran sufrido los maltratos de ese padre. Después su cansancio hizo que se durmiera, no sin antes rezar sus oraciones de todas las noches.
Fermín madrugó para irse al trabajo. Horas después, como acordaron, Enriqueta y ella entregaron la documentación requerida. Todo siguió su curso normal. Volvieron a recordarles que el pasaporte tardaría algo más de un mes en poder recogerse. Vera calculó que para primeros de agosto podría irse. Era cuestión de esperar un poco más.
A finales de julio tenía el pasaporte en sus manos. Volvió a pedirle a su amiga que se lo guardara para no ser descubierto por Fermín. A sus cuarenta y nueve años se la veía más entusiasmada que nunca, dispuesta a cambiar el destino de su vida. Del fondo de una lata metálica de Cola Cao sacó una bolsa de plástico que contenía algunos billetes. Era todo lo que había podido ahorrar en varios años sisando de aquí y de allá. Cerca de veinticinco mil pesetas estaban escondidas bajo el cacao de aquella lata esperando a salir y circular  libremente por el mundo. En eso se parecían a su dueña.
Vera volvió a esconder el dinero y se ocupó, como siempre, de las tareas del hogar. Primero la limpieza, luego la comida, después… Ensimismada en sus labores se reconfortaba pensando en la carta que escribiría  a su prima comunicándole su inminente partida. Debería escribirle antes que él volviera. Por la tarde iría con Enriqueta a la estación marítima para sacar el pasaje del ferry. Se marcharía a primeros de agosto.
No le fue posible. Su marido apareció por casa antes de lo habitual; bebido, apestando a vino y tabaco. Faltó al trabajo y jugó a las cartas perdiendo de nuevo. A ella sólo le dio tiempo a decir “¿qué haces aquí?”, antes de que él descargara sobre ella toda su ira; golpeándole en la cabeza con el atizador de la cocina de carbón mientras le gritaba “¡te importa tres cojones lo que yo haga y cuándo venga!”.
Una fractura en el cráneo, dos costillas rotas a puñetazos, varios hematomas por todo el cuerpo y diversas heridas fueron el resultado del mayor ataque violento provocado por Fermín. Ella estuvo convaleciente y postrada  en el hospital hasta mediados de septiembre. Él tan sólo estuvo quince días en el calabozo por aquella agresión.
EPÍLOGO:

Aunque  Santander este año ha sido más caluroso que de costumbre, la época estival va llegando a su fin. El sol se esconde antes y los días, lentamente, van siendo más cortos. Ya es habitual ver a decenas de bandadas de aves cruzar el cielo de norte a sur, en busca de tierras más cálidas.
Vera, al levantarse de la siesta, camina hasta la cocina con paso inseguro, arrastrando las piernas. Tras beber un poco de agua, se coloca las gafas y se acerca hasta el calendario que hay colgado en la pared. Sabe en el día en que está porque aún no lo tiene tachado en el almanaque. Comprueba que es viernes, 22 de septiembre de 2006. Después vuelve a su cuarto y se viste para salir. Sobre las seis vendrá Pilar, la cuidadora social, para prestarle el servicio diario. Prefiere que hoy no haga nada en la casa y ocupe su tiempo en dar un paseo con ella. Prefiere que la lleve hasta el muelle. Quiere ver cómo zarpan los barcos.
Los barcos.
Son las seis y media de la tarde  del último día del verano. Una mujer anciana solloza viendo partir un ferry que se aleja en lontananza.


 © Ceferino Otálora (Mos).
Enero de 2007
Imágenes tomadas de Internet.

48 comentarios:

Mos dijo...

En lo que llevamos de año van cinco mujeres fallecidas por violencia de género. El 2011 se saldó con 66 víctimas.
Ninguna mujer tiene que aguantar a un maltratador. Todas las mujeres tienen que hacer lo posible por desprenderse de ese yugo infernal. La vida está fuera de esas cuatro paredes malditas. No hay que aguantar ni un minuto más.

Por eso escribí este largo y complejo relato.

Un abrazo desde la orilla de las palabras.

Anna Jorba Ricart dijo...

