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sábado, 12 de noviembre de 2011

AVENIDA DE EUROPA

La fuerte lluvia golpea incesantemente sobre la ventana de mi cuarto de estar. Desde el interior, observo la amplia avenida que nace ante mí; que se pierde en el horizonte adentrándose en el centro de la ciudad. Las continuas ráfagas de aire arrastran las gruesas gotas de agua y salpican mi pequeño mirador. Moviendo la cabeza entre la luna transparente, busco los huecos libres sin salpicaduras que me permitan seguir mirando en esta tarde invernal.
Desde uno de los ojos de la séptima planta de este gigante de cemento, contemplo todo como si fuera un “voyeur”: un “voyeur” urbano.
Son las cinco y media. La poca gente que deambula por la calle, se apresura hasta sus casas para protegerse del frío y de las inesperadas gotas. Algunos viandantes buscan refugio en los bares de la zona. En pocos minutos, la ancha arteria se queda despoblada; sólo los automóviles caminan de un lado para otro por el asfalto.
Pero no. Allí al fondo, casi imperceptiblemente, hay una figura humana que se mueve. Lentamente.
No distingo muy bien quién puede ser. La curiosidad me hace permanecer tras los cristales y seguir su recorrido. Diría que viene hacia acá. Sigue lloviendo con la misma intensidad. Algunas veces el ramaje de los árboles, dispuestos en fila por toda la calle, me impide seguir todos sus movimientos. Esa persona se desplaza entre ellos, avanza muy despacio. ¿Por qué no se da más prisa y se cobija de la lluvia? No me gustaría estar ahí afuera, con este tiempo. Me entran escalofríos solo de pensarlo.

¡Menos mal!, la persona que sigo con la vista, ha dejado la arbolada acera para guarecerse en unos soportales. Calculo que está a algo menos de doscientos metros de mi edificio. Tengo la impresión que cojea..., sí, sí..., cojea del pie izquierdo; es una mujer, lleva un pañuelo tapándole la cabeza. Supongo que esperará a que cese de llover antes de proseguir su marcha.
Dejo de mirar por unos instantes.
Voy hasta el mueble y enciendo el televisor. A esta hora, la programación en cualquier cadena es básicamente infantil. Sin mucho interés lo dejo encendido en cualquier canal.
El olor a café que proviene de la cocina me indica que ya puedo retirar la cafetera del fuego y saborear una taza caliente. Vuelvo al cuarto con la bebida humeante, cojo un cigarrillo y lo enciendo. Me asomo a la ventana de nuevo.
El aire zarandea las ramas desnudas de los árboles. La lluvia es menos intensa ahora y en pocos minutos va desapareciendo. La mujer se dispone a salir de su parapeto. Con su mano derecha arrastra algo..., parece una saca de tela..., su cojera se hace más pronunciada. Todavía no distingo muy bien cómo es.
Termino el café y apuro el cigarro antes de apagarlo. Ya no llueve pero queda el frío. Aunque en casa, con la calefacción, las bajas temperaturas han dejado de ser un problema.
La desconocida mujer avanza hacia mi edificio. Pero, ¿qué hace? Se ha detenido en la primera papelera que encuentra tras reanudar su marcha. Es una papelera verde, de plástico, como tantas otras iguales a ella existentes a lo largo de la moderna avenida. Cada farola, en todo el trayecto, es abrazada por un ecológico buzón para materias inservibles.

Ya puedo distinguirla: es una anciana quien rebusca en el interior. No ha tenido suerte, se va sin nada. Sigue avanzando lentamente, arrastrando la saca por la mojada acera; esquivando los charcos. Próximo destino: la siguiente papelera de la siguiente farola.
Me alejo de la ventana y voy hasta la mesa. Enciendo otro cigarrillo. Con el mando a distancia del televisor, intento encontrar algo que sea interesante. En uno de los canales comienza un avance informativo. Subo el volumen y vuelvo a mi otro televisor; el que me ofrece las imágenes reales de mi ciudad, de mi calle. En su siguiente parada, la viejecita ha encontrado un periódico algo mojado. Lo introduce en su inseparable saca, estornuda. De uno de los bolsillos de su andrajoso abrigo negro, extrae un retorcido trapo y se suena la nariz. Durante unos segundos se apoya en la farola, mostrando un gesto de cansancio en su rostro.
Un automóvil gris, con estrella en el capó y nombre de mujer, aparca junto a ella. De él sale una pareja de edad madura; el hombre viste traje azul marino y se dispone a ponerse una gabardina también gris. Ella, muy arreglada, viste chaquetón negro de pieles.

