VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

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sábado, 31 de diciembre de 2011

UNA ORILLA INUNDADA DE MÚSICA (9): UN AÑO MÁS. MECANO

Con esta entrada musical quiero despedir el año 2011. Del grupo Mecano poco hay que decir a estas alturas; sobre todo a los que ya tenemos unos cuantos años encima y los hemos oído hasta la saciedad desde sus comienzos. La verdad es que la letra de esta canción es tan real como la vida misma.
Os deseo un feliz Año Nuevo, visitantes de mi orilla. Brindaré esta noche, lo repito, por cada uno de vosotros para que el 2012 sea muy positivo para todos.
Mañana, como pasa el tiempo, estaremos viviendo UN AÑO MÁS.
Salud, amigos.
Mos


UN AÑO MÁS

En la Puerta del Sol
como el año que fue
otra vez el champagne y las uvas
y el alquitrán, de alfombra están.
Los petardos que borran sonidos de ayer
y acaloran el ánimo
para aceptar que ya, pasó uno más.
Y en el reloj de antaño
como de año en año
cinco minutos más para la cuenta atrás.
hacemos el balance de lo bueno y malo
cinco minutos antes de la cuenta atrás.
Marineros, soldados, solteros, casados,
amantes, andantes y alguno que otro
cura despistao.
Entre gritos y pitos los españolitos
enormes, bajitos hacemos por una vez,
algo a la vez.
Y en el reloj de antaño
como de año en año
cinco minutos más para la cuenta atrás.
hacemos el balance de lo bueno y malo
cinco minutos antes de la cuenta atrás.
Y aunque para las uvas hay algunos nuevos
a los que ya no están le echaremos de menos
y a ver si espabilamos los que estamos vivos
y en el año que viene nos reímos.
1, 2, 3 y 4 y empieza otra vez
que la quinta es la una
y la sexta es la dos y así el siete es tres.
Y decimos adiós y pedimos a Dios
que en el año que viene,
a ver si en vez de un millón
pueden ser dos.
En la Puerta del Sol
como el año que fue
otra vez el champagne y las uvas
y el alquitrán, de alfombra están.

© Nacho Cano. 1988

miércoles, 21 de diciembre de 2011

UN CUENTO DE NAVIDAD PARA COMPARTIR CON VOSOTROS

El cuento de Navidad de Auggie Wren fue primero un artículo periodístico de Paul Auster publicado en el New York Times el 25 de diciembre de 1990. Al leerlo, el director de cine Wayne Wang le propuso a Auster que escribiera el guión para una película. Así surgió “SMOKE”, cuyo final es, precisamente, “El cuento de Navidad de Auggie Wren”.
Queridos amigos blogueros: Os dejo un extracto del cuento y la parte final de la película donde se visualiza tal cuento. Lo quería compartir con cada uno de vosotros y que el verdadero espíritu navideño siempre esté en nuestro interior.
Brindaré para que el 2012 sea un año positivo para todos.
Mos.


