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domingo, 20 de febrero de 2011

AQUEL TENTADOR PASTEL

A las ocho y media el maldito despertador anunció la hora de comenzar otra dura jornada más. Sonó precisamente en el mejor de los sueños: había sido invitada a un banquete y me disponía a deleitar mi paladar con un suave y exquisito bizcocho de tiramisú. Cuando abrí los ojos, el  estómago me pedía a gritos algo que echarme a la boca. Ilusionada y hambrienta me dirigí a la cocina para prepararme un suculento desayuno. Pero, al abrir la nevera, sólo encontré una triste lechuga y dos yogures desnatados que, para más inri, habían caducado hacía una semana. Inevitablemente tendría que hacer la compra. Desesperada, tuve que conformarme con un café bien cargado y humeante; eso sí, ¡con tres pastillas de sacarina! Oh Dios, ¿por qué todo lo que me gusta engorda?
              Hablando de engordar; en los últimos meses la báscula se había convertido en mi peor enemiga. Mi médico me había puesto a dieta. Para no cansarles les diré que mi alimentación debía reducirse básicamente a mucho verde, mucha fruta, mucha agua, carnes y pescados a la plancha con pocas grasas. Y, por supuesto, nada de dulces.
              Deprimida por aquel panorama, me dispuse a vestirme para bajar al supermercado más cercano. Tras un arduo esfuerzo, conseguí embutirme en una falda roja que, a duras penas, conseguí abrochar. Entre la falda, que me apretaba, y la cuesta que tuve que subir, llegué al supermercado asfixiada.
              Me dirigí directamente a la sección de productos dietéticos: galletas integrales, batidos adelgazantes, mermeladas sin azúcar y demás productos lights. ¡Qué poco encanto tenía todo aquello!
              Hasta allí me llegó el olor penetrante de un suculento pastel recién horneado. La boca se me hacía agua. El estómago comenzó a segregar sus jugos gástricos rugiendo como un león enjaulado. Las manos me temblaban, la vista se me nubló y un sudor frío recorrió toda mi espalda. ¡Dios mío, estaba hipnotizada!; ¡hipnotizada por un pastel!
              No pude evitarlo; me acerqué hasta la pastelería. Un hermoso soufflé era el causante de mi locura. ¡Qué buena pinta tenía!, bañado en caramelo..., rodeado de una gruesa capa de nata. ¿Por qué no?- pensé. ¿Quién se iba a enterar?...” Póngame ese soufflé”- le apremié a la dependienta. Después, ya más animada, hice el resto de la compra. Resultó que, por hacer un gasto superior a sesenta euros, ¡me regalaron una caja de bombones!
              El día estaba resultando perfecto. ¡Me iba a dar un festín! Llegué a casa con la lengua fuera, pero daba igual. Solté el carro de la compra en la cocina, cogí una cuchara y, sin más preámbulos, saqué del envoltorio el esperado y dulce manjar. Me acomodé en el sofá cuchara en mano, dispuesta a saciar todo mi apetito. De vez en cuando, entre cucharada y cucharada, caía algún que otro bombón. ¡La felicidad completa!
              Cuando terminé con todo, me estiré en el sofá para reposar un poco tan inolvidable desayuno.
              Minutos después comencé a sentirme fatal; me dolía la tripa, me picaba todo el cuerpo y me entraron unas terribles ganas de vomitar. Corrí como nunca hacia el cuarto de baño. Del esfuerzo realizado se reventó la cremallera de mi falda. Me vi morir.
               Según mi médico, el mismo que me puso a dieta, en el apetitoso pastel había algún ingrediente en mal estado. Tuve que tirarme un mes a base de arroz blanco, pollo cocido, jamón york y litros y litros de suero.
               Hoy día mi nevera sigue teniendo un aspecto lamentable. Eso sí, la lechuga es fresquísima y los yogures, aunque desnatados, son los mismos que anuncia Cindy Crawford por la tele con esa cintura tan envidiable. Aunque en cualquier momento, os lo juro, vuelvo a las andadas porque, lo que digo yo, existe la vida más allá de la talla 44.
               En fin, os dejo que inauguran un nuevo híper en el barrio y seguro que dan un ágape. ¡Ea!


