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viernes, 26 de marzo de 2010

UN DÍA INOLVIDABLE

A Teresita aquel lugar le parecía muy extraño. Sí, le recordaba a un hospital, pero era muy diferente al que conocía de su ciudad; al que acudía con sus padres cuando ella o su hermanito tenían una dolencia urgente. ¿Por qué estaba encerrada en aquella sala? ¿Quiénes eran los señores que la habían traído hasta allí? ¿Por qué miraban tanto a través del cristal de la puerta? Estaba ya cansada de peinar y vestir las muñecas de aquel cuarto, de jugar con los peluches, de dar vueltas en círculo con el patinete. Ni siquiera había una ventana para ver la calle y distraerse.
Hoy cumplía siete años. Su padre le prometió una sorpresa muy especial para este día. ¿Sería esto parte de la sorpresa? No, creía que no. Y si lo era, no le gustaba en absoluto. Estaba empezando a enfadarse.
De repente, se oyó una llave en la cerradura; la puerta se abrió. Entró una enfermera gorda, enorme, sonriente.
Ven Teresa, te voy a llevar a otra sala- le dijo.
¿Han venido ya mis padres?- inquirió la niña.
No, todavía n
o. Tardarán un poco. Tiene que verte un médico- contestó la enfermera, mientras le conducía por un pasillo largo y blanco, con muchas puertas. A la pequeña, aquel trayecto agarrada a la mano de la enfermera, le parecía interminable. Se cruzaron con un celador y una señora de la limpieza. Estaban conversando y, a su paso, notó cómo cuchicheaban algo mientras le miraban. ¿De qué la conocían? Dejó de pensar en eso y se alegró con la idea de que un médico la viera. El doctor comprobaría que era una niña sana: No le dolía la tripa, ni tenía tos, ni fiebre. Y dormía bien; no como su hermano, que se despertaba casi todas las noches por culpa de los gases y los dientes. Eso hacía que sus padres estuvieran cansados, que apenas jugaran con ella y tuvieran, últimamente, tan mal humor. Por atender a David, su hermanito de diez meses. Pero ella hace tiempo que no enfermaba ni se despertaba por las noches. Se lo diría al doctor.
La voluminosa enfermera se detuvo al fin ante la puerta de otra sala. No parecía tan sonriente como antes; más bien, mostraba signos de enfado en su rostro mientras sacaba un manojo de llaves y buscaba la apropiada para abrir la nueva dependencia. A Teresita sólo le dio tiempo a leer el final del rótulo de la puerta: “…OBSERVACIÓN”.
La sala se comunicaba con otra contigua por medio de una amplia cristalera gruesa que hacía de tabique separador. La niña miró a su alrededor. En un lado de la habitación había una estantería con cuentos infantiles; hacia el centro pudo ver una mesa redonda y baja de color verde, con asientos alrededor. Sobre la misma, dispersas, varias hojas en blanco y en el medio, una bandeja repleta de ceras de colores.
Tengo hambre- dejó escapar la niña con un tono suplicante. Su cuidadora miró los grandes números del reloj rectangular que se podía ver en el cuarto de al lado. En ese momento los números cambiaban marcando las 14:00; pronto comenzaría el turno de las comidas.
Bien. Espera un poco. Pediré que te traigan la comida- contestó, intentando ser amable. Luego cerró la puerta con llave y se fue a la sala colindante. Desde allí, podía vigilar y controlar a la niña.
Teresa vio como llamaba por teléfono; después se sentó en un sillón y encendió un televisor con el mando a distancia, al tiempo que controlaba sus movimientos. A los pocos minutos la enfermera salió del cuarto; el televisor permanecía encendido. La niña se acercó a la pared de cristal para ver mejor lo que echaban por la pequeña pantalla. ¿Qué era aquello?...No podía oír la voz pero sí ver las imágenes: ¡Su abuela lloraba!, ¡el portal de su casa!, ¡sus vecinos! ¡También hablaban con Mariví, su profesora!, ¡Y con sus amigas! Parecían asustadas, llorosas.
Su respiración se volvió agitada. Intentó tranquilizarse. Se preguntaba por qué salía tanta gente conocida por la tele. Instantes después la pantalla mostraba a su padre intentando consolar a su madre. Teresita no sabía qué hacer ni qué estaba ocurriendo. Su madre se abrazaba a algo,...parecía una caja blanca. Un locutor hablaba mientras, por detrás de él, salía una foto de ella.
¡Mamá, mamá ven!- gritó desesperadamente, con lágrimas en los ojos, aterrada; golpeando el muro de cristal.
Se abrió la puerta. Una mujer le abrazó.
¡Tranquila Teresita!, ¡no pasa nada! Estoy aquí,...ha sido una pesadilla cariño.
¡Era horrible mamá!- repetía la niña con voz entrecortada, sin despegarse de los brazos de su madre. ¡La gente lloraba!,...yo estaba en un hospital muy raro, ¡sola!
¡Venga, venga, ya está!,...¡Ah!...- le dio un beso a su hija- ¡Feliz cumpleaños, mi niña! Verás qué bien lo vas a pasar. Va a ser un día inolvidable...Cuando vengas del colegio haremos una fiesta con tus amigas. ¿Sabes una cosa?, tu hermano no se ha despertado en toda la noche. Hemos dormido de un tirón. La madre estaba contenta e intentó consolar a la pequeña.- Así que el día ha em
pezado muy bien y nada lo va a estropear. ¡Levántate mocita, que tienes que ir al cole! A tu hermano le dejaré que duerma un poco más.
Teresita fue recobrando la normalidad. ¡Qué mal lo he pasado!- pensó mientras se vestía.
Había sido una idea genial echar en el biberón de su hermano, las gotas que tomaba su abuela para dormir. Su abuela decía que con veinte gotas dormía mejor que con diez. Así que ella puso también veinte. ¿O fueron treinta? Qué más da. Hoy era su cumpleaños y realmente sería un día inolvidable.