“…A principios de esa misma semana me había llamado un hombre del New York Times y me había preguntado si querría escribir un cuento que aparecería en el periódico el día de Navidad. Mi primer impulso fue decir que no, pero el hombre era muy persuasivo y amable, y al final de la conversación le dije que lo intentaría. En cuanto colgué el teléfono, sin embargo, caí en un profundo pánico. ¿Qué sabía yo sobre la Navidad?, me pregunté. ¿Qué sabía yo de escribir cuentos por encargo?
Pasé los siguientes días desesperado; guerreando con los fantasmas de Dickens, O. Henry y otros maestros del espíritu de la Natividad. Las propias palabras “cuento de Navidad” tenían desagradables connotaciones para mí, en su evocación de espantosas efusiones de hipócrita sensiblería y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad eran otra cosa que sueños de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitiría escribir algo así. Sin embargo, ¿cómo podía nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Era una contradicción en los términos, una imposibilidad, una paradoja. Sería como tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorrión sin alas.
No conseguía nada. El jueves salí a dar un largo paseo, confiando en que el aire me despejaría la cabeza. Justo después del mediodía entré en el estanco para reponer mis existencias, y allí estaba Auggie, de pie detrás del mostrador, como siempre. Me preguntó cómo estaba. Sin proponérmelo realmente, me encontré descargando mis preocupaciones sobre él.
—¿Un cuento de Navidad? —dijo él cuando yo hube terminado. ¿Sólo es eso? Si me invitas a comer, amigo mío, te contaré el mejor cuento de Navidad que hayas oído nunca. Y te garantizo que hasta la última palabra es verdad.
Fuimos a Jack’s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sandwiches de pastrami y fotografías de antiguos equipos de los Dodgers colgadas de las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanzó a contarme su historia.
—Fue en el verano del setenta y dos —dijo. Una mañana entró un chico y empezó a robar cosas de la tienda. Tendría unos diecinueve o veinte años, y creo que no he visto en mi vida un ratero de tiendas más patético. Estaba de pie al lado del expositor de periódicos de la pared del fondo, metiéndose libros en los bolsillos del impermeable. Había mucha gente junto al mostrador en aquel momento, así que al principio no le vi. Pero cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, empecé a gritar. Echó a correr como una liebre, y cuando yo conseguí salir de detrás del mostrador, él ya iba como una exhalación por la avenida Atlantic. Le perseguí más o menos media manzana, y luego renuncié. Se le había caído algo, y como yo no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver lo que era.
Resultó que era su cartera. No había nada de dinero, pero sí su carnet de conducir junto con tres o cuatro fotografías. Supongo que podría haber llamado a la poli para que le arrestara. Tenía su nombre y dirección en el carnet, pero me dio pena. No era más que un pobre desgraciado, y cuando miré las fotos que llevaba en la cartera, no fui capaz de enfadarme con él. Robert Goodwin. Así se llamaba. Recuerdo que en una de las fotos estaba de pie rodeando con el brazo a su madre o abuela. En otra estaba sentado a los nueve o diez años vestido con un uniforme de béisbol y con una gran sonrisa en la cara. No tuve valor. Me figuré que probablemente era drogadicto. Un pobre chaval de Brooklyn sin mucha suerte, y, además, ¿qué importaban un par de libros de bolsillo?
Así que me quedé con la cartera. De vez en cuando sentía el impulso de devolvérsela, pero lo posponía una y otra vez y nunca hacía nada al respecto. Luego llega la Navidad y yo me encuentro sin nada que hacer. Generalmente el jefe me invita a pasar el día en su casa, pero ese año él y su familia estaban en Florida visitando a unos parientes. Así que estoy sentado en mi piso esa mañana compadeciéndome un poco de mí mismo, y entonces veo la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina. Pienso qué diablos, por qué no hacer algo bueno por una vez, así que me pongo el abrigo y salgo para devolver la cartera personalmente.
La dirección estaba en Boerum Hill, en las casas subvencionadas. Aquel día helaba, y recuerdo que me perdí varias veces tratando de encontrar el edificio. Allí todo parece igual, y recorres una y otra vez la misma calle pensando que estás en otro sitio. Finalmente encuentro el apartamento que busco y llamo al timbre. No pasa nada. Deduzco que no hay nadie, pero lo intento otra vez para asegurarme. Espero un poco más y, justo cuando estoy a punto de marcharme, oigo que alguien viene hacia la puerta arrastrando los pies. Una voz de vieja pregunta quién es, y yo contesto que estoy buscando a Robert Goodwin.
—¿Eres tú, Robert? —dice la vieja, y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta.
Debe tener por lo menos ochenta años, quizá noventa, y lo primero que noto es que es ciega.
—Sabía que vendrías, Robert —dice—. Sabía que no te olvidarías de tu abuela Ethel en Navidad.
Y luego abre los brazos como si estuviera a punto de abrazarme.
Yo no tenía mucho tiempo para pensar, ¿comprendes? Tenía que decir algo deprisa y corriendo, y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, oí que las palabras salían de mi boca.