La anciana parece pedirles algo; ellos niegan con el movimiento de sus cabezas. Caminan hacia las tiendas de los soportales, alejándose de ella. Van agarrados del brazo. Él mira para atrás hacia la anciana, luego cuchichea algo que hace mirar también a su compañera.
La viejita sigue caminando con paso lento. De repente, apresura su malograda marcha cuando ve los dos contenedores de basura que hay en un costado de mi urbanización.
El bloque informativo da paso a las noticias nacionales.
La senil mujer encuentra todo un tesoro entre aquellos desperdicios: dos barras de pan casi enteras, una botella grande de plástico, un jersey de lana que debió ser blanco, más periódicos, y, allí al lado, una caja de verdura y fruta desechada por la frutería de la esquina.

Se tantea los bolsillos del abrigo y encuentra una pequeña navaja. Con ella, quita un poco lo podrido de una de las manzanas antes de llevársela a la boca. Acomoda todo lo que puede en la saca. El resto lo guarda en una bolsa de plástico que también ha encontrado.
Poco a poco la calle vuelve a tener vida, la gente viene y va de nuevo y los automóviles encienden sus luces ante la proximidad de la noche. La cansada mujer tira con dificultad de su pesada carga. Después, dobla la esquina y ya no la veo.
En las noticias, el presidente del gobierno habla de la inminente salida de la crisis; que ya se vislumbra la recuperación económica tan necesaria para el país. El consejo de ministros aprueba los presupuestos para el próximo año, con una importante rebaja en la partida para gastos sociales.
Bajo la persiana. Desconecto el televisor. No quiero ver nada más. Todas las imágenes que veo me hacen daño.

© Ceferino Otálora (Mos). Febrero de 1995.
     Fotografías urbanas: Mos
     Foto del Mercedes-Benz tomada de Internet.






33 comentarios:

Mos dijo...

Avenida de Europa es el nombre de la calle donde vivo. Aunque aquí, en este relato ficticio, lo utilicé como título y a modo de metáfora genérica que aglutinara toda la historia.
Es curioso, amigos lectores: Está escrito en febrero de 1995; un tiempo donde siempre se ensalzaba la identidad europea, el hecho de pertenecer a la Europa comunitaria para ser más fuertes, estar más protegidos y mejorar nuestra economía y nuestros intereses. También es curioso saber (si uno repasa la historia), que por esas fechas se estaba saliendo de otra crisis económica en España por la que hubo una huelga general, una reforma laboral y recortes en algunos derechos sociales. Poco después, de nuevo qué curioso, Felipe González perdía las elecciones y daba paso al PP de José María Aznar.
Está claro que en política la historia se repite. Hoy día, Europa nos exige más recortes, cumplir los ajustes y las cuentas, permanecer con ellos a base de sacrificios y esfuerzos. Creo que, en el fondo, les importa muy poco la precariedad de la gente y la pérdida de bienestar. Lo importante es sanear las cuentas y reponer las pérdidas de sus bancos que para eso son los fuertes y el sustento de los demás.
Y es que Europa, amigos míos, como la viejita de mi relato, cojea del pie izquierdo.

Un abrazo de Mos desde mi orilla reflexiva.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Como bien dices tu relato tiene la misma vigencia que el día que lo escribiste y si me apuras creo que te quedas cortos con el panorama que tenemos actualmente, espero que esto sea pasajero y solo cuestión de tiempo, y si es posible que sea en poco tiempo, cruzo los dedos porque lo dudo, nadie tiene una barita mágica, un saludo esperanzador a pesar de todo.

