VEN A LA ORILLA Y QUÉDATE CONMIGO. PODRÁS CONOCERME A TRAVÉS DE MIS RELATOS Y MI POESÍA. TAMBIÉN CON ALGUNOS DE MIS PENSAMIENTOS Y OPINIONES. SIEMPRE QUE VENGAS ENCONTRARÁS ALGO DE CULTURA Y ARTE. Y TODO AQUELLO QUE CREA QUE TE PUEDE INTERESAR.
SE ME OLVIDABA PRESENTARME: SOY MOS Y ESTA ES LA ORILLA DE LAS PALABRAS; EL LUGAR DONDE SIEMPRE SERÁS BIEN RECIBIDO.

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sábado, 26 de diciembre de 2009

DEGUSTACIÓN


A yerbabuena fresca me sabe la oquedad
de tu boca cuando te beso.
Y me impregna.
Y despierta mi apetito, mis ganas de ti.
Tu cuello desprende vainilla perfumada,
atrapándome mientras lo huelo.
Luego, mis labios seducidos,
recorren la piel de tu cuerpo tembloroso.
Dibujando caminos secretos que me guían
hasta tus senos:
Pechos turgentes que huelen a heno,
que se turban y se hinchan al morderlos.
Suavemente.
Saboreo las cerezas reservadas para mí.
Después, mis manos buscan tu vientre
palpando cada poro de tu piel.
Y siguen su camino.
Hasta el oasis que se advierte tras tu pubis.
Mi boca, de nómada sediento,
busca las fuentes del placer.
Te degusta, descubre el manantial,
los rincones marinos de tus profundidades.
Manjar salado de los dioses,
festín de enamorados,
eclosión de un volcán impetuoso
que te embriaga como vino en reserva.
Y sigo besándote,
comiéndote,
devorándote.
Y explosiono contigo.
Entre olores acres que despiertan al placer.
Y vuelvo a tu boca de menta fresca.
Tranquilo,
relajado,
entregado a ti.
Con todas las mieles del mundo
entre mis labios.


© Ceferino Otálora (Mos) Abril 2008

domingo, 20 de diciembre de 2009

CANCIÓN DE DICIEMBRE (SOÑÉ CON UNA NAVIDAD)




Ha llegado la Navidad. Todo se convierte en alegría, buenos propósitos y, parece ser que, afloran los mejores sentimientos de nosotros hacia los demás.
Es tiempo de unirse las familias, los amigos y disfrutar todos juntos. Insisto, todos nos volvemos un poco más buenos; dejamos escapar ese corazoncito que llevamos dentro y deseamos los mejores parabienes a toda persona que se cruza en nuestro camino.
A mí, personalmente, no me gustan demasiado estas fechas. Tal vez porque, como el niño de este video, de pequeño también soñaba con unas navidades que nunca tuve y eso, queridos amigos, se siente mucho cuando eres niño. También después.
Dicho esto, os deseo a todos unas felices fiestas; que reine la armonía y la felicidad en compañía de los vuestros. Si tenéis niños, no les rompáis la ilusión y que noten que los queréis. Y a los mayores deciros que ese sentimiento de hermandad que tanto mostramos en estos días, debería permanecer igual el resto del año.
Bueno, que tengáis las navidades que cada uno de vosotros hayáis soñado. Y que el 2010 sea más positivo que éste para todos.
Un abrazo de Mos desde la orilla.