—Está bien, abuela Ethel —dije—. He vuelto para verte el día de Navidad.
No me preguntes por qué lo hice. No tengo ni idea. Puede que no quisiera decepcionarla o algo así, no lo sé. Simplemente salió así y de pronto, aquella anciana me abrazaba delante de la puerta y yo la abrazaba a ella.
No llegué a decirle que era su nieto. No exactamente, por lo menos, pero eso era lo que parecía. Sin embargo, no estaba intentando engañarla. Era como un juego que los dos habíamos decidido jugar, sin tener que discutir las reglas. Quiero decir que aquella mujer sabía que yo no era su nieto Robert. Estaba vieja y chocha, pero no tanto como para no notar la diferencia entre un extraño y su propio nieto. Pero la hacía feliz fingir, y puesto que yo no tenía nada mejor que hacer, me alegré de seguirle la corriente.
Así que entramos en el apartamento y pasamos el día juntos. Aquello era un verdadero basurero, podría añadir, pero ¿qué otra cosa se puede esperar de una ciega que se ocupa ella misma de la casa? Cada vez que me preguntaba cómo estaba yo le mentía. Le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que estaba a punto de casarme, le conté cien cuentos chinos, y ella hizo como que se los creía todos.
—Eso es estupendo, Robert —decía, asintiendo con la cabeza y sonriendo. Siempre supe que las cosas te saldrían bien.
Al cabo de un rato, empecé a tener hambre. No parecía haber mucha comida en la casa, así que me fui a una tienda del barrio y llevé un montón de cosas. Un pollo precocinado, sopa de verduras, un recipiente de ensalada de patatas, pastel de chocolate, toda clase de cosas. Ethel tenía un par de botellas de vino guardadas en su dormitorio, así que entre los dos conseguimos preparar una comida de Navidad bastante decente. Recuerdo que los dos nos pusimos un poco alegres con el vino, y cuando terminamos de comer fuimos a sentarnos en el cuarto de estar, donde las butacas eran más cómodas. Yo tenía que hacer pis, así que me disculpé y fui al cuarto de baño que había en el pasillo. Fue entonces cuando las cosas dieron otro giro. Ya era bastante disparatado que hiciera el numerito de ser el nieto de Ethel, pero lo que hice luego fue una verdadera locura, y nunca me he perdonado por ello.
Entro en el cuarto de baño y, apiladas contra la pared al lado de la ducha, veo un montón de seis o siete cámaras. De treinta y cinco milímetros, completamente nuevas, aún en sus cajas, mercancía de primera calidad. Deduzco que eso es obra del verdadero Robert, un sitio donde almacenar botín reciente. Yo no había hecho una foto en mi vida, y ciertamente nunca había robado nada, pero en cuanto veo esas cámaras en el cuarto de baño, decido que quiero una para mí. Así de sencillo. Y, sin pararme a pensarlo, me meto una de las cajas bajo el brazo y vuelvo al cuarto de estar.
No debí ausentarme más de unos minutos, pero en ese tiempo la abuela Ethel se había quedado dormida en su butaca. Demasiado Chianti, supongo. Entré en la cocina para fregar los platos y ella siguió durmiendo a pesar del ruido, roncando como un bebé. No parecía lógico molestarla, así que decidí marcharme. Ni siquiera podía escribirle una nota de despedida, puesto que era ciega y todo eso, así que simplemente me fui. Dejé la cartera de su nieto en la mesa, cogí la cámara otra vez y salí del apartamento. Y ése es el final de la historia.
—¿Volviste alguna vez? —le pregunté.
—Una sola —contestó. Unos tres o cuatro meses después. Me sentía tan mal por haber robado la cámara que ni siquiera la había usado aún. Finalmente tomé la decisión de devolverla, pero la abuela Ethel ya no estaba allí. No sé qué le había pasado, pero en el apartamento vivía otra persona y no sabía decirme dónde estaba ella.
—Probablemente había muerto.
—Sí, probablemente.
—Lo cual quiere decir que pasó su última Navidad contigo.
—Supongo que sí. Nunca se me había ocurrido pensarlo.
—Fue una buena obra, Auggie. Hiciste algo muy bonito por ella.
—Le mentí y luego le robé. No veo cómo puedes llamarle a eso una buena obra.
—La hiciste feliz. Y además la cámara era robada. No es como si la persona a quien se la quitaste fuese su verdadero propietario.
—Todo por el arte, ¿eh, Paul?
—Yo no diría eso. Pero por lo menos le has dado un buen uso a la cámara.
—Y ahora tienes un cuento de Navidad, ¿no?
—Sí —dije—. Supongo que sí.
Hice una pausa durante un momento, mirando a Auggie mientras una sonrisa malévola se extendía por su cara. Yo no podía estar seguro, pero la expresión de sus ojos en aquel momento era tan misteriosa, tan llena del resplandor de algún placer interior, que repentinamente se me ocurrió que se había inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle si se había quedado conmigo, pero luego comprendí que nunca me lo diría. Me había embaucado, y eso era lo único que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.
—Eres un as, Auggie —dije—. Gracias por ayudarme.
—Siempre que quieras —contestó él, mirándome aún con aquella luz maníaca en los ojos. Después de todo, si no puedes compartir tus secretos con los amigos, ¿qué clase de amigo eres?
—Supongo que estoy en deuda contigo.
—No, no. Simplemente escríbela como yo te la he contado y no me deberás nada.
—Excepto el almuerzo.
—Eso es. Excepto el almuerzo.
Devolví la sonrisa de Auggie con otra mía y luego llamé al camarero y pedí la cuenta.”