María dijo...

Me has hecho llorar porque, si hay algo que me "toca" muy especialmente son los niños y los ancianos. Al leer lo de senil me imaginaba a mi madre (tiene demencia senil)y lo único que se me ocurre decirte es que no tenemos remedio, no es justo lo que pasa.

Besos

Mos dijo...

Así es, Mamé, sigue vigente porque no hemos avanzado tanto como debería ser y las perspectivas no son nada halagüeñas ni aún con el cambio de gobierno. Esto de la globalización no parece que funcione. Y menos con los países como el nuestro que depende tanto de los demás.
Un abrazo, Mamé.

Mos dijo...

Querida paisana: Lamento tu pesar y tus lágrimas por ser tan sensible con los ancianos y los niños. A mí me pasa también un poco eso mismo. Por eso escogí una anciana que tiene que buscar en las papeleras y los cubos de basura para subsistir. Lamentablemente, 16 años después, sigue habiendo pobreza por las calles y ahora más que antes con tanto parado y tanto desamparo.
Un abrazo desde mi orilla y que no perdamos la esperanza.

TriniReina dijo...

Pues yo hubiese jurado que lo acababas de escribir ayer mismo.
Sí, la historia se repite, de eso no hay duda y tampoco parece haberla en que la crisis se nos ha pegado a la saca y será difícil evadirnos de ella.
Eso sí, los del coche con nombre de mujer, siempre serán iguales de "generosos"...

Abrazos

disancor dijo...

Excelente relato, excelente retrato de una realidad tan cotidiana y humana.
Un abrazo.

Mos dijo...

Amiga Trini: Es cierto que parece escrito ayer mismo por la situación actual, pero no es menos cierto que lo escribí en febrero de 1995 y es de mis primeros escritos cuando me apunté a un taller literario en un centro cultural donde me inicié en esto de la escritura. Allí, un tiempo después, conocí a Luisa Fernández la que ahora es una excelente escritora y amiga.
Cierto es también que los que más tienen, incluido un cochazo, son los más insolidarios con los marginados.
Un abrazo de Mos desde mi orilla preocupada.

Mos dijo...

Apreciado Disancor: Todos hemos podido ver escenas así donde vemos a gente sin recursos revolviendo papeleras y cubos de basura. Creo que los políticos saben de esa realidad tanto como nosotros pero están más preocupados por sanear cuentas y que les den palmadas en el hombro en Europa.
Me gusta escribir relatos con denuncia, con temas sociales, relatos que hagan reflexionar y que hablen de la realidad; esa realidad que duele ver y contar porque remueve conciencias y deja con pocos argumentos las actuaciones de los políticos.
Me alegra saber que lo has leído y te ha gustado.
Un abrazo de Mos desde mi orilla molesta.

Ada dijo...

Desde luego este es un relato que cobra toda su fuerza hoy. Cada vez vemos o conocemos más casos parecidos o muy cercanos a la indigencia. Triste, Mos, muy triste y terriblemente real, además me es familiar la zona donde lo has ambientado y la imaginación ha hecho el resto.
Un beso

Mos dijo...

Amiga Ada: Te es familiar la zona porque corresponde a la Avenida de Europa y alguna foto muestra la zona donde íbamos a la cafetería del muñeco en la puerta, el lugar de nuestros encuentros literarios.
Lamentablemente está muy de actualidad ver gente por la senda de la indigencia. Por eso, reflexionando por los momentos que vivimos, es por lo que he colgado este relato que no deja de sorprender por el paso del tiempo y lo poco que ha cambiado el status de la gente.
Un abrazo desde mi orilla sorprendida.

josefina dijo...

Mos siempre lo mismo, recuerdo los pobres de posguerra, los mendigos de tiempos mejores y ahora mucho más de lo mismo.
Y sigue la vida....
Un beso

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Muy bueno el relato, y me ha gustado especialmente esa tensión entre los dos televisores, el de la ventana y el de la ventana.

