VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

Seguidores

domingo, 27 de noviembre de 2011

NOVIEMBRE DE CELEBRACIONES


Está claro: Noviembre es mi mes, sí. El mes de Mos. El mes de Mos en la orilla y sus dos años de existencia. El mes de las 20.000 visitas y los más de 50 seguidores. Y muy pronto habré colgado 100 entradas.    Poco a poco, sin prisa, mi orilla va creciendo y yo con ella. Ah, se me olvidaba, también es mi mes porque hoy he cumplido 51 años. Sí, soy de los que piensan que cumplir años también es motivo de celebración. Aunque a veces te fastidie ver cómo pasan los años, pero bueno.
Gracias a todos por estar ahí. Gracias por seguirme. Gracias por aportarme tantas cosas interesantes. Gracias por leerme y por mostraros como sois. Gracias por los comentarios. Es para mí un honor haberos conocido a través de internet. 
Ojalá que algún día os conozca en persona.
Un abrazo de Mos desde mi orilla en fiesta.




sábado, 19 de noviembre de 2011

UNA ORILLA INUNDADA DE MÚSICA (8): YOU SHOULD BE DANCING. BEE GEES


 BEE GEES
Bee Gees fue un grupo británico formado por tres hermanos: Barry  y los gemelos Maurice y Robin  Gibb. Su nombre proviene de coger en inglés las iniciales de “Hermanos Gibb /Brothers Gibb = Bee Gees” . Su familia emigró a Australia a finales de los 50 y, desde allí, comenzaron su carrera musical con algunos temas de poca relevancia. Los tres hermanos decidieron volver a Inglaterra con algunas maquetas bajo el brazo para probar mejor suerte. Allí dieron con Brian Epstein, representante de los Beatles, que los puso en contacto con Robert Stigwood que fue su manager durante muchos años y con el que cosecharon sus mayores éxitos. Los seguidores del grupo no podemos olvidar sus primeras baladas ( To love somebody, Massachusetts, Words, First of May, etc), pero no fue hasta la década de los 70, siempre con el asesoramiento de Stigwood y ya instalados en Miami, cuando se convirtieron en ídolos de masas. A ello contribuyó el falsete que comenzó a utilizar Barry en algunas canciones pioneras de lo que sería la música disco (“You should be dancing” del álbum CHILDREN OF THE WORLD.1976). La fama le vendría un año después, 1977,  con sus canciones incluidas en la banda sonora de la película “Fiebre del Sábado Noche”. Los años 80 también fueron buenos para los Bee Gees que siguieron en la brecha  cosechando varios premios musicales internacionales. En el 2003 murió Maurice repentinamente y Barry y Robin siguieron su carrera en solitario aunque se han juntado para actos benéficos. Hay rumores que indican que volverán a unirse para un disco conmemorativo de su 50 aniversario. Su canción más conocida y versionada es “How deep is your love”.

YOU SHOULD BE DANCING
“Mis compañeros  del internado y yo salíamos la tarde del sábado por Villagarcía. Primero íbamos a unos salones recreativos, el Pin Club, donde jugábamos unas partidas de ping pong o echábamos unas monedas a las máquinas de petacos (pinball) para hacer tiempo hasta las 7, hora en que abrían la discoteca Totem. Allí quedábamos con amigas del pueblo y, como hechizados por la música, bailábamos casi todo. Lo mismo daba el rock de Patti Smith o Led Zeppelin que la música disco de  Tina Charles o Donna Summer. Éramos jóvenes de diecisiete años, soñadores, idealistas, receptivos, descubriendo el mundo y a nosotros mismos un poco más cada día. “You should be dancing” era entonces una de mis preferidas para salir a la pista. Venga, vamos; todos a bailar, amigos”

sábado, 12 de noviembre de 2011

AVENIDA DE EUROPA

La fuerte lluvia golpea incesantemente sobre la ventana de mi cuarto de estar. Desde el interior, observo la amplia avenida que nace ante mí; que se pierde en el horizonte adentrándose en el centro de la ciudad. Las continuas ráfagas de aire arrastran las gruesas gotas de agua y salpican mi pequeño mirador. Moviendo la cabeza entre la luna transparente, busco los huecos libres sin salpicaduras que me permitan seguir mirando en esta tarde invernal.
Desde uno de los ojos de la séptima planta de este gigante de cemento, contemplo todo como si fuera un “voyeur”: un “voyeur” urbano.
Son las cinco y media. La poca gente que deambula por la calle, se apresura hasta sus casas para protegerse del frío y de las inesperadas gotas. Algunos viandantes buscan refugio en los bares de la zona. En pocos minutos, la ancha arteria se queda despoblada; sólo los automóviles caminan de un lado para otro por el asfalto.
Pero no. Allí al fondo, casi imperceptiblemente, hay una figura humana que se mueve. Lentamente.
No distingo muy bien quién puede ser. La curiosidad me hace permanecer tras los cristales y seguir su recorrido. Diría que viene hacia acá. Sigue lloviendo con la misma intensidad. Algunas veces el ramaje de los árboles, dispuestos en fila por toda la calle, me impide seguir todos sus movimientos. Esa persona se desplaza entre ellos, avanza muy despacio. ¿Por qué no se da más prisa y se cobija de la lluvia? No me gustaría estar ahí afuera, con este tiempo. Me entran escalofríos solo de pensarlo.