© Editorial Lumen, Paul Auster




sábado, 17 de diciembre de 2011

"DEGUSTACIÓN" EN LA VOZ DE JORGE DEL NOZAL

De nuevo tengo el honor, el privilegio, de escuchar otro poema mío en la voz del artista y amante de la poesía Jorge del Nozal. En esta ocasión se trata de "Degustación": un poema erótico y sensual donde intervienen todos los sentidos en  la culminación del placer, el lado más festivo del amor. Os invito a escuchar a Jorge en
http://duendepoeta.blogspot.com/2011/12/degustacion-mosenlaorilla.html
Espero que os guste, amigos.
Un abrazo de Mos desde mi orilla erótica.


Pintura: Desnudo de espaldas. Autor: Jorge del Nozal.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

TRES CITAS SOBRE LA RIQUEZA


1.) "Todo el mundo cuenta cómo ganó sus primeras cien pesetas; nadie cuenta cómo ganó el último millón"
Noel Claraso (1905-1985). Escritor español.

2.) "Lo difícil es ganar miles honradamente. Los millones se amontonan sin trabajo"
Nicolai Gogol (1809-1852). Novelista ruso.

3.) "La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da"
Arthur Shopenhauer (1788-1860). Filósofo alemán.

viernes, 9 de diciembre de 2011

"CON TROZOS DEL ALMA" EN LA VOZ DE JORGE DEL NOZAL

[IMGP2296.jpg]Estimados visitantes de mi orilla. Hace poco tiempo que conozco el blog de Jorge del Nozal, (http://duendepoeta.blogspot.com), pero os lo recomiendo. De paso podréis comprobar todo lo artista que es este hombre en todos los  campos donde da rienda suelta a su creatividad. El caso es que al oír su voz me animé y le envié unos cuantos poemas que él ha tenido a bien recitarlos e ir colgándolos en su blog. Es para mi un honor y una satisfacción que los lea y los transmita a través de la blogosfera. Gracias Jorge.

Os dejo el enlace al poema "CON TROZOS DEL ALMA"

sábado, 3 de diciembre de 2011

MIENTRAS DORMÍAS

Me he despertado inesperadamente por algún impulso que ahora ignoro. Alzando la cabeza, he mirado el reloj luminoso que hay a tu lado; marcaba la una y diez. Después, he intentado averiguar la forma de tu cara en la penumbra de la habitación. He notado como mis labios sonreían al sentirte dormir tan plácidamente con tu brazo rodeando mi cintura. Me han desvelado mis pensamientos girando en torno a ti. Mi cabeza se ha inundado con tu nombre y con recuerdos de los dos; del tiempo que llevamos juntos construyendo nuestra historia.
Muchas veces me has dicho que te escriba algo bonito como hacía antes. Tienes toda la razón, he dejado pasar mucho tiempo sin dedicarte unos renglones que expresaran el amor que me das y el que siento por ti.
Te he vuelto a mirar mientras dormías, pegado mi cuerpo junto al tuyo y, bajo el calor de las sábanas, te he abrazado dándote un beso suave sobre el cuello. A continuación, silenciosamente, me he levantado para escribirte.
De camino al salón, me he detenido unos instantes en el dormitorio de las niñas. Contemplarlas en silencio es una experiencia gratificante. Estaban destapadas, serenamente dormidas. ¡Cómo crecen!, Cristina es casi una mujercita. Al paso que va  tendremos que comprarle una cama más larga. Estoy muy orgulloso de ella, de sus notas escolares, de la madurez que demuestra para los once años que tiene. Si sigue así, llegará a ser una mujer admirable. Siempre que sea capaz de frenar ese genio que saca en algunas ocasiones y que tanto puede perjudicarla a lo largo de su vida. ¡Ah!, y si se lava más los dientes e intenta no morderse las uñas por culpa de los exámenes. Cuando pase algún tiempo se acordará de estos consejos que le repito tan a menudo.
Y de Silvia qué te puedo decir que tú no sepas. Tenemos un torbellino de cinco años en casa que siempre me saca una sonrisa con sus gracias; que me engatusa constantemente y, lo confieso, me cuesta negarme a la mayoría de sus requerimientos. Me encantan las explicaciones que da con su lenguaje pequeño.
Ambas son mi más preciado tesoro. Y te lo debo a ti, cariño mío. Como todo lo demás que me has dado en estos dieciocho años que te conozco.
¿Recuerdas?, juntos despertamos al amor fundiendo nuestros cuerpos adolescentes. Aprendiendo un poco más en cada unión. Superamos nuestra timidez inocente con el deseo de amarnos y complacernos. Y así, lentamente, hemos cumplido años juntos; siempre juntos. En los buenos y en los malos momentos. ¡Me ayudas tanto estando a mi lado!; compartiendo y apoyando mis proyectos, suavizando mis errores; entregándote a nosotros día a día, sin vacilaciones.
Sabes que enseguida me derrumbo cuando algo va mal, pero tú con tu optimismo no me dejas caer. Buscas siempre el lado positivo de los problemas. Cuánto envidio la vitalidad, la perseverancia, la fuerza de voluntad que posees.
Sí, ya sé; dirás que me valoro poco, que yo también valgo mucho. Que me dejo llevar algunas veces por mi pesimismo pero es igual: sigo pensando que eres la pieza más valiosa que conforma nuestro hogar.
Llevo ya dos cigarrillos escribiendo estas líneas. No puedo evitar este estúpido vicio que tanto me recriminas. Y no sé cuando seré capaz de dejarlo pero lo seguiré intentando por ti, luz de mis días, mi norte, mi acierto, mi suerte, mi descanso, mi guía, mi recompensa, mi alma; por ti, alegría, pasión, entrega, cariño, sonrisa, aliento, esperanza. Bellas palabras que apenas marcan tu encanto, que apenas te definen, mi amor.
Vuelvo ya contigo, a nuestro lecho. Dentro de unas horas sonará el despertador avisando que son las seis de la mañana. Y me dirás tiernamente que arriba. Y tú lo harás conmigo. Para prepararme el café, para despedirme con un beso y decirme que me abrigue. Y yo te diré que no hace falta, que te quedes en la cama. Y contestarás, como siempre, que no te importa hacerlo.
Mientras dormías, te he escrito esto mi vida. No he encontrado otra forma más sincera de decirte que te quiero.