También muy interesante tu reflexión en el primer comentario. Ahora toca "el cambio" que presuntamente traerá Rajoy, como ese que apuntas de Aznar en el 96, y si nos vamos más atrás, en el 82, con Felipe González, todavía recuerdo las calles empapeladas con su foto (contó con buenos apoyos para sufragar aquella enorme propaganda), la palabra que más repetía era esa: Cambio. Ya llega el cambio, decían...

Un abrazo :)

impresiones de una tortuga dijo...

..."COMO DECÍAMOS AYER".... SE REPITE LA HISTORIA Y...QUE CURIOSO...¡DE NUEVO LOS SOCIALISTAS NOS HAN DESFRAUDADO ENORMEMENTE!.
DESPUÉS DE 20 AÑOS EN EL PODER, AHORA DICE EL CANIJO DE RUBALCABA (QUE FUERA DE SU CONTEXTO PASARÍA POR UN POBRE INFELIZ CON ÉSE ASPECTO, DIGNO DE LLEVAR EL SACO DONDE GUARDAR LO QUE RECOGE EN EL CONTENEDOR)¡¡QUE TIENE LA SOLUCIÓN!! Y YO ME PREGUNTO: ¿PORQUÉ NO LO SOLUCIONÓ ANTES?.
UN SALUDO INDIGNADO, MOS.

María dijo...

Mos, que puse esa entrada pero la quité rápidamente, es que resulta que Google me anuló la cuenta hace dos días porque (decían ellos) tenía un tráfico exagerado (miedo me da por si me han hackeado y "he hecho" algo malo por ahí).

Total que pensé utilizar otra cuenta que tengo de reserva, pero resulta que ahí no tengo la lista de blogs que sigo y no tengo ni idea de si se pueden copiar a la otra.

Al final la he rehabilitado pero, por lo visto, me tienen en cuarentena y gran parte de los comentarios que hago tardan un montón de horas en salir si es que salen.

Me joroba un montón porque me duelen mucho las manos y escribir me cuesta pero ya pasará (supongo).

Besos

fus dijo...

Mos que relato mas intrigante, como los ha sabido plasmar y que trasfondo tan social. Los señores que llegan en el Mercedes serìa Merkel con el señor Francès que ven a la señora mayor cojear de la izquierda y no quieren saber nada de ella, bueno de España.
Aqui haces historias de crisis y podemos ver que esto son ciclos, aunque esta, es mucho peor, ya que lo que quieren es quitarnos el estado del bienestar y que las clases sociales tengan mayores diferencias.

un fuerte saludo

fus

Resu dijo...

La historia se repite una y otra vez, como en una espiral. Lo peor de todo es que no se ve que vaya a mejorar a corto plazo por mucho que los del PP nos calienten la oreja. Si todo hubiera ido bien ellos no hubiesen perdido el poder(a todos les gusta demasiado). ¿Qué tendrá?
Muy dura esta vida para los que la suerte pasa de largo.
Besos miles.

Mos dijo...

Así es, Josefina: La vida sigue aunque haya más de lo mismo y los pobres sigan siendo pobres. A decir verdad, el mundo sí ha cambiado aunque siga habiendo muchas diferencias sociales.
Un abrazo desde mi orilla.

Mos dijo...

Amigo Ximo: Eso dicen que ya llega el cambio. ¿Que cambio? Mientras Europa siga ordenando recortes y siga viéndose amenazada, pocos cambios se producirán.
Hay más cambios aparte del PP.
Gracias por seguirme.
Mos.

Mos dijo...

Estimado Fus: Eso creo yo, que esta crisis la vamos a notar más porque estamos acostumbrados a un estado de bienestar que ahora se derrumba y costará mucho volver al estado anterior, antes de la crisis.
Un abrazo de Mos desde mi orilla social.

Mos dijo...

Amiga Resu: Que no nos calienten la oreja y cierto es eso de ¿qué tendrá el poder? Yo creo que es lo que más les importa: el poder. Más que solucionar los problemas de la gente.
Un abrazo desde mi orilla sin gaviotas.

Tesa dijo...

Es tan actual, Mos, como si lo acabarás de escribir hace un minuto.

