VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

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domingo, 30 de enero de 2011

CON TROZOS DEL ALMA



























CON TROZOS DEL ALMA

A veces, se empiezan poemas
con trozos del alma
esparcidos por el suelo.
Desolado por las heridas,
retiras la vista del papel,
miras a tu alrededor:
no puedes perder
ni el más minúsculo
de los fragmentos.
Por eso, antes de seguir escribiendo,
te agachas, buscas,
rastreas en cada rincón.
Recoges con las manos
cada porción dispersa
de tu espíritu quebrado.
Después, lo posas sobre la mesa
e intentas recomponerlo.
Cada pedazo que unes
te recuerda cómo eres,
de qué están hechos tus sentimientos,
tus prioridades y te afirmas
 en que nada, ni nadie,
podrá destruir del todo tu esencia.
Cuando pones la última pieza
compruebas que el alma
que tienes no es perfecta.
Aún así, la aceptas como tuya,
deseas que siga contigo
como compañera inseparable
de tu cuerpo.
Y el ser que eres
se completa de nuevo.
Al instante, una extraña señal
te devuelve al papel en blanco.
El largo invierno
parece disiparse.
El sol de marzo
se cuela por la ventana,
acaricia tu rostro.
Lentamente alejas tus pesares,
restauras la esperanza,
renuevas alientos:
¡venga!, ¡vamos!, te dices,
¡hay que seguir!;
sientes un gran alborozo por dentro,
brillan tus ojos, sonríes,
vas sembrando palabras
en aquel campo sin vida.
Y todo fluye. Y todo cambia.

A veces, se terminan poemas
con trozos del alma
abrazándose a los versos.

© Ceferino Otálora (Mos). 10 de marzo de 2009.
Imagen tomada de Internet. © Su autor.

domingo, 23 de enero de 2011

SONETO ROTUNDO

Plantar un árbol, no contaminar,
mares azules, cielos con ozono,
proteger la selva, salvar al mono.
Lo nocivo tratar de eliminar.

Ecología para caminar
por el planeta Tierra con buen tono.
Pero, por favor, que no haya abandono
de esa humanidad con tanto penar.

Pienso: “Si hubiera solidaridad,
ya no hablaríamos de Tercer Mundo,
de marginados, ni tercera edad”.

Con sus voces mi corazón inundo
para empaparlo de fraternidad.
¡Hambre no! Es mi soneto rotundo.


© Ceferino Otálora (Mos). Febrero de 1995.
    Imagen tomada de Internet. Copyright: Su autor.


domingo, 16 de enero de 2011

UNA ORILLA INUNDADA DE MÚSICA (3): MORE THAN A FEELING, BOSTON.


BOSTON
El grupo Boston publicó su primer disco en septiembre de 1976. El LP fue reconocido mundialmente haciendo que esta banda modesta de rock tuviera la aceptación de público y crítica. De hecho, fue premiado como álbum del año, mejor canción rock con “More than a feeling”, grupo revelación, mejor banda de rock y multidisco de platino con más de 17 millones de discos vendidos en muy poco tiempo.  Llamaba mucho la atención la original portada del disco: En el espacio, una serie de platillos volantes en forma de guitarra, parecían acercarse a la Tierra para invadirla.
El buen trabajo de su líder, Tom Scholz, guitarrista y compositor y los increíbles tonos de soprano del cantante Brad Delp son la marca registrada del grupo que sorprendió aquel año a todo el planeta.
Después del álbum debut vinieron otros cuatro más dispersos en el tiempo. De ellos rescataré la canción “Amanda” de su tercer disco “Third Stage”, que consiguió volver a los primeros puestos de las listas radiofónicas y nos hacía vibrar de nuevo con los matices vocales de Brad.
En marzo de 2007 murió Brad Delp y con ello parte de la esencia del grupo que, a pesar de ello, sigue en la brecha pero ya con otros aires menos influyentes y alejados del hard rock que les hizo famosos.

MORE THAN A FEELING (MÁS QUE UN SENTIMIENTO)

Fue en el verano de 1977. Nos dieron las vacaciones en el internado y todos volvimos a casa. Yo andaba siempre pegado a la radio y, desde hace un tiempo, sonaba insistentemente una canción de un grupo nuevo americano: Boston. “More than a feeling” tenía algo que llegaba y te hacía vibrar. Me compré la cassette de aquella banda y la escuchaba a todas horas contagiándome de todos sus ritmos y melodías. Ese mismo verano, pasé unos días en casa de mi amigo Víctor en Ciudad Real. Me llevé conmigo la cinta de Boston y los dos, adolescentes idealistas y soñadores, íbamos a todas partes con el radio-cassette a cuestas y el volumen bien alto dando la nota. Luego cuando volvimos al internado, insistiendo bastante, logramos que los salesianos compraran el disco y nos despertaran con él algunas mañanas. Eso fue para nosotros “más que un sentimiento”.