© Ceferino Otálora (Mos)
Noviembre de 1995

domingo, 27 de noviembre de 2011

NOVIEMBRE DE CELEBRACIONES


Está claro: Noviembre es mi mes, sí. El mes de Mos. El mes de Mos en la orilla y sus dos años de existencia. El mes de las 20.000 visitas y los más de 50 seguidores. Y muy pronto habré colgado 100 entradas.    Poco a poco, sin prisa, mi orilla va creciendo y yo con ella. Ah, se me olvidaba, también es mi mes porque hoy he cumplido 51 años. Sí, soy de los que piensan que cumplir años también es motivo de celebración. Aunque a veces te fastidie ver cómo pasan los años, pero bueno.
Gracias a todos por estar ahí. Gracias por seguirme. Gracias por aportarme tantas cosas interesantes. Gracias por leerme y por mostraros como sois. Gracias por los comentarios. Es para mí un honor haberos conocido a través de internet. 
Ojalá que algún día os conozca en persona.
Un abrazo de Mos desde mi orilla en fiesta.




sábado, 19 de noviembre de 2011

UNA ORILLA INUNDADA DE MÚSICA (8): YOU SHOULD BE DANCING. BEE GEES


 BEE GEES
Bee Gees fue un grupo británico formado por tres hermanos: Barry  y los gemelos Maurice y Robin  Gibb. Su nombre proviene de coger en inglés las iniciales de “Hermanos Gibb /Brothers Gibb = Bee Gees” . Su familia emigró a Australia a finales de los 50 y, desde allí, comenzaron su carrera musical con algunos temas de poca relevancia. Los tres hermanos decidieron volver a Inglaterra con algunas maquetas bajo el brazo para probar mejor suerte. Allí dieron con Brian Epstein, representante de los Beatles, que los puso en contacto con Robert Stigwood que fue su manager durante muchos años y con el que cosecharon sus mayores éxitos. Los seguidores del grupo no podemos olvidar sus primeras baladas ( To love somebody, Massachusetts, Words, First of May, etc), pero no fue hasta la década de los 70, siempre con el asesoramiento de Stigwood y ya instalados en Miami, cuando se convirtieron en ídolos de masas. A ello contribuyó el falsete que comenzó a utilizar Barry en algunas canciones pioneras de lo que sería la música disco (“You should be dancing” del álbum CHILDREN OF THE WORLD.1976). La fama le vendría un año después, 1977,  con sus canciones incluidas en la banda sonora de la película “Fiebre del Sábado Noche”. Los años 80 también fueron buenos para los Bee Gees que siguieron en la brecha  cosechando varios premios musicales internacionales. En el 2003 murió Maurice repentinamente y Barry y Robin siguieron su carrera en solitario aunque se han juntado para actos benéficos. Hay rumores que indican que volverán a unirse para un disco conmemorativo de su 50 aniversario. Su canción más conocida y versionada es “How deep is your love”.

YOU SHOULD BE DANCING
“Mis compañeros  del internado y yo salíamos la tarde del sábado por Villagarcía. Primero íbamos a unos salones recreativos, el Pin Club, donde jugábamos unas partidas de ping pong o echábamos unas monedas a las máquinas de petacos (pinball) para hacer tiempo hasta las 7, hora en que abrían la discoteca Totem. Allí quedábamos con amigas del pueblo y, como hechizados por la música, bailábamos casi todo. Lo mismo daba el rock de Patti Smith o Led Zeppelin que la música disco de  Tina Charles o Donna Summer. Éramos jóvenes de diecisiete años, soñadores, idealistas, receptivos, descubriendo el mundo y a nosotros mismos un poco más cada día. “You should be dancing” era entonces una de mis preferidas para salir a la pista. Venga, vamos; todos a bailar, amigos”

sábado, 12 de noviembre de 2011

AVENIDA DE EUROPA

La fuerte lluvia golpea incesantemente sobre la ventana de mi cuarto de estar. Desde el interior, observo la amplia avenida que nace ante mí; que se pierde en el horizonte adentrándose en el centro de la ciudad. Las continuas ráfagas de aire arrastran las gruesas gotas de agua y salpican mi pequeño mirador. Moviendo la cabeza entre la luna transparente, busco los huecos libres sin salpicaduras que me permitan seguir mirando en esta tarde invernal.
Desde uno de los ojos de la séptima planta de este gigante de cemento, contemplo todo como si fuera un “voyeur”: un “voyeur” urbano.
Son las cinco y media. La poca gente que deambula por la calle, se apresura hasta sus casas para protegerse del frío y de las inesperadas gotas. Algunos viandantes buscan refugio en los bares de la zona. En pocos minutos, la ancha arteria se queda despoblada; sólo los automóviles caminan de un lado para otro por el asfalto.
Pero no. Allí al fondo, casi imperceptiblemente, hay una figura humana que se mueve. Lentamente.
No distingo muy bien quién puede ser. La curiosidad me hace permanecer tras los cristales y seguir su recorrido. Diría que viene hacia acá. Sigue lloviendo con la misma intensidad. Algunas veces el ramaje de los árboles, dispuestos en fila por toda la calle, me impide seguir todos sus movimientos. Esa persona se desplaza entre ellos, avanza muy despacio. ¿Por qué no se da más prisa y se cobija de la lluvia? No me gustaría estar ahí afuera, con este tiempo. Me entran escalofríos solo de pensarlo.

