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jueves, 25 de febrero de 2010

EL BOLETO


1) UN ANTES…

La situación económica de Ismael se hace insostenible. La semana pasada pasó a engrosar las listas del paro. Como la mitad de la plantilla de la constructora donde trabajaba. Tiene tres hijos de tres, cinco y nueve años respectivamente. Una mujer que limpia portales y una hipoteca del piso con quince años aún por pagar. Ahora, con la subida de tipos de interés, paga más de setecientos euros al mes. También tiene un Seat Córdoba de segunda mano. Sabe que no pasará la ITV si no lo repara. Y todo parece venirle en el peor momento. Piensa si tendrá algo que ver que el 2008 sea un año bisiesto. Ismael, algunas veces, se deja llevar por las supersticiones.
Hoy jueves, como ayer, se ha pasado por otras cuantas tiendas de pavimentos de su localidad. En todas ha colgado el mismo anuncio: “Solador- alicatador económico. Reformas en general. Preguntar por Ismael. Telf. 606.739.606”. En algunas le han exigido un diez por ciento de comisión por avisarle. Él ha aceptado que sea así. Sabe que no le queda otra si quiere salir adelante.
Va fumando mientras recorre las calles. Cabizbajo, pensativo, preocupado por todo. Mira el paquete. Le quedan seis cigarrillos. Ahora fuma más que nunca. Decide ir al estanco más próximo. Ya dentro, se percata que sólo tiene dos euros encima. Y vuelve a salir poniendo cualquier excusa. Minutos después, pasa por la puerta de un despacho de loterías. Un gran cartel anuncia que este jueves hay un bote de más de cinco millones de euros en la Primitiva. Ismael sigue andando sin detenerse. Tantea los dos euros en el bolsillo. Vuelve los pasos y lee de nuevo el cartel. Decide probar suerte y rellena un boleto con dos apuestas. Dos columnas de seis cruces. Doce números elegidos al azar. Eso sí, el 13 no lo marca. Entiende que ese número está gafado para él. La dependienta le entrega el boleto validado por la máquina. Él deposita en esos números todas sus esperanzas. Mira el reloj. Ya son casi las dos. Los comercios pronto cerrarán. Decide volver a casa. Intentará comer algo y no mostrarse abatido. Su mujer dice que no hay familia sin una mala racha. Que todo pasa. No le cabe duda que es más positiva que él.
En el trayecto se imagina ser millonario con ese boleto. Todo sería diferente con tantos millones en el banco. Poder vivir sin trampas, sin preocupaciones. Mira los números. Le parecen maravillosos y hasta bien elegidos. Ensimismado, suelta una pequeña sonrisa mientras avanza hacia su barrio. Los quejidos de una anciana le hacen salir de su abstracción. Yace en la acera. Ismael se acerca raudo para prestarle ayuda. Con cuidado pone en pie a la dolorida señora. Al parecer, sufrió un mareo que le hizo perder el equilibrio. Se queja de la rodilla izquierda. Le dice que vive cerca y la acompaña hasta su casa. Caminan despacio, apoyándose la mujer en él. Cuando llegan al portal, la anciana le agradece su ayuda. Insiste en que está algo mejor, que ya puede continuar ella sola. Dios te premiará con algo bueno por socorrerme, le repite. Ismael contesta que a ver si es verdad y continúa su camino.
Cuando se acerca a su edificio, vuelve a mirar el reloj. Son las tres menos veinte. Intuye que ya habrán comido todos en casa. Una voz infantil le grita con insistencia por detrás. Señor, señor, oiga señor. Creo que se le ha caído esto. Un muchacho de unos diez años corre presuroso hacia él. Le muestra un boleto de primitiva e insiste en que se le ha caído. Ismael se tantea los bolsillos. Comprueba que no tiene el boleto. Lo mira levemente y se lo guarda. Le agradece el gesto. Le dice que no puede darle una propina porque va sin dinero. El muchacho contesta que no importa y se va. Mientras sube en el ascensor hacia su casa, piensa en todo lo que le ha acontecido en la última hora.