© Ceferino Otálora (Mos). 10 de Marzo de 2003.
(Sobre una idea original de Milagros Ramos)
Imágenes tomadas de Internet.

29 comentarios:

Mos dijo...

He recuperado del fondo del cajón este viejo relato. Yo, como la protagonista, estoy un poco a dieta para bajar unos kilos. Tal vez por eso me acordé de este escrito cargado de fino humor. Aunque a los que estamos a base de verde y plancha, no nos hace gracia lo de no comer tanta cosa rica que hay por ahí.
En fin, todo sea por la salud y perder unos kilitos para estar mejor.
(Son las 7 y media de la tarde y tengo un hambre. Voy a por un desnatado de esos.)

Un abrazo de Mos desde mi orilla.

Luisa dijo...

Hola, Mos.
Si es lo que yo digo. Hay que rescatar del cajón todas estas joyitas que merecen estar en el blog y revivir.
Me encantó este relato en su momento y he vuelto a disfrutar de él una vez recuperado. ¡Qué cruz de calorías! Con lo bueno que está todo lo que engorda. Yo digo lo que muchos: mañana empiezo…

Un beso muy fuerte, compi.

josefina dijo...

Yo eso también lo sé, el viernes la enfermera que viene al pueblo, al igual que yo está operada de cáncer de mama, se ríe mucho conmigo, pues me llama "ORONDA" que tenga cuidado con el picar y tiene razón.
No tengo arreglo, a mi marido le digo que si en vez por picar comida me diera por beber seria peligrosisima.
El como jamás pica entre comidas, no comprende mi ansiedad.
Seguro que tú me entiendes...
Un beso

La cuentera Idaluz dijo...

La protagonista, la pobre, hasta sueña con la comida. Y es que el comer es un placer de los sentidos. Hay quien se deleita comiendo. Me gusta Cefe, como describes tan bien a la pobrecita que pasa más hambre...
A mí personalmente me pierde el chocolate. Y también tendría que ponerme a dieta, pero... mejor mañana.

María dijo...

¿Por qué será que me he visto reflejada? jajaja, a mí también me sobran unos kilitos que he cogido por una enfermedad y que ahora mismo no puedo perder pero me digo eso de: "con el tiempo y una caña hasta las verdes caen" y eso pasará con mis kilos de más.

Besos

Trini dijo...

Pues me he alegrado mucho que hayas rescatado este relato, precisamente ahora. Y digo ahora porque no, no estoy a dieta, pero si intentando comer menos entre horas, que esa esmi perdición. Comer menos entre horas y caminar una hora diaria, es la pena que me he impuesto, porque mis vértebras se quejan en cuánto ganos dos kilillos de nada(mucho):):)
Creo que así perderé poco, pero menos es nada, y el caso es mantenerse, que ya se acerca la Cuaresma y me privan los dulces caseros de esos días:):)

Abrazos

Mos dijo...

Querida compi Luisa: Me alegra saber que has disfrutado con la escena del relato.
Qué bueno está todo y qué malas las dietas.
A ti no te sobran kilos que estás muy guapa así.
Un abrazo de Mos desde su orilla.

Mos dijo...

Josefina: El picoteo entre horas es lo peor.
Pero qué rico unas aceitunas, unas cortecitas o unas almendras fritas con una cervecita. Huuuum!

Nada, nada, a dieta de todo eso.
Un abrazo de Mos desde su orilla.

Mos dijo...

Cuentera: Soñar con banquetes y comida sí que tiene que ser malo. O bueno, según se mire.

El chocolate es otra perdición.
Todo sea por la salud. Mecachissss....