¡Menos mal!, la persona que sigo con la vista, ha dejado la arbolada acera para guarecerse en unos soportales. Calculo que está a algo menos de doscientos metros de mi edificio. Tengo la impresión que cojea..., sí, sí..., cojea del pie izquierdo; es una mujer, lleva un pañuelo tapándole la cabeza. Supongo que esperará a que cese de llover antes de proseguir su marcha.
Dejo de mirar por unos instantes.
Voy hasta el mueble y enciendo el televisor. A esta hora, la programación en cualquier cadena es básicamente infantil. Sin mucho interés lo dejo encendido en cualquier canal.
El olor a café que proviene de la cocina me indica que ya puedo retirar la cafetera del fuego y saborear una taza caliente. Vuelvo al cuarto con la bebida humeante, cojo un cigarrillo y lo enciendo. Me asomo a la ventana de nuevo.
El aire zarandea las ramas desnudas de los árboles. La lluvia es menos intensa ahora y en pocos minutos va desapareciendo. La mujer se dispone a salir de su parapeto. Con su mano derecha arrastra algo..., parece una saca de tela..., su cojera se hace más pronunciada. Todavía no distingo muy bien cómo es.
Termino el café y apuro el cigarro antes de apagarlo. Ya no llueve pero queda el frío. Aunque en casa, con la calefacción, las bajas temperaturas han dejado de ser un problema.
La desconocida mujer avanza hacia mi edificio. Pero, ¿qué hace? Se ha detenido en la primera papelera que encuentra tras reanudar su marcha. Es una papelera verde, de plástico, como tantas otras iguales a ella existentes a lo largo de la moderna avenida. Cada farola, en todo el trayecto, es abrazada por un ecológico buzón para materias inservibles.

Ya puedo distinguirla: es una anciana quien rebusca en el interior. No ha tenido suerte, se va sin nada. Sigue avanzando lentamente, arrastrando la saca por la mojada acera; esquivando los charcos. Próximo destino: la siguiente papelera de la siguiente farola.
Me alejo de la ventana y voy hasta la mesa. Enciendo otro cigarrillo. Con el mando a distancia del televisor, intento encontrar algo que sea interesante. En uno de los canales comienza un avance informativo. Subo el volumen y vuelvo a mi otro televisor; el que me ofrece las imágenes reales de mi ciudad, de mi calle. En su siguiente parada, la viejecita ha encontrado un periódico algo mojado. Lo introduce en su inseparable saca, estornuda. De uno de los bolsillos de su andrajoso abrigo negro, extrae un retorcido trapo y se suena la nariz. Durante unos segundos se apoya en la farola, mostrando un gesto de cansancio en su rostro.
Un automóvil gris, con estrella en el capó y nombre de mujer, aparca junto a ella. De él sale una pareja de edad madura; el hombre viste traje azul marino y se dispone a ponerse una gabardina también gris. Ella, muy arreglada, viste chaquetón negro de pieles.

La anciana parece pedirles algo; ellos niegan con el movimiento de sus cabezas. Caminan hacia las tiendas de los soportales, alejándose de ella. Van agarrados del brazo. Él mira para atrás hacia la anciana, luego cuchichea algo que hace mirar también a su compañera.
La viejita sigue caminando con paso lento. De repente, apresura su malograda marcha cuando ve los dos contenedores de basura que hay en un costado de mi urbanización.
El bloque informativo da paso a las noticias nacionales.
La senil mujer encuentra todo un tesoro entre aquellos desperdicios: dos barras de pan casi enteras, una botella grande de plástico, un jersey de lana que debió ser blanco, más periódicos, y, allí al lado, una caja de verdura y fruta desechada por la frutería de la esquina.

Se tantea los bolsillos del abrigo y encuentra una pequeña navaja. Con ella, quita un poco lo podrido de una de las manzanas antes de llevársela a la boca. Acomoda todo lo que puede en la saca. El resto lo guarda en una bolsa de plástico que también ha encontrado.
Poco a poco la calle vuelve a tener vida, la gente viene y va de nuevo y los automóviles encienden sus luces ante la proximidad de la noche. La cansada mujer tira con dificultad de su pesada carga. Después, dobla la esquina y ya no la veo.
En las noticias, el presidente del gobierno habla de la inminente salida de la crisis; que ya se vislumbra la recuperación económica tan necesaria para el país. El consejo de ministros aprueba los presupuestos para el próximo año, con una importante rebaja en la partida para gastos sociales.
Bajo la persiana. Desconecto el televisor. No quiero ver nada más. Todas las imágenes que veo me hacen daño.

© Ceferino Otálora (Mos). Febrero de 1995.
     Fotografías urbanas: Mos
     Foto del Mercedes-Benz tomada de Internet.






domingo, 6 de noviembre de 2011

TRES CITAS SOBRE LA POLÍTICA


1.) "Es un error huir de la política y no interesarse por ella porque, inevitablemente, ella estará contigo durante toda tu vida."
       YVES MONTAND (1922-1991). Cantante y actor francés.

