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sábado, 8 de octubre de 2011

ROY Y SILO

PUEDES ESCUCHAR ESTE RELATO EN LA VOZ DE BEATRIZ SALAS SI VAS A http://beatrizsalas10.blogspot.com/2011/10/mos-roy-y-silo-del-blog-mos-en-la.html
 La historia que os voy a contar no es una ficción. Puede que sea sorprendente, pero os aseguro que es real. Roy y Silo viven en Nueva York. En Manhattan. En el zoo del Central Park. Roy y Silo son pingüinos barbijos. Roy nació en la Antártida; Silo, sin embargo, procede de una pequeña isla al sur de Australia. Ambos  son pingüinos macho y se quieren. Se quieren de todas las formas posibles.
Todo comenzó tres años atrás. El parque zoológico aumentó su colección de aves acuáticas no voladoras, con dos nuevas variedades. La docena de recién llegados se adaptó fácilmente a su desconocido emplazamiento. Los pingüinos son aves muy gregarias y sociales que no les importa compartir espacios ni territorios. Los recién llegados, en apenas unos días, se mezclaron con los Humboldt, los emperador, los de ojo amarillo, los de las Galápagos. Por supuesto que añoraban las tierras y mares de dónde procedían. Pero allí, realmente, no se estaba tan mal. Era como vivir unas vacaciones eternas en una isla helada llena de comodidades sin tener que huir, ni temer  a las ballenas, ni a las focas leopardo, sus peores enemigos. No comprendían por qué venían a visitarles seres un tanto extraños pero se acostumbraron pronto a ello. Eran tipos iguales a sus cuidadores. Se referían a los humanos: visitantes ociosos de todas las edades que se hacían fotos junto a ellos, que les hablaban en un idioma que no entendían.
Roy y Silo se conocieron buceando. Ambos eran muy ágiles y veloces bajo el agua. Los dos mostraban un dorso azabache brillante y el singular barbiquejo, la delgada franja negra en la parte baja de la cabeza, que los hacía inconfundibles y ese caminar suyo entre gracioso y elegante. Al principio, se buscaban entre los demás para jugar y competir con camaradería. Pocas jornadas después, los dos jóvenes pasaban la mayor parte del tiempo juntos, nadando, paseando, tomando el sol, comiendo, a la hora de dormir, descubriéndose mutuamente por dentro y por fuera. Y así, despacio, pasaron de la amistad a algo  más sublime, a ese sentimiento tan fuerte llamado amor.
En la comunidad de las aves acuáticas no voladoras, la nueva pareja no pasó desapercibida;  aunque contaron siempre con la aceptación de la mayoría. También los cuidadores advirtieron la existencia de una pareja homosexual entre los pingüinos. Pero, dado su grado de profesionalidad y de conocimientos, le dieron a ello la importancia justa.
Pasaron los días, los meses; Roy con Silo, Silo con Roy, el uno para el otro. Sintiendo la necesidad, el apoyo, las ganas de compartir; mirando al horizonte en una sola dirección. Volcando ilusiones y afectos como sólo los enamorados saben hacer.
Pensaban que la felicidad completa la alcanzarían cuando fueran padres, como el resto de las parejas de su hábitat. Soñaban con criar, jugar y vivir con sus propios polluelos. Algo que no alcanzaban a comprender que era imposible entre dos pingüinos machos. Tal vez por eso en su afán de procrear, en su desesperación, incubaron una piedra blanca, redonda, de tacto similar a un huevo.
Durante más de tres meses Roy y Silo, alternando el calor de su cuerpo, empollaron algo sin vida; algo que frustraba sus anhelos de tener familia. Los cuidadores captaron los motivos de tanta tristeza y desaliento; de la falta de apetito y la apatía que invadían a la pareja. Por eso decidieron probar un nuevo método: ponerles un huevo fecundado del laboratorio. Sería preciso  vigilarles más de cerca y suministrarles personalmente el alimento hasta que fueran levantando el ánimo. No les importó hacerlo. Era parte de su trabajo y aquellos pingüinos se lo merecían.
Roy junto a Silo. Silo junto a Roy; manteniendo la esperanza, intentando dar vida con su vida, aguardando el fruto de su amor.
La ciencia y la fuerza de voluntad hicieron el milagro. A las cuatro semanas, pequeños movimientos se  notaban dentro del cascarón. Los dos pingüinos se animaron, recobraron la ilusión.  A los treinta y cuatro días se rompía la envoltura. Nació así una preciosa pingüinita de pelusa gris y vientre blanco como la nieve que, indefensa, exigía alimento antes de abrir los ojos y a la que los cuidadores pusieron el nombre de Tango.
Los padres adoptivos criaron a la pequeña  con toda clase de atenciones, transmitiéndole todo el afecto del que eran capaces. Y así, casi sin darse cuenta, la hembra fue creciendo del modo más natural: con cariño y libertad. Hasta que se independizó de sus mayores, a los que  adora y no cambiaría por nada.
A través de los cuidadores y la dirección del parque, la noticia trascendió a la prensa. La misma prensa en la que el presidente de los Estados Unidos, declara que el matrimonio entre homosexuales es algo nocivo y prohibitivo. La misma prensa en la que el Vaticano, desde el otro lado del mundo, condena la adopción de hijos entre parejas del mismo sexo.
Pero eso, son cuestiones de los humanos: los seres más inteligentes de la Tierra. Roy y Silo sólo son dos pingüinos que se quieren; unos padres adoptivos en el zoo de Nueva York.