lunes, 14 de diciembre de 2009

SECRETOS

¿Qué tal estás Manuel?, dame un beso, ¿te acuerdas de mí? Tienes buen aspecto; no parece que te traten muy mal las monjitas de esta residencia. Sí hombre, haz memoria; soy Laura, la nieta de Amparo la del carbonero. Yo, a pesar de los años que hace que no nos vemos, no te he olvidado. Cada mañana, apenas despuntaba el día, pasabas por la casa de mi abuela para recogerme. Según entrabas por la puerta siempre decías gritando “a ver, ¿dónde está mi pequeña ayudanta?”. Al oírte, yo dejaba el tazón de leche a medias y salía corriendo a tu encuentro. Tú me cogías en vilo y me rodeabas con tus brazos. Después me mirabas guiñándome un ojo y, como si fuera un secreto entre los dos, me susurrabas al oído “vámonos, que seguro que hoy viene”. Claro, claro que te acuerdas. Mi abuela refunfuñaba por no terminarme la leche y tú le decías que tranquila, que llevabas comida de sobra para los dos. Luego cogía a Susi, mi muñeca de trapo, y caminábamos deprisa por la alameda hasta llegar a la estación. Tendría entonces algo más de cinco años. ¿Lo recuerdas?
Sí, s
oy Laura, tu ayudanta. Algunas veces era yo la que daba la salida a los trenes en Fresnedilla. Eran tres los convoyes que paraban en el pueblo. Me colocabas tu gorra y me dejabas soplar por el silbato. A los maquinistas y fogoneros les hacía gracia que una mocosa les diera la salida. Enseguida me quedé con sus nombres. Algunos me daban caramelos o chocolate, otros la calderilla de sus bolsillos; todos intentaban animarme por cada día que pasaba sin que volviera mi madre. Te preguntaban, ahora sé que era una pantomima, si había alguna novedad al respecto. Tú me mirabas y entre todos inventabais mil excusas para que yo no perdiera la esperanza. Con el último tren, ya de noche, me devolvías con mis abuelos. En el trayecto de vuelta te hacía toda clase de preguntas sobre su paradero. Montabas una historia diferente cada día para mí; totalmente creíble para una niña de cinco años que necesitaba a su madre y que no comprendía por qué ella no volvía. Luego, me distraías con historias aventureras donde siempre Susi y yo éramos las protagonistas. Tus historias, querido Manuel, me hacían reír y disipar toda la tristeza que alojaba en mi interior. Al llegar a casa, mi abuela volvía a refunfuñar por las horas a las que regresábamos. Mi abuelo, siempre cabizbajo, nunca decía nada; se limitaba a abrazarme entre lágrimas contenidas que tampoco entendía.
Llegó el otoño y el invierno. Y otro año más. Bajaba contigo a la estación día tras día. Los mismos maquinistas, los mismos trenes; idénticas esperanzas de encontrarla en cualquier momento sin ningún resultado. Recuerda Manuel. Fue Roberto, el fogonero, el que hizo aquel comentario. Mi madre trabajaba en un club de alterne de Madrid. Al parecer, tiempo atrás se quedó preñada de algún cliente y su chulo le obligó a abortar. “¡Qué tetas tiene y qué
bien se mueve la muy zorra!”, terminó diciendo entre risotadas. Tus puñetazos le hicieron callar al instante. Yo no comprendía nada pero por los golpes que recibió de ti, intuí que algo desagradable y molesto había soltado por su boca.
A raíz de aquel incidente evitaste, con decenas de excusas ridículas, que bajase contigo a la estación. Incluso hablaste con Remedios, la maestra, para que me acogiera en su clase y estuviera ocupada a partir de entonces. Mis abuelos y tú hicisteis un pacto de silencio y me ocultasteis lo mejor que supisteis toda la verdad.
No te lo vas a creer, pero durante mucho tiempo continué esperando a mamá. Cuando oía los pitidos de la locomotora y veía a lo lejos la estela de humo que dejaba a su paso, miraba hacia el camino de la alameda deseando que su silueta apareciera ante mis ojos. Imaginaba que nos fundiríamos las dos en un abrazo eterno. Tú sabes que ese momento nunca llegó.
Demasiados secretos en nuestras vidas Manuel. Mi abuela me confesó todo en su lecho de muerte. Estarás de acuerdo en que la verdad nos hace daño pero también nos libera. Ella me contó que mi madre siempre fue, digamos, una chica algo ligera y alocada; que tonte
aba con los mozos de media Fresnedilla y que tenía aires de grandeza. En uno de sus escarceos se quedó embarazada de mí y fue la comidilla de todo el pueblo. Por eso se marchó al poco de nacer yo dejándome con ellos. También me reveló que tú estabas perdidamente enamorado de ella; que le ofreciste casarse contigo y darme tus apellidos para evitar habladurías. Sé que, por supuesto, no aceptó; aunque después, cuando yo tenía tres años, regresó durante una temporada bastante larga en la que estuvisteis juntos hasta que volvió a marcharse. Eso debió ser después de mi quinto cumpleaños.
Y aquí
me tienes Manuel. Me ha costado encontrarte y no, no quiero perderte como a ella. Eres el único resquicio que me queda del pasado y te he buscado para que te vengas conmigo; para devolverte todo el cariño que tú me diste hace tanto tiempo. ¿Sabes una cosa?, paso de los cincuenta y aún sigo soltera. Tal vez mi subconsciente haya hecho que rechace a los hombres que se han cruzado en mi vida. Quizás tenga que ver el trato que le dieron todos a mamá. Todos menos tú. Dirás que soy una tonta pero todavía hoy, cuando entro en alguna estación, miro entre los trenes que llegan esperando que ella baje para darle un fuerte abrazo. ¡Eh, eh, fuera esas lágrimas Manuel!; lo importante es que a ti sí te he encontrado y tenemos mucho que contarnos. Tranquilo, aquí ya saben que te vienes a casa; no, no te muevas, quédate sentado que yo preparo el equipaje. ¡Qué cosas tienes!, ya no queda nadie conocido en Fresnedilla. Claro que podremos ir si tú quieres. Mejor en verano. ¡Qué va!, hace años que los trenes no paran y la estación se cae a trozos. Ahora vuelvo; voy a pedir un taxi en recepción.
Copyright: Ceferino Otálora (Mos). Diciembre 2009.

viernes, 11 de diciembre de 2009

TRES CITAS SOBRE EL ARTE

Imagen: Oh, mar. Una obra de ANTONIO ALCÁZAR. Copyright: Su autor.

1. "El deseo de dejar una huella de lo efímero de la vida es lo que provoca la creación artística".
G. HALASZ BRÄSSAI (1900-1984). Fotógrafo rumano.

2. "Quien no encuentra en la poesía o en los cuadros más de lo que el artista ha puesto en ellos, no debería jamás leer un poema ni mirar un cuadro".

NATHANIEL HAWTHORNE (1804-1864). Novelista estadounidense.


3. "El arte es la más bella de las mentiras".

CLAUDE DEBUSSY (1862-1918). Compositor francés.


domingo, 6 de diciembre de 2009

EL MILAGRO DEL AMOR


Nadie sabe cómo ocurre, ni por qué. Es un sentimiento; a veces, una obsesión. Siempre una sensación agradable cuando se percibe, cuando nos impregna. Nos da fuerzas para seguir adelante; es el motor de nuestras vidas. Todo funciona mejor cuando lo tenemos y nos sentimos desolados cuando no somos capaces de encontrarlo.

Da igual que sea con tu pareja, con tus hijos, tu familia, los amigos, tu perro, el mundo,…El milagro del amor sí existe. Hazte con él y no lo dejes escapar.