Me ha conmovido el relato por el realismo en todas y cada una de las situaciones y de los instantes penosos que tan bien describes.
Una verguenza que arrastra esta sociedad de "machos cobardes" y que a pesar de las prevenciones y de los telefonos de SOS, como bien dices llevamos en pocos dias cinco mujeres y quien sabe cuantas maltratadas que aún por miedo, no serán capaces de denunciar.
Me apunto a esta queja suscribiendo tu sentir.
Me ha gustado.
Recibe mi saludo.

Teresa dijo...

¡Hola Mos!

Cruel realidad la que nos relatas. A veces a las víctimas les cuesta denunciar creyendo que es sólo un comportamiento pasajero, pero en muy raras ocasiones suelo ocurrir esto.

Éstas personas tan cobardes nunca reconocer sus errores, y por consiguiente jamás modificarán su conducta.

Buen relato.

Besos.

Diana Ƹ̴Ӂ̴Ʒ dijo...

Hola Mos, que estremecedora historia has narrado de aquella mujer que soporto por años tanta violencia de su cónyuge, y es que de solo imaginarlo, no concibo la idea de aguantar tanto maltrato.

Y concuerdo contigo en tu comentario final, esa ola de maltratos tiene que frenar, y la forma más acertada es denunciando, sin temor a nada.

Ante estos casos, he sabido que muchas mujeres se reprimen por tener la falsa esperanza de que sus parejas van ha cambiar, o que es su obligación de esposa aguantarlos, la mayoría de víctimas, pierde por completo la autoestima y se cohíben de enfrentar las criticas de su entorno con el equívoco temor de ser mal vistas ante la sociedad. Gravísimo error desde luego.

No hay nada que justifique la violencia física o psicológica, basta ya!

Un cálido abrazo alado, Mos y Felicitaciones por abordar un tema tan relevante en la actualidad.

Mos dijo...

ANNA, TERESA, DIANA: Este estremecedor relato comienza en 1975. Los derechos de la mujer han cambiado. Ya no hace falta el permiso del marido para poder moverte con libertad pero sigue habiendo machismo y miedo. Termina el relato en el año 2006 y Vera sigue viendo los ferrys pasar. Esos ferrys que debió coger la primera vez que fue golpeada por su pareja.
Gracias por seguir mi blog.
Un abrazo desde la orilla de las palabras.

Rafa Hernández dijo...

Magnifico y a su vez estremecedor relato. Amigo Mos no me duelen prendas en felicitarte por tus conocimientos literarios. Repugnante lo que ocurre en esta sociedad, con esa serie de mamarrachos, inútiles, pendencieros y cobardes que maltratan a la mujer. Terrible lo que tiene que soportar Vera de ese mierda de marido que se llama Fermín. A los sanfermines tenía que ir pero para que lo empitonara un toro. Y que lástima de Vera que nunca pudo coger ese ferry. Un abrazo Mos, y una vez más enhorabuena amigo.

Mos dijo...

Rafa: Te agradezco tus palabras en las que valoras mis conocimientos literarios. No es para tanto, sinceramente. Hago lo que puedo y, por supuesto, intento plasmarlo lo mejor que sé aunque no siempre lo consigo.
Hasta que la sociedad no rechace completamente al maltratador y la mujer no entienda que, por muy pocas salidas que vea, la felicidad y la vida están al otro lado de la puerta, no cesará esta violencia.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Cuantas ilusiones rotas, silencios y sobre todo sufrimiento se esconde tras esa injusticia. La injusticia de creer que el hombre es "más" que la mujer, y que puede hacer con ella lo que le plazca. Quiero pensar que la sociedad avanza en ese sentido, pero alguna vez he visto parejas muy jóvenes aceptando ese sistema, el de la sumisión de uno bajo el otro...
Tu relato transmite la tristeza de esa situación, el paso del tiempo sin salida, la eterna esperanza truncada... y lo haces con mucho realismo y con un estilo que anima a seguir leyendo a pesar de eso, de que el tema es difícil, muy difícil.

No hay nada que justifique el asesinato, ni tan siquiera los golpes, y eso es, como dices, tarea de tod@s, no es fácil, porque tanta violencia hunde sus raices en muchos siglos de tradiciones crueles, pero es posible.

Un abrazo.

P.D: ya me ampliarás sobre esa propuesta que me comentabas el miércoles, escríbeme cuando quieras :)

Mos dijo...