¡Menos mal!, la persona que sigo con la vista, ha dejado la arbolada acera para guarecerse en unos soportales. Calculo que está a algo menos de doscientos metros de mi edificio. Tengo la impresión que cojea..., sí, sí..., cojea del pie izquierdo; es una mujer, lleva un pañuelo tapándole la cabeza. Supongo que esperará a que cese de llover antes de proseguir su marcha.
Dejo de mirar por unos instantes.
Voy hasta el mueble y enciendo el televisor. A esta hora, la programación en cualquier cadena es básicamente infantil. Sin mucho interés lo dejo encendido en cualquier canal.
El olor a café que proviene de la cocina me indica que ya puedo retirar la cafetera del fuego y saborear una taza caliente. Vuelvo al cuarto con la bebida humeante, cojo un cigarrillo y lo enciendo. Me asomo a la ventana de nuevo.
El aire zarandea las ramas desnudas de los árboles. La lluvia es menos intensa ahora y en pocos minutos va desapareciendo. La mujer se dispone a salir de su parapeto. Con su mano derecha arrastra algo..., parece una saca de tela..., su cojera se hace más pronunciada. Todavía no distingo muy bien cómo es.
Termino el café y apuro el cigarro antes de apagarlo. Ya no llueve pero queda el frío. Aunque en casa, con la calefacción, las bajas temperaturas han dejado de ser un problema.
La desconocida mujer avanza hacia mi edificio. Pero, ¿qué hace? Se ha detenido en la primera papelera que encuentra tras reanudar su marcha. Es una papelera verde, de plástico, como tantas otras iguales a ella existentes a lo largo de la moderna avenida. Cada farola, en todo el trayecto, es abrazada por un ecológico buzón para materias inservibles.

Ya puedo distinguirla: es una anciana quien rebusca en el interior. No ha tenido suerte, se va sin nada. Sigue avanzando lentamente, arrastrando la saca por la mojada acera; esquivando los charcos. Próximo destino: la siguiente papelera de la siguiente farola.
Me alejo de la ventana y voy hasta la mesa. Enciendo otro cigarrillo. Con el mando a distancia del televisor, intento encontrar algo que sea interesante. En uno de los canales comienza un avance informativo. Subo el volumen y vuelvo a mi otro televisor; el que me ofrece las imágenes reales de mi ciudad, de mi calle. En su siguiente parada, la viejecita ha encontrado un periódico algo mojado. Lo introduce en su inseparable saca, estornuda. De uno de los bolsillos de su andrajoso abrigo negro, extrae un retorcido trapo y se suena la nariz. Durante unos segundos se apoya en la farola, mostrando un gesto de cansancio en su rostro.
Un automóvil gris, con estrella en el capó y nombre de mujer, aparca junto a ella. De él sale una pareja de edad madura; el hombre viste traje azul marino y se dispone a ponerse una gabardina también gris. Ella, muy arreglada, viste chaquetón negro de pieles.

La anciana parece pedirles algo; ellos niegan con el movimiento de sus cabezas. Caminan hacia las tiendas de los soportales, alejándose de ella. Van agarrados del brazo. Él mira para atrás hacia la anciana, luego cuchichea algo que hace mirar también a su compañera.
La viejita sigue caminando con paso lento. De repente, apresura su malograda marcha cuando ve los dos contenedores de basura que hay en un costado de mi urbanización.
El bloque informativo da paso a las noticias nacionales.
La senil mujer encuentra todo un tesoro entre aquellos desperdicios: dos barras de pan casi enteras, una botella grande de plástico, un jersey de lana que debió ser blanco, más periódicos, y, allí al lado, una caja de verdura y fruta desechada por la frutería de la esquina.

Se tantea los bolsillos del abrigo y encuentra una pequeña navaja. Con ella, quita un poco lo podrido de una de las manzanas antes de llevársela a la boca. Acomoda todo lo que puede en la saca. El resto lo guarda en una bolsa de plástico que también ha encontrado.
Poco a poco la calle vuelve a tener vida, la gente viene y va de nuevo y los automóviles encienden sus luces ante la proximidad de la noche. La cansada mujer tira con dificultad de su pesada carga. Después, dobla la esquina y ya no la veo.
En las noticias, el presidente del gobierno habla de la inminente salida de la crisis; que ya se vislumbra la recuperación económica tan necesaria para el país. El consejo de ministros aprueba los presupuestos para el próximo año, con una importante rebaja en la partida para gastos sociales.
Bajo la persiana. Desconecto el televisor. No quiero ver nada más. Todas las imágenes que veo me hacen daño.

© Ceferino Otálora (Mos). Febrero de 1995.
     Fotografías urbanas: Mos
     Foto del Mercedes-Benz tomada de Internet.






domingo, 6 de noviembre de 2011

TRES CITAS SOBRE LA POLÍTICA


1.) "Es un error huir de la política y no interesarse por ella porque, inevitablemente, ella estará contigo durante toda tu vida."
       YVES MONTAND (1922-1991). Cantante y actor francés.

2.) "La moral se esgrime cuando se está en la oposición. La política, cuando se ha obtenido el poder." 
      JOSÉ LUIS ARANGUREN (1909-1996). Filósofo español.

3.) "Vota al hombre que promete menos. Será el que menos te decepcione."
      WILLIAM M. RAMSAY (1851-1939). Historiador británico.