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domingo, 8 de mayo de 2011

LA SENTENCIA DE SU DESTINO

“Ni aun permaneciendo sentado junto
  al fuego de su hogar, puede el hombre
  escapar a la sentencia de su destino”.
  ESQUILO DE ELEUSIS (525-456 a. de C.)
  Dramaturgo griego.



1). Nochevieja de 1962.


Cuando Bruno Spiteller entró por la puerta del casino de Bariloche, en la nochevieja de 1962, no sabía las consecuencias trágicas que aquello le iba a suponer.
Esa noche, después de las campanadas, la ciudad festejaba con alegría la llegada del nuevo año. La gente se abrazaba, reía, bailaba por todos los rincones. Los fuegos artificiales, junto al lago Nahuel Huapi, iluminaban el cielo estrellado y su reflejo en el agua hacía del acontecimiento, un espectáculo multicolor inigualable. La Navidad coincide con el verano austral en esa parte del mundo pero no por ello se celebra con menos entusiasmo. Bariloche, ciudad nevada en agosto, de bajas temperaturas y paisaje invernal, se encuentra en diciembre y enero con los días más limpios y las noches más cálidas de todo el año.
La apertura del casino era un acontecimiento muy esperado entre la población más adinerada de toda la provincia de Río Negro.  Bruno Spiteller se podía considerar uno de esos privilegiados; por eso, después de celebrar con los suyos la llegada del nuevo año, se dirigió al Gran Casino que se inauguraba esa misma noche. Su esposa prefirió no acudir con él y ultimar, junto a sus amigas, los preparativos del baile de Año Nuevo que anualmente recogía fondos para las familias más necesitadas de la ciudad.


2). La llegada.


Había llegado a Argentina con treinta y seis años de edad en febrero de 1947. Formaba parte de una partida de emigrantes suizos como tantos otros europeos, que arribaron en busca de una vida mejor a las prósperas tierras americanas.
Ya en el Principessa Giovanna, el buque italiano que le trajo desde Génova hasta Buenos Aires junto a cerca de doscientos suizos y otros tantos alemanes, contactó con un grupo numeroso de paisanos que le hablaron de las colonias suizas y alemanas de San Carlos de Bariloche, en la Patagonia. Esos mismos pasajeros, entusiasmados, le transmitían todo lo que sabían de esa región. Decían que era como no haberse movido de Suiza: cumbres nevadas, grandes lagos y bosques, verdes prados, casas de madera y piedra en un entorno natural inmejorable. Pensó que ese podía ser un buen destino para él. Allí podría dar clases de alemán y francés a los hijos de los colonos, o trabajar en cualquier actividad ganadera en la que destacara la provincia.
Así pues, sus comienzos fueron de profesor en la Escuela Alemana de Bariloche, hasta que se casó en septiembre de 1948, con Estela Saavedra, hija de un ranchero criador de ovejas de la zona que le introdujo en el mundo de la ganadería ovina y la industria textil de la lana. Después vinieron los hijos, Bruno y Graciela, con los que formaban una familia muy querida y respetada en la ciudad. Se podía decir que los  Spiteller, perfectamente integrados, seguían el curso de los años teniendo una existencia placentera y honorable en Bariloche.
Todo eso cambió en unas cuantas horas; justo cuando Bruno Spiteller se quitó la vida. 
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29 comentarios:

Mos dijo...

Uuuuuuuufffffff¡ No sabéis cuánto me ha costado insertar este relato con la parte oculta. Es que esto es nuevo para mí pero, ¡lo he conseguido!
Tengo bastantes relatos largos que quería colgar porque me parecen interesantes.
No sé la aceptación que tendrán entre vosotros. Sé que su lectura se hará larga pero espero que todo aquel que me sigue y quiera leer un rato buscando el momento apropiado, pueda disfrutar y conocer mi producción literaria que es, os lo aseguro, muy variopinta.
Luisa, ya sé insertar textos largos.
Gracias a todos por vuestra paciencia y me alegrarán vuestros comentarios.
Poco a poco desvelaré el intríngulis de este relato.
Un abrazo, hoy más que nunca, de Mos desde su orilla.

María dijo...

Es maravilloso, Paisano, sencillamente maravilloso. Me lo he leido de un tirón y te prometo que no tiene nada, pero que absolutamente nada, a lo que ningún escritor famoso ha escrito sobre el tema.


Me has recordado un libro sobre el tema: "La Araña", cuyo autor no recuerdo y que probablemente tú que eres jovencito no habrás leido (lo buscaré y si tengo suerte te digo el autor) y, de lo leído más recientemente (siempre sobre ese tema), "El Oro de Mefisto", de Eric Frattini y te aseguro que está a su altura.

Besos

Mos dijo...