© Ceferino Otálora (Mos). Marzo de 2004.
Imagen tomada de Internet. © Su autor.

27 comentarios:

Mos dijo...

Fue en ese año, 2004, cuando leí un pequeño recorte de prensa donde decía que dos pingüinos macho habían sido padres adoptivos en el zoo del Central Park de Nueva York. La noticia me sorprendió y, rápidamente, me puse a ficcionar lo era una historia real. El resultado es el relato que aquí he colgado para los nuevos visitantes de la orilla porque los veteranos, ya lo conocen del antiguo blog de ESFERADELETRAS donde colaboraba.He cambiado algún dato para hacerlo más verídico ahora que cuento con más información.
Ni qué decir tiene que las parejas homosexuales gozan de mi respeto y tolerancia tanto como las demás. También pienso que convivir en un ambiente donde prima el afecto, la armonía, la educación y el respeto es más sano e importante que la orientación sexual de tus padres.
Ni qué decir tiene que han pasado los años y seguimos con las mismas trabas, los mismos prejuicios y cortapisas que impiden los cambios que la sociedad reclama. Una vez más los animales nos dan una lección al hombre.
Un abrazo de Mos desde mi orilla.

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Qué hermosa historia, Mos. Porque es así de sencillo, dos seres que se quieren y nadie tiene derecho a censurar o impedir eso. Si queremos crecer como sociedad es imprescindible ese respeto a la libertad de cada cual, sin trabas.

Me ha encantado la sensibilidad que destila tu relato :)

Un abrazo

Beatriz Salas dijo...

Deliciosa historia, perfectamente relatada y que me animo a pedirte el favor de poder grabar. No suelo grabar textos tan largos pero esta historia me ha llegado a lo más profundo de mi corazón y me encantaría que lo oyeran muchas, muchísimas personas.
Un abrazo Mos y muchas gracias por estar siempre cerquita dándome ánimos y cariño.
No sabes cuánto te lo agradezco.
Feliz Domingo, querido amigo, desde Sevilla.

TriniReina dijo...

Es que en el país de las aves acuáticas no padecen la hipocresía que padecemos los humanos.
Ni en el de las aves acuáticas ni en el de las fieras del África ni en el de los perros de compañía. Vamos, que tenemos la hipocresía en exclusividad y vaya cómo la usamos.

Es algo así como lo de hacer la eutanasia a los animales para que no sufran y "obligarnos" a nosotros mismos a morir con el peor de los sufrimientos".
En fin...

Abrazosssss

disancor dijo...

Un relato muy tierno y muy hermoso. Un ejemplo para que reflexionemos los humanos.
Un abrazo.

Mos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mos dijo...

Amigo Ximo: Me alegra saber que compartes el mensaje que conlleva el relato.
Lo más importante en una familia es el amor que se profesen y la educación que sepan transmitir. Lo demás, es insignificante.
Un abrazo desde mi orilla.

Mos dijo...

Hola Beatriz: Por supuesto que tienes mi permiso para grabar esta tierna historia de amor. Tu voz enriquecerá la lectura y la historia en sí.
Te diré que la he leído en algunos recitales y el público se ha emocionado con ella y he notado que le llegaba muy adentro. Para ello utilicé de fondo la banda sonora original de la película "La ciudad sin límites" compuesta por Víctor Reyes. Te lo hago saber por si veis interesante tal música.
Ojalá que a través de ti, llegue esta historia a mucha gente.
Un abrazo de Mos desde mi orilla. También para Ruth.

Mos dijo...

Sí que es cierto, amiga Trini: Demasiada hipocresía entre los humanos sobre ciertos temas. Cuando, en realidad, hay cientos de cosas más importantes de qué ocuparse para intentar solucionarlas.
Hace falta mucha reflexión y análisis para tratar ciertos asuntos.