Amigo Ximo: La realidad está ahí, en el día día. La sociedad debe condenar estos actos tan cotidianos y cercanos seguramente a cualquiera de nosotros y nuestro entorno.
Ojalá que mi relato fuera sólo fruto de mi imaginación pero las noticias dicen que no es así.
Un abrazo y gracias por leer un relato tan extenso y derrotista.

Mos desde la orilla de las palabras.

TriniReina dijo...

Mos, aún sin los golpes, has narrado a la perfección la cotidianidad de cualquier mujer, sobre todo de hace años o mujeres rurales que aún hacen las mismas cosas todos los días, y digo sin los golpes físicos. Esa es otra historia, desgraciadamente, también cotidiana. Una plaga difícil de erradicar y que lejos de so parece que se agrava. Sí, debemos de luchar todos porque esto pase a formar parte del negro pasado, pero mientras, día sí y día también, sigue sucediendo. Algo falla y es dolorosamente evidente:(

Te felicito por el relato

Abrazos

disancor dijo...

Un relato conmovedor, sobre cosas de desgraciada actualidad. Muy bien escrito.
Te deseo un buen fin de semana.
Un abrazo.

Mos dijo...

Amiga Trini: HAy que erradicar esa violencia machista como hay que erradicar el terrorismo: sin bajar la guardia y poniéndoselo difícil a los maltratadores.
Por otro lado, la mujer es cierto que ha cambiado su estilo de vida en nuestro tiempo pero quedan muchas lagunas, muchas vidas de mujer que no han conseguido satisfacer su mundo interior y su estima.
Hay que avanzar más, Trini.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Mos dijo...

Amigo Disancor: Por desgracia sigue teniendo plena actualidad. Rechazo al maltratador de todas todas.

Un abrazo desde la orilla de las palabras.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Vaya, el señor Blogger se ha tragado mi comentario.

Te decía que es un relato estupendo. La dulce y abnegada Vera no merecía ese maltrato. ¡Lástima que la brutal paliza le impidiera coger el ferry!

Una lacra la violencia de género, Mos. Las mujeres deben denunciar, no ceder a ese estado de conciencia que conlleva el maltrato y que las introduce en un laberinto oscuro donde llegan a pensar que hasta lo merecen, así de mermada tienen su autoestima.

Un abrazo.

Rosana Martí dijo...

Un relato para pensar, pero no hay que dar píe al género machista, en este caso soy radical; "Al enemigo ni agua".

Un fuerte abrazo de Rosana.

http://poemasrosana.blogspot.com

María dijo...

Eran esos tiempos terribles en los que si una muje iba a denunciar se podía encontrar con que la policía dijera aquello de: "si le ha pegado sus motivos tendrá" o barbaridad similar.

Muy emotivo, Paisano, de lo que te llega al alma.

Besos

Jorge del Nozal dijo...

Hola Mos.
Cuando he visto tu entrada, me he dicho "¡¡menudo
tocho, después lo leeré!!". Pero me he puesto a leerlo para ver de que va y ya no lo he podido dejar. Me ha encantado. Has descrito la situación perfectamente. Está muy bien escrito.Solo te voy
a poner un pero si me lo permites y es la parte en que repites constantemente "el y ella" hace que te distraigas en vez de centrarte.
Por lo demás un 10. ¡Enhorabuena!.
Un abrazo.

Mos dijo...

Amiga Isabel: Es cierto que tienen mermada la autoestima todas las mujeres que no salen de su opresor. Supongo que se daba más en los años 70 que es donde ubico cronológicamente el relato. Aunque ahora, 2012 ya, siguen habiendo mujeres maltratadas y muertas por ello.
Pasan los años y Vera, ya anciana y minusválida posiblemente por otras palizas recibidas, sigue viendo pasar los ferrys. Es triste que sea así pero es mi forma de hacer ver a las mujeres que se encuentren en esa situación que se vayan cuanto antes "en cualquier ferry".
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras

Mos dijo...

Amiga Roxana: Eso digo yo también. Al enemigo ni agua.
Gracias por pasarte por la orilla de las palabras.

Mos dijo...

Amiga María: Eran otros tiempos donde el poder del marido era más admitido, pero digo lo mismo que en otros comentarios, ¿y ahora en el 2012?
Las mujeres sois más débiles físicamente y menos violentas. Y de eso se aprovechan los machitos.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Mos dijo...