Amiga María, paisana: Casi siempre eres la primera en comentarme. Me alegra saber que te has leído todo el relato que, es cierto, es bastante largo.
La cita de Esquilo de Eleusis del comienzo es la que me dio la idea del tema del relato. Sí.
Viene a decir que toda persona tiene un destino sentenciado y, aunque no es así siempre, me daba pie a escribir sobre un asesino nazi que tenía que pagar sus fechorías como fuese. Aunque huyera e intentase pasar desapercibido.
Luego hubo que buscar un lugar apropiado y unos personajes creíbles. Bariloche existe y Simon Wiesenthal fue un preso judío que se dedicó a cazar nazis. También el barco italiano y los campos de exterminio que nombro existieron. El resto, es ficción maquillada de realidad.
Gracias paisana por seguirme y tener paciencia y seguir leyendo.
Un abrazo desde mi orilla.

María dijo...

Que quería decir que no tiene nada que envidiarle. Ayyyyyyyyy qué cabeza tengo, madre mia, que me va a todo tren y mira que soy rápida con los dedos pero, aún así, me dejo alguna palabra sin poner a veces.

El libro que te decía antes "La Araña" no lo encuentro y no puedo decirte el autor (a mi los libros siempre me hacen lo mismo, se me esconden en las estanterías cuando los busco), así que te lo diré cuando lo encuentre, hala.

Más besos

Mos dijo...

Paisana María: Ya imaginaba lo que querías decir y es un honor que lo digas. No es para tanto aunque sí que me gustó implicarme en este relato y tener que hacerlo creíble. Lo pasé bien en su construcción e imaginándome las situaciones y la trama con ese final.
Más besos para ti, María.
Mos.

Luisa dijo...

Ya veo que lo has conseguido, Mos . Me saldrá más a cuenta que tú me expliques cómo se hace, que intentar hacerlo por mi cuenta, je,je.

El relato es una maravilla, tanto por la exhaustiva documentación como por la trama de ficción que le has echado al asunto. He disfrutado mucho leyéndolo de cabo a rabo (a mí las extensiones no me asustan, al contrario; si un relato es bueno se agradece). De esta manera podrás subir muchos relatos más, que sé que tienes, que merecen la pena y donde se aprecia claramente tus distintos registros.

Muy bueno, Mos.

Un besazo, compi.

La cuentera Idaluz dijo...

Un relato bien estructurado, con una excelente documentación y elaboración del personaje central. Está narrado de forma amena que hace fácil su lectura.
Un saludo

Mos dijo...

Amiga Luisa: Qué te voy a decir yo a ti sobre relatos extensos si tú tienes al menos tres o cuatro novelas. Eso sí que son palabras mayores.
Insisto en decir que lo pasé bien al estructurar la trama e ir imaginándome toda la trayectoria del personaje central.
La documentación fue exhaustiva para darle más realismo al relato pero, insisto, fue gratificante buscar datos, direcciones, mapas y lugares reales y muy concretos que sí que saben de todo el entramado que cuento porque en Argentina se escondieron muchos dirigentes nazis.
Un abrazo desde mi orilla, Luisa.

Mos dijo...

Querida Cuentera: Celebro que lo hayas leído y te haya gustado por las palabras que me dejas en tu comentario.
Es cierto que los relatos largos, y más si son ambientados en lugares o épocas reales, necesitan mucha labor de documentación. Tengo que decir que el casino de Bariloche existe pero no se parece en nada al que describo. Para él me basé en el casino de Montecarlo. El juego de blackjack hacía furor por aquellos años. El peso argentino se cotizaba muy alto entonces; por eso, en mis cálculos, figuraban unas cantidades muy desproporcionadas que me pareció mejor ajustar a un tipo de cambio más asequible.
La ficción te da juego para ajustar los datos y características a lo que realmente creas más oportuno.
Gracias por pasarte por mi orilla.
Un abrazo. Mos.

Perlita dijo...

Vaya...Mira qué callado se lo tenía el señor. Lo haces muy bien y, no por desconfianza, pero me he cerciorado de que no tenía otra firma. Líbreme Dios de infravalorar nada de lo que leo, porque no soy quien, pero como esto es tan distinto a lo que nos has presentado (siempre bueno desde luego) pues me ha chocado. Lo he imprimido todo y después lo volveré a leer más tranquila. Parece que conoces muy bien el tema y cada uno de los lugares que nos presentas. ¿Es así? Pues qué afortunado. (Yo tengo oportunidad de ir a Bariloche a esquiar, invitada, pero no sé esquiar y encima, son catorce horas de avión)

Bien: Te felicito sinceramente, por lo documentado que estás que ya te habrá costado, y más si no conoces en la realidad esos lugares; por la exposición tan buena y porque no envidia a ningún escritor que se mete en estos temas.
¿Está publicado?
Apúntate un diez.
Muchos abrazos y que se repita.

Enhorabuena.- Carmen.

Trini dijo...

Pues yo creo que sí consiguió su objetivo, aunque no se enteró, al menos de momento, porque creo que al final, siguiendo sus pesquisas, volvería al mismo lugar y ataría cabos.

Te felicito por el relato, Mos. Me ha sorprendido gratamente y lo he disfrutado.

Un abrazo

Mos dijo...