Un abrazo de Mos desde su orilla.

Mos dijo...

Paisana María: Si sólo son unos kilitos y están cogidos por una enfermedad, es menos preocupante porque todo volverá a su cauce.
Envidio a esa gente que no se privan de nada y siempre están iguales.

Las mujeres siempre estáis guapas. No hay que sacrificarse tanto.

Un abrazo de Mos desde si orilla.

Mos dijo...

Querida Trini: Yo que te he visto en persona, te digo que estás fenomenal como estás.
Lo del picoteo me lo sé muy bien...
Y los dulces es otra tentación que hasta los mismos ángeles están dispuestos a caer y pecar.

Triste vida la de la lechuga y las zanahorias...

Un abrazo de Mos desde su orilla.

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Jejeje, está muy bien el relato, aunque para mí el problema es justo al revés, y lo digo completamente en serio: también se pasa mal cuando por más que comes no hay manera de poner algo entre los huesos y la piel.

Un abrazo Mos :)

MAMÉ VALDÉS dijo...

Media humanidad se muere de hambre porque no tienen comida y la otra mitad se muere también de hambre pero con la nevera llena, porque no quieren engordar, ¿Como le podriamos explicar a toda esa gente que se esta muriendo literalmente de hambre que hay gente que no come por no engordar? Que horror... un saludo

Mos dijo...

ACAPU: sí que es un problema querer llenar la ropa y nada de nada. Al menos puedes comer sin cortarte con los picoteos, los helados, dulces, frutos secos y demás.
Un abrazo desde mi orilla.

Mos dijo...

Hombre, Mamé, visto desde ese extremo... El mundo occidental opulento y desmedido sufre de obesidad y sobrepeso por comer más de lo que se necesita.
En absoluto hay que negarle a nadie el derecho a la vida y a la alimentación. Es una pena que media humanidad no tenga el mínimo necesario para sobrevivir, mejor dicho, vivir dignamente.
Hay que disfrutar de lo que tenemos y comer, salir, viajar, ir al cine, beber, bailar, hacer barbacoas, unos marisquitos, unos vinos, unas cervezas, disfrutar de todo pero también cuidarse un poquito cuando adviertes que te estás pasando y tu salud puede empeorar.
Eso no quita que lamentes la situación mundial y te solidarices con los perjudicados.
Si todos los gordos donáramos nuestro exceso de alimentos a esa gente, haríamos un bien mayor y encima tendríamos una salud a prueba de bombas.Pero me da que no hacemos ni lo uno ni lo otro.

Yo, mientras tanto, intentaré seguir con mi dieta y perder unos kilos que no es fácil.

(Este relato pone un toque cómico a algo que cuesta tanto -adelgazar- y que padecemos tantos y tantas. Lamento que media humanidad no tenga la opción de elegir ponerse a dieta porque no llega al mínimo necesario. De todas formas los organismos nacionales e internacionales con un avión de combate menos por país - o dos o tres siendo generosos- podrían mejorar algo esa situación tan injusta)
Agradezco su paso por mi orilla, Sr. Mamé.
Mos.

disancor dijo...

Tiene que ser todo un calvario eso de estar a dieta, y sino que se lo digan a la protagonista de tú magnifico relato.
Un abrazo.

Tesa dijo...

Desde que soy una menopáusica con hipotiroidismo ando luchando con los kilos,yo que siempre había sido delgadita, así que me he sentido muy identificada con la protagonista de tu relato, Mos.

Aunque mi perdición no son los pasteles, que no me gustan, sino el chocolate, el queso de cabra,de vez en cuando un choricito picante de León... y que no me gusta hacer deporte, sólo andar.

Muy bien contado, como si te hubieras metido en el cuerpo de una mujer, pues los hombres se enfrentan de otra manera a los kilos y además siempre piensan que nos les sobran tantos.

Como siempre, un placer leerte.

Un abrazo, Mos.

Mos dijo...