2.) "La moral se esgrime cuando se está en la oposición. La política, cuando se ha obtenido el poder." 
      JOSÉ LUIS ARANGUREN (1909-1996). Filósofo español.

3.) "Vota al hombre que promete menos. Será el que menos te decepcione."
      WILLIAM M. RAMSAY (1851-1939). Historiador británico.

sábado, 29 de octubre de 2011

NO SERÉ YO

Desnuda de amor
una mujer se ampara
en cualquier sombra.

PARVEDAD 49. Del poemario
AZULES ATARDECERES DE LA MEMORIA.
Autora: TRINI REINA


NO SERÉ YO


No seré yo, sal de mi vida, quien te responda

a las preguntas que nunca me haces.

Seguirá  nuestra armonía, a veces el impulso,

esa verdad desnuda entre los dos

que no miente a través de mis pupilas

buscando la complicidad cierta de las tuyas.

Y el tacto impetuoso de los labios hambrientos

que no entiende de falsos deseos,

de lógicas ni lecciones de moral.

De vez en cuando me quito el disfraz

(el tuyo es mi aliento y tú lo sabes),

esperando que viertas la lluvia

sobre mis campos sedientos de juventud.

Puede que no sea  tiempo de fábulas,

tampoco de retóricas ni de promesas;

si acaso de buscar una salida

a este laberinto de sentimientos

hecho ecuación de infinitas incógnitas

que somos tú y yo, mecenas de lo imposible.

Mientras tanto, seguiré viviendo el momento;

no, hoy no seré yo quien  rompa el silencio.

Tal vez mañana.

Cuando
              todo
                       se acabe.


 Autor:Ceferino Otálora (Mos). Octubre 2011


sábado, 22 de octubre de 2011

GEMELOS

Me piden los recién llegados que les cuente un poco la historia de sus orígenes. Recuerdo muy bien cuándo comenzó todo. Fue en el año 2087. Tras los cambios climáticos sufridos entre el 2040 y 2050 y la epidemia del virus de la tos risueña (1) de los años 60, la población humana quedó reducida a poco más de mil millones de habitantes. Desaparecieron más de siete mil millones de seres humanos en esas tres décadas. Por ello la comunidad científica, empujada por los mandatarios de la Federación (2), concentró todas sus investigaciones en el desarrollo de la bio-genética.

Así nacieron los Twins (3). A partir de un embrión fecundado se clonaba otro idéntico, manipulado genéticamente, en el vientre de la madre. A las pocas horas de nacer ambos, se separaban: el auténtico haría una vida normal con su familia; el twin iría a un centro de educación planificada (4), desde donde se le instruiría  para realizar las labores más beneficiosas  según las necesidades humanas del momento. Nadie se ha opuesto a esta medida que puede parecer un tanto perversa y deshumanizada. Tal vez porque los twins sirven de banco de órganos viviente para su homólogo de nacimiento. También son ellos los que hacen las tareas más duras y peligrosas como pueden ser las explotaciones mineras en el fondo marino, la construcción de muros de contención en las ciudades costeras afectadas por la subida del nivel del mar, los viajes interplanetarios, las pruebas  radioactivas, etc.

Desde hace una década se ha evolucionado muchísimo en la clonación de  los twins de última generación. Como ya sabréis, desde principios de este año se crean en laboratorio a partir de una célula del donante propietario de cada twin. Es sorprendente ver cómo, sin importar la edad que tengas, puedes salir con tu doble del centro médico asignado en cuestión de una hora. Y el 2155 terminará con más avances.

La única diferencia con respecto al donante estriba en que un twin es un clon que no puede decidir por sí mismo, ni rebelarse contra sus creadores los humanos. El resto de sentimientos y aptitudes son heredados de su doble. Tampoco pueden reproducirse sexualmente para que su número esté controlado. Aunque sí pueden practicar sexo entre ellos si así lo deciden sus portadores. ¿Eso está bien, no?

Se me olvidaba presentarme: soy el twin 2 Nilfog Kcirtap (5) del humano Patrick Goflin. Tengo sesenta y ocho años y una existencia feliz en esta colonia en Marte. Trabajo aquí, junto al resto de twins, en la construcción de la IV Ciudad Esférica (6) para nuestros dobles los humanos. Os doy la bienvenida, nuevos compañeros, y os agradezco las ganas de colaborar y trabajar que traéis. Seréis un gran relevo para algunos de nosotros. Y gracias a todos por escucharme.