Paisana Perlita: Te aseguro que el relato es de mi autoría. Qué más quisiera yo que conocer Argentina, Bariloche y cualquier otro lugar de los que se nombran. Es todo producto de documentación y de organizar una historia con varios lugares y épocas distintas. Me costó lo mío cuadrar en cierta manera la ambientación y darle a la historia ese toque un tanto fatal donde el lector sabe que Bruno muere pero no sabe por qué.
Espero que lo leas detenidamente y lo disfrutes. Agradezco tus lisonjas tan efusivas.
Un abrazo de Mos desde mi orilla.

Mos dijo...

Gracias Trini, maestra. Seguro que tienes razón: Simon volvería de nuevo a Bariloche al enterarse del suicidio de Bruno Spiteller y se desenmascaría toda la farsa que este había montado.
Gracias de nuevo por seguirme.
Un abrazo de Mos desde mi orilla. Disfruta de la Feria de Sevilla.

disancor dijo...

Un relato muy interesan, muy bien montado y muy bien escrito. Son historias que se leen con el afán de un final inesperado. Me ha gustado.
Un abrazo.

Mos dijo...

Cierto amigo Disancor: Este tipo de relatos te suelen llevar a un final sorpresa inesperado, Aquí, aunque sabemos que Bruno se quitó la vida, esperamos algún aliciente para seguir leyendo.
Gracias por tu comentario.
Un abrazo dese mi orilla. Mos.

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Mos, sólo puedo felicitarte, es la primera cosa larga tuya que leo y me ha gustado. Se hace fácil de leer y mantienes la tensión durante todo el relato. Y el detalle de insertar historias reales con ficción particularmente me ha resultado muy sugerente, no conocía la figura de Simon Wiesenthal pero gracias a esta lectura he sabido más de él, por lo que he visto fue quizá el cazador de nazis más activo desde que terminó la II Guerra Mundial. Una pregunta: ¿la figura del protagonista está inspirada en aquel tipejo cruel que se creía dios, el doctor Mengele?

Lo dicho Mos: un placer leerte :)


Un abrazo.

Resu dijo...

Has encajado todas las piezas del puzzle y te imagino con la última en la mano y la sensación de otro terminado, otro final conseguido.
Buen relato Mos.
Besos miles, hasta el viernes; tienes mucho que contar.

Mos dijo...

Gracias Ximo por leer este relato más largo que de costumbre. Me satisface saber que te ha gustado y no se te ha hecho largo. De vez en cuando vendrán otros de este tamaño que espero que queráis leer.
Sí, efectivamente, me basé parte del personaje en el doctor Josef Mengele, ese criminal sin escrúpulos.
Un abrazo desde mi orilla.

Mos dijo...

Amiga Resu:Tú sabes que me tomé este relato como un reto y que según iba escribiendo me pedía más tamaño y me conducía hacia un final que fue surgiendo. La verdad es que me pareció interesante el resultado y yo estoy satisfecho.
Nos vemos el viernes.
Un abrazo desde mi orilla.

MAMÉ VALDÉS dijo...

Felicidades... Yo soy incapaz de llevar este tipo de relatos a buen termino, envidia sana... Un saludo.

Mos dijo...

Estimado Mamé: Tú tienes un blog con mucha categoría. Todos los temas que tratas los haces partícipes a tus visitas y llegan a ser algo nuestro. Personalmente, la parte musical me encanta.
Gracias por acercarte a mi orilla y un abrazo.

disancor dijo...

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Cef............ ¡COJONUDO !

Mos dijo...

Estimado Disancor: Espero que tengas también tú un buen fin de semana. Gracias por venir hasta mi orilla.
Mos.

Mos dijo...

Apreciado anónimo ferroviario: Agradezco tu comentario y el interés que has puesto en leer este relato más largo de lo habitual. Parece ser que te ha gustado por lo que me alegro dada mi insistencia en que lo leyeras.
Nos vemos en el trabajo y hablamos.
Un abrazo desde mi orilla.
Mos.

María dijo...

Hola, Mos:

Te felicito por este relato que has escrito y compartido con nosotros.

Mi aplauso y admiración.

Un beso.

PD.- Mil gracias por dejar tu huella en mi blog.

Mos dijo...

Hola, nueva amiga María: Digo nueva porque hay otra María, paisana, por ahí pululando de vez en cuando.
Te agradezco tu paso y tu lectura. Pasaré por tu blog más veces. Seguro.
Un abrazo desde mi orilla.

Tesa dijo...

Lo he leído de un tirón, Mos, muy bien construido y tan verosimil que en ningún momento he dudado que fuese ficción.

Wiesenthal cuya misión conozco bien le ha dado ese toque de "historia real" Ocurrieron muchas historias parecidas, aunque el giro final ha sido genial, el cazador de nazis sí consiguió llevar ante los tribunales a mucho de estos "hombres buenos" con pasados atroces.

Muy bueno, Mos.

Un abrazo,

Mos dijo...

Querida Tesa: Siempre me alegra tu paso por mi orilla.Como ves he colgado un relato largo que, parece ser, ha gustado y no se ha hecho pesado a nadie. Es cierto que disfruté mucho montando la trama del relato, buscando documentación y construyendo una historia creíble dentro de la ficción que es.
Iré colgando más relatos largos de vez en cuando mientras "mi público", mis lectores, me lo permitan.
Un abrazo grande desde mi orilla.