Copyright: Ceferino Otálora (Mos). Enero 2011.

 

domingo, 9 de enero de 2011

PERROS PARLANTES



Cuando Paco y la pequeña Lola vieron entrar a su dueño en la cocina,  supieron que su vida de perros sibaritas pasaría a ser una vida de perros; sin más.


Los dos chuchos callejeros, adoptados hace siete años en aquella casa, adquirieron un buen día la extraña habilidad de repetir los sonidos que escuchaban; como los loros y las cacatúas pero con más nitidez.  Aquella destreza les hizo famosos y tener cierto caché. Eran reclamados continuamente por las televisiones y sus amos sacaban pingües beneficios de los shows que contrataban.

La culpa de aquel infortunio perruno la tuvo el paté de oca que había en la mesa. La dueña solía premiarlos con tal delicatessen  cuando decían algunas frases  extensas y, a su juicio, más ocurrentes de lo normal. Sin embargo, en dicho almuerzo, el matrimonio conversaba haciendo caso omiso a los dos canes que, sin remedio,  se les hacía la boca agua con los efluvios provenientes del preciado manjar. Por ello Lola, comenzó a dar saltos ante su ama y a proferir palabras en alto de lo más…, cómo diría yo, de lo más ¿escuchadas?

—¡Oh, pero…qué lindo! —emitió la perrita con una dulce voz femenina de marcado acento dominicano—. ¡Me encantan la esmeraldas! ¿Significa esto, mi amor, que vas a dejar a la estúpida de tu mujer?

 Los comensales, un tanto atónitos, dejaron de probar bocado y, ejem, no les quedó otra que oír a sus queridos perros parlantes.
—Cómo puedes dudarlo, morena mía. —Ahora era Paco el que hablaba con la misma voz que su amo—. El anillo no es nada. Tienes que tener paciencia; sabes que sí, que me iré contigo al fin del mundo. Anda, chatunga, vuelve a la cama y hazme otra vez eso tan rico que tanto me gusta.

La mujer, con gesto iracundo, le tiró el plato del paté al marido y después se levantó sin mediar palabra. Él, con la cara desencajada, corrió tras ella intentando salir airoso de aquel marrón. Paco y Lola, cómo no, devoraron en un santiamén la sabrosa pasta de oca untada por el suelo. Al tiempo que se relamían  tras el festín, oyeron un fuerte portazo. Los dos perros fueron hasta la cocina y, subiéndose la pequeña Lola encima de Paco, pudo ver cómo la dueña se alejaba en uno de los coches de la familia. Instantes después aparecía el dueño con un bate de beisbol por la puerta. El instinto animal les decía que algo no había salido del todo bien, que mejor esquivar al amo y salir de allí por patas. Y así lo hicieron.

No deambularon demasiado. Esa misma tarde fueron reconocidos por un tipo millonario, excéntrico y amante de la ópera. Los metió en un todo terreno y los condujo hasta una finca de su propiedad a varios cientos de kilómetros de allí.

Paco y Lola siguen viviendo a cuerpo de rey con su nuevo amo.  Aunque lo que peor llevan, creedme, es tener que responder ahora al nombre de Plácido y Montserrat.  Eso y hacer gorgoritos todos los sábados cantando para él “La Traviata”.

© Ceferino Otálora (Mos). Noviembre 2010.
Imagen tomada de Internet. © Su autor.

lunes, 3 de enero de 2011

RAÍZ


  Quisiera echar raíces junto a ti,
  construir un mundo para dos,
  inventarnos miradas,
  ¡raíces cuadradas!,
  ser el principio y el fin,
  ser sólo amor.
  Y olvidar el pasado
  cicatrizando heridas;
  alimentar mis brotes con tu raíz.
  Sentirme distinto, necesario,  amado,
  ser tu agua y tu sal,
  hacerte feliz.

  Raíz, principio de vida,
  planta en mi desierto,
  alimento, dicha, fundamento,…
  A raíz de encontrarte
  se paró el tiempo,
  y el viento,
  y la noche,
  y el reproche,
  y el miedo,
  y el silencio,
  y...¡qué más da!.
  A raíz de encontrarte
  todo se paró.
  De raíz.


  © Ceferino Otálora (Mos). Enero de 2002.
      Imagen tomada de Internet.