Amigo Jorge: Gracias por aguantar y leer este tocho hasta el final. Yo entiendo que los relatos largos implican más atención y, sobre todo, tiempo delante de la pantalla.
Sabía, y esperaba, que alguien me dijera lo que tú has remarcado con un "pero". Intentaré explicarlo:
A la hora de construir esta historia se me ocurrían muchos detalles que luego intenté obviar porque si no lo hago, me sale una historia con el doble de páginas. Por otro lado, quería enfatizar aunque fuese algo cargante lo que era en aquella casa una jornada donde el marido no trabajaba; es decir, estaba de descanso y donde a la "pobre" Vera no le quedaba otra que seguir con sus tareas casi sin rechistar. Entiendo que es un tramo del relato "difícil" y que puede "chirriar" al lector pero repito que mi intención era que se visualizara con sus acciones (pormenorizadas en el relato), la diferencia entre la mujer (abnegada) y el hombre (egoísta).
De todas formas, querido Jorge, haces bien en puntualizarme ese detalle que, por otro lado y sinceramente lo digo, no deja de ser un "experimento algo extraño" que se me ocurrió a la hora de montar la historia.
Insisto en darte las gracias por leer este relato tan largo y por tu comentario.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Perséfone dijo...

Vaya... qué historia tan triste. Pero qué real al mismo tiempo. Me hubiese encantado leer otro final.

Resulta imposible terminar de leer tu maravillosa entrada sin desear que llegue el día en que estas cosas sólo puedan leerse en los relatos de ficción, en lugar de en los periódicos.

Un abrazo.

Tesa dijo...

He sentido muchas emociones mientras leía tu excelente relato, Mos.

Mi recuerdo de los dos años y medio que viví en Santander, el reportage fotográfico que hice sobre FEVE para una revista y, sobre todo, los montones de testimonios narrados en primera persona y grabados por Xavi para su libro "Maltratadas: El infierno de la violencia sobre las mujeres"

Unos testimonios tan terribles que parecían argumentos para una película de terror.

En ese tiempo entendí como el maltratador va reduciendo la autoestima de la mujer, como la aisla y consigue que se sienta culpable y como eso y el entorno que no se implica ni denuncia las incapacita para liberarse.

En muchos casos son los hijos ya mayores los que las animan a abandonar el infierno.

Un relato muy potente, Mos. Un abrazo

Ah, y gracias por tus comentarios en mi blog que son siempre divinos.

Mos dijo...

Amiga Perséfone: A veces hacen falta entradas así para despertar a la cruda realidad. Ojalá todas las mujeres maltratadas cogiesen la puerta y dijeran ahí te quedas, mundo amargo.

Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Mos dijo...

Querida Tesa: Con tus entradas siempre se saca algo provechoso. Con las entradas cuasi cómicas te pasas un rato chachi. Con las entradas más serias, te da por pensar y exponer tu punto de vista. Por tanto, amiga Tesa, me encanta entrar en el almacén de los libros olvidados.
Gracias por leer este "pesado" y duro relato. Me alegra saber que has visualizado muchas situaciones vividas porque quiere decir que he logrado transportarte adentro de la historia.
Siempre bien recibida, Tesa.
Un abrazo desde la orilla de las palabras.

fus dijo...

El relato es estremecedor y el final es bastante amargo, ver a una mujer maltratada, rota y sin una vida propia. La parte de èl y ella ,donde relata lo que hace cada uno, me resulta extraña. Me imagino que seràn cosas del autor.

un fuerte abrazo

fus

Mos dijo...

Amigo Fus: Sí que estremece el relato y es triste en sí. Vera dejó pasar demasiados barcos en su vida y su verdugo ejercía demasiado poder sobre ella. Insisto en que quería demostrar lo que a cualquier mujer maltratada (antes y ahora) le puede suceder si no toma la decisión de huir de su cárcel.
Reconozco que es extraña la parte que mencionas de él-ella. Lo he explicado más arriba en el comentario que le hago a Jorge. Es un poco "experimento" para enfatizar y llegar a sentir agobio en describir una jornada de la pareja donde claramente él no hace ni las ganas.¡ Claro, como él es el que manda !.

gracias por acercarte a la orilla de las palabras y leer algo tan largo y desalentador.
Mos.