NOTAS DEL AUTOR:
(1). Virus que atacaba al cerebro humano en cuestión de horas. Quienes lo padecían, acompañaban su agonía con un sonido gutural mezcla de tos y risa. De ahí su nombre. Del 2060 al 2072 la población se redujo de 7200 millones a poco más de 1000 millones. 
(2). Las cinco naciones más ricas de la Tierra formaron la Federación Mundial. Se componía de  diez miembros decisorios que rotaban en la presidencia. El resto de países fueron absorbidos por esos cinco.
(3). “Twins” significa gemelos en inglés.
(4). Centros en régimen de internado donde vivían los twin hasta la edad adulta. Allí se les educaba en las áreas o estudios que sus dobles humanos preferían. Algunos twins eran usados como reponedores de órganos y se mantenían con vida artificialmente. Después se sacrificaban. Otros hacían el deleite de los humanos en el campo de las artes o el deporte y eran admirados por todos.
(5). Cada twin tenía el mismo nombre que su alter ego humano, pero al revés. El número que precede al nombre dice las veces que ha sido clonado desde su nacimiento. En este caso ha sido clonado 2 veces. Para ello se deshacían del anterior por haber hecho uso de él, por ejemplo como donante de órganos, y se restituye por otro de otro de tu mismo aspecto y edad. Este gran avance sólo es posible desde enero del 2155.
(6). Los seres humanos encontraron en Marte el planeta más idóneo para adaptarse y poder seguir viviendo. Para ello diseñaron sobre la superficie marciana, grandes burbujas de cristal irrompible, aisladas del resto, donde construir sus nuevas ciudades. Mediante un complejo sistema recibían el oxígeno necesario en su interior.


© Ceferino Otálora Rubio (Mos). Septiembre de 2159.

Imagen tomada de Internet. © Su autor.

domingo, 16 de octubre de 2011

UNA ORILLA INUNDADA DE MÚSICA (7): LA MALA COSTUMBRE, PASTORA SOLER

PASTORA SOLER
Pilar Sánchez Luque (Coria del Río - Sevilla, 28 de septiembre de 1978), más conocida por su nombre artístico, Pastora Soler, es una consolidada cantante española, famosa por combinar copla, flamenco y canción española con sonidos pop. Pastora es una artista precoz que empezó cantando coplas y canciones flamencas cuando tan solo tenía ocho años. En 1994 editó su primer trabajo Nuestras coplas, un disco donde versionaba grandes clásicos de la canción española. Su primer gran éxito no llegó hasta su tercer álbum Fuente de luna, cuyo primer single, Dámelo ya, logró alzarse con el número 1 en la lista de ventas españolas. En 2010, la cantante sevillana celebró sus 15 años en el mundo de la música con el lanzamiento de su primer trabajo en directo, 15 años. Este año publica su noveno álbum de estudio, Una mujer como yo.
(Información extraída de Wikipedia)

LA MALA COSTUMBRE
Parece ser que Pastora Soler encargó este tema a José Abraham, compositor sevillano, como homenaje a su padre, fallecido pocos años atrás. En mi opinión, el mensaje de esta canción encierra una gran verdad que todos, o al menos la mayoría, cometemos: Nos cuesta demasiado expresar nuestros sentimientos a la gente que queremos, que nos aporta algo, que tenemos cerca y que son importantes para nosotros. Es una mala costumbre que deberíamos corregir para que nunca sea demasiado tarde. Escuchad la impresionante voz de Pastora y seguid la letra.
 Un abrazo sincero desde mi orilla. Mos.

Tenemos la mala costumbre
 de querer a medias,
de no mostrar lo que sentimos
a los que están cerca,
tenemos la mala costumbre
de echar en falta lo que amamos,
sólo cuando lo perdemos
 es cuando añoramos.
Tenemos la mala costumbre
 de perder el tiempo,
buscando tantas metas falsas
 tantos falsos sueños,
tenemos la mala costumbre
 de no apreciar lo que en verdad importa,
y sólo entonces te das cuenta
 de cuántas cosas hay que sobran.

Hoy te daría los besos que yo
 por rutina a veces no te di,
hoy te daría palabras de amor
 y las caricias que perdí,
cuanto sentimos cuanto no decimos
 y a golpes pide salir,
escúchame antes que sea tarde
 antes que el tiempo me aparte de ti.
Hoy te daría los besos que yo
 por rutina a veces no te di,
hoy te daría palabras de amor
 y las caricias que perdí,
cuanto sentimos cuanto no decimos
 y a golpes pide salir,
escúchame antes que sea tarde
 antes que el tiempo me aparte de ti.

Tenemos la mala costumbre
 de buscar excusas,
para no desnudar el alma
 y no asumir las culpas
tenemos la mala costumbre
 de no apreciar lo que en verdad importa,
y sólo entonces te das cuenta
de cuántas cosas hay que sobran.

Hoy te daría los besos que yo
 por rutina a veces no te di,
hoy te daría palabras de amor
y las caricias que perdí,
cuanto sentimos cuanto no decimos
 y a golpes pide salir,
escúchame antes que sea tarde
antes que el tiempo me aparte de ti.
Hoy te daría los besos que yo
 por rutina a veces no te di,
hoy te daría palabras de amor
y las caricias que perdí,
cuanto sentimos cuanto no decimos
 y a golpes pide salir,
escúchame antes que sea tarde
 antes que el tiempo me aparte de ti.

Tenemos la mala costumbre.

Autor de la letra: José Abraham