Cada vez, hay más personas rebuscando en las papeleras y en los contenedores, y también más indiferencia de los que lo tienen todo y en abundancia.

Europa es un conjunto de individualidades y las más fuertes se las apapañan entre ellas para seguir siendo, eso, las más fuertes.

¿El cambio?, miédito me da. Espero que en las próximas elecciones los partidos pequeños puedan decidir que políticas sociales se aplican, si no, no habrá contenedores donde rebuscar para todos.

Muy buen relato, Mos, con más de una lectura.

Un abrazo,

Luisa dijo...

Hola, Mos.
Disculpa la tardanza, ya sabes que no tengo mucho tiempo. Visitar los blog amigos me está resultando una ardua tarea.

Un relato muy reivindicativo, sí señor.
Lo conocía, aún así siempre impresiona por la sencillez con la que está escrito, pero la contundencia social que encierra.

Buen relato, compi.
Un besazo.

Mos dijo...

Querida Tesa: Qué razón tienes cuando dices que a este paso no va haber contenedores para todos.
Vaya, vaya con los mercados, las primas de riesgo y la incertidumbre. Esto no se arregla con un cambio de gobierno, no. Pero eso sí, yo iré a votar porque es un derecho, un lujo poder hacerlo, una forma de mostrar nuestra opinión y una forma de respaldar o no a los partidos.
Me alegro que sepas ver varias lecturas porque las tiene.

Un abrazo de Mos desde mi orilla crítica.

Mos dijo...

Hola Luisa, compi: Relato reivindicativo con algo de denuncia, algo de crítica y muy real a pesar de los años transcurridos desde entonces (1995). Lo que más ha cambiado es la tele porque ahora no hay programación infantil a las 6 de la tarde y antes sí.
Nos vemos el viernes.
Un abrazo grande desde mi orilla.

Oréadas dijo...

Relato que conmueve, estamos en un tiempo de desesperanzas para muchos, un tiempo de crisis, e ilusiones desencantadas, y no comprendo por mucho que lo intento que personajes célebres y famosillos se rían y hagas cábalas de lo que puede ser mañana con un simple voto y a espuertas gasten el dinero que muchos necesitan para llevarse algo de alimento a la boca. No lo entiendo, no lo comprendo.
Quizás sea demasiado ignorante para ello.
Un besito Mos, siempre es un placer pasar por tu espacio.

disancor dijo...

Te deseo un feliz fin de semana.
Un abrazo.

Concha Signes dijo...

No conocía tu blog, me ha gustado y por aquí me quedo.
Un abrazo

Mos dijo...

Amiga Darilea: Hay tantas cuestiones que no comprendemos que, si se analizan, podemos llegar a intuir los propósitos que encierran.

Un abrazo desde mi orilla, amiga.

Mos dijo...

Hola Concha: Pues ya te lo he dicho en tu blog, que me alegro que pases por mi orilla y que yo pasaré por las tuyas.
Un abrazo de Mos desde mi orilla.

Narci dijo...

Para algunos la crisis consiste simplemente en obtener menos ganancias en sus prósperos negocios y no poder seguir creciendo durante un tiempecito, para otros en cambio, la crisis es perpetua y poco les importa si los negocios de los primeros crecen o no, pues su hambre siempre es la misma.

Besos

Isabel Martínez Barquero dijo...

Un relato que levanta acta de nuestro actual estado de crisis, de nuestra sociedad desengañada y sufridora, de esas personas (como la anciana) que han de abastecerse de los deshechos de otros. Triste, pero certero, narrado con un tono mesurado y reflexivo que me ha gustado.
Escribes muy bien, Mos, cómo me alegra.

Mos dijo...

Estimada Isabel: Es para mí muy importante tu valoración de este texto. Sí, porque sé de tu valía literaria y tu buen hacer con la palabra.
Como he dicho al comienzo de los comentarios, lo escribí en 1995 pero sigue siendo muyactual. El mundo diría que ha mejorado muy poco. Al menos para la mayoría.
Un abrazo de Mos desde mi orilla que protesta.