Beatriz Salas dijo...

Ainsss Mos... llevo un rato recuperándome por las emociones que has producido con tu relato. Es tan real, tan minucioso, tan cercano a mi lejano pasado... Uff, me has dejado completamente conmovida. Son tantas las coincidencias...
Sabes? yo me fui tras la primera paliza por borrachera. Yo he vivido en Santander donde veía salir los Ferrys camino a Londres donde he vivido. Adoro vivir en Inglaterra, en el norte. Yo... bueno, da lo mismo... es el pasado.
Gracias querido amigo, has conseguido removerme y eso, a veces, viene bien.
Un fuerte abrazo agradecido y cariñoso.

chus dijo...

Mira voy responderte algo, conte qe te respondi, pero no aparece, me di cuenta por ver su asencia grrrrrrrrrr. Queria decirm yo soy de santander y ese ferrys es muy cocido para mi, normal ¿verdad?. HABER SI TENGO SUERTE Y PUEDO ENVIAR. UN ABRAZO

ion-laos dijo...

Hola Mos, encantada de estar aquí y de tu visita, bueno, se ve que por lo que sea, el momento es ahora de que nos comuniquemos.

Pobre Vera, demasiado esperar para nada. Hasta que no cambien las leyes seguiremos igual.

Me quedo en tu casita, con tu permiso.

Buena semana, besos!

Mos dijo...

Amiga Beatriz: Qué coincidencia. Igual es que hay mentes que se comunican y tú y yo estamos conectados.
Bueno, qué bueno Beatriz que te fueras a la primera paliza. Qué bueno que ahora lo cuentes desde la distancia.
Es cierto que, a veces, recordar viene bien para ver lo que se ha cambiado.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Mos dijo...

Querida Chus: No sabía que eras de Santander donde, desde luego, ese ferry es muy conocido.
Gracias por pasar por la orilla de las palabras.

No sé qué pasa con los blogs, google y los comentarios que hay mucha gente con problemas para acceder bien.

Mos dijo...

Ion-laos: Bienvenida a la orilla de las palabras.
Seguiremos en contacto.
Mos.

ion-laos dijo...

Buenas noches Mos, están con la interfaz nueva y eso a veces influye, también las ventanas incrustadas como esta que tienes, dan problemas, yo la tuve que poner emergente. Paciencia.

anchy dijo...

¡¡HOLA MOS!! REALMENTE TRISTE QUE CON EL FERRY SE MARCHARAN LOS SUEÑOS DE VERA... LA VIDA DE VERA...LA LIBERTAD DE VERA 1976-2006 TREINTA AÑOS PERDIDOS, MALOGRADOS, SECUESTRADOS.
UNA VIDA QUE SOLO A ELLA PERTENECIA POR DERECHO PROPIO ARREBATADA POR LAS GARRAS DE UN COBARDE.
CUANTAS VERAS SUFRIENDO EN SILENCIO POR HOMBRES SIN ALMA... SE LE FUÉ SU TODO EN AQUEL FERRY PARA NUNCA MAS VOLVER. (TRISTE HISTORIA...REAL COMO LA VIDA MISMA) SALUDOS

Perlita dijo...

MOS...¡qué cosa tan tremenda la de esta historia...! Si no fuera porque estas cosas pasan...Gracias a Dios que no me ha cogido un caso así ni de lejos. Solo lo que se lee, pero yo creo que aguantaría una primera vez un maltrato, porque la segunda...No quiero ni pensarlo, paisano, pero no sería tan buena ni abnegada.

Un fuerte abrazo, Carmen.

Narci dijo...

Estupendo relato, Mos, me ha gustado especialmente ese paralelismo entre las actividades de uno y otro protagonista.
Siempre he pensado que uno de los problemas de estos maltratadores es precisamente tener tantas horas de ocio, dan su jornada y luego ya no les queda nada que hacer salvo dedicarse a sus vicios y descargas sus iras en palizas, en lugar de colaborar en la casa y sentirse útiles y mínimamente autosuficientes, además de utilizar adecuadamente su plétora de energía y fuerza bruta.