Qué suerte tienes, Disancor, si no engordas y nunca has tenido que ponerte a régimen.
Si es que ningún "régimen" es bueno.
Un abrazo desde mi orilla.

Mos dijo...

Bienvenida siempre, Tesa.
Ay los años y los kilos! Uno se va dejando (es mi caso), y encima también dejo el tabaco y claro, a comer y a picar.
A mi me gusta el chocolate negro. Saborearlo. Todo un placer.
Un abrazo desde mi orilla.

Narci dijo...

Buen relato Mos, y las que llevamos casi toda la vida a dieta, hemos actuado como tu protagonista en más de una ocasión... pero es que... ¿para qué queremos la salud si no es para disfrutar de los placeres de vez en cuando, y desde luego el placer de degustar un buen pastel o unos bomboncitos, es casi irresistible.

Besos

Mos dijo...

NArci: Comer es un placer , desde luego que sí.
Qué pena tener que comer cortándote de tantos caprichos gastronómicos para no pasarse de peso. De eso entiendo bastante yo también.
De vez en cuando un caprichito no viene mal.

Un abrazo de Mos desde mi orilla.

impresiones de una tortuga dijo...

Soy yo,¡esa soy yo!, todo lo que me gusta es pecado o engorda, lo del pecado ha perdido mucho sentido, pero lo de engordar... con los años se incrementa.
La ansiedad me dá por comer, cuanto más dulce mejor y así me esoy poniendo ¡redonda!.
Miedo me dá de sacar la ropa de verano.
Un saludo, Mos.

Oréadas dijo...

Jeje que buen relato Mos.
Hoy me levanté con remordimiento de conciencia, ayer me compré un delicioso pan de aceite con nueces, pasas y matalauva pensé comerme un trocito, pero no paré hasta verle el final.
Así que hoy he pensado coger alguna lata de piña para redimir esa conciencia jeje (pero que bueno estaba el panecillo)
Un besito

Mos dijo...

Querida Tortuga: Tu verás. Tal vez sea el momento de controlarse un poco. Lo digo por si luego afecta a tu estado de ánimo que si no, pues nada.
Todo está bueno y nos encanta. Somos tragones, me incluyo, y ya está.
Me alegra verte por mi orilla.
Un abrazo de Mos.

Mos dijo...

Amiga Darilea: No me extraña que acabaras con todo el pan. Qué buena pinta debía tener por los ingredientes que nombras.
Tengo un amigo que también hace pan con toda clase de frutos secos y frutas y no veas cómo sabe y cómo entra de bien.
Nada, que no hay remedio. Me pongo a hablar de pan y me entra un hambre que ni te cuento.
Un honor verte por mi orilla.
Un abrazo de este Mos hambriento.

carlota dijo...

Y a mí que los ojos se me van detrás de los pasteles. Yo suelo pararme en los escaparates de las pastelerías, paso bastante de las tiendas de ropa.

un dulce beso

Mos dijo...

Hola Carlota: Últimamente paso tanta "hambre" que me da igual salado que dulce porque todo tiene su punto rico, rico.
Un abrazo de Mos desde su orilla.

Ada dijo...

Me he reído y apenado a la vez. La verdad es que suele ocurrir que la gente a la que más le gusta comer y disfruta con ello es la que más se tiene que restringir y estar siempre contando calorias para no pasarse. Pero lo que si que es cierto es que hay vida, y mucha y alegre, más allá de la talla 44.
Un beso

Mos dijo...

Ada, bienvenida a mi orilla. Qué hambre se pasa cuando estás a dieta. Claro que hay vida más allá de la talla 44 pero... hay que hacer algo para poder estar mejor de salud y cuidarse . Aunque... no sé yo, no sé yo.
("Lo que daría yo por un bocata de calamares y una cervecita en el Brillante". Esta frase la dicen en la película "la daga de Rasputín" pero la podía hacer mía en este instante).
Un abrazo de Mos desde mi orilla.