VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

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lunes, 27 de diciembre de 2010

TRES CITAS SOBRE LA FELICIDAD



1) "Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad".
PEARL S. BUCK (1892-1973). Escritora estadounidense.

2) "El secreto de mi felicidad es tratar las catástrofes como molestias y no las molestias como catástrofes".
ANDRÉ MAUROIS (1885-1967). Escritor francés.

3) "La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar".
THOMAS CHALMERS ( 1780-1842). Teólogo inglés.


Imagen tomada de Internet.
(detrasdelespejo.es)

sábado, 18 de diciembre de 2010

CUENTO DE NAVIDAD PARA EL 2010

Aquel 24 de diciembre la capital amaneció vestida de blanco. A las seis de la tarde, ya oscureciendo, el centro de la ciudad mostraba la mejor de las estampas navideñas: luces de colores, árboles decorados, muñecos de nieve, niños con panderetas pidiendo aguinaldos, adultos con prisas ultimando sus compras, villancicos en los comercios, olor a castañas asadas, algún que otro Papá Noel y frío, mucho frío. El mismo frío que se calaba, varias calles más allá, en los huesos de Antonio y Mercedes.




Antonio y Mercedes eran conocidos por todo el vecindario de la calle Galileo. Se les podía ver con  su paso lento y el arrastrar de pies yendo o viniendo del comedor social del número 14. Por su carácter extrovertido hablaban con todo el mundo que les quisiera escuchar. Por eso era sabido que aquel par de viejitos de ochenta y tantos años llevaban sesenta  casados, que tuvieron tres hijos de los que, por circunstancias, no sabían nada de ellos desde hace mucho tiempo y que malvivían con su escasa pensión en un piso de renta antigua de la calle Bailén.   

Marta volvió a verlos esa tarde desde su ventana del tercer piso del número 15. Venían sonrientes y agarrados del brazo; andando con más cuidado si cabe para evitar resbalarse con el hielo que se había formado en las aceras. Se pusieron a la cola  para entrar de nuevo al comedor de Santa Isabel que, pasadas las seis de la tarde, ya tenía cerca de una treintena de clientes habituales esperando a que abriera sus puertas. Los más jóvenes saltaban dando botes y bromeaban con el vaho que salía de sus gargantas; los mayores se resguardaban con las bufandas, pañuelos y abrigos usados de los rigores del gélido invierno madrileño. Todos ellos se saludaban y sonreían con cierto entusiasmo. Tal vez por esperarles la cena de Nochebuena que, sabían, era especial.

“¿Y por qué no?”, se preguntó Marta a sí misma. Acto seguido fue hasta su dormitorio y se despojó de la bata y las zapatillas. Poco después, con la emoción en el rostro, cruzaba la calle en busca de la octogenaria pareja.
No era la primera vez que coincidían los tres. Por eso, como en otras ocasiones, el encuentro fue distendido y conversaron de temas banales como el frío, la nieve, las fiestas y lo bonito que estaba Madrid con tantos adornos. Marta, en mitad de la charla, cogió las manos de ambos y con cierto disimulo los sacó de la fila del comedor. Antes de que Antonio y Mercedes se percataran de ello, soltó lo siguiente: “Me gustaría que pasarais la Nochebuena en mi casa, conmigo”. La pareja balbuceó algo que Marta, más emocionada si cabe,  acalló dándoles otros  argumentos: “Tengo unos cuantos años menos que vosotros pero, en fin, me encuentro muy sola desde que murió Fernando, mi marido. No tuvimos descendencia y  carezco de familia próxima porque soy hija única. Vosotros tenéis la suerte de estar juntos  aunque sé que con penurias y yo, yo vivo mi vejez rodeada de abundancia envuelta en soledad. Por favor, aceptad mi invitación… En el fondo yo también soy una pobre viejecita”. Esto último lo dijo a la vez que le caían dos gruesas lágrimas por sus mejillas. Los dos ancianos se abrazaron a aquella mujer intentando transmitirle con su gesto todo el cariño que necesitaba. Instantes después le manifestaron la decisión de aceptar su propuesta y, con las explicaciones más o menos pertinentes, se despidieron del resto.