Besos y felicitaciones por tu triste relato de una historia que encierra miles de historias de mujeres distintas-

Mos dijo...

Amiga Anchy, tú lo has dicho, triste historia pero real como la vida misma.
Hay que convencer a las mujeres maltratadas para que salgan del opresor y busquen nuevos horizontes.
Un abrazo desde la orilla de las palabras.
Mos.

Mos dijo...

Amiga Perlita, paisana: Estoy convencido que al primer cachiporrazo que te dieran, te largabas. Y eso es lo que hay que hacer.
Sé que mi historia es triste y desoladora pero creo que es mejor así. Puede que con ello conciencie más a los lectores. Claro que, seguramente, los que vienen a leer no sufren tal desgracia.
Un final feliz también es posible y puede que más esperado en el relato pero creo que sería más artificial. La verdad es que tengo mis dudas.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

Mos dijo...

Amiga Narci: Eres la primera que me habla bien de esa parte de ella-él tan minuciosa de las tareas de los dos en un día de descanso.
Puede que tengas razón en tu planteamiento y los maltratadores gozan de más "tiempo libre" porque son machistas y colaboran lo menos posible. En todo caso emplean su tiempo libre en mirar sólo para ellos.

Un abrazo y gracias por acercarte a la orilla de las palabras.

Lola Rubio dijo...

Es un estremecedor relato, narrado magníficamente con profusión de detalles, y de situaciones de aquella época. Lamentablemente hay aún muchos "Fermines" y, por desgracia muchas "Veras". Seguí con detenimiento la narración, con la esperanza de que la protagonista huyera a un hogar mejor. Es de admirar la entereza y abnegación con la que sufre en silencio su destino. En un momento se dice "Afortuadamente no hemos tenido hijos". Y es que... en estas situaciones los que más sufren son los menores. Mi felicitación más sincera por tu narración. Un abrazo.

Mos dijo...

Amiga Lola Rubio: Me ha gustado mucho tu comentario porque entras en detalles de la narración y das tu punto de vista. Me alegra saber que te ha parecido una buena narración.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

ion-laos dijo...

Hola Mos, verás la nueva interfaz de blogger es que va a cambiar todo el formato del escritorio, las entradas, los perfiles, etc. Cuando vas a publicar los comentarios, arriba te dice probar la nueva interfaz, yo como soy muy miedosa y por si acaso, no toco nada, total, ya lo va a hacer blogger si o sí. Las ventanas como la tuya, por lo que sea, por blogger, no sé, están dando problemas para comentar, entonces vas a diseño, pinchas en comentarios y buscas la casilla de ventana emergente, das a guardar y ya está. Te dejo el enlace de un blog que entiende de todo esto y mucho más y contesta en su blog muy prontito. Es muy buena persona y lo explica todo con mucha claridad.

http://deltejado.blogspot.com/

Si tienes alguna duda y está en mi mano, aquí estoy.

Besos.

Mariela Parma dijo...

Hola!!!! Estoy en la blogoteca.20minutos. me gustaría que pasases y des tu opinión y si puedes votar, en buena hora!! Es la primera vez y quiero hacer conocer el blog!!!
te espero por http://lablogoteca.20minutos.es/todo-preescolar-15750/0/
Espero te guste!!
Muy bueno tu blog!!!
saludos

Oréadas dijo...

Por fin Mos!! llevo intentado comentar 3 días, y no había forma. Me aparecía la pantalla en blanco y sin opción alguna para comentárte.

Estremecedor relato, tantas mujeres esperan el día, el último día sin saber lo que les espera mañana.
Un besito.
Pd: A pesar de la dureza del tema, me encantó :-)

Mos dijo...

Amiga ion-laos: Te doy las gracias y he ido al blog que me aconsejas. No sé qué pasa con Blogger pero hay gente que me ha dicho que no puede comentarme.

Mos dijo...

Amiga Darilea: sabía que pasaba algo que te hacía no comentarme a tiempo.

Espero que dejen entrar a mi blog como siempre. A ver si es que estoy intervenido por alguna fuerza controladora.:):):)

Un abrazo y gracias por estar ahí.
Mos.

ion-laos dijo...

Hola Mos, ya veo que has cambiado la ventana y gente que ya puede comentarte. Qué más da, ya te pueden comentar, es lo importante.

Besos.