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Al día siguiente, la televisión local daba esta noticia:
CONSTERNACIÓN Y DOLOR EN NUESTRA CIUDAD. David, el bebé de diez meses hospitalizado con muestras de coma cerebral profundo, falleció ayer por la tarde. Sus padres, su abuela y multitud de vecinos, han acompañado hoy al féretro con los restos del pequeño hasta el cementerio municipal. Las últimas investigaciones han confirmado que el pequeño murió por una sobredosis de tranquilizantes.
Su hermana Teresa, que ese mismo día cumplió siete años, permanece internada en un centro psiquiátrico de menores para ser analizada por especialistas. Es la primera sospechosa de esta trágica muerte por envenenamiento.

© Ceferino Otálora (Mos). Mayo de 2002.
Imágenes tomadas de Internet.

14 comentarios:

TriniReina dijo...

Jopé, Mos, que tengo los pelos de punta.
Vaya con Teresita...

Me ha gustado el relato: tu manera de narrarlo y la historia en si. Felicidades

Abrazos

josefina dijo...

Que pena Mos. Que relato más duro.
Me gusto tu comentario y depedida en aleman, gracias.
Un abrazo

Luisa dijo...

Chico malo, Mos.
Muy bueno el relato.
La verdad es que atrapa y te tiene confundida hasta el final. Lo que hace la inocencia, pero también el egoísmo infantil.
Yo diría que es un relato muy perturbador, de los que te dejan con un sabor amargo en la boca.

Un beso, Compi.

Mos dijo...

Trini, me alegra que te guste aunque te haya puesto los pelos de punta. Es un relato sencillo, con un lenguaje acomodado a la edad de la niña y con un toque macabro-sorpresivo. Yo qué sé...,hay que escribir un poco de todo.

Un abrazo desde mi orilla.

Mos dijo...

Josefina, sé que para ti ha sido un mal trago pero lo has leido y eso me satisface.
Perturba y te deja un mal sabor el final del relato pero es pura invención, ficción, un trabajo más.
Gracias por tus palabras. llegué hasta 2º de Alemán en la Escuela de Idiomas y algo me acuerdo. Guten tag meine dame.

Mos dijo...

Luisa, maestra, amiga y compañera de escrituras: para mí es un elogio que de ti salga lo de chico malo, que perturba y todo eso. Porque los tuyos sí que enganchan, perturban y se masca en ellos el miedo y la maldad.
Tú lo has dicho: inocencia y egoísmo infantil a partes iguales.

Un abrazo, rubia, desde mi orilla.

SOMMER dijo...

Oye Mos, esto no será verdad¡¡¡¡¡
Menuda historia...

Mos dijo...

Sommer, esta historia no es verdadera pero podría serlo. Es fruto de mi imaginación intentando hacer un relato pelín horripilante, pelín misterioso y pelín irónico. Nada más que eso.
Gracias por pasarte por mi orilla.

Narci dijo...

Genial, Mos, me has tenido en suspense todo el tiempo. Una prosa estupenda, aunque yo que tú intentaría corregir los leísmos, por lo demás me ha entusiasmado, no el tema en sí, que es de brutalmente trágico, sino la forma de narrarlo.

Un beso
Narci

Mos dijo...

Te echaba de menos por mi orilla, Narci.
Me alegra que te haya gustado aunque sea "brutalmente trágico".
En cuanto a los leísmos sé que es una asignatura pendiente y que cometemos mucho los madrileños en nuestro habla diaria.
Procuraré estar más al tanto de ello.
Un abrazo desde mi orilla.

Tesa dijo...

Uf qué duro! Muy bueno el relato,ese requiebro del sueño lo hace más inquietante todavía.

Justo acabo de empezar un libro que relata un caso verídico contado por el padre de una adolescente a la que a los 15 años le diagnostican un trastorno mental.

Creo que la línea que separa la cordura de la locura es muy fina. Me fascina a la vez que me aterra.

El acierto de tu relato es el tono, que lo hace todavía más espeluznante.


Un abrazo, Mos.

Mos dijo...

Muy buena, Tesa. Lo digo porque ese requiebro del sueño, nadie lo había comentado. Teresita tiene un sueño premonitorio de lo que luego, al día siguiente, le va a ocurrir. Creo que es un detalle a tenerlo en cuenta.
Espeluznante sí, pero lo disfruté escribiéndolo. Chico malo, como dice Luisa.
Un abrazo de Mos desde mi orilla.

La cuentera Idaluz dijo...

Inquietante relato. El lector se asombra de esa mente infantil.

Mos dijo...

Cuentera, yo creo que Teresita obra sin maldad. Quiere que sus padres descansen y que su hermanito duerma. Si acaso un pelín egoísta de querer acaparar la atención paterna pero poco más.
Gracias por leerme y pasar por mi orilla.
Un beso de Mos.