2) …Y UN DESPUÉS.
El calor es insoportable en esta noche de junio. Ismael se mete en la ducha después de cenar. Bajo el agua recuerda que ya habrá sido el sorteo de la Primitiva. Le dice a su mujer que busque en el teletexto. Que compruebe el boleto que echó esta mañana. Tiene pocas ilusiones y se olvida pronto del tema. Prefiere disfrutar con el agua que cae sobre su cuerpo. Mañana volverá a salir en busca de trabajo.
Los gritos alocados de ella interrumpen su relax. No sabe qué ha pasado. Sale desnudo, agitado, del cuarto de baño. Los niños también han salido presurosos de su cuarto. El más pequeño, atemorizado, rompe a llorar. ¡Nos ha tocado, nos ha tocado!, ¡somos ricos! Ella no para de gritar la misma frase y dar saltos de alegría. Ismael la abraza y la besa sin cesar. Los niños mayores comprenden que algo bueno les está pasando y también se abrazan y saltan. El pequeño cambia el llanto por las risas entre los brazos de su padre. Una alegría eufórica domina toda la estancia. Acto seguido, Ismael va a su cuarto y se pone un pantalón corto. No termina de creerse que la suerte se haya fijado en él. Cariño, repíteme los números que han salido, le dice a ella mientras se peina. 2, 11, 13, 24, 35 y 49, grita la mujer desde el salón. ¿El 13?, no puede ser. Yo nunca marco el 13, se repite Ismael mentalmente. Le ha cambiado el semblante. Vuelve al salón y se fija en la combinación ganadora del teletexto. Es la misma que ha repetido su mujer. La misma del boleto con dos apuestas que tienen ante sí. Ismael no da crédito a lo que está viviendo. Intenta disimular su sorpresa y no mostrarse contrariado. El teletexto señala que sólo ha habido un acertante de la máxima categoría. Algo más de seis millones de euros en total. Ese es el premio que les corresponde. El matrimonio decide no decir nada a nadie de momento. Guardan el boleto premiado en una pequeña caja fuerte del dormitorio. Ismael termina de vestirse. Quiere salir. Darse una vuelta para aclarar las ideas. Ella prefiere quedarse con los niños. Le dice que comprará tabaco y volverá pronto.
Ismael recorre el mismo trayecto que anduvo por la mañana. Vuelve al estanco. Después pasa por el local de las loterías. Revive el encuentro con la anciana. Los mismos pasos hasta el portal de la mujer. No entiende nada. El portal y el edificio de la mujer no existen. Titubea. Hace memoria. Está convencido que era ahí y, sin embargo, todo es diferente. Camina por su barrio por las mismas calles. Recuerda la cara del niño que le dio el boleto. Mira alrededor. Le parece oír de nuevo la voz del niño. No, a esas horas de la noche ya no hay niños jugando. Entra en un bar y compra tabaco. En la barra alguien comenta la suerte del acertante anónimo de la Primitiva. Él asiente con la cabeza con una leve sonrisa. Después sale del local y continúa su marcha. Vuelve a casa algo desorientado, confuso. Sólo sabe que es el portador de un boleto premiado.
Su mujer le recibe con el mismo entusiasmo que le despidió minutos antes. Se vuelven a abrazar. Hacen planes para mañana. Irán al banco y hablarán con el director de la sucursal. No dirán nada a nadie hasta confirmar el premio. Están nerviosos, excitados. Sus vidas han dado un giro inesperado. Intentan calmar a los niños y los acuestan. Ellos buscan algo con qué brindar. Se fuman un cigarro casi sin hablar. Después deciden acostarse.
Hay un boleto premiado con un 13 en la combinación ganadora. Ella sabe que su marido nunca marcaría dicho número. Ismael es consciente que ella conoce sus manías desde hace tiempo. La mujer no quiere preguntar. Él prefiere no explicar nada. Se dan la espalda e intentan conciliar el sueño. En el reloj luminoso de la mesilla son más de las doce. Ya es viernes. Viernes 13 de junio de 2008.


© Ceferino Otálora (Mos). Julio 2008


Imagen tomada de Internet

10 comentarios:

Mos dijo...

Este relato tiene algo de misterio, algo de crítica social y algo de superstición.
Yo, por si acaso, copiaré dicha combinación ganadora y apostaré por ella. ¿Y vosotros?

Un abrazo de Mos desde la orilla.

Luisa dijo...

Buen relato, Mos.
A veces los ángeles tienen forma de anciana con la rodilla hecha cisco, o de niños mofletudos que son honrados. Encierra mucha dureza, pero también ternura y una gran dosis de optimismo y esperanza. Se adapta perfectamente al dicho de Dios aprieta, pero no ahoga.
Yo echo siempre el mismo boleto desde hace años y esceptuando algún reintegro, nunca me ha tocado nada. Estará de Dios.

Un beso, compi.

salvadorpliego dijo...

Viernes 13... Despertarán con una nueva realidad?
Muy interesante ese cierre.

Un placer leerte.

TriniReina dijo...

Tengo un amigo que siempre busca el 13. Yo ni pido ni rechazo, sino todo lo contrario, poe si las moscas:):)

Me encantó el relato

Abrazos

Darilea dijo...

Me ha encantado este relato, no sabes Mos el número 13 cuantas veces ha marcado mi vida, es un número que me persigue desde hace unos 15 años, antes me daba mal rollo pero ahora hasta lo busco, llámalo superstición si quieres pero te aseguro que muchas veces ese número me ha puesto sobre aviso de acontecimientos importantes en mi vida.
Me encanta el 7 pero el 13 forma parte de mi.
Un besito :-)

Narci dijo...

Buen relato, MOs, supongo que la bondad siempre recibe su premio, tarde o temprano.

Besos
Narci

La cuentera Idaluz dijo...

Todos soñamos en algún momento de nuestras vidas un boleto ganador. Si tenemos que la mayoría no tenemos una economía muy boyante desearíamos como Ismael, el protagonista de este relato. Encuentro que esta narrado con fluidez y dominio del lenguaje. Llegas fácil al lector con tu mensaje de aliento. No todo va a ser malo. Nos dejaste un mensaje de esperanza. Gracias por compartir tus letras. Saludos.

Ada dijo...

El 13 para lo bueno y a veces para lo malo, pero no deja de tener un punto mágico. A mí no me importaría echar una suerte así.
Besos

Tesa dijo...

Hola, Mos.

Nací en 13 y martes, así que no soy superticiosa, bueno, un poquito. Porque para mí el 13 es un número de suerte, mis mellizos también nacieron en 13 y en diferentes momentos de mi vida ese número ha estado presente.

No tengo nada de suerte con los sorteos, Xavi dice que quitan los números que yo tengo, porque ni siquiera se aproximan. Pero tengo suerte en el amor, para cumplir el tópico.

Me encanta esa mezcla del relato que tú mismo señalas en el comentario inicial. Y sonrío ante ese romanticismo en el que las buenas acciones de una manera mágica son recompensadas.

Es un placer pasarme por tu orilla.

Resu dijo...

Todos, en algún momento de nuestras vidas, deberíamos tener esa suerte. Las buenas acciones también aportan su grano de arena. Seremos pacientes, quizá suene la flauta.
Buen relato, cargado de sensaciones y sensibilidad. Un beso.