Un abrazo desde mi orilla.

Mos dijo...

Apreciado Disancor: Creo que los animales y la naturaleza en general, nos da muchos ejemplos a los humanos. Sí que hay que reflexionar e intentar dilucidar lo que realmente es importante en nuestras vidas.
Un abrazo desde mi orilla.

fus dijo...

Una bonita historia de amor sin importar el sexo de sus protagonistas.

un fuerte abrazo

fus

Luisa dijo...

Hola, Mos.

Hace ya mucho que conozco este relato, pero siempre que vuelvo a leerlo es como la primera vez. Es, sencillamente, una preciosidad. Tierno donde los haya.

Un beso muy fuerte, compi. Hablamos.

Beatriz Salas dijo...

Querido Mos,
dicho y hecho! Ya la he subido y a nosotras nos a emocionado.
Esperamos que te guste la música que ha elegido Ruth, siento no haber seguido tu recomendación pero lo leí tarde.

Un fuerte abrazo agradecido y con mucho cariño.

dolores fernández dijo...

Beatriz,me regala la dicha de conocer esta historia.La noticia nos habla de una prueba de amor sin distinciones
¿Quien dijo que amar así es pecado?
La naturaleza es sabia,respetemos al que ama más allá de a quien ama.

impresiones de una tortuga dijo...

QUE BONITA HISTORIA, MOS ¡CUANTO NOS QUEDA POR APRENDER DE LOS ANIMALES!
TE HE DEJADO VARIOS COMENTARIOS, PERO NO HAN SALIDO, NO SÉ LO QUE PASA, PERO ME SUCEDE CON OTROS BLOGS.
UN ABRAZO.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Llevo varios días intentando ponerte un comentario, pero nada...

Si puedes leer este que ya funciona, un gran saludo desde Tomara que tu viera...

Maritza dijo...

Vengo a felicitarte (y quería quedarme pero desaparecieron los seguidores)grandemente por tu texto maravilloso, lleno de calidez y enseñanza acerca del amor... Ya lo felicité en el blog de Beatriz. La verdad es que con su talento y maravillosa voz el texto "verdea" mucho más...
DE NUEVO: FELICITACIONES!

Abrazos.

Mos dijo...

FUS: Sí que lo es. Es una bonita historia de amor.
Para aprender los humanos.
Un abrazo.

Mos dijo...

Amiga Luisa: Ciertamente que es tierno este relato y además con una lección para aprender todos de los animales.
Un abrazo grande.

Mos dijo...

Beatriz;: Ya te he dicho en tu blog lo agradecido y emocionado que estoy por difundir con tu voz este relato.
Gracias por difundirlo y hacerlo tuyo.
Un abrazo grande para ti y Ruth.

Mos dijo...

Dolores Fernández: estoy de acuerdo en que amar así no puede ser pecado.
Un abrazo.

Mos dijo...

Tortuga: Me alegra verte por mi orilla. Cuantas lecciones por aprender de los animales. Es una de las opiniones más repetidas por los lectores.
Habrá que tomar nota.
Un abrazo muy grande para ti.

Mos dijo...

MAMÉ: Bienvenido a mi orilla. Ha llegado tu comentario y ya veo que varios de vosotros estáis teniendo problemas con la publicación de los comentarios.

Mos dijo...

Maritza: He visitado tu blog de pintura y me ha encantado.
Agradezco tu paso por mi orilla y tu comentario.
Un abrazo de Mos.

disancor dijo...

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Tesa dijo...

Conocía la noticia, me encantan lo bichos y sus historias, y por supuesto este tierno y precioso relato tuyo para celebrar el amor sin prejuicios.

Aunque hemos andado un trecho, todavía nos queda mucho camino para eliminar la barbarie de nuestra condición de humanos.

Acabo de leer que el 51 por ciento de votantes del PSOE también están de acuerdo en que se aplique la cadena perpetúa. ¡Toma ya!


Tengo constancia de que hay hombres y mujeres que no llegan a la altura de un milímetro de las patas de muchos animales. ¡Ya quisieran!

Y muchos niños preferirían tener unos padres amorosos como Roy y Silo a unos padres "convencionales" que o los maltratan o pasan de ellos.

Un abrazo, Mos.

Marta C. dijo...

Hola, Mos. Sí, realmente los relatos son muy similares. Los tuyos tuvieron una rasgo de desesperación enternecedor: incubar una piedra, ¡pobrecitos! Suerte que esta vez también la mano del hombre supo apiadarse de ellos. A ver cuántas veces nos funciona la telepatía, que es un placer compartir contigo. Te dejo mis besos en tu orilla..