Aquella Nochebuena dos mundos diferentes, que no lo eran tanto, se sentaron a la mesa; tres vidas longevas compartieron además de las viandas, recuerdos, ilusiones y alegrías.

Han pasado dos navidades desde entonces. Madrid vuelve a estar engalanada de luces. El mismo frío, el mismo ambiente, idénticas  prisas por sus calles. Lo cierto es que en el 15 de la calle Galileo, tres corazones amigos siguen latiendo bajo el mismo techo.



© Ceferino Otálora. Diciembre 2010.
Imágenes tomadas de Internet.
© Sus autores.


OS DESEO A TODOS ¡FELIZ NAVIDAD!
Y UN ESPLÉNDIDO 2011.
MOS.


domingo, 12 de diciembre de 2010

LAS HAMBURGUESAS DE MARIANO


Mariano el carnicero no desperdiciaba nada; de la carne atrasada y los peores recortes elaboraba sus hamburguesas. Tras aplicarle un proceso químico que  sólo él sabía, la carne picada mostraba un color rosado de lo más apetecible. «Muy ricas, de verdad; lléveselas con toda confianza», «¿frescas?, he preparado cinco kilos y mira las que me quedan», repetía a la clientela del barrio interesada en tan atrayente producto. Antes de cerrar siempre le hablaba a la foto colgada de sus gemelos. Les  decía que el negocio era el negocio, que tenía muchos gastos y que ellos tendrían una comunión por todo lo alto. Luego les lanzaba un beso casi sin mirar.
 Se disponía a marcharse cuando una señora nueva en el barrio le encargó quince hamburguesas para el día siguiente. Mariano le aseguró que las tendría preparadas y que podía  llevárselas con toda confianza.

La mañana en cuestión, sábado para más señas, la mujer recogió a última hora su pedido, no sin antes valorar el buen aspecto que presentaban. El carnicero insistió en  que sólo utilizaba carnes rojas  y que ya vería cómo tendría éxito. Una vez más cerró la tienda hablándole a la foto de los gemelos, diciéndoles aquello de que el negocio es el negocio y prometiéndoles la mejor de las comuniones.
 
El hospital de la ciudad se colapsó en la madrugada del domingo. Más de una docena de niños fueron atendidos de urgencia por intoxicación alimentaria. Tres  de ellos murieron horas después. Los análisis demostraron que consumieron carne picada en mal estado.
Entre los fallecidos estaban los gemelos de Mariano.

©   Ceferino Otálora (Mos). Octubre 2010
Imágenes tomadas de Internet. Copyright: Sus autores.


domingo, 5 de diciembre de 2010

UNA ORILLA INUNDADA DE MÚSICA (2): LONELY SHEPHERD, Gheorghe ZAMFIR

Gheorghe ZAMFIR (1941), es un músico rumano virtuoso de la flauta de pan, especialmente de la zampoña de su país, a la que él mismo perfeccionó agregando más tonos al instrumento básico. Ha grabado más de 45 álbumes y recibido más de 120 premios entre discos de oro y platino. Sus mayores éxitos los consiguió en las décadas de los 70 y 80. Muchos años después, en el 2003, Quentin Tarantino tuvo la idea de añadir el tema “Lonely Shepherd” (una de sus melodías más conocidas), a la banda sonora de la película “Kill Bill”.



Todas las noches, al acostarnos, nos ponían música en aquel internado. Eran melodías relajantes que invitaban a conciliar el sueño; también a soñar. Tenía diecisiete años cuando oí dicho tema por primera vez y me emocionó. Cerraba los ojos y me transportaba a todos los mundos idílicos que habitaban en mí. Me reconfortaba y hacía sentirme bien a pesar de estar lejos de mi hogar. Era el bálsamo para un corazón adolescente y solitario.
A la mañana siguiente pregunté por el disco que había sonado la noche anterior; incluso pude ver la portada: James Last y orquesta con Zamfir a la flauta interpretando “Lonely Shepherd” (“Pastor solitario”). Hoy llega  a la orilla arrastrado desde mi memoria; el lugar donde vive desde entonces.
Un abrazo.